Miguel Ángel Ibáñez Gómez - maiges_ps@hotmail.com

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lunes, 1 de octubre de 2018

¿Por quién doblan las campanas? (14 Agosto 2018)


¿Por quién doblan las campanas? (14 Agosto 2018)



Nota previa: Introducción

Más que un artículo (el post contiguo) es una reflexión que se empieza a gestar, primero, cuando es rechazada la petición realizada para retirar la condecoración otorgada a Franco por Francia ante la negativa de Francia a retirar la concesión de la medalla de la Legión de Honor que le concedió como respuesta a una petición de ciudadanos españoles hijos de republicanos. (Aunque la noticia me parecía intranscendente, por concebir en ese momento que el asedio a la figura de Franco me resultaba indiferente a estas alturas. Probablemente la distinción viniera desde el fracaso del desembarco de Alhucemas, durante el cual la persistencia de Franco permitió la llegada de las tropas francesas y el éxito de la operación contra Abd El Krim. La pregunta era ¿Si Hitler en vez de cabo hubiera sido comandante que colaborara en África con los franceses, le hubieran retirado la medalla?), El trato que Francia había dado al General Pétain, a pesar de haber sido héroe en la I Guerra Mundial fue de condena a muerte que luego fue conmutada. Así empezó mi interés por re-evaluar la perspectiva con la que se percibió a Franco en Europa, más allá de las ideas preconcebidas y que creíamos comunes en todo el occidente democrático y, aun más, en Francia ¿Existiría un criterio superior, por encima del democrático, que nos pasara desapercibido y que considerara que Franco realizó un papel esencial tal vez en la Guerra Civil, o durante la II Guerra Mundial o en la posguerra? ¿Servía Franco a los intereses europeos a pesar de la propaganda adversa de tantos años? ¿Cumplía o cumplió una misión? y de ser así, ¿Desde cuándo es considerado y respetado en ciertos entornos?). Vino a sumarse al compendio de “irregularidades o incoherencias históricas”, establecidas en el régimen franquista, resultando una “revelación” efectuada también por “El País” donde Franco apoyaba al Gobierno de Salvador Allende en Chile. También, un artículo sobre un tango que se refería a una ciudad española, que se puso de moda en los años 30 en el Hotel Excélsior de Berlín (uno de los hoteles más lujosos y grandes de su época) me llevó a realizar una breve investigación, con escasos medios (sólo Internet), sobre la sociedad alemana de la época y de cómo el propio Excélsior acabó siendo sede de un organismo nazi, cuando sólo unos pocos años antes el propio dueño del hotel vetaba la entrada del Nacionalista Hitler (en 1928), a sus lujosos salones, donde se habían reunido pensadores de la época, y en sus magníficas vidrieras se representaban los cuatro símbolos de las religiones monoteístas más importantes de la Humanidad como expresión de su tolerancia por la libertad de pensamiento; los nazis - que eran observados como radicales, que con su sola presencia generaban malestar en el ambiente, según el recién rescatado artículo de ABC, donde Hitler reclamaba más financiación y portaba armas a donde fuere (parece ser por el artículo del ABC que Hitler siempre llevaba una pistola al cinto), habían conquistado en poco tiempo el poder en Alemania y conseguido enfervorizar a la clase media - rompieron sus vidrieras y vetaron el hotel hasta que arruinaron al dueño, luego se lo quedaron como sede de un organismo propio (era una exhibición de poder y persuasión que precisa del respaldo de la gente común o de su miedo). Todo ello me permitió recuperar recuerdos del pasado que corroboraban que habíamos vivido, al menos en la etapa postrera del régimen (al menos en los últimos diez años), situaciones que, por extraordinariamente inauditas, resultaban imposibles de asimilar e incluir coherentemente en el proceso histórico que el propio régimen de Franco reclamaba para sí y daba sentido y razón de ser a su violenta implantación en los años treinta. Además, a ello se viene a sumar el hecho de que después de cuarenta años de democracia el Franquismo siga ostentando lugar de culto, o que el nombre de numerosas calles de demasiados pueblos de España aún sostengan el recuerdo en forma de homenaje a aquellos que propiciaron la Dictadura y posterior régimen autoritario, como si con ello quisieran perpetuar “sus reservas y objeciones permanentes” sobre el sistema democrático que se lleva desarrollando en España desde 1978 y del cual ellos mismos forman parte y con el que se han comprometido, en lealtad a la Constitución, para poder ejercer la dignidad de representar a sus ciudadanos en instituciones públicas. También la visceralidad con que aparece en la escena española una fuerza de extrema izquierda, cuyo líder se reconoce pro-soviético, y un líder de extrema derecha se reconvierte y recomienda votarle ¿Qué puntos en común pueden tener las ideologías extremas?¿Será su común anticapitalismo o el deseo de ambas de abolir la Democracia Parlamentaria e imponer unas Dictaduras? ¿O será todo ello a la vez? Y sobre todo ¿Por qué es posible que en las democracias existan de ideologías extremas cuya meta esencial sea acabar con la propia Democracia?

La Historia oficial, ni siquiera la verbal (boca/oreja), responden con exactitud y coherencia a la Historia cotidiana que realmente vivimos, sin embargo las respuestas se hallan en el pasado, por un lado escritas pero cumplimentadas por lo que también vivimos. Este artículo (que viene a continuación)se esfuerza en reflexionar sobre una pequeña parte de ello de la manera más “coherente”, si es que ello es posible dada la magnitud y profundidad de las situaciones “anómalas” y contradictorias que pudieron sucederse desde la proclamación de la II República y que han sobrevivido, en algunos rasgos, hasta nuestros días. De alguna manera hoy somos el resultado de aquellas contradicciones y aquellas contradicciones hacen posible hoy en día que nuevas contradicciones sean posibles y tengan un espacio que resulta, a su vez, contradictorio con el establecimiento de la transición democrática, (se esperaba de la España del futuro haber superado definitivamente aquella etapa para así posicionarse nítidamente de cara al futuro; unidos en la diversidad de opinión y opiniones; unidos en nuestra diversidad de culturas y tradiciones; unidos en nuestra diversidad de identidades… en todo unidos en la consecución de nuestro bienestar común; unidos en la propia diversidad porque ello suma). Parece necesario recorrer nuevamente el pasado porque hay generaciones nuevas, que adquieren capacidad para representarnos en instituciones, que parecen desconocer realmente cual fue el “complejo ambiente” que se vivió en los años treinta y lo realmente difícil que debió resultar mantener un equilibrio que garantizara la democracia ante el asedio de los extremos cuando estos extremos se convierten en opciones atractivas para la sociedad por un motivo u otro.

Realizada en 1942, (en plena segunda guerra mundial cuando aún el signo del resultado de la misma aún no era percibido con claridad en la opinión pública – los EEUU ya formaban parte de los aliados - y ya se vislumbraba el reclamo de Stalin para la intervención americana y crear un segundo frente a Alemania). La película fue estrenada en 1943 aunque no vio la luz en España hasta 1978, por entonces enormemente mutilada y con adversas críticas, desde un primer momento. Sin embargo fue nominada a nueve Oscar, pero sólo recibió uno en el personaje secundario de Pilar, que precisamente era una artista griega con un parecido evidente a la Pasionaria (la elección del casting fue muy elaborada y se alargó en el tiempo, por lo que sugiere que hubo detalles y rasgos físicos que suponían un requisito esencial a expresar en el film, dirigido por un director Norteamericano considerado ultraconservador).

¿Por quién doblan las campanas?

Hace poco la echaron en TVE.

Apenas vi algo más de 35 ó 45 minutos de la película, en su reciente reposición en La 2. En algunos intentos anteriores ya me pareció película pesada y espesa que me hizo abandonar la atención, a pesar de que los dos protagonistas eran dos de mis actores favoritos por dos interpretaciones que me admiraron en dos películas que fueron mis preferidas durante mucho tiempo: Gary Cooper por su papel en “Solo ante el peligro”, magnífico y heroico personaje del Sheriff, poco probable en la realidad (como criticaría John Wayne), al menos en su desenlace (pero el cine es el lugar donde los sueños se realizan) pues concebía que el destino de un hombre con valores profundos, coherentes y consecuentes, no suele ser así percibido así por su entorno social en los momentos de conflicto, y suelen considerarlo de una dignidad inconveniente, molesta o inadecuada, como bien expresa algunas escenas de la película. E igualmente Ingrid Bergman, que en Casablanca parecía la antítesis del personaje acobardado que escenificaba Grace Kelly como esposa del Sheriff (la redención que sufre la que sería joven princesa de Mónaco, recién casada en la película, teniendo que usar la odiosa fuerza de la violencia, contra el malhechor, me resultó tan memorable como improbable). Bella, alegre, idealista y para siempre enamorada del desengañado Bogart, de pasado idealista en todas las causas por la libertad (igual que el desengaño que debieron sentir muchos de los voluntarios extranjeros que combatieron en una República que tenía que luchar contra un destino adverso y contradictorio, incluso en su propio seno).

Los personajes cinematográficos describían a los españoles en esa guerra; incluso el entorno de la cueva donde se desarrolla gran parte de la trama, basada en la novela de Hemingway, que habla de un país oscuro, de líderes más allá de astutos taimados y celosos y, sobre todo, de un entorno realmente empobrecido, donde el protagonista, Gary Cooper, de tez clara y siempre reluciente, tiene que hacer frente a una misión suicida dada la pésima organización del ejército que ostenta el criterio de la defensa de la legalidad. Sólo la relación amorosa del personaje de Ingrid Berman con Gary Cooper salva la oscuridad de la película (la pareja destaca tanto, son tan luminosos en cada escena, que todo lo demás parece un “pesado ropaje” que molesta y perturba un romance que merecía una verdadera oportunidad: Los dos protagonistas y su pretendido amor razonablemente imposible en la mente de un Cooper que no puede trazar un futuro viable con su amada dada la misión que debe cumplir; como compromiso de lealtad a una causa de la que sabe que terminará con su vida por mala organización– si algo no está bien organizado se puede pensar en que no hay unidad de criterio). Ingrid, violada al inicio de la trama de la novela, salva su destino – que parece representar al propio destino de España – al fijar su “modelo compañero, de hombre-héroe” en el actor Norteamericano, aunque realice un papel de inglés (curioso tándem psicológico en una única persona, representada por Gary Cooper, que pareciera señalar que el devenir de la España del futuro debiera posarse en esas dos naciones: EEUU e Inglaterra; incluso pareciera señalar aún más: la identidad de Inglaterra y EEUU en la contienda de la segunda guerra mundial garantizando un futuro no solo de España, más o menos lejano, si no de la democracia liberal en Europa).

Es aceptable pensar que esta somera interpretación de la película pudiera parecer al lector como aventurada y compartiría con él esa misma visión; incluso a mí mismo me hubiera parecido excesivamente atrevido exponer una conjetura como esta, sin embargo, se me representó tan tendenciosa la elección del reparto de actores, tan oscura, tan adversa, tan negativa para mi país que, en principio, no supe si esa visión de lo republicano era producto de la intervención del gobierno Nacionalista (de Franco) intentando demonizar el recuerdo de la República, o un gesto de clara venganza o amenaza expresa hacia el régimen de Franco desde EEUU – tal vez por vincularse con el Eje - o ser reflejo veraz del ambiente bélico de aquella época, o todo ello era un objetivo a la vez.
Persuadido de que en alguna medida había habido intervención política de algún sigo entorno a la película, pues la propia película no se sostenía por sí misma con el romance de los protagonistas, me decidí a echar un vistazo a Internet – aún más persuadido de que habría influencia, en aquella época de guerra mundial donde el régimen nacionalista de Franco recibió ayuda no sólo de alemanes o italianos, sino de ingleses (a los que todos parecían pedir permiso, incluso los italianos, para actuar en suelo español) y, tal vez, de norteamericanos para vencer en su cruzada particular contra los “rojos” (ya en los primeros días de guerra en el NYT se entrevé la lucha por el “relato” que enfrenta a los militares rebeldes y a los leales republicanos; y donde acabará venciendo la tesis de que luchan contra una España y gobierno “rojo” y, por lo tanto, revolucionario. Pero el destino les jugará una mala pasada durante el desarrollo de la II Guerra Mundial cuando se hace necesario el establecimiento de alianzas para asegurar la derrota del Eje. Parece evidente que venció muy pronto la tesis nacionalista de Franco (al menos en los gobiernos europeos – otra cuestión sería persuadir a la opinión pública), pues el bloqueo de ayuda armamentística a la República hizo inevitable que esta tuviera que ser sustentada por Rusia (la URSS) y ello determinaba el signo y resultado de la Guerra Civil desde el mismo momento en que el Gobierno Republicano tuvo que tomar esa decisión de comprarles armamento y aceptar a sus comisarios políticos; teniendo que establecer un equilibrio con el Comunismo y la izquierda pro-soviética para que esta no perturbara esa lucha por el “relato” en la que los republicanos intentaban demostrar a Europa y al mundo occidental que eran una plena Democracia. Esa lucha por sostener que la República era una Democracia, pese al bloqueo de ayuda internacional, y que sostenía esos principios democráticos quedaría plenamente demostrada – pero muy encriptada - en un gesto final y muy contradictorio - que por circunstancias posteriores de conveniencia política tanto en el desarrollo de la Guerra Mundial como en la posguerra y en el desenvolvimiento del franquismo, y en el restablecimiento democrático del 78 - pasó plenamente ignorado y desapercibido, y que fue el Golpe dado en una alianza entre Socialistas moderados y Anarquistas para poner punto y final a la Guerra Civil señalando, indirectamente, como enemigos de la paz que ya todos deseaban y anhelaban, a los pro-soviéticos). El desarrollo de la guerra civil en el bando republicano fue, en cierta medida, una escenificación de las fuerzas políticas fuera del Parlamento pero con lenguaje bélico; de tal manera que el Gobierno pareciera que tuviera que administrar, limitar u orientar la fortaleza de cada grupo político utilizando para ello la naturaleza de las unidades militares que poseían y su tipo de armamento para asegurar un equilibrio político/militar que evitara, a la definitiva, una plena sovietización de la República.
La descripción de España y de los españoles que realizaba la película resultaba, al menos, digna de desconfianza para cualquier extranjero que la visionara, pues si los que perdieron la guerra tenían esos rasgos patológicos sin duda quienes la ganaran, en alguna medida, también los poseerían, pues no en balde era, ante todo, una guerra de “hermanos contra hermanos”. La amenaza velada sobre el régimen de Franco podía residir ahí, en esa descripción de la sociedad española durante la situación de crisis bélica. España había tenido sobre sí los focos de la comunidad internacional y ello permitió expresar una imagen al mundo sobre el carácter y la sociedad española que se manifestaba como conclusión (y resumen) en la película basada en el libro de Hemingway (aunque el propio Hemingway pudiera no terminar de reconocer la película como reflejo de su propio libro – algo que hoy en día es habitual en las adaptaciones – pero que en aquellos momentos de guerra internacional, las desviaciones o rasgos en el guión sugerían la existencia de “mensajes esenciales” que llegarían al público con nitidez, determinando con precisión la versión de los EEUU (del país más fuerte en el concierto internacional que expresa su criterio) sobre el conflicto civil en España – se adjunta por ello “enlace” de internet que remite a los diálogos que existió entre la Administración diplomática de Franco en EEUU con el fin de influir en el rodaje de la película por lo interesantes que resultan).

El golpe de gracia se daba en la concesión de un único Oscar que recaería sobre la actriz que representaba la imagen de la Pasionaria. Nadie podía estar contento con esa imagen de España, ni vencedores ni los vencidos que pusieron el punto y final al conflicto español (y sin embargo parecía un guiño a quienes pretendieron proseguir el conflicto en España para intentar enlazarlo con la II Guerra Mundial, aunque ello supusiera un mayor sufrimiento de la población y aún una probable mayor devastación del territorio por la re-entrada de ejércitos extranjeros de ambos bandos – aliados y eje); se usaba nuestra confrontación bélica para hacer un “gesto” al aliado Stalin por medio de un Oscar a una actriz griega y a la vez estimulaba la lucha de resistencia que los comunistas griegos opondrían en Grecia y, con ello, alentar la resistencia comunista en Italia y Francia – un “gesto” inequívoco a la “quinta columna: los partisanos” que colaboraban o colaboraría en los desembarcos Norteamericanos de Italia y Francia. Norteamérica aparecería en aquella época a los ojos de los combatientes comunistas en la II Guerra Mundial como una democracia plural que reconocía sinceramente en la URRS (en los Comunistas) a un verdadero aliado en la lucha contra los Nacionalistas alemanes y el Fascismo italiano en Europa (Curioso que quienes estimularan el Nacional-socialismo en Centroeuropa para combatir el avance del Comunismo se vieran luego en la necesidad de apelar a los propios Comunistas para acabar con quienes fueron financiados para impulsar la misión de contenerlos y exterminarlos. El pacto de lo que iba a ser el balance de pugnas, en los criterios de las democracias del futuro, entre la lucha de dos visiones económicas antagónicas, parecía estar decidido. Tal vez fuera ese pacto resultado de una visualización en el que el análisis Comunista del Capital daba juego a un sistema económico que debiera explorarse, o simplemente reconocer el papel de la URSS para contener y desgastar al Eje le otorgaba un derecho en la Europa del futuro; pero además haría posible una polarización de la sociedad entre dos visiones, aparentemente irreconciliables, en el propio suelo europeo, y que el tratado de Yalta reconocería y la Guerra Fría sometería a stress verificando cuál de los dos sistemas era el más eficiente en todos los aspectos que definían una sociedad).

Las ideologías que hoy llamamos fascistas o Dictaduras no estaban tan adversamente definidas y observadas en los tiempos de los años 20 y treinta en Europa como lo están ahora, al menos por la Derecha y los Conservadores en general y tampoco por la Izquierda; incluso, a diferencia de lo que hoy se considera sobre dictadores, dictaduras y regímenes autoritarios (por aquella época Stalin era concebido como buen gobernante por algún Presidente Norteamericano y Churchill había halagado al Duce de Italia). Pese a ello se puede observar en los diálogos referidos para influir en el desarrollo de la película que la diplomacia española, en el año 43, rechaza de plano ser considerada fascismo e intenta reforzar su posición Nacionalista, que es la que defiende desde un primer momento – resulta evidente que su implicación internacional con Alemania se circunscribía a combatir a la Rusia Comunista y que la entrevista con Hitler en Hendaya fue instrumentalizada por Inglaterra a fin de crearle al régimen dificultades (tal vez porque parecía salirse de “un guion” preconcebido) propiciando la desconfianza de Portugal, al asegurar que Franco deseaba la anexión de ese territorio. Sin embargo resultaba improbable que Franco fuera contra la Democracia que también le habría apoyado, Inglaterra, y siempre existió oposición interna, dentro del régimen, para involucrarse en la Guerra Internacional, pues el signo de la misma podría determinar el destino no ya del régimen Nacionalista de Franco si no que un cambio en el resultado de esa guerra mundial, con Franco plenamente involucrado, podría llevar a un golpe interno y a su propia destitución ante el peligro de convertir a España en un nuevo frente de Guerra; una decisión de Franco en ese sentido beneficiaría las aspiraciones de los propios pro-soviéticos españoles en Europa. La devolución del favor dado por Alemania en la Guerra Civil se centró en el enemigo Ruso que tenía en común ser el enemigo de cualquier Nación occidentalizada de la época.

El régimen de Franco precisaría, para asentarse como tal régimen, una estructura política que gestionara los problemas sociales – pues estos no desaparecen con el establecimiento de un régimen autoritario al depender el bienestar de la población de los recursos naturales, la producción agraria y ganadera, y del desarrollo de la industria; gestionar todo ello siempre resultaría un problema político en el que aparecen prioridades, donde se precisa satisfacer deudas “morales” y políticas, compensar apoyos recibidos desde el interior e internacionalmente y, a la vez, generar un ambiente de cierta esperanza para la población que resulta esencial para concebir una fe en el presente y en el futuro de un régimen, que permita movilizar las capacidades de las personas dando lugar a la producción de bienes, al comercio, a la riqueza de la economía y, consecuentemente, al progreso. Todo ello sería política y, por mucho que se hubiera ganado una guerra y se exterminara y acalle cualquier oposición interna, la falta de resultados llevaría aparejada una verdadera crisis interna y una pérdida de credibilidad en el propio régimen (el aislamiento promovido contra Franco tenía ese objetivo con el fin de derribarlo y crear fisuras internas). Además también se tienen que gestionar las heridas generadas por el conflicto. El daño generado en familias propias o en personas cercanas durante la confrontación dará lugar, inevitablemente, a un periodo de represión que irá más allá del periodo de guerra, en el cual las garantías jurídicas y la imparcialidad de los tribunales estarán supeditados, e irremediablemente afectados, por las aún recientes emociones y traumas personales, por lo que la expresión de las sentencias tenderán a una ejemplaridad que pretenderá imponer el temor permanente, en los adversarios (suponer que un, improbable, triunfo republicano no hubiera sido cumplimentado con una represión resulta poco viable. Parece obvio que no se pudo evitar fusilamientos de presos en los primeros meses del Alzamiento en zona republicana, bajo una legalidad vigente – en respuesta visceral a la violencia del Alzamiento – por ello parece poco posible que se pudiera haber evitado una respuesta similar a la franquista en la victoria republicana a la finalización de la guerra sin que en ello se hubiera proseguido en acosar no sólo en razones políticas sino también procedentes de rivalidades vecinales o rencillas familiares de cualquier orden en los pueblos y ciudades que fueran siendo rendidas para la República, teniendo que dejar que estas se produjeran hasta que los “evidentes excesos” terminaran por “ofender” y contrariar profundamente el ánimo y el sentido de una “justicia mínimamente decente” que cualquier ciudadano precisa para sentirse vinculado a una sociedad y, desde ahí, clamar por un cese en los “ajustes de cuenta”, aunque estas represalias fueran realizadas por medio de lenguaje jurídico y bajo criterios que pretendieran “salvar las formas”. Y aún resultare más improbable considerar una República triunfante si advertimos que el apoyo soviético a la República hubiera acabado por exigir un dominio político similar, y paralelo, a los triunfos en el frente de guerra que para sí se hubieran atribuido, por lo cual las rivalidades políticas – que debieran circunscribirse a un lenguaje parlamentario en un hemiciclo – hubieran transcendido, como parece que ya lo hicieron – a los frentes de guerra imposibilitando que un triunfo en la toma de una ciudad importante cayera del lado de un partido o ideología determinada si ello resultaba inconveniente para el equilibrio político de la propia República. Así que uno de los objetivos republicanos durante el desarrollo de la Guerra Civil bien pudiera haber sido evitar que un extenso territorio fuera reconquistado por una ideología determinada para evitar su auge político y posteriores demandas políticas durante la guerra y, sobre todo, hacia la finalización del conflicto que pudiera acabar por prolongarse intentando unas ideologías imponer su visión en la victoriosa República renacida. Todo ello señala un escenario político/estratégico imposible para la República y determina que su triunfo, de haberse producido, no daría estabilidad al territorio español sino que, probablemente, hubiera dado paso a un nuevo enfrentamiento interno para determinar si la República resultante de la Guerra Civil hubiera dado paso a un Gobierno Democrático, plural, homologado en occidente o por el contrario a un Gobierno Revolucionario, muy probable, en los que ninguno de los partidos y sindicatos hubiera aceptado la entrega de las armas sin imponer antes sus condiciones revolucionarias (así lo debieron de señalar los informes u opiniones o reflexiones internacionales que analizaran la situación de la España Republicana y se pudieran expresar como una de las razones que reforzarían, probablemente, la idea del bloqueo de armamento a la República y, consecuentemente, señalarían su irremediable destino final: La derrota). Siempre se ha dicho que una contienda se debe iniciar cuando ya se sabe que está ganada. La República, en alguna medida, nació en el defecto de que cada sensibilidad política la concebía de manera diferente, cuando no la rechazaba de pleno, y sólo tenía sentido, como tal forma de gobierno, si sólo sí, satisficiere plenamente sus propios objetivos políticos; con lo cual esa forma de gobierno no pudo expresarse como un marco político eficaz que sujetase todas las fuerzas políticas, resultó ser en la práctica excluyente para cada adversario político y acabó siendo concebida como un paso previo a una revolución que cada cual la concibió a su manera y ello se percibió con claridad durante la guerra; pero también, probablemente, antes incluso de la existencia de la propia República.

El triunfo del comunismo en Rusia desestabilizaba toda Europa (propiciado y apoyado durante la primera guerra mundial por Alemania para ahorrarse un frente de guerra y obligó, una vez acabada, a la creación de nuevos países que conformaron un “cordón sanitario” de contención frente al comunismo; Alemania, por ello, fue duramente castigada al finalizar la segunda guerra mundial – prolongación de la primera - dividiéndose su país hasta que el Comunismo fuera vencido en Rusia). El ejemplo Ruso presumía en su propaganda de haber acabado con el sistema Capitalista y con el sustrato social que lo ostentaba: la Burguesía, creando un paraíso de felicidad y prosperidad para los trabajadores. Todo en ese Estado era perfecto, decía la propaganda. Con ello se trasladó el deseo de ser una forma de gobierno a emular; en todo occidente se anhelaba la implantación de un Estado dirigido y controlado, exclusivamente, por trabajadores que desarrollarían y participaría en el Estado según sus capacidades. Esos intereses y criterios en la URSS, determinaban con precisión “revolucionaria” y “científica” desde las capacidades de una persona concreta (determinando su papel en la revolución, para toda su vida, en una fabrica o en el sector agrario, como peón, especialista o como director) hasta los grandes planes industriales y económicos por medio de un órgano político único y excluyente, el PCUS, a cuya dirección tenían acceso las élites revolucionarias que por su capacidad y profunda comprensión de lo que es el Comunismo, estaban cualificadas para dirigir la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas; quienes no comprendieran la revolución y el Estado de Bienestar que esta proporcionaba entraba, o entraría, en el terreno de lo anti-revolucionario o de lo patológico.En todo el occidente, en grandes sectores de la población, se afianzó la idea de que el Capital y quien lo poseyera era enemigo irreconciliable e incompatible con el bienestar de los trabajadores pues precisaba de ellos para obtener riqueza, y la ambición capitalista llevaba a la explotación de las personas sin considerar la naturaleza humana de los trabajadores o su dignidad (fueran niños, mujeres embarazadas, viejos… como se había demostrado en el desarrollo de la Revolución Industrial Inglesa); por ello la Dictadura se planteó como una forma de Estado justificada si perseguía un “bien superior” en este caso el bien de la clase trabajadora. Esa “habilitación” del concepto de Dictadura para un fin “superior”, como lo era la finalidad de controlar desde el Estado la capacidad de crear riqueza cuando el Capital, la Tecnología, los Bienes de producción y la Mano de Obra se organizaban y coordinaban, desembocó en una idea simétrica de Dictaduras con base corporativa como la italiana de Mussolini (1922, sólo cinco años después de la Revolución Rusa, lo que en cierta medida señala la necesidad de reconducir el impacto que la Revolución Rusa produjo generándose modelos más compatibles con las clases medias y altas de las sociedades occidentales y que, en principio, dio resultados económicos contra la crisis económica) o el Nacionalsocialismo en Alemania bajo el mismo objetivo: Aumentar la fortaleza Industrial, Económica y Política del Estado-Nación eliminando los efectos indeseados del Capitalismo sobre los trabajadores y sobre sus condiciones de vida y sustituyendo las democracias liberales por sólidas y fuertes dictaduras. La manera en las que estas formas de gobierno autoritario llegarían al poder demostraron, de alguna manera, que existía un estrato social dispuesto a aceptarlas y apoyarlas si reforzaban la identidad de la propia Nación y, por tanto, la propia Historia. Un entorno de crisis económica y política había facilitado el mensaje visceral de las soluciones fáciles y sencillas transmitidas por líderes “clarividentes” que señalaban a los enemigos (de la Nación o del Estado), que sabían cómo tratarlos y eliminarlos para conseguir el pleno advenimiento de los valores que la sociedad portaba desde tiempos inmemorables a través de la raza; el mensaje y los propios líderes resultaban tan determinantemente autoritarios como mesiánicos, reclamando para sí mismos la plenitud de las facultades del Estado (sin ningún tipo de control interno) para conseguir esos fines (en la búsqueda de la propia identidad Nacional se hicieron resurgir mitos en los que se basa cualquier nacionalismo y que llevaron a la visión de la exaltación de una raza considerada Nacional y a la búsqueda de la pureza en la misma, y en consecuencia al fomento del racismo como aliado de los valores Nacionales y el señalamiento de unos enemigos del Nacionalismo de naturaleza internacional, de raza concreta y diferente, como verdaderos culpables de la derrota y humillación alemana, así como de su decadencia. Incluso a causa de su antisemitismo crearon una nueva versión del cristianismo en un proceso demagógico más que llevaría a Iglesias cristianas a oponerse al nazismo sin eficaz fortuna).

Detrás de esos discursos autoritarios (comunistas, fascistas o nacionalistas) se hallaba el deseo de usar eficazmente el recién descubierto poder de los Estado (los Estados, por primera vez, fueron capaces de movilizar a millones de personas para combatir en los frentes de la I Guerra Mundial sacrificando millones de vidas, por ello, también serían capaces de movilizar millones de personas, convertidas en trabajadores al servicio de un Gran Estado con un Gran proyecto Nacional (o Revolucionario) cuya finalidad era el bien de los trabajadores y la prosperidad de la Nación (o del Estado) y se unía la cualidad de trabajador con la de guerrero militar que es capaz, por igual, de producir en una fábrica, o en el campo, que portar un fusil; entrabamos en el terreno de la idea ejército/trabajadores como la base de una Revolución o de la expansión y constitución de un Imperio que señala el rumbo del desarrollo industrial a las demás Naciones mientras las subordina.

Franco usó la Falange para implantar un sistema de control social y político en la sociedad española; a diferencia del General Primo de Rivera, Franco tuvo la posibilidad de explorar un sistema sindical alternativo que funcionaría, a la vez, como responsable único del Estado y como único partido (forzando la unión de empresarios y trabajadores en un sindicato vertical). La naturaleza con que se definió parece respuesta al modelo anarquista en España (del que imita en su bandera sus colores rojo y negro, según señala en su obra Hugh Thomas) y que añade a sus símbolos la idea sugerida en un artículo periodístico que señala que de haber un fascismo en España este debiera adquirir, como mejor símbolo, el yugo y las flechas de los Reyes Católicos. Así mismo considera que no es necesaria la existencia de partidos políticos y se visualiza, así misma, como un movimiento revolucionario. Ese vínculo con las tradiciones históricas de España abre las puertas a las simpatías de las clases altas y de los conservadores (así como de empresarios, algunos dicen que vinculados con la monarquía, que son los que fundan una de sus ramas y eligen el perfil de su líder), en consecuencia, sigue el modelo contra-revolucionario italiano y alemán, con una variante particular (la peculiaridad de proclamarse Católica, no como expresión religiosa sino para entender la Historia de España, consiguiendo así poner claras diferencias con el anticristianismo nazi que en 1932 consiguió ponerse en contra a todas las iglesias católicas), de alguna manera se muestra una “construcción” a medida de los Conservadores del país. Franco aún superaría ese concepto declarando el Nacional-Catolicismo poniéndose por encima del implícito ateísmo que la definición del líder falangista pudiera llegar a sugerir.
También Franco se va situando por encima de cualquier General de su entorno en una “trama del destino” en la que van desapareciendo todos los obstáculos (desde la “accidental” muerte del General que lo “custodia” en Canarias – artículo ofrecido por El País hace unos meses https://elpais.com/cultura/2018/01/19/actualidad/1516354464_005909.html – y la muerte en accidente aéreo de Sanjurjo (en la que el piloto sobrevive apenas con rasguños); la muerte también accidental de Mola, así como la salida del escenario político de todos los lideres significativos de derechas que pudieron ser alternativa de liderazgo político - y que también habrían contemplado o analizado como salidas políticas para España las experiencias que se estaban dando en Italia y Alemania ante la considerada como peligrosa y violenta expresión revolucionaria de la izquierda; también salió del escenario político Calvo Sotelo, muerto como represalia ante la muerte del Teniente Castillo (instructor militar de izquierdas) y que determinaría el clima adecuado para la sublevación (teniendo en cuenta los planes anteriores de la sanjurjada, “https://es.wikipedia.org/wiki/La_Sanjurjada”, se puede observar que, en los planes de la época, el fin viene a justificar los medios en los escenarios político/militares del momento, como concepto aceptable, por lo que no es descartable que la muerte del Teniente (y las previas, la utima creo que de abril) pudieran haber sido concebidas como una estrategia constante de provocación “calculada” y continua en espera de una reacción desproporcionada permitiera la suma de adeptos y creación de “clima”, esenciales para la sublevación, en un entorno de “agresividad” parlamentaria en la que se empezaba a señalaba el asesinato como situación aceptable sobre el adversario) – Gil Robles se exilió durante la guerra; y el propio Jefe de Falange desapareció como alternativa política, al no acceder Franco a las condiciones del intercambio, y terminará siendo fusilado). También superó Franco la oposición del veterano General Cabanellas que señala la inconveniencia del liderazgo del joven General – previniendo, al describir su carácter, la improbabilidad de que pudiera dar un paso hacia un nuevo escenario democrático – lo que sugiere que la idea del golpe militar era concebida al inicio, por muchos de sus participantes, como una cuestión puntual que debiera reconducirse, en un tiempo limitado, con el regreso al sistema Parlamentario incluso en el presente escenario de Guerra Civil ya declarado (como habría ocurrido en el siglo XIX o con la anterior experiencia del General Primo de Rivera); pero la suma de las circunstancias que se expresan como posibles hoy en día, y que afectaron a los líderes políticos y militares conservadores, podrían señalar la existencia de otras circunstancias que, por no ser consideradas tan relevantes como estas, hayan acabado por ser olvidadas o archivadas en cajones con el deseo de no aportar más dolor y contrariedad en la Historia reciente de España (apenas han pasado ochenta años) y que pudieran señalar una decisión expresa e irrenunciable de no volver a caer, durante mucho tiempo, en la “tentación” de restablecer un diálogo formal e institucionalizado, por medio del Parlamento y las Urnas, con los adversarios ideológicos a los que se les iba a combatir y eliminar. De alguna manera, de lo así concebido se puede albergar la idea de que desde algún entorno de poder en España se defendería esa “tesis y estrategia” como más conveniente y obtuvieran los medios suficientes para conseguir que triunfara; desde esta perspectiva, podríamos considerar que el General Franco reunía los requisitos suficientes y necesarios para esa finalidad y, en esa idea, podríamos concebir que pudiera existir una posible “trama interna y un plácet externo” que iría “despejando”, en cada momento y en cada situación, el camino del General hacia la Jefatura del Estado (las precauciones que tomó el General para asegurar su “escape” a Londres - y no a Alemania, detalle que podría sugerir que la trama golpista fuera de naturaleza esencialmente empresarial y de intereses empresariales respecto de la propiedad privada y cuyo centro de operaciones se hallara en Londres - en los primeros momentos del Golpe, podrían señalar que desconfiaba de la eficacia y solidez del “plan” o de una traición, o por el contrario, que ya tuviera consciencia de que él era esencial para el éxito del Movimiento y se concibiera así mismo señalado para un “proyecto” de mayor envergadura y transcendencia que el papel que le otorgaban sus compañeros de armas, por lo que tomara más precauciones en el aterrizaje en África por ser el punto más débil y vulnerable de todo el plan; o quizás fuera todo ello a la vez).
Las declaraciones de los líderes conservadores españoles identificándose con el proyecto fascista italiano y nazi alemán provocó la reacción de la izquierda en 1934, producto del miedo; la fuerte represión de la misma, sobre todo en Asturias con tropas marroquíes, cuyos excesos, cuando se conocieron, escandalizaron a la población (generando además 1500 muertos) señalaba un punto de inflexión y de no retorno que aglutinaría a toda la izquierda. Aún se vinieron a precipitar los temores y los acontecimientos cuando el gobierno conservador fue afectado por dos escándalos de corrupción consecutivos (Estraperlo y Nombela) que lo derribaron desintegrando al Partido Radical Republicano de Lerrux. La CEDA pidió formar gobierno pero su falta de proclamación de fidelidad a la República le vetó el acceso, dando lugar al gobierno Centrista Liberal que no tuvo apoyos y se disolvieron las Cortes el 7 de Enero con convocatoria de nuevas elecciones en febrero del 36, quedando el Gobierno Centrista Liberal como organizador de esas elecciones.
Probablemente, toda la Derecha temía una unión política electoral de izquierdas de semejante envergadura como el Frente Popular, aglutinada por la represión del 34 (así lo reconocería implícitamente Franco al dictar una Ley, a principios de 1939) por la que juzgar a los republicanos señalando esa fecha como punto de partida). Así que el primer paso sería evitar las elecciones generales; el segundo, de producirse las elecciones, no reconocer los resultados; el tercero, si todo fracasa dar un Golpe de Estado contra la República. Se demostraba que ninguno de los dos grandes partidos que aglutinaban a la Derecha en España reconocían fidelidad a la República y, además, también especulaban con formulas políticas semejantes al fascismo italiano o al nazismo alemán adaptadas a la cultura española.

Evitar las elecciones y posible tanteo de un Golpe Estado: En enero de 1936 los rumores de un Golpe de Estado y la supuesta participación de Franco en el mismo, como todavía Jefe del Estado Mayor del Ejército Republicano, se extendieron hasta llegar al Presidente del Gobierno, quien envió al Director General de Seguridad, Vicente Santiago, a entrevistarse con Franco en el Ministerio de la Guerra y quien se mostró nuevamente esquivo, manifestándole que no conspiraría hasta que no existiese un «peligro comunista en España». La respuesta de Vicente Santiago fue profética: «si alguna vez, esas circunstancias que usted dice les hacen ir a una sublevación, me atrevo a predecir que de no triunfar ustedes en cuarenta y ocho horas se seguirán tales desdichas como jamás se vieron en España ni en ninguna otra revolución».

Evitar el reconocimiento del resultado: Gil Robles (líder de la CEDA y que nunca terminó de reconocer la República, al igual que Calvo Sotelo que propugnaba una Monarquía autoritaria corporativista, tal vez por su experiencia como Ministro de Hacienda con Primo de Rivera) presiona al gobierno Centrista y Liberal de Manuel Portela, cuya misión esencial fue la de organizar las elecciones de febrero del 36, para que declarase la Ley Marcial (y suspensión de las garantías constitucionales y anulación de los resultados lectorales).
1er Golpe de Estado Fallido: Franco (Jefe del Estado Mayor del Ejército Republicano), en el mismo sentido que Gil Robles, y paralelamente, telefoneó al Director de la Guardia Civil, General Pozas, quien declinó la iniciativa, por lo que Franco presionó al Ministro de la Guerra, General Molero, para que obligara al General Pozas a sacar a la Guardia civil a la calle y también se opuso.
1ª Reacción del Gobierno: Ante la evidente intentona el Gobierno decretó el Estado de Alarma (régimen especial que se declara para asegurar el restablecimiento de la normalidad de los poderes en una sociedad democrática) durante ocho días y se le otorgó al Presidente Manuel Portela, la potestad de declarar la Ley Marcial (es un estatuto de excepción de aplicación de las normas legales ordinarias (normalmente regulado en la constitución del Estado), por medio del cual se otorgan facultades extraordinarias a las Fuerzas Armadas o a la policía en cuanto a la administración de jurisdicción y resguardo del orden público. Casos usuales de aplicación son la guerra o para sofocar rebeliones) en el momento en que lo considere oportuno.
2º Intento de Golpe de Estado: Franco, como Jefe del Estado Mayor Republicano, conociendo las potestades otorgadas por el Gobierno a al Presidente del Consejo de Ministros, saltándose al Propio Presidente del Consejo de Ministros de la República, cursa órdenes a las regiones militares decretando el Estado de Guerra (El Estado de Guerra es la imposición del estado militar, en el cual todos los civiles se convierten en militares) que es seguido y declarado en cuatro regiones militares y otras se mostraron indecisas por no sumarse la Guardia Civil.

ª Reacción del Gobierno: El Presidente del Gobierno, Manuel Portela, quien temía una radicalización de naturaleza fascista en la Derecha, se negó a toda presión confirmando los resultados electorales y la victoria del Frente Popular.
3er Intento de Golpe de Estado: «Cuando Franco por fin vio al jefe de gobierno por la tarde, hábilmente jugó a dos bandas. En los términos más corteses, Franco le dijo al Jefe del Gobierno Manuel Portela que, ante los peligros que constituía un posible gobierno del Frente Popular, le ofrecía su apoyo y el del Ejército si permanecía en el poder»). Implícitamente Franco invitaba al Presidente del Gobierno en Funciones a saltarse la ley y la Constitución y dar un autogolpe de Estado.

El General Franco vino a realizar cuatro intentonas en dos meses, tres de ellas en pocos días seguidos (y dos casi en menos de 24h), desde la posición que consideraba más segura para intentarlo y conseguirlo (La Jefatura del Estado Mayor del Ejército Republicano); previamente se había mostrado, en su única entrevista con el Jefe de Falange esquivo y sin compromiso. Ello sugiere que lo que realmente podría querer, desde un primer momento, era el control y mando absoluto de la situación en España bajo su propia persona (sin embargo la República no le acusó formalmente de esos intentos, ni le procesó por ello). Dos Generales anticiparon en la personalidad de Franco la tragedia para España, Cabanellas señalando la mala elección realizada en esa persona como líder del bando Nacional y Pozas en la certera advertencia, que como Director de Seguridad hizo a Franco, sobre la falta de control absoluto en un Golpe en 48h, ello llevaría a la tragedia en España y ello mismo (la falta de control eficaz en 48 h) debía de estar en la mente de todos los expertos militares que diseñaron o colaboraron en el Alzamiento y de los que se sumaron al mismo, al igual que la certeza de que ello era un objetivo improbable o imposible pues sabían que habría resistencia y la constataron desde el primer momento en que Mola, telefónicamente, rechaza cualquier acuerdo o compromiso con el Gobierno legal de la República para evitar el inmenso baño de sangre que se avecinaba.

Pareciera una confabulación del destino o una trama verdaderamente interna e invisible, pues el General Franco, después de intentarlo reiteradamente en Madrid y siendo abortado una y otra vez e sus intenciones, es trasladado, precisamente, al lugar más cercano donde mejor puede jugar un verdadero segundo intento (con garantías) que le procure los objetivos militares y políticos que parece perseguir para sí, al lado de Marruecos, en Canarias. Si el golpe no puede triunfar en 48 horas, que era lo que pareciera tener previsto el Gobierno de la República, la mejor baza para el General será estar al mando de la mejor fuerza militar y la más experimentada en combate; pues esa fuerza decidirá el resultado de la guerra. El General, desde el momento que pisa suelo africano, solo tendrá un objetivo militar y político: Madrid y lo que ello representa para él.

Si bien fuera cierto que el socialismo en la España de la época tenía un componente por-soviético, no era menos cierto que ello existía en todos los países democráticos de Europa – incluida Inglaterra y Francia; además los votantes de centro-izquierda preferían candidatos de perfil más moderado de naturaleza socialdemócrata (los sistemas democráticos en Europa creían firmemente en sus propios sistemas para controlar las situaciones que pudieran dar lugar a una situación extrema o revolucionaria, pero en España no). El PCE en España apenas era significativo, sin embargo, el relato construido por Franco (y que parecía similar al sostenido en Alemania e Italia permitiendo el triunfo del fascismo) y el apoyo que ese relato tuvo en Europa daría lugar al bloqueo internacional a la República y, con ello, a la emergencia y ascenso de un verdadero Comunismo en manos del propio Stalin que se expresó violentamente en suelo español sin atender a los mínimos principios y garantías democráticas. Me admira que esa forma de fascismo que representa el Comunismo pro-soviético fuera vista con compresión y se pudiera concebir de una ideología que promueve la idea de acabar con el resto de partidos de cualquier arco Parlamentario, puediera aportar algo positivo a la Democracia sin que la acepte plenamente en su ideario ni la defienda activamente, en su pluralidad, cuando llegara al poder y al Gobierno de una Nación o un Estado, convirtiéndose en una amenaza permanente para cualquier sistema democrático como lo entendemos hoy en día. Se puede entender que las formas de fascismo y nacionalismo son respuesta a esa amenaza y que en España el triunfo del Nacionalismo sería una demostración de fuerza y de poder frente a la amenaza de un hipotético enemigo excluyente, como el comunismo lo había demostrado en Rusia, y eso bastó para unir a la Derecha y señalar a la República como adversario a derribar, pues, en alguna manera, consiguieron que se considerara paso previo a ese objetivo revolucionario. También me llamó la atención, después de muchos años, visualizar que el PCE se acercara al régimen de Franco a mediados de los años cincuenta, cuando los americanos (después de realizar gestos de acercamientos con otras películas y otros films, que visualizan a España como lugar digno de descubrirse por sus costumbres y cultura – en clara oposición (y continuación) a la película ¿Por quién doblan las campanas?) rompen definitivamente el asedio internacional al régimen de Franco (señalando, inequívocamente, que no representa un peligro para las democracias occidentales sino, por el contrario, es señalado como un aliado firme y que su devenir será pasar de régimen, ahora autoritario y tal vez cuartelero, a democrático). La estrategia del aislamiento sostenida pierde eficacia y sentido (proseguir presionando para el aislamiento del régimen sólo hubiera sido entendido como una actitud de rencor y venganza en la que se prefiere ver a la propia población en la miseria antes de ceder a la evidencia de que Franco tenía al país y a la oposición atada en el interior y en el exterior, y la población hacía su vida y vivía dentro de los límites marcados, y con un “libre mercado”, que garantizaría su evolución a Democracia homologada). El Comunismo empieza a presentarse en España, desde entonces, como garantía de la Democracia (¡¡!!) y como única fuerza política capaz de construir un “relato veraz” de la Guerra Civil y de Franco ante las nuevas generaciones españolas; su objetivo será restituir la República que Franco derribó para recuperar la legitimidad histórica de España. La designación de JC como Príncipe de España y sucesor de Franco a la Jefatura del Estado sólo representará, a los ojos del Comunismo, la restauración de una Monarquía ilegítima que merecerá ser derribada (de ahí que le llamaran “El breve”) a la primera oportunidad que se presente. El Comunismo construyó su relato basado en la revancha y en el rencor y lo extendió aprovechando una época de expansión de la libertad de expresión y sexual en Europa que se coronó con la revolución juvenil del Mayo del 68. Practicarían el "Entrismo" tanto en el sindicato vertical como en los partidos más moderados y desde ahí extendería su “relato” buscando la radicalización de la sociedad que era el único camino que tendría para obtener protagonismo en la España de Monarquía Parlamentaria que se veía en el horizonte. Protagonismo y espacio visible en el Parlamento era lo esencial para poder conspirar contra la Monarquía y traer la misma República en las mismas condiciones de antagonismo y polarización en que se trajo en 1931 (Había cuentas pendientes - y pensaban que ahora habían aprendido mucho más y las condiciones internacionales las suponían diferentes pese a la Guerra Fría) (¡¡!!). El Comunismo escenificó lo que hiciera falta escenificar, nuevamente el fin justificaría los medios. Sin embargo, el Entrismo también funcionó en sentido contrario, (todos habían aprendido de todos) y el régimen también se infiltró en la izquierda como el mismo objetivo de radicalizar y, con ello, controlar a los elementos que considerara más peligrosos. La paradoja se pudiera dar si, en un momento determinado, parte del propio régimen considerara que la Monarquía Parlamentaria de JC también fuera un obstáculo para sus sentimientos políticos (un verdadero fascismo, al igual que un verdadero comunismo, no precisarían de Monarquía alguna; además el respaldo de EEUU a Franco había supuesto una verdadera desviación de los valores esenciales que se prometieron mantener en el Movimiento Nacional – así lo comunicaban los diplomáticos españoles en posteriores conversaciones con los EEUU y que aparecen referidas en el texto que hace referencia a la influencia que se quería ejercer en el guion de la película que motiva este artículo). La izquierda/izquierda, que pasa por “tolerar” la Democracia Parlamentaria, no ha renunciado a viejas prácticas de “confusión” de la legalidad para provocar malestar en la sociedad y con ello justificar la existencia de una Democracia deficiente en libertades y derechos, cuando son ellos mismos quienes “interpretan las normas” (a veces a los particulares) de manera sesgada generándoles postreros problemas y confusa indignación, alimentando la idea de que el Estado Democrático tiene déficit. A la definitiva, a veces pienso que se ha extendido la práctica de ir saltándose las normas y las leyes y los procedimientos (a las bravas, en demasiados ámbitos y siempre con una justificación, a veces de prioridad y emergencia) que han terminado por afectar a los derechos elementales de las personas y han obligado, a su vez, a cambiar procedimientos que garantizaban las libertades civiles (y ello viene desde la izquierda/izquierda) olvidando los más elementales principios que se sostienen en las Democracias Liberales. Y dando lugar a una especie de opresión inesperada desde ámbitos concebidos para mantener las libertades como lo es el ámbito de la justicia (Basta con “concebir” un “Derecho” no contemplado para que inviten a saltarse los procedimientos, las normas y o los mandatos judiciales desafiando a uno de los tres Poderes sobre el que se sienta la Democracia: El Judicial; luego ya pensarán en cómo remediarlo – si usando el entorno social con “relatos al uso” o implicando a la opinión pública con los medios de comunicación y los juicios paralelos. Y de análoga manera han procedido para obtener objetivos concretos en cualquier circunstancia – ya sea en entornos estudiantiles o sociales e incluso en el ámbito laboral o familiar o institucional (nuevo ataque a la Monarquía en dos frentes: Cataluña y de paso a la propia institución), según sea el objetivo a conseguir y dónde observen que se sitúa la resistencia a sus procedimientos). El nuevo modelo de Izquierda/izquierda tiene una “Nueva Verdad” que imponer y no le importa ya mostrar rasgos en el presente de lo que parece ser su objetivo final: Les sobran Todos (las diferencias, en su República ideal, serán tratadas, previsiblemente, con el modelo Stalinista, por ello se consideran pro-soviéticos). Y en ese escenario vienen a hacerle el juego los nostálgicos franquistas que ocupan cargos institucionales en ciudades y pueblos de España renunciando a olvidar el pasado y manteniéndolo en sus calles y plazas; también parecen sostener su propia “Verdad”). Si toda la Derecha actual, sin fisuras ni lagunas, aceptara y se involucrara plenamente con nuestra Monarquía Parlamentaria y con Nuestra Constitución y Democracia, sin reservas, no cabrían argumentos para que esa izquierda/izquierda se apuntara “legítimamente” razones de sensatez que rara vez sostiene en el presente si no es por medio del prejuicio con “relatos” sesgados. Y dejaríamos de correr, tal vez, el peligro de una permanente radicalización de los extremos a causa de cualquier nueva provocación que en el futuro apareciera (como en el presente los es, claramente, el independentismo catalán – salida encontrada a la corrupción de CiU, y que es lo que siempre hizo, estimulado y radicalizado por la Izquierda/izquierda como acoso al sistema democrático, a la Constitución, a la Monarquía, bajo el pretexto de no vivir en un Estado Democrático. Y de momento su “relato” ha sido acepto en el “registro de quejas” de la opinión pública europea. La sobredimensionada respuesta del Gobierno del PP hizo pensar en que no cree, plenamente, en los recursos legales y democráticos que la Democracia tiene a su alcance para controlar la situación, o simplemente aceptó realizar un “gesto” para aquellos a los que les “gusta” dejar su impronta de amenaza violenta cuando se producen ciertos desafíos a las Instituciones – y que parecen, también, desconfiar de los medios legales y pacíficos que otorga la Constitución y las Leyes para controlar estas situaciones; sin reparar, (o tal vez reparando (¿)) que ello, precisamente, hace posible que exista una esperanza de triunfo en el “relato” independentista. Sabiendo que con un “relato” ganaron la Guerra Civil caigan, ahora, en la misma estrategia realizada por quienes, parece ser, analizaron previamente todos las previsibles reacciones (sobredimensionadas) de un Gobierno Conservador en España (y jugaron a provocarlas y lamentablemente acertaron en la estrategia) – a no ser que desearan, algunos, tal vez una minoría del Estado profundo, que la situación antagónica se creara).


La Democracia acepta, en alguna medida, que la Verdad, de existir, se encuentra dentro de un “entorno”, de un “espacio”, de un “área” en el que todos participan de una u otra manera; pues cuando se abandona ese espacio entran en el terreno de la exclusión y de la imposición; y la imposición es un acto que abre la puerta a la justificación de los medios para un fin (y lo que parece realmente importante en la vida es el “camino” y cómo lo realizamos, pues el camino y la manera de realizarlo también forma parte del fin y, desde luego, lo va definiendo; por ello resultan esenciales los medios, las maneras, las formas y los procedimientos. Aceptar plenamente la Democracia implica, de alguna manera, reconocer esa condición de diversidad en las personas y, consecuentemente, que las Verdades absolutas, de existir, difícilmente se pueden imponer sin que pierdan sus cualidades. La tolerancia es un rasgo que facilita que cada cual se acerque a su propia verdad.


La no aceptación de la República como forma de Gobierno por la Derecha (ni por Gil Robles, ni por Calvo Sotelo) pudo dar lugar a una verdadera y sólida desconfianza entre Derechas e Izquierdas y, con ello, la radicalización de ambas provocada por el propio temor al adversario. El advenimiento de la II República se había realizado por medio de “atajos” en unas elecciones municipales que los propios republicanos consideraron plebiscitarias. No se esperó a unas elecciones Generales o a una posterior consulta popular por la que constatar el nivel de involucración de la Nación y del Estado en ese cambio (se buscaron situaciones que se hubieran de aceptar a través “de hechos consumados”). De alguna manera el marco democrático que ofrecía la República no se había aceptado plenamente y cualquier disposición que esta tomara para modernizar el país (incluso en la propia constitución con normas tan elementales como la libertad religiosa, que no era otra cosa que un principio liberal) eran concebidas como profundas transformaciones que alejaban a España de sus tradiciones, representadas y defendidas por la derrocada Monarquía; la clara y meridiana adhesión de la Derecha a la monarquía exiliada se entendió como un ataque directo y permanente a la II República y señaló las irreconciliables posturas que determinarían el tipo de relación y expresión violenta que dominaría haciendo inútiles cualquier avance social a los ojos de la Derecha, considerándolos signos y progresos revolucionarios (y no democráticos).

Es posible concebir que la implantación de la República llevara a los Conservadores españoles a determinar que el desarrollo de sus intereses comerciales e industriales estaban en peligro ante la consolidación de teorías políticas que pudieran desembocar en un mayor control de la economía por el Estado republicano (y tal vez no fueran muchos sino sólo unas pocas personalidades o incluso una sola pero determinante y con suficientes conocimientos precisos y nítidos del pensamiento internacional Conservador de la época y de sus temores). Y ello llevara a señalar y argumentar un peligro que pudiera ser mostrado en el extranjero como ataque a valores esenciales (me gustaría pensar que al liberalismo y los valores que este porta en el sistema económico, pero más bien parece que, aunque ese pudiera ser el argumento de fondo económico, se referirían a los tradicionales que daban identidad a la Nación española) y desde esta tesis obtuvieran un apoyo determinante para su causa contra la República. Desde este punto de vista se pudiera entender que todos los pasos dados por los Conservadores españoles pudieran estar encaminados, primero, a cuestionar rasgos de la Constitución Republicana que les permitieran desvincularse en su compromiso (el catolicismo era ignorado), luego a identificarse con un régimen autoritario monárquico (indirectamente reclamación de la legitimidad de la monarquía) y simultáneamente con el fascismo alemán o italiano (en claro escenario de desafío - pero que sirvió, tal vez inesperadamente, para construir la estructura de un Nuevo Régimen) en un permanente proceso de acoso y, probablemente premeditada, provocación a la República y cuyo objetivo esencial fuera situarla en una posición “defensiva” que le diera una clara apariencia de radical para, desde ahí, mantener un buen relato que permitiera derribarla. Tal vez el único que conociera, o intuyera con claridad, ese plan fuera el General Franco y todos los demás participantes no fueren otra cosa que idealistas o revanchistas buscando poner “orden” en un país desconociendo que el desorden pudiera ser un paso estratégico, premeditado, que tenía una finalidad concreta y precisa. Desde esta perspectiva se entendería que el único líder viable fuere quien conociere con precisión ese plan por tener el respaldo directo de quienes lo financiaban; los demás sobraban e incluso podrían ser un estorbo. También, desde esta hipótesis se podría comprender que el régimen de Franco tuviera la libertad de hacer negocios con democracias marxistas y que su propio régimen pudiera declararse anticapitalista y a la vez aceptar el modelo capitalista que traería una Democracia Liberal. Franco habría creado una especie de fascismo laboral, con ciertas garantías para los trabajadores, y a la vez permitido un capitalismo a cierta altura, alejándose de la visión materialista por medio del Catolicismo sin que ello le incomodara (aunque ello pudiera contradecir el ideario político de los que le apoyaron para ganar la Guerra y, así, crear su Estado perfecto ante la “admiración” de todos los presentes) pues no tuvo compromiso personal con nadie que le atara (con todos se mostró reservado y esquivo, incluso con sus propios compañeros de armas) salvo el supuestamente empresarial y secreto (que le financiaba), tal vez en alguna medida vinculado con la monarquía de entonces (pero esa vinculación y compromiso con la monarquía parecía necesaria, pues no cabía pensar en la vuelta a ningún nuevo tipo de republicanismo y con ello a los mismos riesgos que combatieron desde un primer momento, por lo que parece más que un acuerdo la única concesión inevitable). Si realmente existió “engaño colectivo” cabría concebirlo por el hecho de que Gil Robles, que le ayudó a intentar detener la proclamación de resultados de febrero del 36, no sólo salió en principio del país, sino que cuando volvió acabó por defender a los encausados en el proceso 2001 – lo que parece un verdadero gesto, determinante y postrero, de desacuerdo y contrariedad airada contra el General que se había concedido todas las licencias y, acababa ofendiendo, de alguna manera, todos los valores de quienes le ayudaron a auparse en el poder; probablemente Gil Robles fuera, uno de los pocos que quedaban con vida que, posiblemente, con más claridad lo podría percibir: El General, que se había apropiado de todas las alternativas políticas que surgieron, incluso de los proyectos republicanos, que estaban destinados a desarrollar socialmente la República, habían acabado por formar parte de su proyecto Nacionalista, y ahora parecía pretender poner en práctica la idea de Calvo Sotelo de construir una Monarquía autoritaria a su muerte.

Todos habían colaborado para que el Ejército de África llegara a la península y todos habían colaborado para que el líder de ese Ejército llegara a su mando en el momento oportuno despejando cualquier obstáculo; parecía un requisito esencial del plan y por ello se buscó en la Luftwaffe el apoyo necesario para crear el primer puente aéreo de la historia militar. Franco, por segunda vez, se hallaba en el lugar indicado, en el momento oportuno y al mando directo de Unidades que no cuestionaban sus decisiones; con nadie asumió compromiso personal alguno (con la posible excepción del punto de vista técnico/militar en la conspiración con sus compañeros) salvo, después de expresar inconvenientes respecto de las condiciones ambientales convenientes, el de participar desde África. La única acción coordinada contra la República de nivel político y no exclusivamente militar, la manifestó con Gil Robles, pero tampoco parece que hubiera con el líder de la CEDA algún tipo de contraprestación pues salió del país en un auto-exilio temporal (parecía que la parte de su papel estuviera hecho). Tenía libertad de acción y ese derecho a poseer una libertad de acción y maniobra lo habría preservado en todas y cada una de las entrevistas y relaciones que mantuvo en torno a la conspiración permanente de la Derecha para derribar la República; tal vez también fuera consciente de que ese “papel” representado por los políticos conservadores para con el régimen republicano (y consiguientemente contra el Parlamento republicano) les llevara el coste implícito de no poder liderar, en modo alguno, el Nuevo Orden que nacería; ni siquiera la Monarquía derribada podría retornar después de haberse visto señalada como alternativa republicana y, consecuentemente, como parte de la permanente conspiración contra la República y, en alguna, medida contra el Parlamentarismo; el General Franco concebiría para sí ser única alternativa viable para la Derecha, sólo debería proseguir su tarea de mantener su camino despejado. El avance y aproximación al objetivo militar la contemporizará con logros simultáneos en sus objetivos políticos personales que le deberán allanar el acceso al mando absoluto sobre España y, consecuentemente, a la eliminación de cualquier oposición interna o externa que pudiera expresarse en el presente o en el futuro. Además, el relato construido sobre el motivo de su alzamiento contra la República actuará como una pesada carga sobre el propio Gobierno Republicano difícil de gestionar, que le irá desgastando y haciéndole no sólo perder oportunidades de victoria sino resultándoles imposibles. La adversidad internacional hacia la República se irá verificando con el goteo de países que van reconociendo a Franco; éste sólo tendrá que esperar a las puertas de Madrid hasta que, desmoralizada y agotada la población, el Gobierno se rinda, huya o se desintegre.

Pese a nuestra Historia más o menos reciente, sectores de la sociedad española parecen olvidar que los partidos políticos definen sus objetivos, también los finalistas, y suelen estar explícitos en sus siglas como definición electoral; y si este es excluyente el resultado difícilmente será algo distinto de la exclusión. Y si esto se percibe como peligro siempre suele haber re-acción en sentido adverso que buscará el mismo objetivo pero de signo contrario: Excluir a los que excluyen. Ello es una actitud que a veces se busca intencionadamente para dar sentido a una propia posición política y así legitimarla. Si hay personas que lideran con un proyecto pro-soviético ello no es un signo de divertimento político o electoral, realmente han meditado sobre ello y lo llevarán a cabo. Si alguien es independentista también podremos pensar que es un rasgo verdaderamente folklórico pero de darse las circunstancias apropiadas acabarán por intentar consumar su ideario e incluso serán presionados por la izquierda/izquierda para llevarlo a término en una estrategia global cuyo objetivo es remitirnos su “pasado de ideal confrontación” “que hay que recuperar y enmendar”. En la Derecha española se observó “gesto” inicial de desconfianza hacia la Democracia implantada hace 40 años, como la objeción a voto plenamente favorablemente a la Constitución (ocho de sus diputados votaron a favor, cinco votaron en contra y otros tres se abstuvieron; de un total de 16). Aún persiste algún sector entre los conservadores que muestra cierta reticencia a abordar favorable y positivamente la retirada de símbolos de la extraña y peculiar dictadura franquista, como si con ello se pretendiera preservar una “puerta de salida” lo suficientemente grande y amplia como para “saltar del barco” de la Democracia si fuere preciso.
Parece necesario llegar a acuerdos transversales sólidos que permitan involucrarse plenamente con el sistema democrático.

“Si por alguien doblaron o doblan las campanas no es por ése, o aquél, o el de más allá; doblan y doblaron las campanas por todos nosotros” (todos fuimos de alguna manera sacrificados, unos y otros, de una manera u otra...; y parece imposible salir de la red de engaños; apenas podemos establecer algo más que conjeturas. Solo nos queda el presente).



jueves, 27 de septiembre de 2018

Soluciones drásticas? NO, Gracias (y menos por opinar)

Soluciones drásticas? No Gracias. (y menos por opinar)

A veces se tiende en nuestra sociedad a buscar soluciones «fáciles» (aunque sean superficiales o dañen a terceros) en vez de reflexionar ante situaciones que nos pueden conmover o impactar por inesperadas cuando observamos cómo recaen sobre otras personas males inesperados.
A nadie le agrada que se sotengan opiniones o explicaciones sobre sucesos cercanos a nosotros que son interpretadas de manera tan diferente que nos contrarian hasta tal punto de considerarlas absurdas. Aun más incomodo si ello se refiere a situaciones que les suceden a amigos o a personas cercanas. En ocasiones evadimos reflexionar profundamente para evitarnos una mayor contrariedad en esa reflexión y nos veamos obligados a cambiar la percepción que teníamos de unos sucesos o de la sociedad en la que vivimos. Es más fácil, entonces, buscar una explicación más sencilla e incluso culpar, como suele suceder con frecuencia, al que ha sufrido el perjuicio de su propio perjuicio o al que hace la reflexión que nos desagrada de locura. Lo hacemos para sentirnos a salvo, pero a veces se impone meditar y aceptar que el mundo en que vivimos es más complejo de lo que realmente nos gustaria que fuere y que ello es por causa en la que todos venimos a participar de una manera u otra.
Esta situación no sólo se da en los entornos sociales cotidianos, también ocurre en otros niveles donde estamos acostumbrados a aceptar más facilmente comportamientos que van contra las libertades personales si en ello vemos razones propias de regímenes políticos autoritarios. Así venimos a aceptar que en Rusia se controlen las opiniones y criticas internas de los ciudadanos contra el Kremlin o que en China se controlen y prohiban las manifestaciones estudiantiles contra el régimen de ese Estado y nos decimos: Es natural, son intolerantes, no son verdaderas democracias.
Sin embargo sus habitantes son personas como nosotros y con deseos de libertad como los nuestros.
Si examinaramos nuestras vidas personales tal vez viéramos que en nosotros tampoco aceptamos esas visiones diferentes en otros y menos si esos otros son cercanos, incluso podriamos recordar nuestros enfados, disgustos y amenazas de perder amistades en razón de oponiones. Realmente somos tolerantes?
No tanto como creemos. Incluso existen entornos en nuestra España democrática en que las opiniones diferentes se pueden considerar causa de locura y tratarse médicamente. Así hay quienes proceden unos contra otros si en ello encuentran cauce.
Cuando vivimos no solo desarrollamos las funciones propias biológicas (como comer, dormir, o locomotoras como andar...) también vemos lo que sucede en nuestro entorno con nuestros ojos u oídos, ello que vemos también ha de «dijerirse» y no siempre es fácil, a veces produce «indigestión». Por ello tendemos a buscar respuestas a lo que vemos y oimos que no nos generen «indigestiones». Es una cuestión de supervivencia. Pero la realidad está ahí y si no hacemos algo por cambiarla siempre estará ahí causando daño al más ingenuao, al más noble, al más sencillo. Es un pecado, de alguna manera, de omisión. Y reconozcamolos, se tiende a escurrir el bulto o, en el peor de los casos a hacer como en el chiste de Gila (me meto, no me meto... y le pegamos una paliza entre los cinco..)

martes, 25 de septiembre de 2018

La "extraña" situación de los militares (y no sólo en España, sino en también otros países de Europa)




Resulta llamativa la caballerosidad, la educación y la formalidad y respeto que viene a percibirse, como norma general, en la mayoría de los cadetes, alféreces de cualquier Academia Militar del occidente avanzado, sobre todo porque durante decenios estuvimos acostumbrados a los excesos realizados por los ejércitos – sobre todo de países de la vanguardia occidental como EEUU – sobre territorio ajeno y sobre todo sobre civiles. También resultó desmoralizante ver que las torturas por el ejército norteamericano en la base de Guantánamo persistían después del conflicto militar con Irak y que ningún Presidente de USA consiguiera, aunque fuera un propósito comprometido electoralmente con sus votantes. Realmente chocante que personas destinadas al mando de las unidades militares y que tienen una formación especializada y un código de conducta social normalmente respetuoso y exquisito pudieran llegar a tales excesos al cumplir objetivos militares; resulta realmente desconsolador este hecho pues sus mandos militares de alta graduación, que están al frente de esas operaciones y tienen la responsabilidad de llevarlas a cabo, también recibieron ese tipo de educación y suelen mostrar esa exquisita educación en el trato social.
Meditaba sobre ello, a raíz de un comentario referente a un muchacho que va progresando en sus estudios en la Academia Militar y su madre se mostraba muy orgullosa de ello y de la caballerosidad y respeto que mostraba su hijo en el trato social. Le contesté que actitud potencial vendría “preinstalada” de fábrica, señalando así, indirectamente, un mérito en la propia familia y en la educación recibida previamente que facilitaba esos resultados tan halagüeños en el terreno de los estudios profesionales que realizaba así como en esa educación personal, de naturaleza social, asumida y promovida en la propia Academia Militar – resulta obvio que cualquier familia de ello tenga motivos para congratularse.
Meditaba sobre ello, sobre el cultivo de las “virtudes” (en este caso castrenses): La disciplina, el ejercicio diario, el estudio constante, el orden siempre presente, (la obediencia)… y recordaba un pasaje del Tao The King en el que dice algo así: “Por la propia virtud se reconoce la virtud  en los otros”; de alguna manera cultivar esas virtudes no sólo permite reconocer la virtud en los otros sino también la falta de alguna virtudes o la “aparente” carencia de ellas en otras personas. 
Si consideramos el entorno en donde se aprenden a cultivar y desarrollar esas virtudes podremos que resulta imposible de desvincular la propia persona que realiza el aprendizaje y desarrollo de virtudes del entorno donde los aprende; es decir, se desarrolla un vínculo emocional lógico e inseparable, de la misma manera que se mantienen vínculos de esa naturaleza con los centros de estudios elementales o medios o con las Universidades si nos vinculamos con los profesores para sacar trabajos, tesinas y tesis adelante. Y si el entorno (ya sea Universitario o Militar, del aprendizaje) se proyecta sobre mitos autoritarios de cualquier signo (sea bajo ideas o mitos radicales de izquierdas o derechas) o bajo la idea de que la sociedad perfecta debiera ser autoritaria estaríamos ante un extraño escenario donde las personas que están encargadas de formar a nuestros jóvenes del futuro y en la idea de perfeccionar la democracia no creen en profundidad en ella (y de hecho se pudiera dar el caso de que íntimamente la criticaran aunque en su expresión formal y social mostraran sumisión o respeto al sistema democrático).
Parece existir un cierto equilibrio antagónico entre Universidad y Ejército que viene existiendo desde el origen de las Universidades en la Edad Media (ya se habla de los primeros enfrentamientos entre estudiantes y sargentos en París y de la inviolabilidad de la Universidad para preservar el conocimiento y las reflexiones de crítica sobre ese mismo conocimiento) y da la impresión de que ello pudiera ser irreconciliable en alguna medida y, probablemente, forma aceptada en todo nuestro occidente circundante y en los países que nos lideran. No queda otra posibilidad que aceptar esa circunstancia como un elemento más de nuestra sociedad, tal vez de equilibrio, con el que hay que convivir teniendo presente que quienes fomentan virtudes siempre observarán, con gran claridad la carencia de las mismas en otros que no las practican y tendremos que comprender que ello no su pone una visión elitista, más de lo que fuera en nosotros mismos cuando las practicamos. Sin embargo, por ello mismo, la sumisión a los principios y valores democráticos debe observarse en cualquier circunstancia, pues de lo contrario, si dejáramos ciertas autonomías en razones de seguridad sobre civiles a mandos militares exclusivamente podríamos encontrarnos en el riesgo de que se tomaran decisiones trascendentes desde esa visión de la virtud y sin considerar otras más circunstancias. 
La democracia es, ante todo, tolerancia para propiciar el avance (e incluso aceptar el estancamiento o la regresión) en la evolución de las personas por el simple hecho de ser personas y tener por ello unos derechos personales; confiando en que un medio tolerante, de valores y de conocimientos positivos propicia el desarrollo social sin dejar a nadie fuera del mismo y de las oportunidades que este ofrece.

Más que los vínculos de Sangre (tener conciencia solidaria, de empatía)



Hace un tiempo escribí sobre la naturaleza e importancia que se le daba a las cuestiones de la “sangre”, a los vínculos familiares y la fortaleza que tienen (o tuvieron) en nuestra sociedad e incluso concebida esa relación como un deber que une a unos y a otros miembros entre sí, como si de una alianza sólida se tratara y que naciera de la necesidad de protección hacia los hijos y hacia los mayores, pues en ambas etapas aparece una mayor vulnerabilidad frente a una sociedad que tiende a la rivalidad y a competir entre sí dentro de un proceso de permanente “aprendizaje” y adaptación social que parece nunca terminar. Los pensadores siempre vienen a decir que la vida, en sí misma, es sencilla, pero nosotros mismos la tendemos a complicar, tal vez en razón de nuestros intereses particulares y percepciones subjetivas.
En la presente reflexión recupero parte de la idea que expresa como los vínculos de “sangre” se han ido afianzando en nuestras relaciones sociales y han acabado por plasmarse en el ordenamiento civil de la sociedad; ordenamiento, en principio, reservado a una élite que ponía el interés en esos vínculos y que, a fuerza de imitarla, todos hemos seguido esos pasos configurándolos en nuestra sociedad. Sin embargo, la modernidad, el deseo de independencia personal, la búsqueda de objetivos personales y el devenir de los nuevos modelos sociales y de familia llevan, en alguna manera y medida, a visualizar que ese impulso “ordenador de la sociedad” en torno a los lazos de sangre tiende a aceptar “nuevas” formas de vínculos que se asientan desde otras perspectivas ya no tan cercanas a esos vínculos sanguíneos sino propiciadas en razón de emociones y sintonías personales que parecen de similar o incluso mayor transcendencia y fortaleza.  No es un hecho nuevo, siempre existió y se visualizó que las emociones y experiencias compartidas son capaces de crear vínculos sólidos que pueden llegar a debilitar las familiares (pues si los familiares no han pasado por esas experiencias en primera persona difícilmente pueden entender a los miembros que sí las pasaron con lo que los lazos de unión tienden a debilitarse); así ocurre con las experiencias de guerra de soldados, por ejemplo, u otras traumáticas de naturalezas diferentes (incluso experiencias de persecución política, o experiencias profesionales donde la percepción del entorno social acaba difiriendo en razón de las tareas laborales haciendo posible una visión muy diferente de la sociedad que puede llevar a una imposibilidad de comunicación real y efectiva con una familia que desconoce esas nuevas perspectivas alcanzadas por sus miembros). Como indicaba, comenzaré rescatando algunos pasajes sobre los fundamentos por los que se establecieran los vínculos en razón de la sangre, para pasar luego a una propuesta de relación social más en función de razones más solidarias y transversales en la sociedad.
    Curioseando por la aplicación de youtube que dispone mi televisor - ante la triste, repetitiva y aburrida programación televisiva - me encontré con el vídeo "La historia de los apellidos" y me la "tragué" de una sentada. Tal vez no sea una clase magistral, pero da los suficientes elementos para estimular la curiosidad y atreverse a plasmar creatividad al amparo de una circunstancia tan singular como es la de poseer apellidos y de los cuales sólo solemos tener una visión práctica de esa circunstancia, sin reparar en las complejidades que el hecho de poseer apellidos ha deparado en la Historia de la Humanidad.
Lo primero que llama la atención del vídeo son dos escenas. La primera sobre el rito de una especie de bautismo en una cultura 200 años anterior a Cristo - realizado por el padre, probablemente con la finalidad de vincularse con el nuevo ser y con su destino en la etapa más delicada de su reciente vida y hasta que sea adulto - y la segunda, la decisión administrativa tomada en China, hace más de 5.500 años, en la que se requería que los niños tuvieran, además del nombre, el apellido de la madre (la madre siempre es y será, la única garantía fiable de filiación. En ello no parece haber duda alguna, siempre que a la madre no se le separe - contra natura - del hijo de su seno una vez nacido este)
     Apenas comenzaba el visionado del vídeo cuando me llegó el recuerdo: - Hidalgo significa hijo de algo. Los recuerdos fluyen a la mente en momentos determinados sin requerirlos. Aún era adolescente, o tal vez antes de la adolescencia, cuando recuerdo que oí la primera reseña sobre la palabra ante un programa en blanco y negro de la televisión. O tal vez fuera una película o un documental - a los que era más aficionados; pero desde entonces recuerdo que siempre que aparecía ese término de hidalgo: Hijo de algo.  Estuve intrigado por el término durante bastante tiempo, sobre todo por lo misterioso del mismo. Descubrí que en la edad media no existían apellidos y que los hidalgos eran los nobles. Fue más tarde cuando empecé a vislumbrar la trascendencia del término Hidalgo; pues quedaba claro que si los hijos de la plebe no eran hijos de algo (¡¡qué término más absurdo!!) eran porque no lo eran de nadie - algo obviamente imposible, pues todos tenemos madres - como acertaron a detectar los chinos cinco mil años antes. Así que el término en sí no parecía otra cosa que un término que infringía, desde la nobleza de su uso, cierto desmerecimiento hacia la plebe, hacia la gente común, es decir: Hacia el Pueblo. Y esta afirmación tal vez explicaría el cierto rencor acumulado de la gente común hacia la nobleza, y a la monarquía que la sustentaba, y que se expresó con meridiana claridad en la Revolución Francesa (probablemente porque en esa revolución francesa la burguesía ya podría decir de sí misma que “algo” tenía: Y ello no era otra cosa que, en principio, Dinero). Así pues, si los hijos concebidos por el pueblo no tenían padre, ello pudiera tener consecuencias para sus vidas en todos los órdenes sociales. 
     ¿Es el dinero la clave?. ¿Hemos llegado al término esencial de este asunto? Leí hace ya muchos años, en un texto, que surgió en Egipto la necesidad de ordenar la procreación, y consecuentemente el incesto, por una cuestión importante: Las herencias. Es paradójico que se atribuyera al Antiguo Egipto, en el que precisamente la realeza se casaba entre ella (hermanos con hermanos, por una cuestión de Sangre, a la cual se le atribuye - a la sangre - propiedades no sólo genéticas desde el punto de vista físico, sino psíquicas propias del carácter de los padres y aún más allá: Divinas) Parece cierto el hecho de que las familias se constituyeran principalmente por estar en edad de procrear y reproducirse; pues esa tendencia propia de la condición animal, por el hecho de ser animales, y su tabú consecuente, no se instalaría en la sociedad hasta que esta se constituyese como tal, con normas, leyes y temores. Y simultáneamente, convive, una vez instalado ese tabú del incesto, con la idea sobrenatural de que un Noble o Rey, por el mero hecho de serlo, pudiera transgredir cualquier norma o ley que sujetaba al pueblo en una moral (Ahí está el caso de Roma, que constituye la base de nuestro Derecho y de nuestra cultura moderna). Por lo que si hacemos caso a ese texto que leí, publicado en España en papel, el ordenamiento de las familias egipcias y la implantación del tabú no tenía otra finalidad que la de determinar la propiedad privada dentro de las familias, y el orden sucesorio en los bienes. Así, pues, adquiere la sexualidad la importancia económica y de ordenación social que es precisa para que una sociedad resulte previsible a sus miembros y, por lo tanto, pueda expandirse como fórmula de convivencia conveniente para toda sociedad que quiera prosperar económicamente y en paz. 
    Parecen aspectos esenciales que tienen que ver con el apellido y con ser "hijo de algo": 
- La Sangre, como transmisora de genes y con ellos, de carácter y virtudes familiares - que de ser bendecidos por el Cielo, alcanzan el grado de Nobleza aspirante a Reinado, o la propia condición de Rey.
- La Herencia, como consecuencia de la Sangre, portadora de Derechos materiales (económicos, legales) por el mero hecho de ser "hijo de algo".
Para que un ser humano se considere sano se verifica que sus impulsos reflejos, al nacer, son los correctos. Impulsos como los agarrar el dedo que se le ofrece nada más salir del vientre de su madre, o su natural tendencia a succionar con su boca, o a tender a apoyarse con los pies en el suelo y andar... Todo ellos son signos de que el nuevo ser humano está aparentemente sano y preparado para asumir ciertas funciones básicas de su condición. Y análogamente ocurre con su sexualidad - a la que algunos psicólogos atribuyen una existencia innata en el ser humano parecida a los reflejos e impulsos naturales a alimentarse, a andar o a defecar...etc. y que son canalizados y orientados en el seno de las familias.
    En consecuencia, añadimos, evidentemente, a la cuestión del apellido, un fenómeno más natural: La sexualidad. 
  La vinculación entre apellido (que no es otra cosa que ser "hijo de algo") y sexualidad es evidente y problemática, pues la propia naturaleza de la sexualidad está sujeta y vinculada con el instinto. Las leyes también se "observan" esa condición a la que está sujeta el género humano y le otorgaba rango de dignidad cuando el camino para su realización era través del matrimonio. Realización formal y aceptada socialmente. El matrimonio garantizaba seguridad material a la mujer y, a cambio,  le proporcionaba herederos al hombre, se entiende que herederos de sangre (con todas las prerrogativas que ello otorgan a los hijos, y honor al padre - pues el honor no era otra cosa que estar dentro de las normas dadas y actuar, por deber, siempre dentro de ellas) por medio de una sexualidad restringida al propio matrimonio.  En teoría el sistema debería funcionar, pero en la práctica los hechos demostraban que ello era, realmente, difícil; básicamente porque la sexualidad es un instinto. Así, creo que se demuestra en las historias míticas: Cuando se realiza el Paraíso Terrenal y en él se pone a Adán con sus necesidades vitales cubiertas, con el fin de que sea feliz, “Dios se equivoca”, al menos con Adán y no sabemos si repitió el experimento con más seres (pues la felicidad que se le otorgaba a Adán se aprecia con los años - precisa de muchas experiencias - y en determinadas circunstancias personales, y ni aún así se tiene la felicidad completa). “No le quedó otro remedio a Yahvé” que buscarle una mujer cuando constató que el joven Adán, al ver copular a los animales, les imitaba (y probablemente perseguía a alguna cabra u oveja que pasara por ahí (como aseguran textos judíos). Por lo que determinara Yahvé, que su felicidad, la de Adán, no era completa y que se sentía sólo (implícitamente se achacaba la soledad a un instinto natural de reproducción) De ahí, que según los judíos, le presentaran a Lillit, mujer experimentada en extremo, que acabó por aburrirse del muchacho y lo abandonó a su suerte - dice la mitología irlandesa que Lillit acabó convirtiéndose en una bruja que acude allí donde huele las poluciones nocturnas de los jóvenes y que tiene multitud de hijos. Así que, frustrada la experiencia, le presentaron otra mujer de la misma condición que Adán (o tal vez buscaran otro Adán diferente, pues el error fue garrafal y quedaría impregnado en la memoria del muchacho) y  no tuvieran otra prohibición que la de copular (el árbol de la vida y la muerte; y del bien y del mal). Por lo que la serpiente no fuera otra cosa que alguien que, seducido por la virginidad de Eva, no se privara de "conocerla", como quien hace un favor, y el "pastel" acabara con la expulsión del Paraíso y la condena a vivir (“la sexualidad abre la etapa de la madurez y la primera percepción de que la vida tiene el límite de la muerte”) sabiendo que el dolor y la muerte serían el destino de ambos. (Siempre se puede interpretar el texto simbólicamente, pero el resultado es el mismo).
      Si Yahvé no pudo controlar los instintos de Adán ni de Eva, qué padre o qué Rey podrá hacerlo sin poner en riesgo la vida de ambos? O qué ley podrá evitar la sexualidad fuera del matrimonio?
      Aquí aparece el cuarto elemento: El Hombre, como elemento preservador de toda virtud. La última apuesta por un orden en la sexualidad de las sociedades en Occidente.
     La primera pregunta que surge es: ¿Por qué el hombre y no la mujer? Habría que recurrir al propio Yahvé, para obtener una explicación adecuada; pero según sus actos descartó a la mujer de ser el centro de su experimento científico frustrado (eso en el caso de que las Escrituras nos cuenten toda la experiencia y no dejen a nuestra imaginación otra salida - algo que suele suceder en algunos textos filosóficos). Establezcamos la hipótesis de que Yahvé, o su versión femenina, intentara hacer una experiencia con una Eva anterior. Y esa Eva anterior también tuviera la tendencia de emular el coito de los animales (¿por qué no si es instinto?). La imagen es tan fuerte en la mente de un ser humano masculino - por la fuerte vinculación que se tiene de la maternidad desde niño - que la evito. Así que le traerían un Lillit masculino que la satisficiera). El resultado es la procreación y su dedicación a la crianza y el Lillit masculino tal vez no aportara nada nuevo al experimento, en el que se pretendía una familia estable y feliz, pues probablemente el hombre se dedicara a engordar y a echar de menos experiencias sexuales con otras mujeres más experimentadas y divertidas, y terminara por huir dejando el Paraíso lleno de hermanos y una madre sola y triste. Por lo que le tendrían que llevar un Adán a esta Eva. Estamos en el principio. Y ante la misma prohibición sexual transgredida. SI no son expulsados del Paraíso, Adán se dedicaría a engordar y a aburrirse con el peligro de que atacara a alguno de los hijos previos de Eva (por el instinto animal que acepta eliminar genes “rivales”). Si el experimento de Yahvé era para ver qué hacía un ser humano con todas las necesidades cubiertas debió decepcionarse bastante. La creatividad precisa de un "desnivel" de "algo a equilibrar", de metas a conseguir. Y al darle a la mujer el papel de madre y obligarle a tener todos los hijos que el instinto sexual le procure la ata, indefinidamente, a un rol del que difícilmente puede escapar.
    Creo que lo leí de Jung, el asegurar que la creatividad proviene del libido. A mi modo de ver interpreté ello como la contención en el seno de las familias de la sexualidad de los hijos con la finalidad de encauzarla a los roles sociales imperantes en ese momento. Es decir. Al hijo varón se le conminaba a contenerse hasta el matrimonio, y por el camino a formarse emulando al padre o a cualquier otra figura masculina de gran relieve histórico, político, empresarial, con el fin de que las energías contenidas en la sexualidad encontraran un camino adecuado de expresión. Y parece claro que la mente humana está capacitada para ello. Para encontrar soluciones donde aparentemente no las hay. Y ello se ha producido siempre en todo tiempo y lugar. A la mujer se le reservaba la aspiración a casarse mediante la contención de su sexualidad en medio de tareas hogareñas y desarrollo de bellas artes. Así canalizaban ambos sexos sus energías sexuales; mediante un reparto de tareas y roles que abarcan todo el orbe de la Tierra.
     Es aquí donde nacen las llamadas "propiedades" de la Sangre que se atribuyen al varón. Aún recuerdo las primeras explicaciones en biología, donde se aseguraba que la mujer era un mero receptáculo en el que se asentaba la simiente (y esa explicación estaba realizada con toda la intención de dejar un papel secundario a la mujer; papel que la medicina le ha dado en Occidente a la mujer durante siglos hasta que yo mismo, he podido escuchar ése tipo de explicaciones en un aula de formación institucional). Y vienen esas propiedades de la Sangre del hecho de evitarle, a la mujer, la experiencia de experimentar, experiencia que sólo se ha permitido (culturalmente) al varón (si la mujer lo ha hecho ha tenido que hacerlo a escondidas). Se le prohibió a la mujer oficios y carreras universitarias, o formación desde hace cientos de años, desde hace siglos con el fin de evitarle relaciones sociales con hombres y recluirla en tareas hogareñas o sociales. El objetivo, probablemente, fuera preservar futura legitimidad sanguínea de los hijos por medio de una educación “recatada”, “social” y restringida a los hijos y la formas y maneras sociales. Así la Monarquía y la Nobleza preservaban la “legitimidad” de la sangre y de ahí ahí que los monarcas creyeran en su sangre como garantía de la transmisión de propiedades cuasi divinas, de las que eran portadores (Y aún así, las complejas cuestiones políticas permitieron, a veces, la experiencia de mujeres en la máxima expresión de la Corona).  Durante siglos la virtud de la mujer no era otra cosa que la garantía de la Sangre y la Herencia. Garantía que contrastaba con una sociedad en la que se aceptaba la naturaleza humana y su condición. Así la nobleza emulaba a la corona con el fin de no perder las posibilidades de aspirar a ella; mientras el Pueblo, sin más aspiraciones sociales que sobrevivir cada día, vivía despaldas a esos criterios sanguíneos y, en consecuencia, no los observaba con rigidez.
     En el mito de Arturo y los caballeros de la Tabla redonda, el propio Arturo es rescatado, en medio de una guerra, de su “concepción” atribulada entorno de una lucha armada entablada por el deseo sexual sobre la mujer de un rival. Arturo es formado en el seno de una familia de nobles como vasallo, pero sus actos revelan que es algo más que un ser común. Ello le otorga la condición de Rey y el “desvelado” de su pasado real. Y aún así, aun siendo el primer monarca democrático que puso su trono en la misma altura que sus nobles en una mesa redonda, tuvo que enfrentarse con la naturaleza humana de la sexualidad de su mujer; y a diferencia de otros reyes, no se vengó en ella ni en su compañero. Arturo es varón. Pero pudo ser hembra. Porque la historia desvela que, cuando la mujer tiene acceso a ciertas experiencias también alcanza la esfera de la heroicidad, como ocurrió con Juana de Arco, que acabó en la hoguera, probablemente porque ninguno de los presentes, enemigos de ella, podía permitir que una mujer alcanzara esas heroicidades sin atentar contra los designios divinos y su orden milenario (entre las tres acusaciones decisivas para su condena se encontraban:  vestír como un hombre y abandonar la casa de sus padres).
     Si el matrimonio de Arturo fue por amor (y aún así, así le fue), no lo fue el de otros monarcas, cuyos matrimonios se sustentaban por intereses políticos o estratégicos. Rara vez el amor, en medio de tantos potentes intereses, aflorara sinceramente más allá de un ocasional erotismo y gusto que suele decaer si no hay otro tipo de sustento sobre el que se base; (y en el caso de los reyes el sustento sólido es seguir siendo reyes). Incluso el sexo por deber era, y en algún sitio aún es, una cuestión destinada a asegurar la descendencia y la continuidad de un territorio - de ahí el derecho a ejercer las prerrogativas del matrimonio dentro de la nobleza y la realeza, algo que se pretendía extender sobre un pueblo que estaba más preocupado por sobrevivir el "día a día" y cuyas normas, a ese respecto, estaban más relajadas; pero cuando llegaba la riqueza, las preocupaciones, por la transmisión de la riqueza propia, probablemente, se convertía en una cuestión de honor (y tal vez sólo por emular la conducta de los nobles).
     Durante mucho tiempo el objetivo de casar a una joven, cuanto antes mejor, no era otro que el de evitarse los problemas propios de la sexualidad juvenil. Buscar una dote, si se podía, y trasladar el problema de la custodia de la sexualidad a otro hombre era un objetivo, tal vez, en sí mismo. Pero aquí entraba la acción del monarca y su privilegio en el derecho de pernada. Si bien este derecho se ha observado en la actualidad como una sumisión del pueblo a través de limitar la libertad de la mujer, también es cierto que ello mismo bien pudo tener un contenido bien diferente en la práctica política. Pasar una noche o un rato con el señor del castillo bien podía servir para solucionar el pasado de una joven. Aunque el símbolo de dominancia hoy nos parezca extremo, hay que señalar que la mujer de entonces estaba sometida siempre al varón, fuera soltera o casada - a no ser que ganara en la lucha diaria del matrimonio su independencia de facto, algo que también podría ocurrir - como ocurría en la época de Franco, a pesar que la mujer careciera de derechos económicos frente al marido y fuera considerada, en la práctica, menor de edad.
      El desarrollo de la institución matrimonial - indisoluble en un primer intento - acabó por ceder a las evidencias de que el instinto sexual puede más que el temor a la sociedad y sus castigos, teniéndose que aceptar el divorcio como una solución a las desavenencias. Divorcios que conllevaban cuestiones económicas que podían ser de envergadura, y, sobre todo, la cuestión de la descendencia. Se pasó de la existencia de divorcios por causas de culpa a la disolución por simple voluntad (en el fondo, nuestra tradición y cultura Católica sigue buscando la “culpa”, en alguna medida y forma, en las separaciones o divorcios y las penaliza).
    Franco intentó un regreso a la indisolución matrimonial basada en el concepto cristiano católico del matrimonio, que resultó un fracaso, pues la alternativa legal al engaño no era otra que la posibilidad de eliminar físicamente a los adúlteros - algo difícilmente de realizar y admitir si el matrimonio se hubiera realizado por amor, como exigía la Iglesia. También el dictador estuvo a prueba y supo de los esfuerzos por contener su atracción por el sexo opuesto, pese a su actitud de ejemplo vivo del propio régimen que sostenía con su presencia. En la visita de Eva Perón se recuerda que el propio Francisco andaba bastante contrariado por la belleza de la esposa del general argentino; así que él mismo, tuvo la oportunidad de experimentar en su propio ser la influencia de las formas y las proporciones en el instinto del ser humano. Y sin embargo, pese a ello, no traspuso su propia sensación de debilidad para permitir una mayor tolerancia en la sociedad - al fin y al cabo, la República había sostenido, en alguna manera, el desarrollo del concepto de amor libre, y ello también formaba parte de las causas esgrimidas, de naturaleza moral, para combatir la II República. Así que Franco se había atado así mismo.
   El desarrollo económico trajo los bienes (muebles e inmuebles) y el desarrollo de una burguesía, que aunque hubiera huido de la tolerancia propia del vulgo, no veía, tampoco ventaja en el estricto cumplimiento que decía observar la nobleza, y la realeza, del espíritu cristiano del matrimonio. Así que con la Revolución francesa el divorcio se instauró y se generalizó.
   Sin embargo, liberada la mujer del papel madre y del rol femenino, encontramos un territorio nuevo, donde la procreación ya no es un objetivo esencial de la mujer en un mundo superpoblado. Y, por ello, la mujer tiene acceso a la canalización de su libido en cualquier dirección que desee, sin ninguna limitación - al menos en occidente.
     El pacto social que hasta ahora se sostenía ha caído por su propio peso, sobre todo en un momento en el que las razones económicas de subsistencia ya no son suficientes razones para imponer ese criterio de reparto de papeles. Además, el reconocimiento de los Derechos Humanos, sin distinción de género masculino o femenino, invita, desde hace decenios, a una interpretación igualitaria de los derechos entre mujeres y hombres. Y, sin embargo, siguen existiendo sociedades que persiguen la idea de subordinación de la mujer al hombre, y lamentablemente, hay mujeres que aceptan esa subordinación para perpetuarla.
     A la definitiva, los matrimonios son contratos con efectos sociales y legales. Contratos cuya única garantía de cumplimiento es el amor que se profesen los contrayentes, y este cede con el tiempo. La alternativa al amor es el interés específico que exista en contraer matrimonio, contra mayor sea el interés y el provecho (material o espiritual) que se saque de éste contrato más garantías existen de que perdure.
    Aseguraba un estudiante muslmán que en su cultura la mujer no compite con el hombre (obviamente por la subordinación mencionada) pero oculta que compiten las esposas entre sí por el único varón. Y también oculta que a él le está “permitida” la experiencia sexual fuera del matrimonio y no le está permitida a la mujer esa misma experiencia. De alguna manera su cultura se asienta bajo una dominación de conocimientos de lo que es el bien y el mal, al que accede plenamente el hombre, pero no la mujer.
     Así que el deseo de buscar en el varón el último reducto donde residir la autoridad moral de la familia se ha venido abajo. Ni se sostiene por causas de Sangre - una vez que la ciencia ha determinado que el óvulo y el espermatozoide mezclan información genética (como cabía esperar y se sabía desde que existe la ganadería en la cultura humana). Ni por causa de la Herencia, ya que el carácter y los posibles dones y capacidades que este nuevo ser  pueda tener viene también de mezcla de genes y el factor del individuo, sus habilidades, sus capacidades y sus experiencias es determinante y puede ser muy superior al de los padres o muy inferior en términos de valoración social. Si a ello sumamos la idea cristiana de que el alma es inmortal (es decir no muere, por tanto, no nace como aseguran las religiones de oriente) cualquier ser que nace de mujer ya posee alma antes de nacer, y con el alma cierta personalidad propia; por lo que la disputa real se centra en el control mutuo de la sexualidad de los matrimoniados.  Así que la sexualidad que determina el apellido, si al final es la única causa determinante la fidelidad, y existiendo la libertad sexual reconocida, todo el matrimonio queda, al final, en el ámbito de lo que consideren los contrayentes respecto al concepto de fidelidad y sus consecuencias; pues, a la definitiva, la venida de seres tiene un componente aleatorio de gran magnitud. Ya de por sí, la Naturaleza expresa este hecho de fortuidad en la manera en que tiene concebida la función reproductiva, por ejemplo en las plantas (donde el polen puede invadir la atmósfera de una región para asegurar la persistencia de su especie; por lo que análogamente, la naturaleza de la sexualidad humana es de la misma condición – pues es Ley natural -, tanto en el hombre como en la mujer; y su sujeción o control sólo puede intentarse desde convencimientos espirituales o religiosos cuya potencial eficacia también es relativa. Recuérdese el refrán: Entre Santa y Santo pared de cal y canto; y más cercano ejemplo de la fortaleza de la naturaleza sexual, aún en ámbitos espirituales, es la de los cartujos de Aula Dei después de la primera visita de la Reina, se dice que tuvieron que cambiar todas las baldosas por donde había pasado, pues los monjes perdían el "norte" visiblemente turbados por hormonas femeninas. Al final, imposible de contener las visitas femeninas culturales, abandonaron los edificios).
    Así que entre el matrimonio y la voluntad a mantenerlo indisoluble sólo queda la voluntad de los contrayentes; y, si "les toca la flauta", ese vínculo del que hablaba la Iglesia Católica, puede resultar indisoluble, pero el vínculo lo han de percibir los dos; y además, resistir las pruebas de todas las "Serpientes" del entorno. Algo que se antoja harto difícil.
Así pues, si la condición de los lazos de Sangre se puede verificar en razón y consecuencia de ser mamíferos también hay que considerar que por esa misma condición mamíferos de distintas especies han asumido roles familiares con individuos de especie diferente en razones de instinto de “protección al cachorro” en ciertas circunstancias (sé que llama la atención la expresión empleada pero es cierta).
Dada la complejidad de nuestra naturaleza animal (con base mamífera por un lado y cultural por otro) y la evolución en nuestras sociedades occidentales, dando origen a experiencias personales muy determinantes para cada individuo en particular, se hace preciso reforzar la defensa de los Derechos a la Libertad personal que permitan proteger ese proceso de experiencia personal, pues las familias, inmersas también en un proceso de transformación social que afectan a su estructura y concepción, pueden resultar ya un lugar que no siempre comprende y reconoce la profundidad y la complejidad de las experiencias de sus miembros y deben de ser las leyes quienes protejan íntegramente las diferentes experiencias que las personas pudieran experimentar en sus vidas amparadas por el primordial concepto de la libertad.
    Por ello hemos de sujetarnos al concepto más positivo de nuestros valores democráticos. Ya que por medio de ellos reconocemos el derecho de los demás a ser libres en sus decisiones y a respetarlas; y en caso de fricción, respetar las normas que nos hemos dado para su solución. Pues ello es uno de los dones que nos ha traído la democracia.
    La defensa de nuestra sociedad, y de nuestros valores, no se puede realizar si nosotros mismos no los respetamos en nuestro entorno. Europa se ha distinguido por la defensa de los Derechos Humanos, y aquellos que se benefician de esta concepción de la vida humana deben de respetar esos principios.
   Ser hidalgo, hijo de algo, cada vez puede tener menos relevancia, en favor de una vida más plena y sincera, y sobre todo si aceptamos que todos tenemos en común una experiencia de vivir que nos une y que debiera ser fuente de solidaridad (seamos de la condición que seamos, de la raza que seamos, de la profesión que ejerzamos). También se ha de tener en consideración que Democracia no es solo votar periódicamente sino que, en su sentido anglosajón, democracia es algo así como una permeabilidad de la sociedad (incluso promovida) para hacer accesible a cualquier persona, de cualquier condición, a estratos y roles sociales superiores aceptándolas como son; es decir, sin procesos de cooptación al margen del espíritu democrático de la Constitución.  Y sobre todo, dadas las tristes y dolorosas consecuencias que las rigideces y el control social han dado lugar y lo siguen dando en todas las partes del mundo.
   Parece más positivo estar más a favor de una vida inteligente y sabia que de honores derivados de los aspectos mágicos de la sangre o de la familia (son mitos cuyos fundamentos no precisan de historia familiar sino de fe en las personas para que estas desarrollen sus capacidades plenamente para bien suyo y de nuestra sociedad).





jueves, 20 de septiembre de 2018

Agradecimiento a D. Carlos


Quiero expresar desde estas, tal vez breves líneas, mi profundo agradecimiento a la persona de la cual he percibido un firme apoyo aún desde mi controvertida posición. Abrumada mi persona y en una situación muy delicada, lleno de temores, inicié hacia él una profunda comunicación en la que cuestiones sociales, provenientes de mi experiencia personal y laboral, eran configuradas en líneas y párrafos volcando situaciones, algunas muy complejas y difíciles de expresar y, tal vez de entender dada la naturaleza de la complejidad alcanzada por mi propia existencia tanto en mi mundo laboral como social. Sin embargo, ello dio un fruto que no esperaba: no sólo se iban resolviendo esas complejidades que a cualquier sitio que anduvieran me acompañaran si no que me sirvió para profundizar también en mi propia condición, en la naturaleza de la misma y en su progresiva resolución, así como también frutos en profundos pensamientos y reflexiones políticas y sociales, que con precaución y real temor expresaba dado el alcance y transcendencia de cada uno de ellos. Por ello me decidí hace algunas semanas a transcribir algunas de esas reflexiones en mis redes sociales; redes sociales que ganan y confirman, así, la complejidad y profundidad del pensamiento y la reflexión , y que puede ser, en alguna ocasión, referencia o parámetro a tener en cuenta en los momentos que vivimos en la actualidad en nuestro Estado: España. Algunas de esas reflexiones irán apareciendo en este, mi blog, ahora en Homenaje a mi discretísimo y sutil “Liberador”.  Muchas Gracias D. Carlos Pérez. (Sabe Vd. que soy, además de Socialista, religioso: ¡Que el Cielo le Bendiga! y permita completar y coronar sus proyectos políticos para nuestra comunidad social y ciudadana, allá donde el deber Socialista le lleve).

Algo de la naturaleza de la rivalidad existente entre Derechas e Izquierdas en España


Algo de la naturaleza de la rivalidad existente entre Derechas e Izquierdas en España



No creo que debamos remontarnos mucho más allá de la Guerra Civil para hallar allí el núcleo principal de las rivalidades entre las izquierdas y derechas en España. El aparente paréntesis de la transición fue eso, un paréntesis bajo unas premisas “intocables” que permitirían el regreso de la Democracia a España. Premisas que pudieran responder no sólo a las consecuencias del fin de la Guerra determinando un vencedor; vencedor que nace de las conveniencias internacionales en una Europa donde las élites económicas temían, desde 1917, la extensión de la Revolución Soviética por toda Europa (y también en EEU) y que acabó propiciando una reacción internacional, ambivalente, pues paradójico fue el apoyo y la promoción del fascismo italiano y el nazismo, así como el apoyo al General Franco ante el peligro comunista. Todos aceptaron el precio de tener que combatir los monstruos creados para aterrorizar a los ciudadanos europeos en sus intenciones de promocionar el socialismo ruso en sus naciones; sin embargo Franco se libró y fue atado en corto con un incipiente capitalismo de un lado y la promoción de derechos sociales y laborales por otro al que se amoldó para sobrevivir como régimen, aunque en su rebeldía apoyara, contra natura, regímenes de socialismo marxista como el de Allende o promocionara o apoyara o tolerara a una rama de la Iglesia Católica dispuesta a hacer la Revolución Cristiana, mediante la Teoría de la Liberación en Latinoamérica. Al fin y al cabo solo sería un gesto de venganza ante un todo poderoso EEUU que imponía sus condiciones allá por donde fuere y al General Franco le tocara aceptar (si o sí – sobre todo tras la muerte de Carrero) los designios de los Norteamericanos para España: La Democracia se abriría paso a la muerte de Franco – el Franquismo sólo sería un recuerdo. Y así fue, salvo para aquellos que han querido salvar la memoria del Dictador a pesar de que en su régimen nada fuera lo que pareciera y menos que obedeciera a las consignas y exaltaciones que hicieran posible la Guerra Civil. El entorno Falangista parecía aceptar una pluralidad ideológica en la sociedad, mientras que los Cuerpos de Seguridad se seguían cebando con ciertos grupos Comunistas cuando la frustración, por alguna causa, exigía una demostración de fuerza y vigor interno en el régimen. A la definitiva el Franquismo supuso mucho tráfico de influencias, muchas recomendaciones (para sobrevivir) y mucha permeabilidad a las necesidades y orientaciones del incipiente capitalismo en España; mucho Catolicismo oficial, mucho autoritarismo cuando no paternalismo autoritario y mucho control social. Todo ello sin cuestionamiento oficial por medio de partidos políticos. A la definitiva, el Franquismo era, simplemente, el Gobierno de un militar, de un General que, por su condición, exige obediencia y, por tanto, la política concebida como debate de plurales no tiene cabida alguna. Todo ello bajo el pretexto del Comunismo y la subversión de valores que este traería.

No es de extrañar que entre demasiados altos mandos militares españoles siga existiendo admiración por la carrera militar del Dictador, a la definitiva conjugó durante el desarrollo de la Guerra Civil acciones militares con gran simbología y carga política con el fin de, en esa lucha política por alcanzar el poder absoluto del Estado, acabar con todos sus enemigos políticos (ya fueran rivales en su propio bando o rivales en el bando enemigo) y fue prolongando la Guerra Civil de manera calculada para conseguir ese objetivo esencial. Objetivo que parece fuera una predestinación en razón de su juventud; juventud que hacía vislumbrar un largo periodo de excepción para España y ello parecía ser el objetivo esencial de su ascenso y confirmación en la Jefatura del Estado. Parece que militares de alto rango en España siguieran precisando una referencia mítica durante el desarrollo de su carrera militar y ascenso al generalato; pues son los mitos los que aseguran en una Nación la simbología de la propia Nación y su persistencia en la Historia. Otra cosa es la visión de la izquierda, más orientada a la visión de España, no tanto como Nación sino como Estado; Estado neutral cuya única simbología se basa en el progreso de sus ciudadanos y en su bienestar, procurando la paz social e internacional como requisitos indispensables para el desarrollo de la economía y con ella de los derechos internacionalmente reconocidos  a los Seres Humanos por el hecho de serlo.

Así pues tenemos dos polos en España que parecen no haber alcanzado una sincera reconciliación. Dos visiones que retornan, o tienden a retornar, para encontrar en el pasado señas donde recuperar su identidad y su pujanza pasada. Y si para ello es preciso realizar una re-lectura de la Historia a ello se aprestan de manera independiente marginando al adversario político e impulsando su “visión” en un continuo devenir de estrategias concebidas  para que los planes de “visión” de unos se frustren y viceversa. Han pasado los primeros cuarenta años de la restauración democrática y no se visualiza, de manera institucionalizada – con grandes actos Institucionales, civiles y militares (estos últimos, militares, sólo realmente posibles en un marco de sincera reconciliación histórica) – el gran logro conseguido por la sociedad española, porque realmente es un gran logro que parece que pasará desapercibido, en medio de un relevo político generacional que en vez de haber servido para reconocer esos hitos, vislumbrar las carencias o defectos observados y relanzar el sistema democrático desde una nueva visión regeneradora en objetivos y valores democráticos parece limitarse a seguir el juego de rivalidades que yacen en el pasado, en una continuidad que deja la “reconciliación sincera” aparcada “in tempore”. Extraña política me resulta aquella que no es capaz de encontrar los verdaderos puntos de encuentro con el adversario con el fin de generar un juego democrático en el que los ciudadanos siempre salgan ganando aunque se consideren en la oposición. Extraña política me resulta aquella que, por sus déficits permite el ascenso de extremos radicalizados que dicen poseer Verdades absolutas y estar dispuestas a imponerlas como al principio de los años veinte. Y más extraño me resulta que después de la experiencia de los cuarenta años de restauración democrática exista entre los conservadores españoles una “reserva” hacia la democracia (ya expresada en la votación de la Constitución) por la que se permiten el “lujo” de tener siempre una “puerta bien abierta” para abjurar del sistema democrático y que se muestra, abiertamente, cuando en sectores militares se defiende la figura del General Franco a propósito del deseo del Gobierno de trasladar la tumba del Dictador.

No parece que haya concesiones por ninguna de las partes. De un lado no se pacta con el adversario una Ley que sirva de verdadera reconciliación (el adversario se opone); y cuando el adversario ofrece una posibilidad de diálogo también se rechaza (probablemente en razones de mantener la iniciativa y liderazgo político). El interés general debieran ser los españoles en su conjunto, pero estas cuestiones del “tempo político” de “marcarle los tiempos” a los adversarios se impone a ese interés que debiera ser general y estar por encima de la lucha partidista en ciertas ocasiones. Parecen ambos, derechas e izquierdas, perder lo genuino y la razón de ser de ellos mismos si acabaran por llegar a un acuerdo en estos asuntos de la reconciliación. Parece existir un grupo de gentes que siguen sin concebir que la Verdad, de existir, se hallara en un entorno compartido con el adversario; pero tengo la sospecha de que la rivalidad obedece más a la existencia de “francotiradores” aún ocultos en lo más profundo del Estado que están convencidos de poseer la Verdad Absoluta y que son capaces de “imponerla” – al margen de los procedimientos democráticos – en cuanto la ocasión le es propicia y que siempre se hallan a salvo de los controles constitucionales; a veces creo que aquello “oculto” que creó la dictadura para controlar a la sociedad aún persiste a pesar de los cuarenta años transcurridos y sobrevive “remozado” (como ese General en la reserva que después de haber servido a nuestro sistema democrático, en las más altas responsabilidades de seguridad del Estado, se desvela admirador de Franco, lamentable realidad que pone en duda procedimientos y formas dentro de un lenguaje perfectamente Constitucional y aparentemente democrático. Sin embargo, dudo que nadie considere que deba de perder el tiempo en un entretenimiento de semejante envergadura respondiendo a la cuestión que sugiere este mando retirado en la reserva: ¿Cómo afecta al Estado Democrático el liderato de Altos Mandos que admiran a un Dictador del propio país en la Alta Seguridad del Estado?, y sobre todo las consecuencias: ¿Se transmite ese talante a los mandos subordinados o a otras estructuras de mando en la seguridad del Estado Democrático? Y sobre todo la última pregunta a tenor de lo revelado por Arzallus en un programa de “memoria política” en el que veteranos políticos de la restauración vienen hablando de su experiencia en el Parlamento y que señalaba la potestad que se reservó el Ejército en la integridad del Estado: En ese ejercicio de seguridad ¿Hasta dónde llega el Ejército? ¿Los controles que recibirían esas acciones están sujetas a control democrático? ¿Es un derecho reservado al Ejército sin control del Ejecutivo? ¿Es directamente el Rey quien controla esas presumibles acciones? (en Francia era Mitterrand quien controlaba las acciones de seguridad, o al menos así se señaló cuando atacaron al barco insignia de “Greenpeace” los buceadores de los servicios secretos franceses - todo ello a no ser que nos mientan a todos y los servicios secretos europeos vengan funcionando autónomamente respecto de sus legítimos gobiernos democráticos y constitucionales, algo que pudiera sugerir el reciente problema en Alemania con la súbita destitución de un alto responsable de la seguridad) ¿Es por ello, como insinúa Arzallus, que se pudieron poner obstáculos para que el PNV no pudiera votar favorablemente la Constitución?). Realmente no me gusta hablar del PNV de Arzallus (y su extraño signo nacionalista RH negativo) y lo tristemente ocurrido en Euskadi, que bien parece una verdadera trampa para tener bien atado al nacionalismo vasco y que viene a resultar, una vez “desanudada” ETA, que nos “hacen emerger” el actual “chandrío” catalán. Y en vez de buscar fórmulas que, en la organización del Estado, nos alejen de la idea del Nacionalismo, de las Naciones, etc… parecemos todos girar hacia la misma deriva del objetivo de encontrar nuestras raíces en mitos Nacionalistas, como si el camino trazado, aun viéndolo nefasto y desintegrador, fuera una nueva oportunidad política que ofrecer a los ciudadanos y con la que asediar al Estado Central y con ello a cualquier Gobierno de la Nación. (Siempre me gustaría apostar por el hecho de que la identidad perteneciera a las ciudades y a los pueblos de España, de uno en uno – desde allí cada cual busque su mitos y los promueva por bien de la cultura, el folklore y el turismo -, estructurados, dentro del Estado, en “unidades territoriales naturales” y no históricas (pues la Historia se interpreta en cada Nación según conviene a sus intereses coyunturales, pero una Entidad Territorial Natural tiene unos parámetros medibles y previsibles que resultan de fácil evaluación económica y que promueven la cooperación entre ciudades y pueblos para su conservación y desarrollo; y además no son causa de conflictos en razón de mitos o fronteras o predestinaciones divinas o provenientes de la sangre de un (o una) monarca o de la legitimidad de la estirpe real o de su descendencia).

Resolver esa cuestión pendiente de la plena y sincera “reconciliación” sería abrir la puerta de “par en par” a la Democracia y cerrar la “otra”, la de la cierta “legitimidad” de la Dictadura del General Franco – tal vez entonces viéramos si las posiciones franquistas, y que ahora se muestran en abierta crítica al sistema democrático acusándolo precisamente de no serlo a su “gusto” a causa del “Valle de los Caídos”, se alarmaran señalando una “rendición” de los conservadores a las izquierdas, como señal de “rojerío” generalizado en el “sistema”. Veríamos entonces que lo que ellos entienden por Democracia es el permanente Gobierno de los Conservadores – como mal menor de un sistema democrático; cualquier otra cosa es “rojerío”. Se me antojaría señal inequívoca de “alarma” de quienes creen seguir teniendo de rehenes a las Derechas, rehenes de una deuda histórica que nunca podrán terminar de pagar completamente. Una reconciliación de esa envergadura llevaría aparejada una lealtad de pleno y sumisión efectiva de todos los poderes del Estado a los Gobiernos legítimos, sin excepciones ni lugares con paréntesis que no puedan ser explicados a la opinión pública o a los ciudadanos. Se me antoja, ahora que lo escribo, trayecto realmente difícil y casi imposible, pues siempre habrá, como parece que hubo en el pasado más o menos reciente, quien apueste por la formula de tenernos enfrentados, realmente enfrentados  – al menos a nivel político – como fórmula para “controlar” al poder político (también enfrentado entre sí). Este parece ser el signo de España, a diferencia creo, (al menos esa es mi esperanza), de otros países que supieron ser sumisos a sus Constituciones y a sus Democracias.  Esa parece ser la verdadera división existente en España, una parte de ella no termina de creer plenamente en la Democracia ni aunque gobierne y, a la vez, va emergiendo, otra de signo contrario que piensa que la Democracia verdadera es excluyente – les sobran todos y se bastan ellos solos para interpretar el Estado y a sus ciudadanos (los que no estén de acuerdo a la cárcel o al exilio). 
Creo que el diseño del Estado que aparece en la Constitución es el apropiado para un Estado que ha pasado por una Guerra Civil en las circunstancias en que se pasó ese episodio (y creo que fue diseñada con mucha inteligencia; y creo que la Monarquía está cumpliendo con creces las expectativas que se pusieron en ella – los réditos que nos trajo son muy superiores al “debe” que se pudiera objetar – y el sucesor “sólo” tiene que mantener el “equilibrio” y la “templanza” necesaria ante el ímpetu de la estrategia republicana, encabezada en Catalunya, pero estratégicamente diseñada, así me lo parece, en el resto de la península. (La forma republicana siempre nos sentó malamente y nos trajo nefastas consecuencias; de ella ya poseemos en la Constitución sus principios y sus valores; pero hay quienes insisten. Los adversarios de la democracia y/o de la estabilidad democrática parecen hallarse en cualquier lugar insospechado … lamentable).