Queda aún
ahondar más en la naturaleza de la inteligencia humana como fundamento de la
vida espiritual que no debe quedar al margen de esa globalización que es
precisa para construir una paz permanente en nuestro planeta. Ello lo abordaré,
en esta ocasión, desde la visión del origen de esa inteligencia, realizando
aproximaciones a las mismas desde todas las vertientes conocidas o divulgadas y
sostenidas en hipótesis por la ciencia. Esa es la tarea de este segundo
artículo.
Concebir cómo
nace la inteligencia, y aún más, la conciencia de tener inteligencia, es una
tarea especulativa, pero no por ello deja de ser interesante pues con ello no
hacemos otra cosa que acercarnos a reflexiones que es bueno que hagamos
nosotros mismos, o que seamos inducidas a ellas, para no dejar todo en manos
científicas, pues aunque estas reflexiones de los científicos pueden resultar
estimulantes (y casi siempre tomamos por
ciertas), rara vez entran en los complejos terrenos del origen de la propia
inteligencia, siendo reticentes a entrar en lo esencial de ello, pues resulta
terreno inseguro y pantanoso que invita a poner en duda que exista verdadera
base científica en el origen de ciertos conocimientos que todos damos por
sentados que se poseen, cuando en realidad son una incógnita nunca despejada.
Cuando entramos en terrenos del origen de las cosas, y en especial de la
inteligencia y de la consciencia de la inteligencia, la ciencia se evade y se
remite a las creencias sostenidas por nuestra cultura cristiana en la que se
disuelven cualquier fundamento científico por carecer de evidencia alguna al respecto.
A lo sumo enumera todas las simbologías existentes sobre el inicio de la vida
que existen en las culturas religiosas conocidas, pero sin poder demostrar
veracidad alguna en ellas, pues la Ciencia es incapaz de crear vida a partir de
la no vida, y mucho menos promover un sistema de evolución, a partir de la no vida,
que ratifique todas las hipótesis que sostenemos sobre la teoría de la
evolución, pues lo único que podemos hacer es constatar que esa teoría de la
evolución parece evidente y nosotros, como humanos, seríamos la máxima
expresión de la misma en el planeta Tierra. Así pues, cuando nos remiten a la
Biblia o a textos religiosos, que constituyen el punto común de las tres
religiones monoteístas sobre las cuales se ha construido nuestra sociedad
global, sólo tenemos dos opciones frente a esos datos: O tomarlos literalmente
como ciertos o tomarlos como simbólicos. Pero al ser los textos constituidos y
escritos por personas que no vieron tales orígenes, ni poseyeron textos previos
a los que se refirieran y de los cuales se constituyeran para crear, con su
pensamiento y reflexión, uno nuevo que consideraran más adecuado, por razones
que no podemos entender con claridad, pues no vivimos ni conocimos las razones
que les llevaran a escribirlos, o a realizar dichos relatos del origen del
mundo, y tampoco sabemos si lo hicieron pensando en la ingenuidad de las
personas o encriptaron en los mismos mensajes por descodificar – como otros
aseguran. Así pues, parece, a primera vista, que esos textos son una
explicación sencilla que responde eficazmente a una pregunta esencial que todo
ser humano se ha de realizar para constituirse como entidad social: Qué soy? Y
para responder a esa pregunta resulta implícito responderse también la pregunta
contigua (si soy un ser humano….) De dónde vengo? …..Y a continuación la
pregunta evidente y consiguiente es : Adónde voy?. A todas esas preguntas
respondió durante milenios las religiones de todo el mundo con la finalidad de constituir
la sociedad humana. Ese era su papel: Hacer que el Ser Humano tuviera un
sentido en su vida en la Tierra, por lo cual había que responder a todas esas
cuestiones con rotundidad, y cuando esta no era posible pues la evidencia de la
propia experiencia personal se ponía en cuestión, se apelaba a la Fe de la
bondad del misterio que existe y que no se puede desvelar, con la finalidad de
mantener la propia Fe en el destino vital.
En todo este
asunto la Ciencia acaba por emerger en una lucha con la Iglesia para encajar lo
aparente con lo real, en un proceso de evolución científica tutela y promovida
por la propia Iglesia – pues es la
Iglesia quien tiene en su poder todo el conocimiento de la humanidad que se han
conservado en sus bibliotecas, por lo que son los propios servidores de la
Iglesia los que se van sorprendiendo de lo que van descubriendo en textos
antiguos y que verifican con solo mirar el cielo: Lo que parece real es apariencia,
y lo real se esconde y es velado por las apariencias. La Iglesia sostiene
tener el conocimiento perfecto, pues este conocimiento le ha sido revelado por
Dios (la propia reflexión profunda revela
el entorno de la Verdad y la dirección de esta), por lo que toda revelación
científica debe pasar el filtro de la Verdad Revelada, y por lo tanto, hasta
que no pase tal filtro, a lo sumo, solo puede expresarse en forma de hipótesis
acompañada de la preceptiva sumisión a los poseedores de la verdadera Verdad (La propia Iglesia). Y es Descartes el
que inicia el arriesgado camino de pensar desligadamente de la Iglesia, para lo
cual se traslada de Francia a los Países Bajos – en donde la tolerancia es mayor – pues su propósito (después de ser formado por los Jesuítas)
no es otro que elevar a nivel científico lo que ya es normal y evidente en la
gente común: Lo Evidente de lo Evidente. Pues en las universidades religiosas
andan atemorizados cualquiera que quiera expresar algo diferente a lo sostenido
por dogma, por lo que cualquier tipo de exposición de hipótesis, por muy
fundada que fuera y aún sometida y sumisa al tamiz de lo que la Verdad Revelada
pudiera expresar, se corría, aparentemente, el riesgo de entrar en terrenos de
herejía que pudieran acabar con la protección social de la persona que los
formulara. De ahí que los pensadores y filósofos fueran andando errantes por
los países europeos buscando, siempre que les era posible, la protección,
aunque fuera temporal, de una Corte Europea a cambio de darles cultura, brillo
y lustro a las regias personas que representaban el poder terrenal. En aquel
tiempo era la Iglesia la mantenedora universal de la Fe, que a la definitiva no
es otra cosa que la Fe que existe en cada ser humano y que le permite
levantarse cada mañana para realizar su tarea y enfrentarse con la vida; por lo
que asegurar a las gentes que la Tierra, por ejemplo, era redonda no era una
cuestión cualquiera, pues la evidencia no es otra que la de ser plana; y siendo
plana nadie puede vivir en nuestras antípodas sin caerse al infinito espacio en
caída interminable. Así pues, explicar que la Tierra giraba alrededor del Sol no
solo era tarea compleja, sino peligrosa, pues se cuestionaba lo que la gente
daba por cierto. Aún más, pues si hubiera gente que aceptara la evidencia de la
redondez de la Tierra el problema estribaba en que siempre deberíamos ser
centro de creación, para que nuestras vidas tuvieran sentido, ya en que en caso
contrario, girar alrededor del Sol (cuerpo
sin vida) qué sentido tiene. No
piensen los que me lean que esto está solucionado, pues no solo parece que
giremos alrededor del Sol, sino que éste parece tener hermano invisible con
quien gira (ya apuntado por los
científicos), pero más perturbador es saber que estamos en una galaxia cuyo
centro es un inmenso agujero negro que con el tiempo engullirá a nuestro
sistema solar (si no hay cataclismo
previo, o el Sol implosiona…. O vaya Ud a saber). A la definitiva: Que la
Ciencia se acaba por abrir paso, no por Copérnico y su valor (pues parece temer tanto a la Iglesia que
pide publicar sus conclusiones un años después de muerto, tal vez como últimas
voluntades que hagan poder tener consideración especial con el impresor al que
encomienda la tarea (con la finalidad de que este no pague los platos rotos de
la temeraria herejía de hombre, por otro lado, religioso, como lo era Copérnico);
pero en medio se mete Galileo, quien a la definitiva es quien los paga, pero
así permite que la teoría Coperniquiana sea divulgada y conocida burlando los
sistemas de censura eclesiástica, pues el juicio es sonado y el gesto de
humillación promovido por la Iglesia no deja dudas de lo que hará con el
próximo experimentador temerario que se atreva a opinar sin el debido recato,
sumisión y aceptación del reproche pertinente si lo asegurado va contra dogma.
La ciencia gana
la batalla, a la definitiva, no hace mucho; realmente poco, cuando el
materialismo Científico se constituye en la rama más cómoda porque permite que
la Ciencia, en ese entorno de la materia, explore a su antojo y exponga lo que
desea sin más límite que el Método Científico (o sea: Siga un procedimiento que todos podamos seguir para demostrar
que su teoría, a la que todos podemos acceder, es cierta). Que es un método
experimental, basado en la experiencia a la que todos podemos acceder. (De ahí que yo sostenga como prueba de la
existencia divina que todos podemos rezar, y de hecho lo hacemos constantemente
cuando pensamos y dialogamos con nosotros mismos y de ese diálogo obtenemos
conclusiones y respuestas de acuerdo o concordes a la disposición de los
términos y propósitos del diálogo sostenido. Y que prueba que todos rezamos espontáneamente
y que si lo hacemos con determinada disposición obtenemos respuestas idóneas a
nuestras preguntas, tal vez no inmediatamente, pero sí las obtenemos (ser o no
ser escuchado por Dios).
Ante la
evidencia de la victoria Científica y sus logros (que no son más que verdaderos
milagros hechos por la mente humana y su tecnología y edificio de leyes
expresadas en números y ecuaciones), la Iglesia cede el paso, pero asegurando
que: La Ciencia no llegará a otra conclusión que la sostenida por la Verdad
Revelada, por lo que la Iglesia es garante del sostenimiento último de la
Fe. Y ante la potencia de la seducción
de la tecnología la Iglesia acaba por abrir más sus brazos y hacerse más
universal aún - y Juan XXIII, ante las
disputas de cuál es la Fe verdadera o más conveniente afirma ante el
crecimiento de un mundo cada vez más ateo y seducido por los milagros de la
ciencia: Que cada cual con su Fe se salve). Y la Ciencia acaba por tomar el relevo de la
Iglesia en el sostenimiento de la Fe, y se erige como depositaria del saber
universal de la Humanidad, pues se ha dividido y constituido en un conjunto de
ciencias que exploran todo tipo de conocimientos por medio del Método
Científico (método experimental) al cual todos pueden acceder para comprobar sus
hipótesis, axiomas, certezas y teorías que constituyen el edificio de la
Ciencia y el soporte de los avances tecnológicos de la humanidad. La Ciencia no
es otra cosa que La Verdad. Y es cierto; prueben a realizar una pregunta a
cualquier científico en su saber y la tendencia general es que (sobre lo que él
sabe) solo hay verdad (a no ser que sea investigador, pues en el entorno de la
investigación el motor es la pulsación entre la certeza y la duda). De alguna
manera la Universidad adopta la forma exacta de la Iglesia, pues es la Iglesia
quien la constituye, y en todo se parece; y a la definitiva su estructura
interna y la que se expresa a los ciudadanos en las ramas que le afecta es
similar (buscando, por medio de los
doctorados la experiencia necesaria de experimentar el hecho de investigar; y
este hecho está al alcance de todos nosotros por el mero hecho de tener mente e
inteligencia para pensar; por lo cual, estando al alcance de todos, por medio
de los sistemas informáticos, la capacidad de obtener información teórica de
cualquier rama del saber y abundancia de libros técnicos a disposición en
librerías, propongo a cualquiera que desea hacer su propia experiencia
científica que intente responderse a una pregunta sencilla que siempre se
cuestionó y que pudiera haber afectado a su ánimo de manera sustancial para
que, a partir de ahí, realice una tesis de salida, apoyándose en cualquier
circunstancia de duda en los textos que a su disposición tiene o puede
adquirir, para a partir de ahí formular su propia tesis personal basada en un
procedimiento de experiencia en el conocimiento. Ello le llevará años, pero los
frutos, aunque pudieran ser cuestionados, le permitirán asentarse sobre una
cuestión incuestionable: Su propia experiencia sobre la Verdad; y ello tiene un
valor inestimable para cualquiera que se atreva en ese reto). Dicho todo
esto entramos en el terreno de nuestro propósito, que no era otro que
reflexionar sobre el origen de la inteligencia.
No conozco
ningún texto científico que entre en este terreno del origen de la
inteligencia. Lo más que recuerdo es un intento de explicar el origen de la
vida, en el cuál se remiten a un caldo primigenio (supongamos que fueran los mares primitivos inertes y sin vida) en el
cual aparece la vida (¿). Y a partir de ahí el proceso evolutivo que da
como solución optima y excepcional al Ser Humano (cualidad animal conocida, en todas las culturas y con diferentes
nombres como El Hombre, pues el Hombre es consciente de su inteligencia y de su
capacidad de organización para sobrevivir a cualquier circunstancia natural de
una u otra manera y de enseñorearse sobre cualquier animal – pues los animales
tienden a temer al Hombre). La pregunta sobre el origen de la vida se
centró, en un principio en el planeta Tierra, pues se concebía que sólo en la
Tierra se había expresado la vida; posteriormente se trabaja con la idea de que
la vida llegara a la Tierra por medio de algún meteorito que la golpeara y que
portara vida latente en él, suficiente para infestar la tierra de vida. Esta
idea, como muchas de las ideas científicas, se adquieren bajo la idea de
emulación de los fenómenos de la Naturaleza, y parece extraída del hecho de que
el óvulo es impactado por el espermatozoide (que viene de otra entidad lejana)
y hace posible la vida del ovocito, y este ovocito evoluciona hasta generar un
embrión que da lugar al feto… etc. Esta idea de emular fenómenos de la
naturaleza se adquiere, al parecer, porque se considera, de alguna manera, que
los fenómenos que se dan a nivel local son expresión o parecidos a los que se
dan a nivel universal; por lo que es más fácil este tipo de explicaciones que
otras. El óvulo sería la Tierra, la matriz el espacio que la contiene, y la
fuente que la madura hasta permitir su fertilidad inicial El Sol y el
espermatozoide el meteorito que llega de lejos, o la propia Luna que golpea la
Tierra y se queda en su entorno…. o teoría similar(No es nueva esta analogía, ya en textos antiguos se aseguraba que el
Paraíso, regado por cuatro ríos y señalado en Mesopotamia no era otra cosa que
el feto humano alimentado por las cuatro arterias que le sostienen con vida).
Así pues, nuestra mente, al formular teorías, rara vez puede inventar, pues es
incapaz de crear en el sentido estricto, a lo sumo junta imágenes conocidas
cambiándoles su disposición para generar la ilusión de algo nuevo, pero a la
definitiva solo puede trabajar con la que, de una u otra manera, ya conoce.
Fuera así, como
lo especula la ciencia; o fuera un huevo cósmico original, como aseguran otras
religiones, de manera simbólica, se genera la vida. Pero entremos en detalles.
Imaginemos el
caldo primigenio, ese caldo señalado por los científicos, en el que no hay
vida, pero sí calor y luz del Sol (hay
que recordar que el Sol contiene toda la gama de radiaciones conocida por el
ser humano) y de la propia Tierra. Y de esa combinación, o por impacto
(inerte, sin vida de bacterias en estado latente) de un meteorito o de otro
cualquier fenómeno, se produce la necesidad, en un ente, de conservar la
energía solar en forma de proteína o aminoácido (¿). La pregunta es clara. Para
qué esa necesidad? Pues si bien parece claro que una vez constituida una célula
sencilla - con su membrana y su vacuolas, y orgánulos – el impulso vital de
sobrevivir es el que determina su reproducción, su multiplicación y la complejidad
que de esa vida deriva (es decir: una célula que precisara de la luz del sol
para vivir en el mar buscaría por sí misma el movimiento para nutrirse del Sol
dando origen, en un proceso más o menos largo, de la aparición de cilios que le
dan movimiento y así sucesivamente todo tipo de órganos especializados y
complejos; porque entendemos que ya es voluntad de vivir, sea la célula
consciente de ello o no; por lo que busca su supervivencia en el mejor medio.
Pero cómo se llega a ello? Cómo se llega a necesitar vivir? O a tener Vida? Qué
misterio hace posible que materia inerte tenga consciencia de vida y voluntad
de vivir, aunque sea por unas milésimas de segundo que dan lugar ya, de por sí,
a un proceso de mejora y de adaptación al medio para constituirse en vida más
estable. No nos queda otro referente que el Bíblico para poder atenernos a algo
(pues hemos dicho que los humanos no
somos capaces de crear nada, sino de evocar consciente o inconscientemente
fenómenos que ya conocemos y que portamos en nuestro ser, y en nuestra
consciencia y mente, como producto de la evolución de millones de años de la
vida en la Tierra); es decir: por muy complejo que sea nuestro sistema
corporal y nuestra mente, todo ello comienza, según la teoría evolutiva, desde
una célula, por lo que todo lo que somos como seres humanos ya estaba
contenido, en potencia, en esa célula primigenia que tiene vida y voluntad de
vivir, pues es la voluntad de vivir lo que le permite evolucionar y
especializarse en tejidos formando órganos complejos y seres superiores. Pero
como sabemos que también existen seres unicelulares o pluricelulares capaces de
vivir en entornos anaerobios (sin aire) y sin luz, ¿Por qué pensar que antes de
que el Sol madurara la Tierra no hubiera ya seres unicelulares desarrollados en
esos entornos más adversos que ahora conocemos? Como he dicho solo nos queda la
referencia bíblica; y la biblia dice que fue el soplo divino quien da vida al
ser humano; y considerando que la vida de cualquier ser vivo en esencia es
voluntad de vivir y en ello pone todo su esfuerzo (sea animal o vegetal) el soplo fue necesario para todo ser vivo que
comenzara con el primer escalón: Constituir una célula estable y, previamente,
un fenómeno derivado de un “soplo” que no es otra cosa que “voluntad” de vivir.
Es decir: Lo primero es la Voluntad de vivir que hace posible Ser vida (o tener
consciencia de vida) y al ser consciencia de vida el segundo proceso es
conservarla, es decir, tener consciencia de perderla, saber que se es y se
puede dejar de ser, por lo cual se disponen todas las energías del organismo
sencillo en constituir reservas de energía para seguir siendo vida. Imaginemos
que en un caldo primigenio cuando sale el Sol por el horizonte se crea vida y
cuando se pone esa vida muere, y así sucesivamente día tras día; pero que
existe un entorno de frontera en la Tierra donde el Sol se pone sólo unos
minutos, por lo que hay células que sobreviven a la pequeña noche y en ellas
nacen el deseo de vivir; y ello posibilita la voluntad de que las células, en
vez de usar toda la energía que reciben del Sol para vivir y sentir la vida, empiecen
a acumular en forma de orgánulos y proteínas para sobrevivir un día más. Y que
consiguiendo ello pretendan transmitir ese mensaje a nuevas células que nacen
de sí mismas (división celular) por lo que se constituyen las primeras cadenas
de ADN que son la base de la transmisión genética. Ya tenemos todo el proceso
de la vida diseñado para evolucionar hasta nuestros días; pues la magnitud de
la evolución de los seres vivos hace el milagro de concebir un cerebro capaz de
recoger información del entorno para procesarla con el fin de protegerse la
vida y nutrirse y reproducirse de una manera activa (es decir, sin la pasividad
del mundo vegetal). Pero seguimos sin saber dónde empieza el hecho de vivir y
sentir la vida.
¿Qué es el soplo
divino? SI hemos dicho que Dios no es otra cosa que inteligencia en sí, tal vez
podremos decir que la inteligencia en sí es vida ya de por sí, aunque sea
incorpórea. Basta que la inteligencia diga de sí misma: Yo Soy, para tener vida.
Y si la inteligencia dice de sí: Soy vida y a continuación se da cuenta de que
lo es, no temerá tal situación por novedosa y generará un proceso de evolución
de sí misma? (esto es lo que afirman
algunas ideas religiosas que explican el origen de la vida). ¿La
inteligencia es vida o es luz de vida? Aquí tendríamos que entrar en un
concepto más profundo. Para que la vida no se asuste de sí misma precisa Amor
(ello parece un requisito imprescindible, al menos en los mamíferos). ¿Qué es el
Amor? Aquí podríamos entrar en la idea que la palabra Amor contiene y que no es
otra que la de calor (Ven al Amor del
Fuego; Estar en la Gloria – que era un sistema de calefacción en tiempos de los
romanos; Te Amo – que es, entre otras cosas, espachurrarte a besos y a abrazos,
y si te descuidas comerte, si eres niño, pues ese es el amor animal de los
mamíferos y así lo expresamos los adultos: Te comería a besos). Así que la
inteligencia es una manifestación de divinidad que se completaría, en su
perfección, con el acceso a la sabiduría y el Amor. Cabe recordar la evocación
que realiza Sánchez Dragó en Gargoris y Habidis cuando se refiere al pasaje en
que obispos cristianos son llevados a las pirámides para que vean unos dibujos y
estos extraen la idea de que el Sol no es una representación de Cristo, como
les habían sugerido, sino el mismo Cristo. Tremenda la conclusión; pero si
consideramos al Amor como el calor y la luz del Sol que contienen toda la gama
de radiaciones que se conocen en el universo, y no existiendo la materia – como aseguran los físicos, si no un estado
vibratorio de los átomos – entramos en el terreno más inseguro posible: La
Vida puede estar implícita en la manifestación de energía del Sol (toma ya!!! – les aseguro que no ha sido a
propósito esta afirmación, ha venido sola). Ya hemos de señalar que desde antiguo ya se afirmaba
que la teoría de la luz también es corpuscular. Ahí puede estar la clave de la
vida. Cómo es posible que sea corpuscular (corpus – cuerpo) y que viniendo los corpúsculos
con el viento solar (Soplo Divino o Espíritu Santo?) se mezclara con la “sopa primigenia” dando
lugar a la vida. (No queda mal verdad?)
Así que encontramos
que remontarnos al origen de la vida es tarea imposible. Pues de la nada no
puede salir algo (Así lo demuestran la
teoría científica; o el viejo dicho popular: Donde no hay mata no hay patata –
aunque a veces hay sorpresas). Y sin embargo, si nos remontamos al inicio
del Todo, entramos en la Teoría del Big Bang, en donde todo el Universo
contraído en un punto infinitesimal (La
Nada) explota o implota dando lugar a todo, incluida la vida. Por lo que si
de la nada no puede salir algo, en el punto infinitesimal previo al big bang ya
se haya la inteligencia, la sabiduría y el Amor que los humanos representamos,
y que dan origen a toda ley universal que hace posible la vida y la consciencia
de la vida tal y como la conocemos. Es decir, la vida está latente en el
proceso de formación del Universo, durante millones y millones de años hasta
que se concreta y toma cuerpo; por consiguiente existe vida incorpórea también,
que es la que hace posible la vida corpórea. Y como nada se crea ni se
destruye, la vida tampoco, se destruye el soporte vital pero no la vida, pues
esta siempre es la misma (unas veces
limitada por el cuerpo y otras no). Y si la vida es voluntad (cuando es corpórea), es decir: Consciencia
de Ser (Yo Soy) y Voluntad de seguir siendo (El que Soy), por simetría –
que es condición universal de la existencia – existe vida que es incorpórea
y Es con voluntad de Ser. Y esa vida no es otra que la que existe por simetría
a la vida vivida por los seres vivos y que se haya en un lugar incorpóreo, al
igual que la inteligencia o la sabiduría o el Amor, del que solo podemos
constatar sus efectos.
Aceptemos que
no podemos acercarnos al origen de la vida sin perder el hilo de la continuidad
– pero no solo yo, les transpongo una cita del origen que he visto en
Wikipedia, donde pueden observar que todo el mundo da un salto cuando hay que
hablar de cómo empieza la vida (incluso los científicos), sin que por ello se
ruboricen ni pierda fortaleza la estructura científica:
La aparición del primer organismo vivo sobre la Tierra suele asociarse
al nacimiento de la primera célula. Si bien existen muchas hipótesis
que especulan cómo ocurrió, usualmente se describe que el proceso se
inició gracias a la transformación de moléculas inorgánicas en orgánicas
bajo unas condiciones ambientales adecuadas; tras esto, dichas biomoléculas
se asociaron dando lugar a entes complejos capaces de autorreplicarse.
Si leen la
frase completa y luego se detienen en lo subrarrayado por mí, entenderán que la
afirmación tiene más de discurso político que científico: suele asociarse…., existen muchas
hipótesis…., , usualmente se describe…., ( Atentos aquí viene la afirmación
sin pruebas científicas que acabamos tomado por cierta: se inició gracias a
la transformación de moléculas inorgánicas en orgánicas, bajo unas condiciones
ambientales adecuadas.
Si los
científicos pudieran reproducir o crear de lo inorgánico lo orgánico y desde
ahí generar vida de la nada estaríamos ante dioses, pero de qué serviría ello
más que para explicar que la vida surge, aunque siguen sin saber cómo; mejor
dedicarse a seres ya vivos y complejos y a modificar el ADN a ver si de ello
sale algo interesante y vendible (como ya
ocurre con el material genéticamente modificado en vegetales, que ha motivado
la creación del primer banco de protección genética vegetal en algún país
nórdico con el fin de que los EEUU no acaben por esterilizar todas las plantas
que nos sirven de base de nutrición o para industria, con la finalidad de
cobrarnos en el futuro por todo al precio que quieran) (atentos al dato pues no
hay quien los pare).
Así pues, el
origen de TODO se afronta desde la especulación hipotética de la Ciencia, y
esta está sometida a revisión en cuanto un descubrimiento obliga a revisar todo
el contenido de los axiomas sostenidos hasta el momento. Es tal el debate, y de
tal magnitud, que somos excluidos del mismo en muchas ocasiones, pues la
envergadura de los cambios son de tal magnitud que se entra, directamente, en
la filosofía más empírica (y de ciencia ficción) que pueda cualquier persona
común imaginar. Escenario fascinante, pero que se da en ramas de la ciencia tan
prácticas y cotidianas que nos parece imposible que estén sujetas a tanta
especulación como son las matemáticas (la
ciencia de las proporciones) y la física (la ciencia que explica la materia). Por lo que su transposición a
nuestras vidas cotidianas como verdades científicas no haría otra cosa que
dejar a la humanidad en el aire, sin lugar donde posarse para construirse una
idea segura de quiénes somos y a donde vamos y con qué fin.
Por todo ello
se cumple la predicción que realizó la Iglesia: Sus conclusiones científicas no
pueden ser otras que las que nosotros poseemos por Revelación; por lo cual, la
Ciencia oficial pugna por que se sostenga la Fe en ella a pesar de lo que los “exploradores”
científicos (que no son otros que los
nuevos Galileos, Copérnicos, Newton, Descartes….) están poniendo sobre la
mesa cuestionando esa Fe.
Así mismo, si
entramos de pleno en la rama de la ciencia de la Historia, nos encontraremos
que si retrocedemos hacia el pasado todo se desvanece, también, en teorías e
hipótesis a falta de documentos sólidos en los que apoyarse; y además, si algo
no encaja con la idea fija que sostiene la Humanidad Científica (que es idea
religiosa) de que somos la primera civilización humana sobre la Tierra, se
aparta como rareza y se le da una explicación “política” carente de toda
consistencia científica (Así que sostener que lo único cierto es la materia acaba por ser insostenible y aparecer como falsa apariencia a la que se agarra la Ciencia como clavo ardiendo, pues nada ya le queda sino rendirse a la evidencia que el mundo de lo intangible (lo espiritual) es tan real o mas que la propia materia, pues pude, a la definitiva provenir la materia de aquello que no tiene materia). A las adversidades que aparecen se les da cualquier
explicación arbitraria y se les resta importancia. Y ello es necesario en el
sentido de que la Ciencia se ha convertido en nuestra nueva religión; religión
materialista que tiene que apelar, en última instancia, a ideas difusas para
sostenerse. Es la incesante búsqueda de la Verdad conveniente. Y la maldición,
así suena la admonición de la Iglesia cuando esta le deja espacio social para
que sostenga la Fe de la gente, suena más a maldición que a otra cosa, pues se
ve en la necesidad, la Ciencia, de sostenerse a sí misma en cualquier
circunstancia o adversidad que se presente cuando se utilizan métodos científicos
para someterla a la propia Ciencia a un control de calidad. De ese control solo
se salvan los exploradores cuando actúan por el bien de la humanidad (aunque estén a sueldo de multinacionales)
y los que orientan su capacidad y conocimientos hacia el bienestar de la gente
común (que son, aunque sean humildes, los
verdaderos sabios de la Ciencia).
Sabemos que
cuando los científicos profundizan en sus conocimientos, en cualquier rama del
saber, entran en el terreno de la filosofía: Sean médicos, arquitectos,
juristas, políticos, físicos, químicos, matemáticos…. Y allí conectan en ideas
y conceptos con los filósofos de toda la vida y enlazan, a su vez todos, con la
filosofía de las religiones de todo tiempo y lugar. Y siendo la filosofía el
mundo etéreo de las ideas, que no tienen cuerpo sino lógica (de logos), siendo
todo ello un lugar no medible ni papable con instrumentos físicos; entramos,
directamente, en el terreno que escapa al materialismo científico para
compartirlo con el mundo espiritual.
Hemos entrado
de nuevo en el terreno de la bondad para referirnos a la idea de mundo futuro o
presente previsiblemente positivo, pues no cabe otra concepción posible ni de
la espiritualidad ni de la ciencia, y fuera de ella todo es conceptos
terrenales de poder y supremacía que se concretan en pugnas por control de la
economía y consecuentemente imposición de criterios por la fuerza.
Así pues, el
nuevo espacio es el de la tolerancia, incluso de las ciencias y de los
científicos, y del respeto profundo a la gente, pues a falta de verdades absolutas
–nadie posee más que certezas - que han de ser aplicadas desde la bondad y la
fortaleza respetuosa de la Fe, Fe que todos poseemos y que debe de ser
respetada y nunca combatida, pues es
nuestra Fe, nuestra propia Fe y nadie, ni siquiera la Ciencia, tiene derecho
alguno a inferir en ella.
Nota: Quiero expresar, nuevamente, mi agradecimiento al PSOE pues siempre defendí que los libres pensadores deberían ser acogidos y amparados por el Socialismo español como fuente de pluralidad de pensamiento , y que expresa, con firmeza, el respaldo al ejercicio del derecho a la libre expresión. Ello no es otra cosa que expresar confianza en su propia gente y en la gente que representa: Gente común del día a día que, a pesar de cualquier dificultad, tiene Fe en que saldrá adelante opine como opine, difiera como difiera, pues siempre habrá un partido dispuesto a ofrecerse como amparo de la libertad de aquellos que quieren el bien común.
Nota: Quiero expresar, nuevamente, mi agradecimiento al PSOE pues siempre defendí que los libres pensadores deberían ser acogidos y amparados por el Socialismo español como fuente de pluralidad de pensamiento , y que expresa, con firmeza, el respaldo al ejercicio del derecho a la libre expresión. Ello no es otra cosa que expresar confianza en su propia gente y en la gente que representa: Gente común del día a día que, a pesar de cualquier dificultad, tiene Fe en que saldrá adelante opine como opine, difiera como difiera, pues siempre habrá un partido dispuesto a ofrecerse como amparo de la libertad de aquellos que quieren el bien común.
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