Toda
una tradición se viene abajo de manera precipitada. ¿De verdad no
existieron Adán ni Eva? Así lo presenta alguna cadena de radio,
asegurando que la afirmación, sin alegar ningún matiz, proviene
del Papa Francisco.
Hace
mucho tiempo que no se interpreta la Biblia de manera literal, al
menos así ha habido que afrontarla a la luz de las aseveraciones
científicas (no exentas de cierta pre-potencia, siempre necesaria
para su imposición en el pensamiento de la gente común). Tan
desacertado puede ser afirmar la existencia de Adán y Eva como
negarla rotundamente, pues en ambas posturas yace cierta
intolerancia.
Es
más que probable que el relato sea una aproximación a la “Verdad”
o una forma de contarla. Es posible que no existiera una literalidad
(pero también es posible que esta literalidad existiera).
Si
pensamos que la evolución es la manera en que la Naturaleza que
conocemos se adapta a las cambiantes condiciones generales que la
conforman (la Naturaleza depende de la distancia al Sol, de la
velocidad de rotación de la Tierra, de su inclinación en el plano
de la eclíptica, de la influencia del resto de planetas y cuerpos
del Sistema Solar, e incluso de los cometas y de esa llamada
antimateria...) podemos afirmar que el hombre es la consecuencia de
la evolución de la materia en la Naturaleza del Sistema Solar y en
las condiciones dadas históricamente en la propia Tierra (a
idénticas condiciones idéntica respuesta de la Naturaleza). Y al
depender la Naturaleza del propio Universo – siendo parte del mismo
– y obedecer a sus leyes, es el Universo quien en determinadas
condiciones da lugar a la vida. Por lo tanto, la inteligencia que
representa el hombre es la inteligencia que habita en el propio
Universo desde antes que éste se desarrolle – es una inteligencia que
está antes de. Y si a esa planificación y predestinación de la
evolución de la Naturaleza le llamamos Dios, Dios estaba antes de
todo, durante todo y al final del Todo. Así que el Hombre y Mujer
primigenio (Adán y Eva) lo eran antes de Todo en lo planes divinos.
Pero
pensemos que también, ante la contradicción que representa la
inteligencia en una vida contemplada como finita pero capaz de
comprender en gran parte su propia naturaleza, y sujeta a las
pasiones (que no son más que las manifestaciones de la propia
condición animal), los hombres pudieron ser capaces de intentar
conseguir una pareja perfecta para que el Paraíso (que el niño
observa en el vientre de la Madre o en el sustento físico que ésta
le da – junto con su protección) sea una condición permanente en
la vida de los seres humanos. De ahí las leyendas judías,
cristianas y árabes. Al final, la leyenda de la Creación sólo sea
la recreación del descubrimiento del mundo por el ser humano y de
las catástrofes que la condición dual (espiritual y animal) lleva
aparejada como una experiencia universal de la que se es imposible
escapar dentro de la condición de libre albedrío.
Si
el ser humano fuera capaz de reproducir – acortando el tiempo
preciso para la evolución que dio origen a la Vida y al Ser Humano –
de manera que aprovechando las “energías” de la Naturaleza (y
las del más allá de la Tierra) pudiera generar un ser humano o vida
de la no vida, nos encontraríamos con las leyendas que avivan el
mito de la capacidad de acceder a la sabiduría del Universo y de la
inteligencia que lo soporta para alcanzar cualidades divinas. Y sin
embargo, ello lleva aparejada una maldición: La destrucción.
Por
ello negar la existencia de Adán y Eva es tan arbitrario como
asegurar su creación literal sin prueba alguna. El juego está en mantener a las personas en los extremos... sean inteligentes, busquen el camino medio.