Miguel Ángel Ibáñez Gómez - maiges_ps@hotmail.com

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sábado, 10 de septiembre de 2016

El Fin de la Historia (II)


       Queda aún ahondar más en la naturaleza de la inteligencia humana como fundamento de la vida espiritual que no debe quedar al margen de esa globalización que es precisa para construir una paz permanente en nuestro planeta. Ello lo abordaré, en esta ocasión, desde la visión del origen de esa inteligencia, realizando aproximaciones a las mismas desde todas las vertientes conocidas o divulgadas y sostenidas en hipótesis por la ciencia. Esa es la tarea de este segundo artículo.
Concebir cómo nace la inteligencia, y aún más, la conciencia de tener inteligencia, es una tarea especulativa, pero no por ello deja de ser interesante pues con ello no hacemos otra cosa que acercarnos a reflexiones que es bueno que hagamos nosotros mismos, o que seamos inducidas a ellas, para no dejar todo en manos científicas, pues aunque estas reflexiones de los científicos pueden resultar estimulantes (y casi siempre tomamos por ciertas), rara vez entran en los complejos terrenos del origen de la propia inteligencia, siendo reticentes a entrar en lo esencial de ello, pues resulta terreno inseguro y pantanoso que invita a poner en duda que exista verdadera base científica en el origen de ciertos conocimientos que todos damos por sentados que se poseen, cuando en realidad son una incógnita nunca despejada. Cuando entramos en terrenos del origen de las cosas, y en especial de la inteligencia y de la consciencia de la inteligencia, la ciencia se evade y se remite a las creencias sostenidas por nuestra cultura cristiana en la que se disuelven cualquier fundamento científico por carecer de evidencia alguna al respecto. A lo sumo enumera todas las simbologías existentes sobre el inicio de la vida que existen en las culturas religiosas conocidas, pero sin poder demostrar veracidad alguna en ellas, pues la Ciencia es incapaz de crear vida a partir de la no vida, y mucho menos promover un sistema de evolución, a partir de la no vida, que ratifique todas las hipótesis que sostenemos sobre la teoría de la evolución, pues lo único que podemos hacer es constatar que esa teoría de la evolución parece evidente y nosotros, como humanos, seríamos la máxima expresión de la misma en el planeta Tierra. Así pues, cuando nos remiten a la Biblia o a textos religiosos, que constituyen el punto común de las tres religiones monoteístas sobre las cuales se ha construido nuestra sociedad global, sólo tenemos dos opciones frente a esos datos: O tomarlos literalmente como ciertos o tomarlos como simbólicos. Pero al ser los textos constituidos y escritos por personas que no vieron tales orígenes, ni poseyeron textos previos a los que se refirieran y de los cuales se constituyeran para crear, con su pensamiento y reflexión, uno nuevo que consideraran más adecuado, por razones que no podemos entender con claridad, pues no vivimos ni conocimos las razones que les llevaran a escribirlos, o a realizar dichos relatos del origen del mundo, y tampoco sabemos si lo hicieron pensando en la ingenuidad de las personas o encriptaron en los mismos mensajes por descodificar – como otros aseguran. Así pues, parece, a primera vista, que esos textos son una explicación sencilla que responde eficazmente a una pregunta esencial que todo ser humano se ha de realizar para constituirse como entidad social: Qué soy? Y para responder a esa pregunta resulta implícito responderse también la pregunta contigua (si soy un ser humano….) De dónde vengo? …..Y a continuación la pregunta evidente y consiguiente es : Adónde voy?. A todas esas preguntas respondió durante milenios las religiones de todo el mundo con la finalidad de constituir la sociedad humana. Ese era su papel: Hacer que el Ser Humano tuviera un sentido en su vida en la Tierra, por lo cual había que responder a todas esas cuestiones con rotundidad, y cuando esta no era posible pues la evidencia de la propia experiencia personal se ponía en cuestión, se apelaba a la Fe de la bondad del misterio que existe y que no se puede desvelar, con la finalidad de mantener la propia Fe en el destino vital.
En todo este asunto la Ciencia acaba por emerger en una lucha con la Iglesia para encajar lo aparente con lo real, en un proceso de evolución científica tutela y promovida por la propia Iglesia – pues es la Iglesia quien tiene en su poder todo el conocimiento de la humanidad que se han conservado en sus bibliotecas, por lo que son los propios servidores de la Iglesia los que se van sorprendiendo de lo que van descubriendo en textos antiguos y que verifican con solo mirar el cielo: Lo que parece real es apariencia, y lo real se esconde y es velado por las apariencias. La Iglesia sostiene tener el conocimiento perfecto, pues este conocimiento le ha sido revelado por Dios (la propia reflexión profunda revela el entorno de la Verdad y la dirección de esta), por lo que toda revelación científica debe pasar el filtro de la Verdad Revelada, y por lo tanto, hasta que no pase tal filtro, a lo sumo, solo puede expresarse en forma de hipótesis acompañada de la preceptiva sumisión a los poseedores de la verdadera Verdad (La propia Iglesia). Y es Descartes el que inicia el arriesgado camino de pensar desligadamente de la Iglesia, para lo cual se traslada de Francia a los Países Bajos – en donde la tolerancia es mayor – pues su propósito (después de ser formado por los Jesuítas) no es otro que elevar a nivel científico lo que ya es normal y evidente en la gente común: Lo Evidente de lo Evidente. Pues en las universidades religiosas andan atemorizados cualquiera que quiera expresar algo diferente a lo sostenido por dogma, por lo que cualquier tipo de exposición de hipótesis, por muy fundada que fuera y aún sometida y sumisa al tamiz de lo que la Verdad Revelada pudiera expresar, se corría, aparentemente, el riesgo de entrar en terrenos de herejía que pudieran acabar con la protección social de la persona que los formulara. De ahí que los pensadores y filósofos fueran andando errantes por los países europeos buscando, siempre que les era posible, la protección, aunque fuera temporal, de una Corte Europea a cambio de darles cultura, brillo y lustro a las regias personas que representaban el poder terrenal. En aquel tiempo era la Iglesia la mantenedora universal de la Fe, que a la definitiva no es otra cosa que la Fe que existe en cada ser humano y que le permite levantarse cada mañana para realizar su tarea y enfrentarse con la vida; por lo que asegurar a las gentes que la Tierra, por ejemplo, era redonda no era una cuestión cualquiera, pues la evidencia no es otra que la de ser plana; y siendo plana nadie puede vivir en nuestras antípodas sin caerse al infinito espacio en caída interminable. Así pues, explicar que la Tierra giraba alrededor del Sol no solo era tarea compleja, sino peligrosa, pues se cuestionaba lo que la gente daba por cierto. Aún más, pues si hubiera gente que aceptara la evidencia de la redondez de la Tierra el problema estribaba en que siempre deberíamos ser centro de creación, para que nuestras vidas tuvieran sentido, ya en que en caso contrario, girar alrededor del Sol (cuerpo sin vida) qué sentido tiene.  No piensen los que me lean que esto está solucionado, pues no solo parece que giremos alrededor del Sol, sino que éste parece tener hermano invisible con quien gira (ya apuntado por los científicos), pero más perturbador es saber que estamos en una galaxia cuyo centro es un inmenso agujero negro que con el tiempo engullirá a nuestro sistema solar (si no hay cataclismo previo, o el Sol implosiona…. O vaya Ud a saber). A la definitiva: Que la Ciencia se acaba por abrir paso, no por Copérnico y su valor (pues parece temer tanto a la Iglesia que pide publicar sus conclusiones un años después de muerto, tal vez como últimas voluntades que hagan poder tener consideración especial con el impresor al que encomienda la tarea (con la finalidad de que este no pague los platos rotos de la temeraria herejía de hombre, por otro lado, religioso, como lo era Copérnico); pero en medio se mete Galileo, quien a la definitiva es quien los paga, pero así permite que la teoría Coperniquiana sea divulgada y conocida burlando los sistemas de censura eclesiástica, pues el juicio es sonado y el gesto de humillación promovido por la Iglesia no deja dudas de lo que hará con el próximo experimentador temerario que se atreva a opinar sin el debido recato, sumisión y aceptación del reproche pertinente si lo asegurado va contra dogma.
La ciencia gana la batalla, a la definitiva, no hace mucho; realmente poco, cuando el materialismo Científico se constituye en la rama más cómoda porque permite que la Ciencia, en ese entorno de la materia, explore a su antojo y exponga lo que desea sin más límite que el Método Científico (o sea: Siga un procedimiento que todos podamos seguir para demostrar que su teoría, a la que todos podemos acceder, es cierta). Que es un método experimental, basado en la experiencia a la que todos podemos acceder. (De ahí que yo sostenga como prueba de la existencia divina que todos podemos rezar, y de hecho lo hacemos constantemente cuando pensamos y dialogamos con nosotros mismos y de ese diálogo obtenemos conclusiones y respuestas de acuerdo o concordes a la disposición de los términos y propósitos del diálogo sostenido. Y que prueba que todos rezamos espontáneamente y que si lo hacemos con determinada disposición obtenemos respuestas idóneas a nuestras preguntas, tal vez no inmediatamente, pero sí las obtenemos (ser o no ser escuchado por Dios).
Ante la evidencia de la victoria Científica y sus logros (que no son más que verdaderos milagros hechos por la mente humana y su tecnología y edificio de leyes expresadas en números y ecuaciones), la Iglesia cede el paso, pero asegurando que: La Ciencia no llegará a otra conclusión que la sostenida por la Verdad Revelada, por lo que la Iglesia es garante del sostenimiento último de la Fe.  Y ante la potencia de la seducción de la tecnología la Iglesia acaba por abrir más sus brazos y hacerse más universal aún - y Juan XXIII, ante las disputas de cuál es la Fe verdadera o más conveniente afirma ante el crecimiento de un mundo cada vez más ateo y seducido por los milagros de la ciencia: Que cada cual con su Fe se salve).  Y la Ciencia acaba por tomar el relevo de la Iglesia en el sostenimiento de la Fe, y se erige como depositaria del saber universal de la Humanidad, pues se ha dividido y constituido en un conjunto de ciencias que exploran todo tipo de conocimientos por medio del Método Científico (método experimental) al cual todos pueden acceder para comprobar sus hipótesis, axiomas, certezas y teorías que constituyen el edificio de la Ciencia y el soporte de los avances tecnológicos de la humanidad. La Ciencia no es otra cosa que La Verdad. Y es cierto; prueben a realizar una pregunta a cualquier científico en su saber y la tendencia general es que (sobre lo que él sabe) solo hay verdad (a no ser que sea investigador, pues en el entorno de la investigación el motor es la pulsación entre la certeza y la duda). De alguna manera la Universidad adopta la forma exacta de la Iglesia, pues es la Iglesia quien la constituye, y en todo se parece; y a la definitiva su estructura interna y la que se expresa a los ciudadanos en las ramas que le afecta es similar (buscando, por medio de los doctorados la experiencia necesaria de experimentar el hecho de investigar; y este hecho está al alcance de todos nosotros por el mero hecho de tener mente e inteligencia para pensar; por lo cual, estando al alcance de todos, por medio de los sistemas informáticos, la capacidad de obtener información teórica de cualquier rama del saber y abundancia de libros técnicos a disposición en librerías, propongo a cualquiera que desea hacer su propia experiencia científica que intente responderse a una pregunta sencilla que siempre se cuestionó y que pudiera haber afectado a su ánimo de manera sustancial para que, a partir de ahí, realice una tesis de salida, apoyándose en cualquier circunstancia de duda en los textos que a su disposición tiene o puede adquirir, para a partir de ahí formular su propia tesis personal basada en un procedimiento de experiencia en el conocimiento. Ello le llevará años, pero los frutos, aunque pudieran ser cuestionados, le permitirán asentarse sobre una cuestión incuestionable: Su propia experiencia sobre la Verdad; y ello tiene un valor inestimable para cualquiera que se atreva en ese reto). Dicho todo esto entramos en el terreno de nuestro propósito, que no era otro que reflexionar sobre el origen de la inteligencia.
No conozco ningún texto científico que entre en este terreno del origen de la inteligencia. Lo más que recuerdo es un intento de explicar el origen de la vida, en el cuál se remiten a un caldo primigenio (supongamos que fueran los mares primitivos inertes y sin vida) en el cual aparece la vida (¿). Y a partir de ahí el proceso evolutivo que da como solución optima y excepcional al Ser Humano (cualidad animal conocida, en todas las culturas y con diferentes nombres como El Hombre, pues el Hombre es consciente de su inteligencia y de su capacidad de organización para sobrevivir a cualquier circunstancia natural de una u otra manera y de enseñorearse sobre cualquier animal – pues los animales tienden a temer al Hombre). La pregunta sobre el origen de la vida se centró, en un principio en el planeta Tierra, pues se concebía que sólo en la Tierra se había expresado la vida; posteriormente se trabaja con la idea de que la vida llegara a la Tierra por medio de algún meteorito que la golpeara y que portara vida latente en él, suficiente para infestar la tierra de vida. Esta idea, como muchas de las ideas científicas, se adquieren bajo la idea de emulación de los fenómenos de la Naturaleza, y parece extraída del hecho de que el óvulo es impactado por el espermatozoide (que viene de otra entidad lejana) y hace posible la vida del ovocito, y este ovocito evoluciona hasta generar un embrión que da lugar al feto… etc. Esta idea de emular fenómenos de la naturaleza se adquiere, al parecer, porque se considera, de alguna manera, que los fenómenos que se dan a nivel local son expresión o parecidos a los que se dan a nivel universal; por lo que es más fácil este tipo de explicaciones que otras. El óvulo sería la Tierra, la matriz el espacio que la contiene, y la fuente que la madura hasta permitir su fertilidad inicial El Sol y el espermatozoide el meteorito que llega de lejos, o la propia Luna que golpea la Tierra y se queda en su entorno…. o teoría similar(No es nueva esta analogía, ya en textos antiguos se aseguraba que el Paraíso, regado por cuatro ríos y señalado en Mesopotamia no era otra cosa que el feto humano alimentado por las cuatro arterias que le sostienen con vida). Así pues, nuestra mente, al formular teorías, rara vez puede inventar, pues es incapaz de crear en el sentido estricto, a lo sumo junta imágenes conocidas cambiándoles su disposición para generar la ilusión de algo nuevo, pero a la definitiva solo puede trabajar con la que, de una u otra manera, ya conoce.
Fuera así, como lo especula la ciencia; o fuera un huevo cósmico original, como aseguran otras religiones, de manera simbólica, se genera la vida. Pero entremos en detalles.
Imaginemos el caldo primigenio, ese caldo señalado por los científicos, en el que no hay vida, pero sí calor y luz del Sol (hay que recordar que el Sol contiene toda la gama de radiaciones conocida por el ser humano) y de la propia Tierra. Y de esa combinación, o por impacto (inerte, sin vida de bacterias en estado latente) de un meteorito o de otro cualquier fenómeno, se produce la necesidad, en un ente, de conservar la energía solar en forma de proteína o aminoácido (¿). La pregunta es clara. Para qué esa necesidad? Pues si bien parece claro que una vez constituida una célula sencilla - con su membrana y su vacuolas, y orgánulos – el impulso vital de sobrevivir es el que determina su reproducción, su multiplicación y la complejidad que de esa vida deriva (es decir: una célula que precisara de la luz del sol para vivir en el mar buscaría por sí misma el movimiento para nutrirse del Sol dando origen, en un proceso más o menos largo, de la aparición de cilios que le dan movimiento y así sucesivamente todo tipo de órganos especializados y complejos; porque entendemos que ya es voluntad de vivir, sea la célula consciente de ello o no; por lo que busca su supervivencia en el mejor medio. Pero cómo se llega a ello? Cómo se llega a necesitar vivir? O a tener Vida? Qué misterio hace posible que materia inerte tenga consciencia de vida y voluntad de vivir, aunque sea por unas milésimas de segundo que dan lugar ya, de por sí, a un proceso de mejora y de adaptación al medio para constituirse en vida más estable. No nos queda otro referente que el Bíblico para poder atenernos a algo (pues hemos dicho que los humanos no somos capaces de crear nada, sino de evocar consciente o inconscientemente fenómenos que ya conocemos y que portamos en nuestro ser, y en nuestra consciencia y mente, como producto de la evolución de millones de años de la vida en la Tierra); es decir: por muy complejo que sea nuestro sistema corporal y nuestra mente, todo ello comienza, según la teoría evolutiva, desde una célula, por lo que todo lo que somos como seres humanos ya estaba contenido, en potencia, en esa célula primigenia que tiene vida y voluntad de vivir, pues es la voluntad de vivir lo que le permite evolucionar y especializarse en tejidos formando órganos complejos y seres superiores. Pero como sabemos que también existen seres unicelulares o pluricelulares capaces de vivir en entornos anaerobios (sin aire) y sin luz, ¿Por qué pensar que antes de que el Sol madurara la Tierra no hubiera ya seres unicelulares desarrollados en esos entornos más adversos que ahora conocemos? Como he dicho solo nos queda la referencia bíblica; y la biblia dice que fue el soplo divino quien da vida al ser humano; y considerando que la vida de cualquier ser vivo en esencia es voluntad de vivir y en ello pone todo su esfuerzo (sea animal o vegetal) el soplo fue necesario para todo ser vivo que comenzara con el primer escalón: Constituir una célula estable y, previamente, un fenómeno derivado de un “soplo” que no es otra cosa que “voluntad” de vivir. Es decir: Lo primero es la Voluntad de vivir que hace posible Ser vida (o tener consciencia de vida) y al ser consciencia de vida el segundo proceso es conservarla, es decir, tener consciencia de perderla, saber que se es y se puede dejar de ser, por lo cual se disponen todas las energías del organismo sencillo en constituir reservas de energía para seguir siendo vida. Imaginemos que en un caldo primigenio cuando sale el Sol por el horizonte se crea vida y cuando se pone esa vida muere, y así sucesivamente día tras día; pero que existe un entorno de frontera en la Tierra donde el Sol se pone sólo unos minutos, por lo que hay células que sobreviven a la pequeña noche y en ellas nacen el deseo de vivir; y ello posibilita la voluntad de que las células, en vez de usar toda la energía que reciben del Sol para vivir y sentir la vida, empiecen a acumular en forma de orgánulos y proteínas para sobrevivir un día más. Y que consiguiendo ello pretendan transmitir ese mensaje a nuevas células que nacen de sí mismas (división celular) por lo que se constituyen las primeras cadenas de ADN que son la base de la transmisión genética. Ya tenemos todo el proceso de la vida diseñado para evolucionar hasta nuestros días; pues la magnitud de la evolución de los seres vivos hace el milagro de concebir un cerebro capaz de recoger información del entorno para procesarla con el fin de protegerse la vida y nutrirse y reproducirse de una manera activa (es decir, sin la pasividad del mundo vegetal). Pero seguimos sin saber dónde empieza el hecho de vivir y sentir la vida.
¿Qué es el soplo divino? SI hemos dicho que Dios no es otra cosa que inteligencia en sí, tal vez podremos decir que la inteligencia en sí es vida ya de por sí, aunque sea incorpórea. Basta que la inteligencia diga de sí misma: Yo Soy, para tener vida. Y si la inteligencia dice de sí: Soy vida y a continuación se da cuenta de que lo es, no temerá tal situación por novedosa y generará un proceso de evolución de sí misma? (esto es lo que afirman algunas ideas religiosas que explican el origen de la vida). ¿La inteligencia es vida o es luz de vida? Aquí tendríamos que entrar en un concepto más profundo. Para que la vida no se asuste de sí misma precisa Amor (ello parece un requisito imprescindible, al menos en los mamíferos). ¿Qué es el Amor? Aquí podríamos entrar en la idea que la palabra Amor contiene y que no es otra que la de calor (Ven al Amor del Fuego; Estar en la Gloria – que era un sistema de calefacción en tiempos de los romanos; Te Amo – que es, entre otras cosas, espachurrarte a besos y a abrazos, y si te descuidas comerte, si eres niño, pues ese es el amor animal de los mamíferos y así lo expresamos los adultos: Te comería a besos). Así que la inteligencia es una manifestación de divinidad que se completaría, en su perfección, con el acceso a la sabiduría y el Amor. Cabe recordar la evocación que realiza Sánchez Dragó en Gargoris y Habidis cuando se refiere al pasaje en que obispos cristianos son llevados a las pirámides para que vean unos dibujos y estos extraen la idea de que el Sol no es una representación de Cristo, como les habían sugerido, sino el mismo Cristo. Tremenda la conclusión; pero si consideramos al Amor como el calor y la luz del Sol que contienen toda la gama de radiaciones que se conocen en el universo, y no existiendo la materia – como aseguran los físicos, si no un estado vibratorio de los átomos – entramos en el terreno más inseguro posible: La Vida puede estar implícita en la manifestación de energía del Sol (toma ya!!! – les aseguro que no ha sido a propósito esta afirmación, ha venido sola).  Ya hemos de señalar que desde antiguo ya se afirmaba que la teoría de la luz también es corpuscular. Ahí puede estar la clave de la vida. Cómo es posible que sea corpuscular (corpus – cuerpo) y que viniendo los corpúsculos con el viento solar (Soplo Divino o Espíritu Santo?) se mezclara con la “sopa primigenia” dando lugar a la vida. (No queda mal verdad?)
Así que encontramos que remontarnos al origen de la vida es tarea imposible. Pues de la nada no puede salir algo (Así lo demuestran la teoría científica; o el viejo dicho popular: Donde no hay mata no hay patata – aunque a veces hay sorpresas). Y sin embargo, si nos remontamos al inicio del Todo, entramos en la Teoría del Big Bang, en donde todo el Universo contraído en un punto infinitesimal (La Nada) explota o implota dando lugar a todo, incluida la vida. Por lo que si de la nada no puede salir algo, en el punto infinitesimal previo al big bang ya se haya la inteligencia, la sabiduría y el Amor que los humanos representamos, y que dan origen a toda ley universal que hace posible la vida y la consciencia de la vida tal y como la conocemos. Es decir, la vida está latente en el proceso de formación del Universo, durante millones y millones de años hasta que se concreta y toma cuerpo; por consiguiente existe vida incorpórea también, que es la que hace posible la vida corpórea. Y como nada se crea ni se destruye, la vida tampoco, se destruye el soporte vital pero no la vida, pues esta siempre es la misma (unas veces limitada por el cuerpo y otras no). Y si la vida es voluntad (cuando es corpórea), es decir: Consciencia de Ser (Yo Soy) y Voluntad de seguir siendo (El que Soy), por simetría – que es condición universal de la existencia – existe vida que es incorpórea y Es con voluntad de Ser. Y esa vida no es otra que la que existe por simetría a la vida vivida por los seres vivos y que se haya en un lugar incorpóreo, al igual que la inteligencia o la sabiduría o el Amor, del que solo podemos constatar sus efectos.
Aceptemos que no podemos acercarnos al origen de la vida sin perder el hilo de la continuidad – pero no solo yo, les transpongo una cita del origen que he visto en Wikipedia, donde pueden observar que todo el mundo da un salto cuando hay que hablar de cómo empieza la vida (incluso los científicos), sin que por ello se ruboricen ni pierda fortaleza la estructura científica:
La aparición del primer organismo vivo sobre la Tierra suele asociarse al nacimiento de la primera célula. Si bien existen muchas hipótesis que especulan cómo ocurrió, usualmente se describe que el proceso se inició gracias a la transformación de moléculas inorgánicas en orgánicas bajo unas condiciones ambientales adecuadas; tras esto, dichas biomoléculas se asociaron dando lugar a entes complejos capaces de autorreplicarse.
Si leen la frase completa y luego se detienen en lo subrarrayado por mí, entenderán que la afirmación tiene más de discurso político que científico: suele asociarse…., existen muchas hipótesis…., , usualmente se describe…., ( Atentos aquí viene la afirmación sin pruebas científicas que acabamos tomado por cierta: se inició gracias a la transformación de moléculas inorgánicas en orgánicas, bajo unas condiciones ambientales adecuadas.
Si los científicos pudieran reproducir o crear de lo inorgánico lo orgánico y desde ahí generar vida de la nada estaríamos ante dioses, pero de qué serviría ello más que para explicar que la vida surge, aunque siguen sin saber cómo; mejor dedicarse a seres ya vivos y complejos y a modificar el ADN a ver si de ello sale algo interesante y vendible (como ya ocurre con el material genéticamente modificado en vegetales, que ha motivado la creación del primer banco de protección genética vegetal en algún país nórdico con el fin de que los EEUU no acaben por esterilizar todas las plantas que nos sirven de base de nutrición o para industria, con la finalidad de cobrarnos en el futuro por todo al precio que quieran) (atentos al dato pues no hay quien los pare).
Así pues, el origen de TODO se afronta desde la especulación hipotética de la Ciencia, y esta está sometida a revisión en cuanto un descubrimiento obliga a revisar todo el contenido de los axiomas sostenidos hasta el momento. Es tal el debate, y de tal magnitud, que somos excluidos del mismo en muchas ocasiones, pues la envergadura de los cambios son de tal magnitud que se entra, directamente, en la filosofía más empírica (y de ciencia ficción) que pueda cualquier persona común imaginar. Escenario fascinante, pero que se da en ramas de la ciencia tan prácticas y cotidianas que nos parece imposible que estén sujetas a tanta especulación como son las matemáticas (la ciencia de las proporciones) y la física (la ciencia que explica la materia). Por lo que su transposición a nuestras vidas cotidianas como verdades científicas no haría otra cosa que dejar a la humanidad en el aire, sin lugar donde posarse para construirse una idea segura de quiénes somos y a donde vamos y con qué fin.
Por todo ello se cumple la predicción que realizó la Iglesia: Sus conclusiones científicas no pueden ser otras que las que nosotros poseemos por Revelación; por lo cual, la Ciencia oficial pugna por que se sostenga la Fe en ella a pesar de lo que los “exploradores” científicos (que no son otros que los nuevos Galileos, Copérnicos, Newton, Descartes….) están poniendo sobre la mesa cuestionando esa Fe.
Así mismo, si entramos de pleno en la rama de la ciencia de la Historia, nos encontraremos que si retrocedemos hacia el pasado todo se desvanece, también, en teorías e hipótesis a falta de documentos sólidos en los que apoyarse; y además, si algo no encaja con la idea fija que sostiene la Humanidad Científica (que es idea religiosa) de que somos la primera civilización humana sobre la Tierra, se aparta como rareza y se le da una explicación “política” carente de toda consistencia científica (Así que sostener que lo único cierto es la materia acaba por ser insostenible y aparecer como falsa apariencia a la que se agarra la Ciencia como clavo ardiendo, pues nada ya le queda sino rendirse a la evidencia que el mundo de lo intangible (lo espiritual) es tan real o mas que la propia materia, pues pude, a la definitiva provenir la materia de aquello que no tiene materia). A las adversidades que aparecen se les da cualquier explicación arbitraria y se les resta importancia. Y ello es necesario en el sentido de que la Ciencia se ha convertido en nuestra nueva religión; religión materialista que tiene que apelar, en última instancia, a ideas difusas para sostenerse. Es la incesante búsqueda de la Verdad conveniente. Y la maldición, así suena la admonición de la Iglesia cuando esta le deja espacio social para que sostenga la Fe de la gente, suena más a maldición que a otra cosa, pues se ve en la necesidad, la Ciencia, de sostenerse a sí misma en cualquier circunstancia o adversidad que se presente cuando se utilizan métodos científicos para someterla a la propia Ciencia a un control de calidad. De ese control solo se salvan los exploradores cuando actúan por el bien de la humanidad (aunque estén a sueldo de multinacionales) y los que orientan su capacidad y conocimientos hacia el bienestar de la gente común (que son, aunque sean humildes, los verdaderos sabios de la Ciencia).
Sabemos que cuando los científicos profundizan en sus conocimientos, en cualquier rama del saber, entran en el terreno de la filosofía: Sean médicos, arquitectos, juristas, políticos, físicos, químicos, matemáticos…. Y allí conectan en ideas y conceptos con los filósofos de toda la vida y enlazan, a su vez todos, con la filosofía de las religiones de todo tiempo y lugar. Y siendo la filosofía el mundo etéreo de las ideas, que no tienen cuerpo sino lógica (de logos), siendo todo ello un lugar no medible ni papable con instrumentos físicos; entramos, directamente, en el terreno que escapa al materialismo científico para compartirlo con el mundo espiritual.
Hemos entrado de nuevo en el terreno de la bondad para referirnos a la idea de mundo futuro o presente previsiblemente positivo, pues no cabe otra concepción posible ni de la espiritualidad ni de la ciencia, y fuera de ella todo es conceptos terrenales de poder y supremacía que se concretan en pugnas por control de la economía y consecuentemente imposición de criterios por la fuerza.
Así pues, el nuevo espacio es el de la tolerancia, incluso de las ciencias y de los científicos, y del respeto profundo a la gente, pues a falta de verdades absolutas –nadie posee más que certezas - que han de ser aplicadas desde la bondad y la fortaleza respetuosa de la Fe, Fe que todos poseemos y que debe de ser respetada y  nunca combatida, pues es nuestra Fe, nuestra propia Fe y nadie, ni siquiera la Ciencia, tiene derecho alguno a inferir en ella.

Nota: Quiero expresar, nuevamente, mi agradecimiento al PSOE pues siempre defendí que los libres pensadores deberían ser acogidos y amparados por el Socialismo español como fuente de pluralidad de pensamiento , y que expresa, con firmeza, el respaldo al ejercicio del derecho a la libre expresión. Ello no es otra cosa que expresar confianza en su propia gente y en la gente que representa: Gente común del día a día que, a pesar de cualquier dificultad, tiene Fe en que saldrá adelante opine como opine, difiera como difiera, pues siempre habrá un partido dispuesto a ofrecerse como amparo de la libertad de aquellos que quieren el bien común.  

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