Miguel Ángel Ibáñez Gómez - maiges_ps@hotmail.com

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viernes, 4 de junio de 2021

Las ventajas de estigmatizar: Todos colaboran contra la Víctima.

  Las ventajas de estigmatizar: Todos colaboran contra la Víctima.

Llevar a los hijos por el camino de la adaptación en el entorno social es una tarea mucho más compleja de lo que a priori pareciera concebirse por unos padres/madres que ven en  la llegada de los hijos como una coronación que les “lanza” por la ruta y el camino que otros muchos (la inmensa mayoría de la sociedad) ha transitado; e incluso las felicitaciones, los buenos deseos y el  “reconocimiento social” por la tarea y reto que aceptan, y que les llega de todo el entorno social inmediato (a veces tal vez con ciertas y puntuales excepciones en el entorno de amigos próximos, donde pueden cuestionar o sobrevolar sobre si la decisión fuera o no acertada, si realmente la unión de pareja se construyera realmente sólida `para dar ese paso tan relevante, o si se auto-engañan, o si es visible que la relación se fuera definiendo en una subordinación de uno respecto del otro, sin paridad o equilibrio, o sustentadas en carencias de una parte de la pareja sobre la que la otra se impusiera o si consiguieran un equilibrio donde ambos se apoyan y se complementan…. Normalmente esas cosas las ven los amigos próximos y por lo general, aunque formen parte de los comentarios privados no siempre afloran abiertamente para constituir una conversación seria, como suele ocurrir en las pelis o series de televisión; aún así, somos conscientes de que todos poseen secretos cuando se acercan a una unión de pareja – y el mundo anglosajón lo reseñe con “acidez” en algunas pelis famosas como “Cuatro Bodas y un Funeral”, donde el entorno social más crítico y analista comenta o hacen apuestas sobre cuánto o no durará una pareja, e incluso los padrinos, en el brindis hacia los novios, cuando todos los invitados presentes escuchan los esperados parabienes hacia la nueva pareja, y deseos de suerte, como factor fundamental para que todo vaya bien, pero que acaban por revelar secretos…) Todo eso queda atrás cuando la pareja se lanza a la convivencia y la “coronan” con el nacimiento de un hijo. Todas las diferencias personales entre ellos quedan relegadas por una prioridad: Hijos.

Aún así sabemos que toda persona porta una “mochila” de la cual es difícil desprenderse, aunque sean “pesadas”. Esas mochilas han constituido y constituirán parte de ellos. Sean conscientes o no -  incluso aunque en el desarrollo de amistades y amigos durante la pubertad y juventud, contrasten experiencias comunes vividas en los entornos familiares, escolares, de instituto o universidad, encontrando puntos muy adversos en común en esas vivencias (profesores abusones o abusadores, tiranía en los padres y madres, violencia familiar ocultada a la sociedad, e incluso vivencias que quedarán en el más absoluto de los secretos que pueden o no ser conocidas por alguno de los presentes o sospechadas y que no saldrán a la luz porque pueden ser “estigmatizantes” o simplemente “no pueden o saben cómo abordadas” en un mundo donde las relaciones ya empiezan a ser muy relevantes porque lo que se empieza a traslucir es el impacto que nuestra personalidad ya causa en un entorno donde la sexualidad y la seducción (aunque no se pretenda ni todos la busquen de la misma manera o con los mismos objetivos o fines) nos muestra si somos seductores sin pretenderlo, si somos atractivos sin buscarlo, y se empieza a tomar consciencia de que respondemos a unos “parámetros” que no siempre estuvieran admitidos o reconocidos o valorados en nuestras propias familias (donde se pudieron sufrir humillaciones, situaciones ofensivas para nuestros valores o sensibilidad de manera gratuita, incluso violencia o abuso inexplicable que minarían la autoestima, o simplemente se fomentaran rivalidades a falta de otros recursos para la motivación), o por el contrario si los mensajes que recibiéramos de ese entorno familiar nos dieran demasiadas expectativas sin base real, lanzándonos a la postre a un horizonte inesperado y fuera de la realidad y con falta de recursos trabajados para hacerle frente; o tal vez todo se mezclara en la “educación” recibida como un “Tutto revolution” que careciera de norte y sentido.

Todos los que han (y hemos) sido padres sabemos de estas circunstancias porque hemos sido antes hijos; y como tales hijos muchos piensan en no cometer los mismos errores que cometieran los propios padres y en ello se dispone el ánimo e incluso la crítica en el entorno cercano, cuando se es joven y se piensa que los temores que llevarían a prohibiciones y castigos por saltárselas (o a violencia por sobre los hijos donde pagar la frustración personal por no saberle “dar sentido” a las propias vidas y resumir la relación con ellos a base de palos y golpes, porque sencillamente son niños y “si ahora no entienden ya entenderán” y me amarán igual o más). 

A partir de este contexto social y familiar que suele ser más común de lo generalmente admitido (y reconocido) (aunque haya excepciones en dirección totalmente opuesta, donde hay niños tiranos sobre sus padres - temerosos de causarle cualquier trauma desde la infancia e incapaces de “leer” en ellos y en su conducta para aprender, también de ellos, cómo “conducirlos” de manera sencilla, suave, sin chantajes, ni amenazas, ni violencias, ni promesas que no se suelen cumplir; y reconocer lo que les gusta, lo que les fascina, su propio carácter, cómo pueden expresar lo que ven y qué medio es el mejor o idóneo para  cada uno de ellos, para cada hijo; cómo muestran sus decepciones, su frustración, cuáles son sus impulsos naturales  o sus emociones dominantes… para desde ahí mostrarle sutilmente opciones que libremente elijan desde niño, y como gestionar las emociones adversas que surjan desde sus propias aficiones o introduciendo otras nuevas que serán complementadas desde las rutinas diarias que ya empiezan a asumir como parte de una responsabilidad que sobre sí mismos deben ir construyendo desde una normalidad. Normalidad en todo y ante toda dificultad con la intención de que se pueda gestionar las adversidades desde un dialogo y unas conversaciones que van consensuando objetivos y contrastando resultados y a la vez nuevas dificultades, en un proceso de comprensión del mundo que nos rodea y que quedará, a la postre, en manos de un niño que se ha ido haciendo adulto, poco a poco y a la vez aprendiendo cuáles son sus puntos fuertes, en qué territorios puede obtener resultados, y cuáles son sus puntos más débiles o dónde no está dispuesto a infringir sus valores personales para triunfar por lo que, si aún desea tener experiencias en ése ámbito, deberá pensar en qué actitud sería la más conveniente en adoptar y cuando, una vez conseguido el objetivo de obtener esa experiencia, salir de ese ambiente y darla por concluida.   

Esta última sería la educación perfecta a la que todas las familias querrían llegar cuando imaginan tener hijos y que, en ocasiones, cuando la experiencia muestra errores graves en la educación dada a los hijos - incluso en familias que no carecieron de recursos materiales para afrontar cualquier obstáculo sobrevenido de manera eficaz – se apela a que tenían conocimientos y objetivos y sensibilidad adecuada, como a la aquí referida, y que todo lo pusieran en práctica y que fueran factores externos – más o menso maliciosos – los que todo tumbaran perturbando el objetivo siempre claro y meridiano en los progenitores (o en uno de ellos si la familia acabara siendo en divorcio o separación, y de hecho monoparental) y ello, sin embargo - por la propia trayectoria desde la que se parte para abordar la educación de los hijos y los primeros signos de violencia y malas maneras - se suele mostrar como falsa afirmación de “conocer maneras y modos de conducirse con los hijos” , pues aunque se haya podido  tener la oportunidad de leer o se sea profesional de cualquier rama del saber que explique que esta debiera ser conducta mejor y más correcta, se desviara nada más comenzar y ello fuera visible y evidente en el propio entorno inmediato a la familia, comenzando por el vecinal y familiar que circunda a esa familia. La causa, sin duda, que hace posible esos desastres familiares caigan sobre los propios hijos, es sin duda responsabilidad, al 50%, de la mochila que todos poseemos cuando llegamos a este mundo en una familia determinada, en un contexto social determinado por una época concreta, con unas modas sociales y aspiraciones determinadas. Suele ser ello un contexto donde la mayoría se haya perdido y suele buscar referencias en libros o medios sociales para encontrar un camino que en realidad ya se hallaba dentro de nosotros (o tal vez a él renunciamos, y a los primeros obstáculos acabamos por dejar de buscar – que también es tarea difícil – y aceptamos tirar de las pautas que a nosotros nos impusieran de niños en el entorno familiar, aunque de ellas nos quejáramos mucho o guardarse secreto (de las partes más humillantes o estigmatizantes de los sufrido en su seno)  y sin otras opciones o mejores referencias, nos digamos: ”si yo salí delante en un entorno familiar que sólo yo sé como realmente me trataba; porqué no saldrán también mis hijos desde esos mismos parámetros de violencia y castigo. Si yo llegué a donde llegué, porque no ellos también”?.

Otros factores, como el despertar de la sexualidad y su gestión en los niños o en ambientes familiares siempre fueron problemáticas en toda época o lugar, determinando también las vidas y las metas – más o menos “inconscientes” de los hijos e hijas como nos mostrarían los griegos en sus tragedias)  y otras veces señaladas como objetivo premeditado y práctico, si se concibe el mejor formato para concebir una pareja el descartar el sufrimiento que conlleva seguir la senda que marca el corazón, para precisamente ponerlo a resguardo.

Todo suma y a veces, sin esperarlo estalla en lo que dicen que tenemos que llamar y llamamos “enfermedad mental” a la vista de la reacción que alcanza a un/a joven en el entorno de los 20 años, cuando se juntan tener gestionar las relaciones personales más cercanas e íntimas y expresa, entonces, con sus pensamientos, emociones, bloqueos  y actos, lo que realmente ha vivido en el seno familiar – miedos, traumas reprimidos o mal gestionados por los padres, real abandono de asumir una educación o dejarla solo en manos del Estado o del Colegio, no haberle dado referencias ni haberse constituido en referencia mínimamente aceptable, o simplemente una violencia extrema e íntima contada tarde o no creída, desembocará en lo que llaman trastorno mental.

 Aún así, se asegura que el 40% de la población ha pasado por un episodio de esta naturaleza (probablemente requiriendo algún tipo de seguimiento o ingreso, porque de otra manera no se entiende que den esta cifra del propio ámbito de salud como impacto en la sociedad) 

(mas recientemente, ahora en 2022, se asegura que no se llega al 30%, pero con esto ocurre como cuando por primera vez vi las cifras de muertes con vehiculos de conducción, las de heridos, las de lesionados de por vida y los costes que señalaban las aseguradoras en aquél momento en que hiciera el proyecto NBBC; al tiempo sacarian de las estadisticas los accidentes producidos en urbes - dejando solo los de las carreteras - en un esfuerzo de maquillaje que iria dando a su vez resultado con las campañas de de TV Privada como ponle freno, hasta dar resultados "aceptables" como unos 3000 muertos al año, mas o menos).

y sin embargo, podríamos asegurar que la cifra, en sí misma, sigue sin ser representativa  de una realidad de la que todos podemos tener referencias personales en primera persona, y esta afirmación es mucho más cercana a la realidad de lo que se llama “episodio”  por el mundo de la Salud Mental. Sería mucho más honesto reconocer y señalar que difícilmente nadie es plenamente ajeno a la experiencia que nos señala el saber popular en frases muy cotidianas: “Me vas a volver loco” – cuando intentando contentar a una persona va cambiando de parecer, de objetivo, de estado de ánimo o de actitud o de criterio sin más explicación (nos decimos: A este, ¿qué le pasa o pasará ahora?). Y que es fácil reconocer que, prácticamente, toda madre que se precie de su rol de madre y consciente de la transcendencia social del poder que ostenta el propio rol materno, recurre ante los hijos, en alguna causa o razón de no tener su cuarto recogido o ser rebelde y no hacer los deberes a la típica frase expresada a voz en grito, o no, pero siempre en tono de amenaza y advertencia: “Me vais a volver loca” y el padre, entonces, si está presente, precisa el mensaje de la madre y lo modera, expresando más concretamente lo que quiere en ese momento del hijo o hijos o si también es afectado por la advertencia anima al resto a colaborar. No hay pretensión alguna en el ejemplo y creo que es reconocible en nuestro ambiente familiar  (al menos de los que tenemos más de sesenta) o que también hemos visto o descubierto en casa de nuestros amigos. Sorprendentemente, la locura, en el saber popular, tiene causas (y responsables) y objetivos: "Ese chico te va a volver loca” – y que es lo que precisamente quiere para que te rindas y te entregues emocionalmente (una forma de jugar, en los roles de seducción,  que se muestra en la peli “La vida es bella” cuando el protagonista quiere seducir a una mujer y usa de la observación de ciertas costumbres del entorno para hacer creer a la chica que es capaz de “hacer realidad” lo que es impensable que sea posible, jugando como en un juego de magia, con la percepción de la realidad para fascinarla (y luego, como padre, tiene que usar de esa creatividad propia para “guiar” a su pequeño hijo en medio de una cruel guerra europea, haciéndole concebir que todo es un juego, para esconderle, de una realidad inaceptable). Mostrando, de alguna manera, que la creatividad, aunque pueda concebirse como una forma de locura,  forma parte de los recursos que tenemos a nuestra disposición para evadirnos o salvarnos de una adversidad  que nos amenaza o nos alcanza (y que es por ello recurso constante en niños – o lo era – de contarle cuentos que "acaban bien" a la hora de ir a dormir, para que desde esa fantasía elabore en su mente, que todo, en la vida, puede tener solución; por muy adversas que se presenten las circunstancias).

Por lo general se admite que todos podemos reconocer una situación de conmoción en una persona porque, sencillamente todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos pasado por una experiencia semejante – aunque consideremos, para alejarnos del pretendido estigma, que no es lo mismo, porque la propia experiencia ha remitido espontáneamente. Desde luego, que remita no significa que la experiencia no fuera similar, o incluso de mucha mayor profundidad de asociación de angustia, desesperación, sensación de que la vida pierde sentido de realidad, de sentirse en un sueño o pesadilla, de verse incluso plenamente ajeno a este mundo, de encontrarlo carente de sentido, sobre todo si va asociada la separación a una verdadera traición … a veces una simple ruptura de relación de pareja con sinceros vínculos emocionales lleva a un sufrimiento que todos reconocemos (y que hemos visto en pelis como “Todo es mentira”, donde el saxofonista, amigo de Coque Malla, se encuentra en el baño llorando en desesperación asegurando que volvería con su chica asumiendo el papel que fuere; y Coque Malla le acompaña en el sentimiento por la dependencia que se puede llegar a tener de las mujeres). Aceptamos que los vínculos que construimos con las parejas pueden crear dependencia, aunque ello no se suele concebir como obstáculo en matrimonios más veteranos, que vivieran el matrimonio como compromiso en una misión concebida como “natural” en su época a lo que no ven objeciones en seguir adelante con el vínculo y no suelen ver esa dependencia hasta que uno de los dos fallece o sobreviene un divorcio a veces muy inesperado. Parece que hoy en día se concibe esa idea de dependencia emocional como un obstáculo para la propia libertad individual, por lo que se podría concebir que las relaciones se buscan, ya más de las veces, desde posiciones más prácticas e incluso estratégicas, es decir, de manera más cerebral (e incluso hay quienes no inician una relación de pareja sin previamente haber construido una amplia “puerta de salida”). El miedo a implicarse emocionalmente parece un  recurso cada vez más aceptado y aceptable, incluso signo saludable si se argumenta como fórmula para procurarse muchas más experiencias aun estando en pareja o ya cesada la misma.

El artículo intenta construir un escenario amplio como punto de partida para asumir que las reglas de juego en la sociedad, en especial en las relaciones personales que señalan el lugar desde donde los niños crecen para entrar de pleno en la sociedad. Por mucho que demos prioridad a los niños, como bien prioritario a proteger ante toda actividad y ejercicio de derechos de sus padres adultos, sabemos que cuando las parejas se rompen, y/o cuando un progenitor es estigmatizado por el otro ante los hijos o ante la sociedad no resulta inocuo a los niños (solo por señalar un contexto más común hoy en día); pero la cosa se complica cuando hay utilización de los hijos contra un progenitor, o se usan como juguete, incluso sexual, u otras situaciones que no siempre se conocen, más que por profesionales, y forman parte de una tragedia vivida en soledad que puede dar lugar a esa expresión que se usa en salud mental para definir que una persona entra en un proceso destinado a gestionar todo lo que ha vivido, siendo o no plenamente consciente de ello, pero que el entorno cercano, sorprendido, suele jugar a negar o a no aceptar responsabilidad alguna, más allá de las paliativas; ir más allá supondría, en alguna medida, reconocer errores que no se admitirán; y existiendo vínculos entre familia y víctima, ese camino no se puede transitar con un mínimo éxito si no hay consentimiento y plena sinceridad por el entorno. Como cuando estas situaciones se muestran, cuando la persona tiene 20 años – que suele ser la edad donde el “jamacuco” se muestra por primera vez con plena intensidad (diciéndonos a todos claramente: “Houston tenemos un problema”) -  y malamente nadie en el entorno está dispuesto a colaborar real y activamente, porque en el proceso pueden verse realmente salpicados o afectados o tener que corroborar algo que ya tienen superado (o bien controlado) siguiendo con sus propias vidas a pesar de cualquier adversidad pasada. Un  jamacujo a los 20 tiende a ser posible (por lo general asociado a estrés intenso y falta de recursos personales para hacer frente a esa situación que desemboca en estrés intenso, al que se unen manifestaciones propias y consecuencia del propio estrés o que este estrés permite manifestarlas por primera vez (porque por lo general, en el proceso de adaptarse a la sociedad, solemos concebir que, según el ambiente familiar que nos rodea, y más si es autoritario o se sustenta en valores de fortaleza, dominio  y liderazgo, hablar de un  problema, o de problemas, solo suele aportar soluciones del tipo “sigue adelante, eso no es nada, solo los fuertes merecen éxito” o cuando ya no encuentran respuestas en esa dirección pueden ofrecer la alternativa de la aceptación del mundo desde el marco pesimista de la sociedad, cuando se concibe que ese hijo/a no está  en condiciones de liderarla, “se la han jugado”,  le “han traicionado” o “no es capaz de conseguir el afecto que quería”, o simplemente porque al progenitor/a así, del mismo modo, en su día, le hicieran ver que no se saldrá con su sueño, y  que fuera recurso recurrente y de mucha frialdad: “Palabras para Julia”, porque esa canción fue concebida en un entorno de Dictadura y represión; por lo que se acaba por pensar que un progenitor que recurre a ese recurso “tan duro y reprochable sobre un/a hijo/a”, es porque así concibe su propia vida y por consiguiente así concibiera la educación de sus hijos o ese concreto hijo/a por la razón que fuere. Acudir al progenitor para presentar un problema, en algunos casos puede ser un mayor problema que buscar una solución por los propios medios (por ejemplo si se señala un abuso – hay familias que directamente niegan el problema que se presenta, y pueden pasar muchos años hasta que se acepta; cuando el daño causado es casi un nudo gordiano por donde no se sabe por dónde encontrar el hilo de dónde tirar y desenredar).   

Lo más duro se presenta cuando el primer ingreso, sobre los 20 años de edad, que es el momento más oportuno para abordar y empezar a resolver, algunas familias se sienten “espantadas” ante la idea de que “el estigma de la locura” les ha alcanzado y se aloja en su propia familia, señalándoles, como ellos mismos “había ido señalando a otras familias” - incluso responsabilizándolas de que el mal les alcanzara; y así aun siendo ateos, señalar castigo merecido de un destino que actuara de manera semejante al de D. del que niegan existencia, aunque fueran familias cercanas, como para así mostrarse “superiores moralmente” y ellos en camino correcto – algo que concebían imposible para su perfecta y clara visión de la sociedad y encierran al afectado/a - algún mes u otros más - sin visitas, pensando primero cómo digerir lo inesperado y buscando cómo huir de las propias culpas o prejuicios que sobre otras familias habrían construido arbitrariamente para arrojárselas como losas de las que ya no pudieran levantarse nunca más y así evitar relación con ellas, “no se fueran a contaminar” (y sobre todo, que siempre es importante observar como recurrente actitud, buscar a quién echar la culpa, porque ellos mismos así hubieran construido las razones para “aislar” a una familia afectada). El solo hecho de buscar un culpable que poder señalar con garantías de ser creídos (y de hecho el mundo médico acaba aceptando como causa, según la narración que le traslade el entorno que se pretende exculpar); ello en sí mismo señala una falsedad de partida evidente y que se suele negar en el ambiente médico cuando habla para la sociedad y sin embargo no lo hace así cuando directamente trata con el paciente: “Hay causa”, como siempre creyó el sentido común. ¿Por qué pues el secretismo del pretendido mundo de la salud que debe sanar? Parece consecuente pensar que porque no están en condiciones de realizar una investigación a fondo y así determinar un camino a la salud. El estigma se halla en la propia familia, y la idea de culpa también (por lo que se sigue la recomendación del adagio cultural: “Huye de la culpa, así esta no te alcanzará”; es decir, busca un culpable aceptable y sal corriendo).

Abandonar a una persona en un proceso en el que por el contrario precisa a poyo y compañía positiva para empezar a salir de él, es la peor aptitud posible a contemplar, sobre todo cuando se sabe que es el momento, donde si la positividad se enmarca, aunque hubiera uno o dos intentos fallidos de encarar ese nudo, las posibilidades son máximas. Y por el contrario hay familias que lo aíslan – haciéndoles creer que los abandonan, porque esa es la primera intención real, abandonarlos - y entonces los médicos, que ya conocen la sensación de culpabilidad de las familias, acaban por llamarlas y decirles que si “no se acuerdan que tienen un familiar, alguien que debería ser querido y amparo por ellos en nuestro hospital o centro” y los afectados sí perciben y siente realmente que sí existe y se inicia una amenaza real de abandonarlos, surgiendo una sensación de culpa nueva y buscando motivos en ello, cuando en realidad es que su “enfermedad” ofende a su familia en el plano social; es decir: la persona ya tiene una tarea más (otra diferente de la original), buscar  en un lugar inadecuado, porque en esa esfera no se halla el nudo del problema; pero ¡¡¡Eureka!!! esa culpa propia y la conducta posterior de intentar espiar toda culpa “resulta un flotador o salvavidas” para la familia a falta de otro mejor; que si aparece será mejor bienvenido, para desalojar la propia culpa del entorno familiar y alojarla en otro entorno diferente -”siempre que el relato sea nuevamente aceptado por el mundo médico”- y seguro que lo aceptará; ese mundo médico está dispuesto a aceptar y emitir relatos diferentes, verbales y a veces escritos, si ello permite alejar la culpa del entorno familiar del paciente y así intentar diseñar un camino de salida. Pero cuando constatan que el entorno familiar solo quiere quitarse la culpa propia (no para procurar camino de salida al hijo/a, al que ya tienen concebido un lugar de encierro “ideal”, para que nunca ya moleste –después de asesorarse con unos y otros y haber consolidado culpable y trayecto final) los médicos se hallan “atrapados” en su propia estrategia, el entorno familiar nunca buscó en los ingresos un cauce para sanar y encaminar al hijo/a, sino estrategia encaminada a argumentar en el siguiente paso inevitable y que seguro que el afectado tarde o temprano dará: Cometer un error a la desesperada, una huida, sin recursos ni maletas “sería lo mejor” (por ser lo más frecuente que se da cuando la persona ve que “nadie le quiere” y que cuando pide apoyo al entorno inmediato, este le señala el mismo camino ya recorrido, como un nuevo dejavi,  y que si alguien opta por darle solución diferente – alguien cercano,  tal vez un padre separado - todos se le echan encima, unos y otros, pues si mejora “todos somos culpables”, los unos y otros;  y el entorno medico conoce ya de primera mano y sabe que no hay solución para ese paciente. La advertencia de estigmatizarle con una etiqueta “con nombre de enfermedad” pasó indiferente ante el entorno familiar que nunca buscaba soluciones sino culpables.  “Todos buscan quitarse los muertos de encima” en una “lavada de manos general”.

  Cuando las familias optan por opciones diferentes e intentan apoyar al paciente y ven que no se avanza, se suele usar de la ignorancia de las propias familias para atemorizarlas y reseñar el estigma y la responsabilidad familiar, en un camino que tiende a cerrarse.

La psicoterapia suele ser un factor de salida, cuando el paciente consigue ir estableciendo lazos de confianza con el psicoterapeuta.   Pero si el paciente cuenta a la familia qué narra al psicoterapeuta y ésta, en la narración del hijo/a ve amenaza, se presenta el progenitor/a en la consulta con una narración alternativa que dé al traste con cualquier avance que vaya permitiendo señalar las causas al psicoterapeuta y también los efectos y avances que el hijo/a experimenta al poder hablar por fin, y poco a poco abrirse. Todo en saco roto, cuando interviene la familia. Y si se busca alternativa ante la evidencia de que se ha dinamitado una opción que pudiera ser discreta se recae en un espacio terapéutico donde las familia son invitadas a hablar todos y allí, en vez de procurar una sinceridad honesta, se apela a exageración, deformación y señalamiento del culpable exterior elegido (la cuestión de la culpa siempre se halla presente) y lamentablemente el objetivo nunca fue trazar un camino a hijo/a sino camino para deshacerse de él y construir en el itinerario más argumentos para consolidar posición y meta y a todos persuadir de ese objetivo como el más conveniente “para todos”.

Si alguien espera que un procedimiento de incapacidad desvele el fondo del asunto y causas, por las cuales el hijo/a pasa de paciente a sin duda ya Víctima (a veces clara y visible desde hacía años, pero nadie interviniera ante palos y palizas, ni tampoco juzgado advertido)  y los propios afectados (hijo/a) ya reclaman - ante la evidencia que se pretende acabar ya no con la libertad personal como fórmula de dominio y sumisión – que es lo que parecen mostrarle el entorno familiar – como ocasionalmente –para ir dinamitando la resistencia moral  - , sino ya directamente toda libertad, en otro proceso legal donde la obligación de “confeccionar un  traje a medida” `para que la persona pueda tener una oportunidad, - pero son los juzgados concebidos como todo rutinas procedimentales y se acaba confeccionando “traje a medida” de la familia que busca seguir dar el nuevo paso que ya lleve, definitivamente al encierro total.

Resulta inconcebible que un procedimiento concebido como especial, donde se puede explorar incluso “detalles” próximos o remotos para determinar no sólo cómo fuera la vida  de los que se ven en tal trance, sino entrar como dicen los jueces de juzgados de instrucción – donde se investigan delitos - para determinar cómo es realmente la relación y concebir si realmente hay situaciones delictivas o desproporcionadas o alienantes. 

Sin embargo cuando un juzgado quiere esclarecer si un incendio fuera provocado o no, para cobrar un seguro, sin duda que interrogan de manera cuidadosa a cualquier testigo posible (sin atenerse a prejuicio alguno) para determinar si realmente los indicios de provocación se confirman o no; las aseguradoras no soltarán un euro si no se despeja toda duda). Así pues un juzgado sabe hacerlo bien, cuando quiere, así hay una narración al efecto:

Un oficial de juzgado - ahora tal vez de instrucción - que pertenecía a una asociación llamó por teléfono para preguntar si el `presidente de la misma asociación quería testificar en un asunto y ayudarlo a esclarecer. Al preguntarle más datos dijo que era por una cuestión en la que podría ayudar. No dio más detalles que recuerde de ese oficial de justicia e incluso no recordaba si quiera recibir una notificación del juzgado en los términos en que realmente fuera el asunto (aunque notificación debió haber sin que mostrara la gravedad de lo que de iba a tratar y su alcance). Se dirigió al juzgado y entró y se sentó en frente de un despacho. Delante de él una persona que para nada tenía aspecto ni distintivo de juez. Y en las primeras preguntas, que no sabía no por donde le venían, acabó reparando de que se trataba de un bar al que algunos socios quisieron montar un baile y querían que el presidente lo hiciera oficial y anunciará como otro espacio de baile para los socios. Y le preguntaron si como presidente había formalizado algún tipo de contrato con el dueño para que bailaran allí. El presidente dijo que nunca firmaba ni constituía contrato alguno cuando se iba a las  salas y espacios para divulgar su pasión bailarina. Así lo expresó y uno de los presentes, que aparecieron tres de repente rodeando al testigo, como si en otra parte de la sala estuvieran casi invisibles, una de ellas preguntó: ¿No hablo Vd del precio de las bebidas para sus socios con el dueño? (se suponía que el dueño atendiera la barra porque fuera la única persona con la que habló). Y dijo: Sí, sobre el precio del agua, porque como presidente de la asociación había llegado a la convicción de que el agua, mientras bailábamos, debería tener un precio asequible, pues muchos socios pedían agua y en algunos sitios nos "clavaban" y era motivo de queja que solucionáramos pactando el precio de un euro (entonces al principio cien pesetas) y si no nos acabamos marchando. Cuándo expresó el testigo esa circunstancia uno de los presentes preguntó o se preguntó si eso en sí era un contrato y empezaron a pedirle que explicara nuevamente, hasta el punto de que cada vez que intentaba hablar el testigo alguien interrumpía y uno dijo: "Que lo diga con sus propias palabras". El testigo lo expresó diciendo que era como un compromiso o requisito para que los socios acudieran allí. 

Luego se enteraría que todo aquello se debía a que el bar se prendiera fuego y hubiera un seguro que cobrar. Entonces pensó que tal vez la sospecha fuera en sí el incendio hubiera sido provocado o no. En cualquier caso el lugar era "infame" porque se trataba de un sótano sin más salida que la misma entrada. Por lo que aunque la presión de algunos socios le hicieran imponer esa condición al camarero extendió la opinión de que el lugar era una ratonera y no volvió por allí una vez verificó que, obviamente, a los socios tampoco gustaba. Aún así iban  a otro local que también era una ratonera, aunque mucho mejor adecentado, y tardaron años en darle salida de emergencia a pesar de ser una escuela de baile.

Aquello del juzgado hablaba de pasta e incluso cárcel, y sí fue llevado con inteligencia, tolerancia y en busca de detalles. Análisis y formas en busca de la verdad que se echa de menos en otras ocasiones.

 Juez de instrucción

Defender a una víctima de la que todos rehuyen.

Siempre la cuestión es y será lo que mejor concibamos par una víctma, porque el resto de actuantes no miran por él, sino que en él/ella ven   una situación más o menos estándar que se vincula con un prejuicio sostenido en España, de manera generalizada, por la sociedad.

En un momento determinado me dijiste que si el hijo/a hablaba mal del padre o expusiera cualquier otra circunstancia en esa dirección la cuestión se complicaría. Te contesté que el hijo puede hablar del padre lo que quiera, donde quiera, y de la manera que quiera. Porque la cuestión no es lo que diga él en estos meses de “acoso”, ya no solo por el entorno familiar – que en ello lleva resistiendo años - y ya tuve  la oportunidad de hablar  por teléfono con director de Hospital, donde el hijo/a acudiría a tratamiento en régimen abierto para realizar terapia familiar; y que como ya señalé en su día, cuando hijo/a dijera que exageraban y deformaban intentara hablar con ese director y se negara de pleno, alegando que no entraba en problemas familiares y asumía el relato sobre poca idoneidad del `padre;  persona de la que se aseguraba, ante ese doctor, que el padre no aceptaba que hijo/a estuviera enfermo/a. Tardó meses en conseguir abrir una puerta con ese señor  y aceptara cartas que le remitía (que de no haberlo deseado las hubiera rechazado de plano) y más aún, pudo conversar con él telefónicamente para pedirle cita para hijo/a e iniciar una terapia, porque siempre fue el camino mejor que concebía para hijo/a. En el transcurso de la conversación preguntó si hijo/a aceptaría tomar aunque solo fuera un poco de medicación (la pregunta en realidad iba hacia el padre en el sentido de que si aceptaría que hijo/a tomara medicación)  y le dijo que era una cuestión que dependería de hijo/a y de que el ambiente médico se ganara su confianza. Así mismo le señaló el  padre que consideraba que hijo/a era un héroe/heroína por encima de todo. Señalaba el padre que si las cartas le hubieran parecido estrafalarias al médico para nada hubiera permitido que contactara con él. Lo lamentable fuera que la posición hacia hijo/a siempre siendo la de la sinceridad – como sabe Vd. la sinceridad como posición de del padre de que tarde o temprano en ello repararía y le “reconocería como aliado” para transitar hacia la salida de esta muy lamentable etapa que le tocaba vivir. Esa sinceridad, en un momento dado, le jugó mala pasada, pues ante una circunstancia particular de desconfianza que ya tenía en los médicos hijo/a (pero no por el hijo/a  sino de la facilidad con que la familia, al hablar con los médicos, era capaz o de romper el inicio de confianza que iba estableciendo hijo/a con ellos o directamente que ya no le abrieran la puerta).  Esa mala pasada le llevó a decirle que confiara en el doctor porque había hablado con él y su opinión respecto de hijo/a parecía haber cambiado – es lo que le dijo – y el hijo/a no le creía, así que le dijo que le habían mandado cartas. Hijo/a exigiría verlas y accedió el padre y las leyó todas y se quejó de que la narración no era exacta y que en otras ocasiones mentía. Las cartas no hablaban de hijo/a, sino de familia y la relación familiar que sostuvo y de cómo estuvo intentando controlar toda vida incluso la del padre, a distancia,  una vez de separarse progenitores, por medio de parte de familia paterna que a ello se prestaba en cotilleo. Y alguno de los familiares que lamentablemente, dos mujeres, se habían colado a dirigir “un cotarro” durante años, una de ellas sabiendo de las penalidades de los hijos/as y callada; y cuando viera las intenciones de la madre le dijera al padre (que por entonces nada imaginaba de semejante trama sobre hijo/a)  tenía la responsabilidad de hacerse cargo de la situación del hijo/a (habían pasado 26 años que ella misma y su marido ignoraron todo lo referente a los hijos/as pero de lo cual tenían constancia y que a petición de ayuda de uno de los hijos/as, declinó hacer pública o recriminar a familia semejante proceder violento; y la familia renunciando a socorrer a la Víctima y anunciando renuncia y anticipando lo que hoy vivimos – lo anunció hace 6 años – no solo lo pone en marcha, si no que obstaculiza cualquier otra posibilidad de solución, por los medios que fuere a su alcance; en ese momento hermano en plaza profesional y la madre anunciaba su propósito.

Que hijo/a diga o exprese lo que quiera, siempre ha sido así, porque en expresarse conseguía expresar sus emociones contenidas a base de palos, malos tratos, reproches, negaciones del mundo medico y de su entorno familiar, y acababa saliendo lo que realmente él pensaba de las cosas; es decir: pequeños avances que en cuanto eran detectados por la familia retornaban las amenazas y violencias emocionales, que se empezaron a concretar en ingresos. Aun así, hijo/a conseguiría, un mayor despegue de influencia toxica familiar. Sin embargo la entrada de hermano “en juego” supuso otro gran contratiempo y otra situación que gestionar y comprender por hijo/a, por sí mismo/a, porque descubrió el padre que cualquier cosa que le dijera a hijo/a, aunque en el momento lo viera y entendiera razonablemente, acababa por volvérsele en contra de la manera más compleja concebible – bastaba que ese entorno dijera que el padre tuviera un interés particular en hijo/a  para que hijo/a lo creyera por absurdo que pareciera; pues mucha gente, por no decir todos, le han engañado/a o traicionado/a o abandonado/a alguna vez.

Al leerlas las cartas, el hijo/a, enviadas al doctor lo contara a la familia y entonces fuera cuando doctor empezara a declinar y cuando hijo/a no fuera ya al día señalado de consulta, se rompiera esa posibilidad.

Lo ocurrido el año pasado a Hijo/a es digno de ser parte de un estudio pormenorizado para que algún día forme parte de otro más generalizado que señale con claridad cómo y de qué manera se conduce una rama de la medicina concebida para la salud.

La posición del padre ante hijo/a y las circunstancias que han influido en hijo/a más recientemente han  sido siempre de mucha paciencia – pues renunciara el padre a la contención de emociones de hijo/a, por medio de las actividades cotidianas,  cuando  se aceptara el último ingreso en hace dos meses; en ese momento lo explicaste muy bien: Habían roto el vínculo que se establecía entre nosotros y reclamaste apelando a un artículo, 24 de la Constitución.  A partir de ahí reculamos ante argumentos inaceptables del entorno médico. A parte del galimatías jurídico de recursos y contra recursos que se cruzaran y moviera el juzgado y de los cuales el padre conserva para perplejidad de quien quiera observarlos y leerlos algún día por curiosidad; pero lo más lamentable es que en ese ingreso el propósito fuera crear una barrera entre padre e hijo/a a base de fomentar el mismo prejuicio que el mismo Convenio Internacional  dice que hay que combatir y que el Juzgado exhibe como “norte” (y que sin duda en el futuro se entenderá, sin duda, como burla burda que no es primera – recordar que hace unos años hubiera sentencia que asegurara, ante queja de que el preámbulo de una ley, sus objetivos y medios, eran desdichos y contrariados por su articulado, y el tribunal tragó ¿A qué fin ya preámbulos? ¿NI en las sentencias razonamientos en base a preámbulos?)

Hijo/a desde que volvió del hospital se convertiría en un/a "tirano/a" hacia el padre. En cuanto supo la sentencia se fue una semana hasta que se le acabara el dinero. Volvió y exige que donde se halla él/ella no esté el padre; por lo que si fumában en la cocina para no extender olor en el resto de la casa, eso ya no es posible. Dice que solo él/ella debe hacerse la comida porque si no le/la inhabilitarán por culpa padre. No se hace la comida (hoy ha empezado a hacersela) y se la siguió haciéndosela el padre después de verificar que sin hacerla un día entero solo comiera algo de fruta y se quejara ya de todo, en general.  La dejaba sobre la mesa a la espera de que la tome, como al descuido, porque si le dice “Ya tienes la comida” se enfada y reprocha. No puede hacer las tareas de casa como antes, ni la cocina ni lavar ni fregar si él/ella está por medio, porque no debe el padre de estar en su presencia. Las semanas de trabajo, en especial las de siete días seguidos del padre resulta complejo hacer todas las tareas y tener todo recogido. Él/ella ya no friega sus platos o los cubiertos que usa (hoy empieza), y a penas sabe por si solo/a hacerse, sin apoyo y guía como ante,  más allá de huevos y arroz (hoy retorna a hacerse comida más compleja). No barre el cuarto, y menos lo friega; y ya no entra el padre; es más, como ha vivido esas invasiones a su intimidad en su casa, le compró una cerradura normal, porque su familia no le devuelve la electrónica y que le permitiría tener el cuarto cerrado cuando sale de paseo.  Siempre que no encuentra algo dice al padre que ha entrado en su cuarto, pero cuando aparece el objeto ya no pide disculpas, como hacía antes. Antes entraba y si le cambiaba las sábanas para lavarlas y regaba las plantas y le barría el cuarto; y si protestaba le decía: Solo he cambiado las sábanas y ventilado, y lo aceptaba; (incluso colaboraba) ahora eso es imposible. Una vez intentó desafiarle físicamente, lo sabe, lo contó, le dijo el padre: Se ha grabado – las cámaras de seguridad – (y es cierto, separó en la nube dicha circunstancia) y añadió, controla tus emociones porque si no, no estarás en esta casa. Lo que no sabía el padre es que familiares de todos bandos  en vez de seguir instrucciones para que el hijo/a hablara y pudiera expresarse y sacar emociones, le estaban acosando a lo “bestia” sin tener en cuenta las instrucciones recibidas y provocando esa situaciones en el hijo/a que ayer mismo cesaron al llamarles la atención el padre (y que si como fueran muermos, se sentían ellos ofendidos si reparar que ellos mismos eran causantes de daño por ir de “listos” por su cuenta y llenos de prejuicios y falta de sensibilildad). Al menos él/ella términó desahogandose sobre los que le asediaran recibiendo todos ellos su merecido (y aún se atrevían a reclamar) Ahora desahogado/a esta super tranquilo/a y renueva actividades esenciales y provechosas y empieza a colaborar.

Cuando el padre se separó de la madre, hace 26 años, esta le dijo como profecía: "Mis hijos cuando sean mayores te pegarán una paliza. Lo vio en su barrio y parece que es un deseo que quiere realizar. Tal vez lo consiga.

Dice el padre haber aprendido mucho de hijo/a, mucho, y le apoya en el objetivo de la medicación y sabe positivamente que quienes estimulan y canaliza esas emociones que cualquiera tendría en su situación lo hacen premeditadamente y con fin concreto en sintonía con el propósito de la madre; como lo hicieran en el hospital de ir contra el padre y lo hicieran tan mal que ni anunciaran alta del hijo/a y hasta a juzgado liaran, saliendo hijo/a solo, con recomendación de no ir con padre y fuera con padre (¿A dónde hubiere ido sino, doctora, a perderse por carreteras porque nadie lo acoge? ¿Ese era su propósito como médica? ¿Qué terapia era esa sino la de quitarse muerto de encima? Era viernes tarde, cuánto tiempo hubiéramos tardado en saber donde estaba hijo/a  les importaba eso? ).

La posición del padre es de paciencia y no contestarle si no es absolutamente necesario.  Y si le hubieran dejado en paz o alguien hubiera puesto limites a la madre la situación sería mucho más positiva para hijo/a.

Sabe que no tiene a donde ir y se siente prisionero/a y lo reprocha al padre; pero cuando se fuera a casa de no sé quien  pretendiendo cambio de domicilio y encontrar trabajo no tuvo nada de eso que le prometieran, y volvería al día siguiente; cuando sabía que se iba ir (y pensara dejar las llaves en su cuarto) le dijo el padre: Por favor llévatelas; y contestó Gracias papá, te lo agradezco.

Es clara manipulación y precisa su sitio, su casa para sí y una experiencia sin injerencias y a la vez supervisada a distancia (o accidentalmente) para que se sienta crecer y recuperar su confianza. El es la Victima. Si no lo conseguimos demostrar por el medio que sea, y demostrar que hay verdugos su futuro no existe y un día os lo anunciará el padre, porque él/ella si es inteligente y me reprocha mi actitud de contención en vez de beligerancia.

Incidencias creadas a propósito para generarle malestar. 

Se queja hija/o de que dieran entrada a su Face o redes sociales a personas que le conocían y el/ella no les diera permiso. No puede cambiar claves y ponen algunos mensajes que él/ella no pone; No puede cambiar contraseñas de sus redes porque estaban vinculadas al número móvil  de contrato móvil de madre y que esta desactivada o limitada. Señalando hijo/a, hace meses, que si tuviera acceso a uno de  sus ordenadores (que siguen en casa de la madre) lo podría solucionar más fácilmente, pues dese ese ordenador realizara los vínculos a sus redes sociales. Dice que están manipulando y haciéndose pasar por él/ella y cree (ya desesperado por la traición consentida) que puede ser el padre y que entra y manipula su Facebook (del cual excluiría al padre al igual que del wasap desde que estuviera en el hospital y le dijeran que “con su padre no”).

El hermano/a dice que le dan facilidades para coger sus cosas, así llevan un año, con esas facilidades que suelen acabar en ingresos como castigo. Cinismo y crueldad. 

Con esta introducción creo que nos podemos aproximar a cuestiones que llamamos de Salud Mental y verificar lo que ese mismo entorno, concebido para sanar, le cuesta realmente no solo sanar, sino que las cifras y los métodos que usan para obtener esa pretendida salud pueden acabar en representar toda una contradicción en maneras y formas, que traen mayores sufrimientos de los que, en principio, se pretendiera evitar; y lo que es mucho más sorprendente: una mortandad muy ocultada hasta que un líder político empezara a hablar de ello; y ni aún así existe aún verdadero acto de contrición ni de la sociedad ni de esa rama de la medicina.

jueves, 3 de junio de 2021

Agobiar por solución es mala solución

 Agobiar por solución es mala solución

Friend es la serie Norteamericana, de tal éxito, que duró 10 años manteniendo unos niveles de audiencia record (creo que la serie "treinta y tantos" a pesar de las expectativas no llego al mismo impacto). Las series Norteamericanas se han ido convirtiendo en referencia para "saber y aprender" a vivir situaciones y problemas desde otras perspectivas, en las que por medio de gag cómicos, y la ironía, se muestran situaciones que hemos vivido desde las respuestas reflejas y condicionadas, pero sin verdadera reflexión y por lo general sin tolerancia. 

Se dice que es a partir de los 30 años cuando las personas dan profundos cambios y se vuelven interesadas y pueden mostrarse plenamente egoístas e incluso hacer daño sin remordimientos a otros que tuvieron cerca. Ya no necesitan aprender, saben qué es lo que quieren y como conseguirlo la mayor parte de las veces. No hay remordimientos no hay sentimientos de culpa, además se van desarrollando habilidades para mentir, engañar y justificarse como legítimo; se dicen: La vida es así, hay que aceptarlo. Pero la vida la hacemos entre todos y olvidan que ellos también precisaron apoyo para salir adelante (y a veces lo pidieron y exigieron  de manera vergonzosa y vergonzante). Lo olvidan y lo olvidaron. 

Friend esta lleno de ingenuidad, tolerancia y malicias egoístas que ceden ante el cálido reproche del resto de amigos. Vemos que ninguno es perfecto y que todos tienen defectos por los cuales, en algunos ambientes serían rechazados plenamente e incluso marginados o estigmatizados. Friend salva esas situación y muestra que nada es insalvable si la tolerancia y el cariño están siempre presente. 

Los personajes van madurando al ritmo de la sucesión de los propios capítulos y temporadas que será la serie, los personajes pasan de los veintitpocos y llegan a los treinta, en un tránsito donde sus vidas van cambiado y su aspecto físico también. En los diez años de Friend les vimos nacer con Rachel huyendo de una boda a la que las circunstancias le avocaban; toma una decisión, planta a su novio en el altar y tiene que empezar de nuevo; ya no será una mujer dependiente de su marido, y su superficial carácter ser irá modelando y evolucionando a medida que asume que su independencia le lleva a tener que trabajar (la tarjeta de papá es rota en un alarde de valor ante el destino materializado en un compromiso estimulado por sus amigos; es el gesto de quemar las naves que hiciera Hernán Cortés; aún así, después del gesto de euforia aparece la duda y la incertidumbre, pero tiene la fortuna de que hay amigos que le acogen y la acompañarán en el tránsito a la madurez plena (madurez plena que tampoco existe ni es igual para todos los personajes de la serie). Y eso no significa ser perfecta o dejar de tener reacciones sobredensionadas e incluso experpenticas ante  una situacionesv de agobio como se muestra en este trailer, dónde por dos veces seguidas miente a Joe. De la primera se arrepiente al ver el nefasto resultado que incluso pone en riesgo su propio trabajo. Pero ante la repetición de la situación y el agobio que vuelve a surgir vuelve a recurrir al mismo recurso, esta vez aún más extravagante. No hay reflexión en Rachel solo deseos de obtener un alivio ante Joe, para evitar una simple situación incómoda. Cabe preguntarse cómo reaccionaria Rachel o Joe, no hace falta pensar en el otro personaje femenino que les acompaña ( Phibi, criada sola, abandonada, sin  casa ni referencias, con reacciones y pensamiento fuera de lo común pero que es aceptada en Friend, por todos, aunque cause admiración o perplejidad en algunas ocasiones; es parte del grupo y recibe su apoyo y cariño aún siendo un carácter especial con una forma especial de pensar. No importa es Phibi es así y la aceptan, e incluso acaba aceptabdola su novio que será su marido, en todas sus rarezas (incluso cuando piensa en cambiarse el nombre por uno absurdo, por ello no dejará de ser persona y de ser Phibi) Cabría pensar si Phibii hubiera resistido un acoso constante como otras personas cercanas, qué no hubieran sugerido los guionistas? 

Me parece recordar un gag de alguien que va de visita y oye a alguien "jurar en hebreo" y maldecir a unos y a otros, incluso al gobierno de turno. Y la visita le pregunta ¿Que le pasa? y le contestan: Tiene dolor de muelas. Teniendo un dolor de muelas se entienden como posibles y normales juramentos maldiciones y acordarse de quién se tenga preferencia por maldecir como "causante" último de nuestro dolor de muelas, aunque parezca absurdo y disparatado. El dolor lo justifica (y siempre debiera ser así. Siempre)

Somos frágiles, sin embargo unidos y en apoyo mutuo somos fortaleza, la fortaleza de la Verdad.



Miedo escénico (o el temor que nace de sentirse en responsabilidad o de ser previamente juzgado)

 

Miedo escénico (o el temor que nace de sentirse en responsabilidad o de ser juzgado)

Era Valdano quien ponía el dedo en la llaga hace muchos años. Descubrimos en el jugador argentino del Real Madrid a todo un filósofo que era capaz de vincular el fútbol y el ambiente futbolístico con algo tan sorprendente como la reflexión encarnada en un futbolista famoso, y ello se vio como oportunidad de que (me crea el lector o no) la izquierda política en España pudiera cambiar “su posición” respecto de un deporte, asociado a un negocio multimillonario, que venía del Franquismo y que había sido usado por ese régimen como imagen internacional de España y del carácter singular y más significativo de los españoles (creo que Joaquín Prat, padre, introduciría el término “furia española” y otros más que en este momento no me viene a la memoria) y que intentaba suplir o compensar la cadena de siempre derrotas que acompañaba al fútbol español en los torneos internacionales, a base de una narrativa radiofónica llena de apelativos curiosos y algunos bien divertidos, con la que pretendía canalizar y dirigir, con evidente fortuna, las emociones de los radioyentes y que sería imitado por otros muchos comentaristas radiofónicos cuando los domingos, solo los domingos por entonces, se jugaban los partidos de futbol, todos a la misma hora como para evitar lo que siempre se temía, que hubiera trampas y compras de partidos, que por medio de dinero (primas para perder)  a los jugadores, el resultado deportivo hiciera a unos equipos ascender en la clasificación y a otros (siempre con menos presupuesto y por lo tanto menos recursos económicos) evitarse el trance de más gastos si ascendían de categoría o tenían que realizar más partidos en otras competiciones paralelas (copa del rey o tal vez UEFA) que pudiera llevarles a la ruina del club; todo un entramado de negocio que a todos convenía, incluso el negocio de compra y venta de jugadores que tan pingues beneficios produjera a los clubs – unos porque obtuvieran ingresos inesperados y otros porque seleccionaban de clubs menos potentes y más condicionados por el presupuesto jugadores que primero “cedían” para que se “foguearan” y crecieran como deportistas y luego ya como “potenciales estrellas” recaer en los dos equipos grandes “grades” en que derivara en el futbol español: El Barca y el Real Madrid.  

Aún en tiempo de Matías Prat, padre, recordando esa imagen del régimen en el exterior siendo por entonces el fútbol único recurso para exportar los valores del régimen al público europeo, el partido contra la URSS se convertiría en uno de los referentes deportivos del franquismo al marcar Marcelino -  un jugador del Real Zaragoza, por entonces un equipo en alza con los cinco magníficos, de los cuales, a uno de ellos pude ver jugar en directo  en la Romareda, Violeta – y luego tristemente recuerdo conociera en persona, como héroe ya caído, como otros muchos, que nunca digieran bien la fama y los riesgos de la misma. El fútbol y el boxeo – como los toros – eran el lugar donde aspirar a mostrar el propio talento que se tenía por inclinación natural - cuando los medios materiales o los procedimientos de educación cortaban la expresión natural de los niños y su creatividad, haciéndoles rechazar los estudios - y siendo ese  lugar idóneo (futbol, toros o boxeo) donde poder canalizar las emociones para salir del fracaso estudiantil, de la pobreza o la miseria.

Posible ese hecho cuando en la ISVP (de Falange) a los delegados de los alumnos (único lugar que en aquellos tiempos había delegados por elección , porque en La Salle me elegiría en el último curso – cuando ya La Salle abandonaba su secular inclinación por el mundo de los trabajadores y entraba de pleno en concebirse colegio elitista cambiando de ubicación al vender los terrenos de Miguel Servet donde se hallaba la Salle Montemolín, para que fueran urbanizados  – lo sé porque intentaría matricular allí a mi hermano pequeño, una vez fallecida mi madre y solo con vernos declinaron – creo que el Hermano Adolfo nunca hubiera tolerado dicha actitud, pues fuera él quien en La Salle antigua, la de Miguel Servet, quien admitiera a muchos hijos de trabajadores sin suficiente recursos para darles una formación y fuera premiado el Hermano Adolfo con Medalla de Oro al Trabajo (después de probada honradez,  austeridad personal y virtudes fuera de todo vicio, que hiciera posible “salvar” a muchos chicos ya otros, desde una fuerte perspectiva social, entraran en el mundo de la política cercana a sus vecinos y llegar al Senado como ocurriera a José Atarés, quien fuera coetáneo de patio y clase conmigo) y al fijarse el día de entrega con máximas autoridades presentes - a los políticos esas fotos siempre les agrada, algunos desde la sinceridad de ser consciente de haber sido “salvados” por personas tan humildes y a otros, sin embargo les permitiera “lavar su imagen personal” -  el santo hermano declinara acudir, justo esa misma mañana, así lo contaban y quise interpretar como hecho meritorio en él, supongo que naturalmente  emanado de D. y prefiriera reunirse con el Padre dejando a todos plantados, sin poderse hacer una foto con ése Santo, al que ahora Roma parece regatea la propuesta de incluirlo en el Santoral (y lamentablemente se dice que es por falta de dinero que Roma Pide para seguir el complejo proceso hasta su finalización – misterios que no siempre he entendido y mucho menos que el Papa Francisco,  al menso en este caso, siga permitiendo la demora y con ella la satisfacción que todos los que le conocimos sentiríamos  de ver subir a los altares a alguien que conocimos de carne y hueso, siendo ello motivo de esperanza y último recurso de fe en nuestra propia humanidad – si es que hubiera realmente motivo de persistir en esa particular fe).

 La izquierda durante la dictadura no tenía referente deportivo que representara sus propios valores y que le pudiera posicionarse como alternativa para que no se concibiera, ante las siempre críticas de “reacción” de ser imagen “construida” desde el régimen y por lo tanto no representativa, sino amañada por un interés muy lejano en valores a los asociados al mundo del deporte y deportivo y sobre todo del concepto: Deportividad; en cuanto a “limpieza”, “imparcialidad” y “juego limpio” – esto último digno de recordarse por que parece propio y de siempre, los amaños propios de cualquier actividad, de cualquier naturaleza, en la que se puede obtener un rédito económico, político o de imagen.

la manera de jugar al futbol por entonces, años sesenta – rescatada en la televisión  hace bien poco – se nos muestra muy alejada de cualquier concepto vinculado con el término deportividad y más bien parecía un lugar donde los jugadores, convenientemente estimulados - en especial reproches, humillaciones  o en arengas propias para ir a cualquier frente de guerra o trinchera a pelear por el honor del club – expresaban su testosterona con determinación – como si en ello les fuera la vida o el honor, pero por lo general una “prima económica” que les animara el día (recuerdo comentario al respecto en un Zaragoza-Oviedo donde íbamos perdiendo 0-2 al descanso y los jugadores empezaron a remontar rápidamente siendo el comentario en la Grada General de Pie “Ya les han dado la prima” ganado por 4-2) -  y visionados hoy  en día parecen más bien que, en vez de ir a jugar al futbol fueran a ver quién le rompía la pierna al otro; en entradas realmente salvajes y cuando el compañero adversario caía – los presentes se preguntaran si volvería a jugar al futbol – el “criminal deportista” solía ser excusado por el comentarista rebajando lo que obviamente parecía una acción propia de “juzgado de guardia” – y que por cierto, por ello los futbolistas y los clubes renuncian a ir a los juzgados en situaciones de manifiesta “intencionalidad de hacer daño de manera criminal” si querían seguir perteneciendo a la Liga Profesional de Futbol. El comentarista apenas iba más allá de “entrada dura de tal y tal” y si era un partido de la selección española “dándole caña al rival” la entrada  se podría concebir como “vigorosa” e incluso “debilidad” física o moral del adversario. Por ello el jugador que ponía tanto empeño en buscar la tibia o el tobillo del adversario que resultara habilidoso con el balón (y concibiéndose por ello “burla” hacia profesionales del futbol) después de entrada salvaje e indecente, levantaba las manos “reclamando inocencia par sí” y mucha protesta y gestos de indignación si el árbitro le sacara tarjeta amarilla, pero si fuera roja la que le mostrara el árbitro la “tangana” estaría asegurada, primero con reproches hacia acciones similares del rival no señaladas y luego empujones que pudieran acabar en un tumulto, si no es que un espectador, por su cuenta y riesgo, llevado de la indignación, saltara al campo para hacer justicia como los americanos la entendía se debía hacer en las pelis de vaqueros, al modo del “Oeste Americano” a puñetazo limpio, corriéndose el riesgo de invasión del campo de futbol si la grada entendía “amaño o parcialidad” intolerable. Jugué en la Química un año, despaldas a la voluntad de mi padre (con catorce años) y salí destacado en un partido en el que perdimos 5-0 frente a un rival que ya no recuerdo – aquello me decepcionó bastante. Fui fichado por sugerencia del capitán del Química porque en el patio del colegio y en el torneo interno de futbol (ISVP), me destacaba corriendo con la pelota por la banda y cogía desbordaba a la defensa adelantada y luego centraba raso y allí estaba el capitán de la Química, desmarcado, batiendo al portero. Y en otras ocasiones, cuando me cansaba de correr, me quedaba a recuperarme en el medio campo y si me llegaba una pelota o a alguien se la quitaba, y por no correr le pegaba “un mangazo” hacia la portería y allí estaba el capitán de la Química rematando y siempre metiendo gol, aunque en alguna ocasión el mangazo era de tal dimensión que entraba en la portería por encima rebasando al portero. Yo jugaba sin gafas, por lo que sabía si había entrado la pelota por el jolgorio que organizaban los compañeros que estaban cerca de la portería – por entonces no nos abrazábamos ni dábamos la enhorabuena al compañero; éramos un equipo y el mérito era de todos y las expresiones de alegría personal, por anotarse el tanto, apenas se veían más que en aquellos que querían significarse personalmente y ya jugaban en categorías oficiales (era evidente que lo imitaban de los partidos en la tele). Estando en la Química me dijeron que Ocampos alguna vez iba  a los equipos como el nuestro, a enseñar trucos para marcar goles siendo delantero. El único que me contaron fue el que se le atribuyera de “moquearse la mano” y restregársela al defensa por la cara, cuando desde el córner se realizaba un centro al área. La última y única vez que lo vi jugar en directo fuera cuando fue expulsado nada más comenzar el partido; tal vez no habían pasado ni cinco minutos y el árbitro le señalara una falta y él le aplaudiera ostensiblemente, cuando ya el público la protestaba por considerarla o rigurosa o arbitraria y solo destinada a “minar la moral” del Zaragoza nada más comenzar el encuentro.  Ocampos respondería ante la “evidencia” rápidamente entendida por el público con unos gestos visibles que señalaban abiertamente frustración por parcialidad y el árbitro, creo recordar, le llamaría para sacarle tarjeta blanca por “rebelarse” ante su decisión – protestas entonces solo al alcance de los capitanes de cada equipo y en especial con las manos en la espalda, para que no se sintiera intimidado el árbitro. Ocampos aún se sintiera más indignado y le dedicara al árbitro un ostensible aplauso que provocaría más pitos en la grada, seguidos de protestas y ya comentarios de que ese árbitro iba decido a robar el partido, otro más. Pero apenas terminara el gesto Ocampos el árbitro le volviera a llamar cuando se alejaba ya resignado para mostrarle la roja!!!!! La Romareda no se lo terminaba de creer, en cinco minutos o poco más el árbitro había decidido el resultado del partido (y Ocampos fue rescindido el contrato y compensado en condición que no jugara en otro equipo español). Con el tiempo (prácticamente hace dos días)   comprendí la artimaña de Ocampos para impregnar de mocos la cara del defensa en un córner; la respuesta y reacción aunque fuera de asco motivaría cualquier movimiento de reproche o alejamiento e incluso algún insulto; bastaría con que el reproche fuera gestual y le rozara para que este se tirara en el área reclamando agresión que sería secundada por al grada y el árbitro en un brete “viendo algo que tal vez no supiera definir”, pero que algo hubiere y tal vez pitase y con ello la oportunidad de decantar el partido con un penalti. El ejemplo cundiría cuando las imágenes  del madridista Michel recorrieran las televisiones de medio mundo, con la “tocadiña” que le realizara a un defensa, creo que latino, que respondiera no agrediéndole como Michel esperara, sino ofreciéndole la oportunidad de volver a tocar sus partes pudendas, en lo que pareciera un desafío ante todas las gradas que Michel declinara aceptar – sobre todo en una época donde el futbol se visualizaba como también portador de rasgos concretos que podrían afectar al Madrid en cualquier otro encuentro con rivales incluso en el ámbito internacional, en esa perpetua guerra psicológica que hay asociada a la rivalidad deportiva – cuando con el deporte se pretende representar valores de identidad e incluso de ideología de aquella época. Sin duda, cada vez que Michel llegara a otro partido después de esa escena, los rivales y el público de grada le esperarían en el campo de futbol rival o propio, con algún comentario hiriente, jocoso, hilarante, e incluso en aquella época ofensivo, para desmoralizarle, sacarle de sus casillas y hacerle errar (por lo que tal vez un alejamiento con cualquier excusa podría ayudar a olvidar el incidente).

  (me gustaba jugar de siete desde niño, en tiempos de los cinco magníficos – mi hermano era Lapetra y yo Marcelino y el campo de futbol la pequeña galería ubicada en un quinto piso; cuando salía la pelota por encima del barandado y caía sobre la carreta de Castellón, ya llamada Miguel Servet, mi hermano rápidamente me señalaba si fuera yo el del chupinazo o exclamaba: “Yo no he sido” a pesar de la evidencia (entonces teníamos unos cinco o seis años, como mucho siete) – los años que estuvimos separados y él viviendo a unos cientos de km con la abuela materna, separación que nunca explicaron, y que duró hasta que yo tuve tres o cuatro años, aprendería “recursos sociales” inconcebibles para mí -  y entiendo ahora perfectamente, que construir un relato exculpador que contenga culpable es una habilidad aprendida como recurso para sobrevivir en esta sociedad.

Ante la negativa a comprarme una camiseta blanca con el siete – me ignoró mi madre como si la proposición fuera hecha por un extraterrestre, así que decliné motivar apelación ante mi padre - y me cogí una camiseta de muda blanca de manga larga y recorté un siete de un trozo de tela azul que no sé como llegara a mis manos e intenté coserlo como pude, y con ella me fui al cole más contento que unas pascuas; apenas me duró el siete un par de días así que decliné la idea – no sabía coser ni me autorizaron pegamento para un posible mejor apaño.

En La Salle se empezaría a potenciar el baloncesto y las fotos que aparecían en los anuarios de cada curso, el baloncesto ya  empezaba a ocupar un espacio sin competir del todo con el fútbol. Ahí encontraría la izquierda social en España su referente en valores: Estaba prohibido tocarse, agarrarse, empujar descaradamente si tenías la pelota y si cometías cinco faltas te ibas “a la calle”. Además era un deporte más estilista y estético; se optaba por pasar el balón por un aro, y desde luego aquello requería de puntería que solo era alcanzable mediante ensayos reiterados en solitario; y durante el juego había que dominar y contener las emociones  mediante la templanza (y ante la presión ambiental) para poder anotar en un espacio tan pequeño. A diferencia del futbol, en el baloncesto para nada era útil la “furia española” y las anotaciones “de churro” eran muy improbables, aunque si se daban eran espectaculares; pero desde luego nada tenían que ver con un mangazo a la pelota, hacia la portería, a ver si de rebote entraba entre los cuatro palos. 

El Real Madrid ya tenía un equipo como Emiliano, Cabrera, Cliford Luick…en los sesenta, que reunían todos los elementos y valores que la izquierda (perdón, la izquierda no jugaba a nada oficialmente ni se identificaba con nada oficialmente; eso sí, todo lo criticaba como parte de un occidente capitalista corrompido; como mucho se identificaba con el Ajedrez), mejor dicho, la socialdemocracia, concebía como valores con los que se podría identificar plenamente y que podrían ser un lugar ya común de compartir con una nueva generación que nacida del franquismo y en el franquismo no sintonizaba plenamente con la visión del futbol y su utilización política. Aunque esto último fuera inevitable también con el Baloncesto, pero ya más plenamente dentro de la democracia (además estaba “El Estudiantes” o “el Juventud”  otro equipo catalán, que dulcificaban esa idea de rivalidad con el equipo de la capital que representaba al gobierno y su “centralidad” del poder). Cabrera era el “toque” que marcaba la diferencia, capaz de levantar un partido si estaba inspirado en su individualidad o de arruinarlo.

La socialdemocracia, y el progreso se identificarían con el baloncesto plenamente y potenciarían el balonmano, pero más pretendidamente la izquierda pura y dura “odiaba” el futbol que nos llegaba del franquismo.

 Pero el milagro se produjo, y Valdano apareciera como mensajero de paz y de reconciliación plena – por la que ya no haría falta esconder el ánimo y el brinco ante una jugada de la selección española o ante un Braca / Real Madrid. Valdano, un jugador de campo, un hombre que jugaba al futbol era un filósofo que conectaba el juego del futbol con multitud de aspecto vitales de la vida cotidiana de cualquiera. Y además sería entrenador del Real Madrid. La Izquierda no solo perdería los argumentos que durante años esgrimiera, la socialdemocracia le ganaba la partida y Valdano irrumpía con un término demoledor, impensable en personas que se mostraban ante público semanalmente y que portaban una imagen social a imitar o emular, al menos en fama, a la que cualquiera pensaba que otorgaba privilegios y oportunidades; pero Valdano hizo a la opinión pública poner los pies en el suelo; los deportistas y otros muchos que salieran en tv, o se subieran a un escenario, e incluso profesionales de otras ramas, no eran felices exponiéndose al público, en contra de lo que la gente pensaba y deseara para sí, como siempre señalado “minuto de gloria”; la gente que poseyera fama, muchos conscientes de ella, poseían lo que se llamaba:  “Miedo escénico”.

Con ello las socialdemocracia incluía un aspecto que Valdano les ponía en bandeja: El futbol se puede observar de manera bien diferente (más allá de las tácticas de enfrentamiento de dos bandos – equipos – que se enfrentaban en un terreno de juego (campo de batalla) – representando una batalla con reglas y con resultado en un marcador) el futbol portaba una experiencia personal u reto para cada persona, un rasgo espiritual profundo que reflejaba una vida personal y sus temores y medios. Todo un campo para explorar el futbol de manera bien diferente.

Una figura similar la representaba Joe Triviani, en la serie Friends, donde siendo o pretendiendo ser actor en esa serie comedia norteamericana, les dice a los amigos que el puede llorar cuando quiera, porque es actor. Entonces los amigos, sentados en el sillón del “Central Perk” le piden una demostración y después de unos esfuerzos sin lograrlo se excusa reprochándoles a los amigos: “¡¡¡Si me miráis no puedo!!!” – como si se tratara de un argumento consecuente con un pudor, del que se supone los artistas intérpretes, es decir los actores, habrían superado en etapas previas de aprendizaje.

Ello es muy común, bastaría recordar los problemas de espontánea reacción que tuviera y mostrara el aragonés que diariamente nos da el seguimiento de la pandemia a nivel nacional, que siendo Dr especializado en epidemias vinculados a gobiernos de todo signo, tuviera que asumir discurso en las cámaras a diario y en ello se considerara por algunos que mostrara respuestas, o comentarios con los periodistas que le entrevistaban que les pareciera impropios del momento, pero que sin duda reflejaban la falta de experiencia en dominar los medios audiovisuales, sencillamente porque la previsión de ese cargo – hasta la llegada de esta pandemia – era de muy diferente papel y menos de tal dilatamiento en el tiempo, haciéndolo vulnerable a los análisis de su imagen o sus gestos y siendo sometido a crítica despiadada porque en ese momento, ese funcionario trabaja para un gobierno concreto y en consecuencia tenía que armonizar no solo la evolución de la pandemia sino también ciertos mensajes y previsiones que no estuvieran radicalmente en contra de otros aspectos esenciales, como pudieran ser levantar cuanto antes las limitaciones extremas, o prever el mejor espacio para que la economía no se hundiera plenamente (que es lo que parece que debe realizar una persona de su condición en esta situación excepcional: Contemplar y conjugar todos los requisitos que le imponen y formular opciones mínimamente aceptables, que permitan tanto el avance y resultados positivos ante la pandemia y a su vez armonizar la actividad económica y las libertades personales).  No sabemos qué tipo de consejos le dieran a este señor que al principio tenía un aspecto  evidente de típico científico (con pelos largos bien despeinados) semejante en longitud y aspecto a otros considerados en su momento como científicos que tratan con asuntos tan complejos que tienen  licencia para portar la imagen que deseen aunque en otras ocasiones una imagen similar señalara descuido e incluso más allá, como le ocurriera al profesor/científico/inventor del coche "que viaja en el tiempo" viaje en el tiempo en “regreso al futuro”, y cuya actividad de investigación se pudiera observar en una amplitud que abarcara “desde la genialidad hasta la locura”; porque de hecho en una de las escenas del futuro, si las cosas no se cambiaban, la bifurcación de acontecimientos generados por Michael j. Fox, se se harían realidad y su amigo inventor en vez de premiado sería encerrado por loco (la prueba de ese cambio era una foto de prensa ) – el joven, ya adulto, que ahora padece de parkinson y ha empleado toda su fortuna en buscar soluciones a esa enfermedad y parece haber conseguido avances – sería posible que la maldad y los malos dominaran su ciudad.

Cada cual está en condiciones de asumir un papel. Una persona que baila en un escenario – e improvisa su baile – no tiene porqué carecer de miedo escénico, y si padecerlo plenamente, por lo que precisa de ciertos requisitos previos para que la actuación salga aceptable y nunca o difícilmente lo será al nivel de la espontaneidad  que se produce en un ambiente donde no se halle sujeto observación y propia autocrítica; y donde la creatividad fluye aunque haya rivales y adversarios muy críticos  presentes, porque conoce las limitaciones y las naturalezas de la crítica de esos personajes y sabe combatirlas cuando sea donde sea. El escenario obliga a una  altura de “respeto” hacia el público y en ello, aunque el público sea siempre generosos, existe una responsabilidad que oprime limitando recursos propios que no aflorarán hasta que la representación del baile avance en un programa diseñado para ir “en crescendo” hasta darlo todo hacia el final espectáculo; y antes de la relajación total e la despedida.

Uno puede hablar bien en el corto espacio, pero no tienen porqué hacerlo en otro más amplio o en otros condicionamientos que nunca ha vivido, al menos conscientemente. De hecho, parece obvio que en el mundo de la política esa división es clara y expresa; lo vemos constantemente en los dos partidos de mayor representación en la actualidad: El mejor pensador y estratega  suele estar en un segundo plano y quien asume los riesgos de imagen pública sujeta a permanente crítica es otro bien diferenciado, pero ambos comparten proyecto, visión y por lo general mismos valores que les permiten entenderse plenamente y afrontar las dificultades de manera muy estratégica, porque en el mundo social y en especial de la política, el orden de la presentación de los factores y sobre todo cómo estos sobrevienen (aunque ya estuvieran previstos exponer y aplicar en forma de decisiones o simplemente se deban gestionar por sobrevenidos) alteran su percepción en el resultado final.

Había una frase que se refería este hecho concreto que creo que es de utilidad para entender la permutación de factores en el resultado y juicio que se conjetura al final. Nos decía un cura en un seminario apropósito de lo señalado: No se obtendrá la misma respuesta si le preguntamos a un sacerdote: Padre, qué actitud debo tener cuando rezo. Y él seguramente responderá: “De mucho recogimiento e introspección, nada debe de molestarte ni perturbar tu ánimo; la actitud de predisposición hacia D. Padre es relevante; nada más que el rezo se debe de hacer en ese momento”. Y por el contrario, nos decía el mismo cura en ese seminario: Sin embargo si le preguntáis al sacerdote: ¿Puedo rezar mientras trabajo, o realizo mis quehaceres cotidianos? Y la respuesta esperable por parte del sacerdote sería: Sin duda, cualquier momento es bueno para rezar”. (creo que lo he expresado bien y correctamente)

Un escritor puede ser buen orador en un ambiente de tertulia, pero mal orador en un atril – sobre todo si no se le dan recursos prácticos para hacer frente a ese reto y que es cuestión recurrente en las pelis Norteamericanas dar consejos al respecto para no sentirse intimidado. Pero cuando el ambiente es abiertamente hostil y lleno de prejuicios suele ocurrir como le ocurriera a Unamuno, cuando fuera invitado el día de la Hispanidad a estar presidiendo una mesa donde el Alzamiento Nacional iba a expresarse con motivo del 12 de octubre y a pesar de que le advirtieran de permanecer en silencio ante el peligro evidente que ya se cernía sobre su persona, ante un momento que él comprendiera de “irracionalidad” extrema desde conde se concebía y anclaba el nacimiento de símbolos que él no compartía – por lo que parece un  simple problema de literalidad (y de hablar con propiedad; que siempre hubiera sido su campo de batalla en su propio entorno académico y motivo de reproches a sus colaboradores inmediatos y suponemos que también hacia sus alumnos) y ello le llevara a tomar la palabra, y en medio del riesgo que supusiera dirigirse a personas que conciben viable morir por símbolos casi abstractos, defender la condición humana y de nacimiento común de todos los contendientes  en la guerra e intentar reconducir la terminología como oportunidad para el recuentro. Ello fuera determinante, pero solo excusa, para que dos meses y medio después muriera asesinado un 31 de diciembre, según las investigaciones (2020) que ya puse en un blog recientemente. Una situación similar ha venido sucediendo con el filósofo Gustavo Bueno. Mientras él solo quedaba dando una conferencia no había problema alguno para seguir sus razonamientos y el hilo conductor de los mismos (salvo el uso de alguna palabreja, pero que si buscabas en wikipedia te resolviera lo esencial). Sin embargo, si Sánchez Dragó le invitara a una tertulia para hablar de un tema concreto con otros más pensadores, la cosa se complicaba bastante, porque exigía tanta precisión y literalidad en el lenguaje de los intervinientes – incluso en la mera exposición inicial del motivo de la conferencia/debate público - que resultaba a Dragó extremadamente presentar los términos del mismo, porque eso ya era motivo de constantes intervenciones de Gustavo Bueno reclamando precisión porque se empleaban palabras en la presentación que resultaban contrarias a lo que pareciera querer decirse. Y nada se puede mejorar de lo que aconteciera después en el desarrollo, pues siempre interrumpía Gustavo para precisar e incluso definir lo que otros decían  señalándoles que realmente decían lo contrario porque se expresaban ciertamente, a su juicio, mal.

También recuerdo a una maestra que mostraba “abiertamente” cuál fuera su recurso para superar su “posible miedo escénico” ante las clases de niños que le tocara en primeras veces. Me recordaba, en cierta manera, el recurso que señalaban las pelis americanas para que alguien que por primera vez se ponía ante público diera un discurso, se le aconsejaba que imaginara a todos los presentes en el acto como si estuvieran desnudos. Realmente nunca entendí dicha estrategia, pues en nada veía mi persona en ello para sobreponerse a una situación de esa naturaleza. Pero al conocer a esta señora maestra la Luz se mi hiciera clara (con el tiempo también, todo requiere tiempo, y dar lugar a D.). Lo que ella relataba reiteradamente como sus primeras experiencias de maestra (es decir, las disposición personal ante la responsabilidad de explicar cosas a los alumnos y responder a sus preguntas para asentar esos mismos principios que se pretenden que comprendan, me parecía una cuestión realmente transcendental, como luego señalara que así fuera un país nórdico que señalaría que para evitar malos conceptos iniciales en cada materia que se explicara a los alumnos, era conveniente usar de los mejores profesores y los más capacitados para ese fin en esas primeras etapas escolares donde las preguntas de los alumnos y las que realizan vinculadas con su experiencia imaginativa, deben de ser resueltas para evitar frustraciones de potencialidades en los alumnos e incluso abandono del ambiente escolar; por no saber llegar a ellos y a sus inquietudes ). La señora relataba siempre la misma historia ante la misma pregunta, señalando obviamente, que esa experiencia que señalaba ella había sido determinante para tener confianza en la clase frente a los alumnos.   La historia era la siguiente: Los niños se “tragan” todo lo que les cuentes – y añadía – son tontos. En un principio no entendía el porqué se refería a esa condición de ingenuidad de los niños como experiencia definitoria de sus inicios como maestra. Pero cuando se vincula con la estrategia de estar en público y vencer el “miedo escénico” mediante la idea de imaginarse a todos los presentes desnudos, no queda duda la vinculación entre una experiencia y la otra. La propuesta norteamericana va más allá de considerarlos “desnudos” a los presentes; es considerarlos, sencillamente, de “menor condición” y desde ahí constituirse como una especie de líder o guía cuando se realiza el discurso ante ellos. Para esta maestra el recurso era considerarlos “tontos” y su ingenuidad como oportunidad para salir de cualquier “nudo” que ella misma construyera con sus explicaciones. Lo más lamentable de todo es que pudiera haber sido consejo de otro profesional cercano, e incluso recurso empleado por generaciones de maestros para salir al paso de su propia incompetencia personal. Y sin embargo ello les daba una visión, efectiva, de posicionarse por encima de todos, alumnos y padres, porque cuando los padres fueran a reclamar que el niño no aprende, ella siempre pudiera decir sin rubor alguno: Es que es un poco vago y zoquete. Problema resuelto durante décadas en la enseñanza en España, porque seguro que muchos de los lectores, desde esta sencilla reflexión, recordarán maestros y maestras incapaces de explicitar sencillamente cualquier asunto, si no es refiriéndose a la definición del mismo como única explicación posible y reiterándose en ello una y otra vez. (ya señalara Einstein, a él se le atribuye,  que si uno no sabe explicar una cuestión, aunque sea esta muy compleja, de manera sencilla que tu abuela lo entendiera, simplemente no tiene repajolera idea de lo que dice saber).

Cada cual vale para lo que vale, y ello bien condicionado no solo por aptitudes (también por actitudes temerarias que han resultado compartidas en ámbitos corporativos a pesar de los resultados desastrosos), sino también hay limitaciones por iniciativas que han sido reprimidas o bloqueadas (irresponsablemente) sobre todo en la infancia o en la pubertad, teniéndose que buscar otros medios para expresarse y volcar las aptitudes personales que mostrarán un camino propio para expresar la propia creatividad, y ello no quiere decir que siendo exitoso en esa creatividad venza otros obstáculos - si son diferentes y en diferente contexto - favorablemente en una potencial exposición pública; ello es representado por el término “Miedo escénico” en el sentido de la responsabilidad que uno asume, desde su propia consciencia de ser responsable de lo que diga ante otros; y sin embargo hay quienes nunca se plantearon semejantes escenario de responsabilidad y sencillamente planearon, desde un principio, abusar de su posición en todo sitio y lugar en los que les pongas. Sencillamente porque a todos consideran TONTOS, y encima les funciona.  

Otra peli, esta vez británica, muestra como en el caos que es la vida (también para los adultos) Huges Grant sale en ayuda y apoyo de un niño que quiere cumplir el deseo de su madre a la que siempre considera afectada) y en un acto del colegio donde estudia, decide cantar una canción dedicándosela a ella sobre Sentimientos. Hughes Grant se entera y considera que lo que va a hacer ese pequeño amigo y cómplice suyo, es un sacrificio ante un público - sus compañeros de clase - que será, sin duda, demoledor en su imagen llevándole a un duro aislamiento social. Por lo que intenta desanimarlo y no pudiendo, sale a escena con una guitarra eléctrica para acompañarle y evitar que sobre él niño recaiga todo el peso de un jurado (público) que en su mayoría ya tiene un juicio formado y desfavorable de ese niño (sus compañeros); sin piedad, recurrentemente, juzga a sus miembros de manera superficial a base de prejuicios y Hughes Grant, de alguna manera recibe los golpes (le tiran una manzana que le da en la cabeza) por él. Pero al final sale todo moderadamente bien. Teniendo en cuenta que es una peli, británica, no está mal del todo.