Miguel Ángel Ibáñez Gómez - maiges_ps@hotmail.com

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martes, 5 de mayo de 2020

El Culto por la Violencia como manifestación de Poder


El Culto por la Violencia como manifestación de Poder.

Una situación de violencia genera, inevitablemente, cambios súbitos e importantes en el organismo de cualquier ser vivo; pues la violencia es la respuesta común a una situación de peligro, de amenaza a la integridad corpórea o de las condiciones que permiten la vida de un ser (señala la posibilidad de daños importantes e incluso de la pérdida de la propia vida). La violencia es una forma de interrelación entre los seres vivos animales, por medio de la cual un animal o grupo de animales, intencionalmente causa daño o impone una situación, a otro u otros animales.
Así pues cuando un ser vivo muestra signos que manifiestan actitud violenta o agresiva (la violencia puede producirse a través de acciones y lenguajes, pero también de silencios e inacciones) puede estar señalando una actitud tanto agresiva (para imponer unas condiciones a otro ser) o como defensiva (preparándose para resistirse a ese dominio o imposición).
Vivir en senos de familia donde la violencia pudiera ser la forma preferente de interrelación entre sus miembros (con carácter dado a demostraciones de violencia por el Pater Familia), de manera cotidiana, puede acabar generando una atmósfera que generara rechazo en algunos miembros familiares o por el contrario admiración, al ser concebida esa violencia como una demostración de poder y de autoridad que muestra su eficacia diariamente y que en algunas personas puede ser concebida como actitud que seduce, como rasgo propio de un verdadero hombre y por tanto que aporta una idea de lo varonil a la que no se debe renunciar (y esto a veces ocurre si se es mujer e hija de un Páter Familia de esta naturaleza , con el que se ha convivido hasta los 18, 20 o 22 años, sobre todo si los hombres con los que quiere formar pareja no dan para ella esa "talla").
Vivir en una familia en una situación de posibilidad de violencia inminente o sobrevenida produce, de laguna manera, cambios fisiológicos en el propio organismo de los que así viven para acomodarse a una súbita respuesta defensiva (si es que es posible adoptarla) o de sumisión (si no queda más remedio que soportar la agresión) en ambos casos es de suponer que el organismo reciba altas dosis  de variedad de hormonas en el circuito sanguíneo para afrontar las diferentes fases con la que se va percibiendo la inminencia de esas posibles agresiones  y hasta dónde la agresión cada día o hasta dónde llegan a ser consumadas. El propio desembarco de tal coktel de hormonas y como la mente gestiona estas situaciones en cierta soledad (mientras el resto de la familia busca estrategias para huir o sobrellevar ese ambiente familiar cotidiano) puede llevar a una hija a considerar como excelente esa forma de ejercer el poder aunque ella misma como hija lo sufra sobre sí; es decir, puede acabar considerando que es un recurso no sólo válido, sino excelente, para el control de sus propios miembros familiares, cuando ella ya ha constituido su propia familia, por la eficacia que la violencia otorga para imponer su propio criterio una vez que lo tiene establecido.  
La violencia, así concebida como rasgo varonil y positivo para sobrevivir en la vida, se podrá llegar a considera un requisito que diferencia a la sociedad entre quienes son capaces de liderar y los que deben ser sumisos e incluso (esclavos), y que es la idea que viene a transferir la madre sobre el hijo.
La violencia fue asociada desde tiempos muy remotos a la idea de la fuerza física y del poder. Los romanos llamaban vīs a esa fuerza, al vigor que permite que la voluntad de uno se imponga sobre la de otro. Vis tempestatis se llama en latín a la "fuerza de una tempestad". En el Código de Justiniano se habla de una "fuerza mayor, que no se puede resistir" (vis magna cui resisti non potest), el concepto jurídico de fuerza mayor.
Vīs dio lugar al adjetivo violentus que, aplicado a cosas, se puede traducir como ‘violento, impetuoso, furioso, incontenible’ y, cuando se refiere a personas, se vincula con ‘fuerte, violento, irascible’. De violentus se derivaron violare (con el sentido de ‘agredir con violencia, maltratar, arruinar, dañar’) y violentia, que significó ‘impetuosidad’, ‘ardor (del sol)', ‘rigor’ (del invierno), así como ‘ferocidad’, ‘rudeza’ y ‘saña’.
Cabe agregar que vīs, el vocablo latino que dio lugar a esta familia de palabras, proviene de la raíz prehistórica indoeuropea wei-, ‘fuerza vital’.

Si a la postre, gran parte de la actuación de la madre se viniera sosteniendo bajo la tesis de que su hijo ha de ser “Fuerte” y así se lo hace ver la madre (incluso induciéndole a pensar que el hecho de medicarse es síntoma de debilidad) y por otra parte que el hecho de que el hijo estuviera en una finca familiar y que concibiendo proyectos para esa finca, viendo las posibilidades de la misma, y considerándolo un lugar idóneo para vivir, y así se lo mostrara a su familia materna, ésta familia materna hubiera podido concebir que con ese uso por parte de ese hijo pudiera llevar a otorgarle algún tipo de derecho sobre dicha propiedad, con lo cual, parte de la presencia de la madre en esa finca, tuviera también el propósito de inmovilizar cualquier actividad del hijo sobre dicha finca (hacer un huerto, limpiar la piscina, e incluso su idea idílica de construir alrededor del garaje/aljibe la casa que en el pasado estaba proyectada sobre ese terreno… y residir en ese lugar para huir de la acción inmovilizadora materna que se estaba dando en toda circunstancia; y por ser, también, rechazado de plano por ese entorno familiar que el hijo viviera con el padre; y tampoco los hermanos le dieran cobijo para realizar un tránsito a la independencia del hogar materno – aunque ellos mismos, como hermanos sí hubieran recibido el apoyo para facilitar el tránsito a la independencia con el regalo de un piso y asumido el gasto de reformas en otro, para cada uno de sus hermano; a modo de bendición de la Mater Nutricia), fuera a ser concebida la idea de este hijo que se va a esa finca, como una amenaza al uso y propiedad de esa finca por parte del resto de la familia (posibilidad que sugería un familiar cercano, pero que en ese momento descarté como probable).
Desde la perspectiva de la salud humana, la OMS define la violencia como:
El uso intencional de la fuerza física, amenazas contra uno mismo, otra persona, un grupo o una comunidad que tiene como consecuencia o es muy probable que tenga como consecuencia un traumatismo, daños psicológicos, problemas de desarrollo o la muerte.
Organización Mundial de la Salud9

La violencia es valorada negativamente por la ética, la moral y el derecho, aún en casos en los que pueda considerarse legítima. La violencia puede ser de carácter ofensivo o defensivo (también se utilizan los conceptos de violencia proactiva y violencia reactiva), habilitando en este último caso figuras de justificación ética de la violencia, como la legítima defensa y el derecho de resistencia contra la opresión
En las sociedades humanas civilizadas, la violencia se caracteriza por la presencia del Estado como  único estamento legítimo para su uso y ejercicio institución monopolizadora de la violencia y se manifiesta como modalidad de una serie de conflictos sociales muy variados,4​5​ de signo diverso, como la guerra, el genocidio, el crimen, el terrorismo de Estado, el terrorismo, la legítima defensa, la violencia de género, la violencia intrafamiliar, el Maltrato infantil, resistencia a la opresión, la esclavitud, las cárceles, los duelos y riñas, algunos deportes y artes marciales, la crueldad hacia los animales,
Puede producirse a través de acciones y lenguajes, pero también de silencios e inacciones, y es valorada negativamente por la ética, la moral y el derecho, aún en casos en los que pueda considerarse legítima. La violencia puede ser de carácter ofensivo o defensivo (también se utilizan los conceptos de violencia proactiva y violencia reactiva), habilitando en este último caso figuras de justificación ética de la violencia, como la legítima defensa y el derecho de resistencia contra la opresión.

La madre regresó ayer a la ciudad.

lunes, 4 de mayo de 2020

Hagamos memoria: Como concebimos la Autoridad, definimos el tipo de Educación; luego están las ideas de liderazgos, como fondo de problemas.



En el pasado, hasta hace unos 40 años, las familias se constituían según un modelo internacionalmente consensuado, incluso más allá de occidente, como el mejor modelo conocido para desde ahí traer hijos al mundo pudiendo tener una oportunidad real de adaptación a la sociedad en la que se hallan. Un padre, una madre (como figuras que se complementan) y los hijos que desde esa visión dual de padre y madre (es decir, dos personas diferentes en rasgos, caracteres e incluso percepción de la vida) sirven de contrapeso a cualquier dificultad que los hijos vayan percibiendo para ir comprendiendo la naturaleza del mundo que les rodea, ya sea desde la simple descripción del entorno físico que le rodea donde viven, como la descripción de las relaciones sociales que inevitablemente deben afrontar desde niños (desde la guardería, donde ya hay amiguitos y no tan amiguitos, respeto por sus cosas y su ser como quien no respeta sus cosas y su ser, y también aparece una figura que será autoridad por primera vez fuera de su entorno familiar). Siempre se consideró que era muy necesario para los hijos ambas figuras en su realidad cotidiana por lo que aportan de ese “contrapeso” esencial que es necesario que los hijos observen cuando los padres, en sus  tareas diarias, muestran las versatilidades de sus caracteres, sus posibles cambios de humor o sus sentimientos en determinados momentos que pueden llevar a los hijos a inquietarse, temer pos su seguridad, sentir inestabilidad.. ahí aparece el papel de compensación entre los adultos que con su proceder, sus explicaciones hacen posible racionalizar el temor que emerge en los hijos cuando ven a los padres preocupados por gestionar dificultades o momentos difíciles o emocionales y que suelen ser parte de la gestión diaria en las familias. Por ello nace el concepto de proteger a los menores y niños de las escenas de discusión, o de enfado, o conmovedoras que se pudieran dar en las familias, pero no en todas las familias se observaba una norma tan fundamental como esta; sobre todo porque aún existían familias que consideran que los niños no entienden, ni se enteran de nada y que si se afectan por una escena así es que son tontos; así hay quienes les han ido reprochando al manifestar su sensibilidad o sentirse afectados como una debilidad o defecto intolerable en cómo conciben la idea, su idea, de familia perfecta. Fueron entornos que no razonan ni hablan con los niños, ellos están de espectadores, a veces molestos, que deben rendir permanente tributo y agradecimiento por haber sido traídos al mundo, ser alimentados, vestidos, dados cobijo y suponer gastos, multitud de gastos que podrían haber sido destinados a otros fines.
Las familias que no poseían padre y madre, por cualquier causa, ya fuera una viudez prematura, o una separación matrimonial, o por soltería de la madre, entraban en el ámbito de las “familias raras” que habían recibido un castigo divino por algún motivo, a veces evidente, como la soltería, pero otras por enfermedad o accidente, que también era otra manera de recibir un castigo divino. Todo ello era evidente y no se cuestionaba. La gente perfecta no tenía desgracias pero cuando las tenían, y estaban el grupo de privilegiados, era también porque la divinidad probaba así los valores y virtudes de esa familia. Así que si eras pobre, familia numerosa y te acaecía una desgracia, o la hija quedaba embarazada, entrabas en el ámbito de las familias estigmatizadas por el pecado. (y no solo en España, en general en occidente; y descartando lo que viene ocurriendo en latitudes donde las religiones han sido más intransigentes y rígidas).
La llegada del derecho al divorcio, en España, se percibió como el inicio y oportunidad (más que en el varón para cambiar de pareja, que parecía que era lo que se percibía en las películas españolas de humor de la época) en la hembra, porque en ella resultó ser más determinante así el cambio de condición para entrar en un status de igualdad plena, pues la concepción de Autoridad masculina que venía del Estado y bajaba como tal hasta la esencia de la propia unidad familiar, había hecho inviable, en muchas familias, que la mujer hubiera tenido un mínimo de autonomía y libertad para sentirse realmente persona con derecho a desarrollar sus criterios y propia personalidad. Con casos extremos de sometimiento total al varón, y sumisión para recibir castigos físicos, morales, desprecios, insultos y agresión  psicológica si el varón consideraba que ello tenía una función educativa y de orden sobre su esposa. Y así era entendida por gran parte de la sociedad, ante las razones que esgrimía el marido para tener sometida a la esposa (y prueba de ello películas de la época donde los que intentaban mediar, preguntaban primero a la mujer si no le había faltado el respeto al marido y si cumplía con los deberes de hogar y matrimonio).  
El divorcio, la aparición de familias monoparentales, la multiplicidad de tipos de familia según sean los matrimonios desde las cuales se forman, no garantizan que la tolerancia que asumen las leyes por el imperativo de la sociedad hacia la tolerancia en cómo es cada persona y cada individuo para que tenga derecho a desarrollar su proyecto de vida y formar familias sin condicionante alguno (respecto a su sexo, ideas, concepción de la vida, religión…) no garantiza, en absoluto que el concepto de Autoridad en estas familias no siga por los mismos derroteros que hace más de 40 pero simplemente cambiando del rol que domina en la familia, aun siendo monoparental y femenina.
La idea de la Autoridad como expresión de razón y poder (cuando no explica, ni se razona) puede llevar a la identidad entre Autoridad y temor indeterminado sobre nuestras vidas, en entornos familiares. Y si a la expresión de esa Autoridad sigue la violencia, aparece no ya el temor, sino el miedo y hasta el pánico. Es un modelo de Autoridad que se aprende en la infancia, deja huella, y que si no se rechaza sinceramente, por mucho que el discurso formal de la persona sea rechazar esa forma de Autoridad violenta, ésta permanece real y explícita porque así se interiorizó como eficaz (aunque se oculte entre cuatro paredes) (o se justifique, como hacían los maridos de antaño, por el bien de la persona a sí maltratada, sea esposo, esposa o hijo). Y eso en los niños les puede llevar a fantasear con motivos de culpabilidad permanente y ante la dificultad de tener una vida normalizada.  
Así pes el sólo hecho de aceptar estas formas de violencia en la Autoridad familiar señalan, un problema de conducta aprendida en quien la porta y así la continua en su entorno. Un problema que por ello está prohibido en nuestra legislación ejercer en las familias, aunque las dificultades para probar los malos tratos sean tan evidentes como en casos como éste, cuando se observa cómo rebaten los indicios y argumentaran, como se argumentara en el pasado, como lo hicieran aquellos "Páter Familia" en el seno de sus familias ante las evidencias de maltrato, siendo respaldados por aquél Estado, con sus leyes.







Respuesta ante las evidencias de maltrato y la presunción de delito de la madre sobre el hijo



Algún familiar del entorno, que siempre había apoyado a la madre en todo lo que hacía sobre sus hijos, y que solía acudir como “Caballero Andante” a su rescate cuando esta reclamaba su presencia, recibió con alarma el audio/video sobre lo que parece a todas luces violencia extrema sobre uno de los hijos. La llamada telefónica duró unos minutos, no muchos, pues le argumento de la madre pareció girar sobre la idea de que a pesar de lo aparatoso que resulta oír ese documento que parece una prueba “evidente”, todo eso no es más que una manipulación (los audios son fragmentos sin contexto) y todo está sacado fuera de contexto. Además, la madre, argumenta la bondad de todas sus acciones, aunque parezcan aparatosas (pero que no lo son, porque ya se sabe lo difícil y rebelde que es su hijo) porque la finalidad de todo lo que ella hace lo hace por el bien de su hijo, que es lo que más quiere en el mundo; y eso ha quedado bien demostrado ante el sufrimiento que la misma ha padecido por esta causa.
Así que el familiar quedó bastante satisfecho con las razones de la mujer y se dirigió al joven, por teléfono con el mensaje de fondo de que sea permeable a la madre y será feliz. Este hombre, que acabó por alejarse de la ciudad donde trabajó, formó familia y tuvo una hija, que hace decenios de años que no ve, después de una separación donde la mujer se quejó a los familiares de este hombre que la pegaba y estos se limitaron a reseñar que “quien recibe una recibe cientos”, siendo toda ello la aportación que realizó ante la exposición de violencia que ella expresaba. Hombre sanguíneo, visceral, de muy malos “prontos”, ya separado de su ex, cuando se enteró  de la separación de esta madre de su marido (que resultaba ser sobrino de él mismo) se compró una gran furgoneta azul y apareció por el terreno de San Mateo como ese gran salvador que iba a sacrificarse el resto de su vida y sus bienes para una causa justa: la de esta mujer y sus hijo así “abandonados” a la desgracia por su sobrino. Aquello duró lo que Sabina canta en su canción. Así que ya sin objetivos “redentores” en la vida, se retiró a un pueblo de Teruel, desde donde reparte consejos atroche y mote, y con ellos su “sabiduría”, como en este caso; pero de vez en cuando, recibía alguna visita de los parientes, y estos narraban que su relación con las mujeres ocasionales que seguían desembarcando en su vida no había cambiado para nada.
Hay familias que conciben, por tradición, que la violencia sobre los hijos está justificada porque el fin es bueno. Así que no es de extrañar que si a esa violencia se suma a un carácter sanguíneo y violento de los propios personajes el resultado sea aterrador, pues la familia registra un alto índice de hijos traumatizados, y al final diagnosticados. Ellos, ven perfección en cómo consideran  que se comportan con los hijos (por lo que nunca establecieron relación causa efecto entre la violencia intrafamiliar, en la que parecen participaron también las mujeres, y los demoledores resultados de esa violencia sobre los hijos). Ellos, esa familia, cuando aparecen los resultados de esa educación que consideran perfecta lo llaman “eufemisticamente” la enfermedad,  como si sus personas fueran ajenas por completo a lo que ellos mismos han generado, producido y creado en sus propios hijos.
Se podría hablar del carácter del padre de la señora madre, también procedente del ambiente de posguerra. Narraba como si hubiera sido el primer gran susto de su vida, que a los 19 años, estando en casa de su tía entrara su tío, Guardia Civil y le pegara un tiro a ella en el pasillo y luego así mismo; y él saliera a la calle, en calzoncillos, pidiendo auxilio. Luego se marchó a la División Azul, y a su vuelta trabajó de camionero hasta que entró en una compañía de transportes urbanos. Fundó dos familias simultáneamente (sin formalizar matrimonio con ninguna de ellas y teniendo dos hijos con cada mujer) y pidió la señora madre a su entonces aún "novio" o "nueva pareja" que intercediera para que el padre se casara con la madre y no la dejara sin cobertura material si muriese antes que ella. Nadie se atrevía en esa familia a llevarle la contraria a ese hombre de carácter violento y lenguaje infantilizado, que alcanzaba su mejor escenario en las relaciones interpersonales desde los discursos de fuerza e intimidación. Así que el joven, viendo razonable la causa, le empezó a hablar a aquél hombre de más de 1:80 m. de altura, corpulento, fuerte, propenso a irritarse y a estallar (pues desde la soledad de su infancia y juventud, tuvo que basar toda su supervivencia en la intimidación), mientras percibía que le resto de la familia de aquél hombre (hijo, hija, esposa) hacían mutis apresuradamente desde el pequeño salón  hacia la cocina, cuando el inexperto recién llegado a esa familia se dirigía al Páter Familia para mostrarle los razonamientos que la hija le había expuesto el día anterior tan razonablemente. Aquél hombre de ya setenta años, que cuando paseaba por el monte sólo, de vez en cuando, se le veía levantar el brazo estirado a la vez que gritaba algo in-inteligible, como saludo nazi, como si el recuerdo en los campos de batalla de la URSS (Minsk, Smolensk…) volvieran a su mente con mayor plenitud; le miró como a un infame infecto insecto que evidentemente se metía donde no le llamaban, pisando un terreno muy peligroso; peor aún, se inmiscuía en su vida privada. Una vez concluido el razonamiento prudente y temeroso de aquél joven insensato que tenía delante (y que ya percibía de él que era inconscientemente intrépido ante él, Páter Familia) no respondió, mientras seguía evaluando al imprudente que tenía delante y cual fuera la mejor respuesta a darle que le pusiera en su sitio y marcara el territorio de una vez para siempre; y antes de que diera una respuesta, la familia, refugiada en la cocina y presumiblemente haciendo "oreja", reapareció en el salón como Séptimo de Caballería que pasaba por ahí, como si nada saber, y el hombre impelido a casarse a los 70 años, cambió de pensamiento, (aquél personajillo lo había visto por primera vez hacia unos meses, desde el otro lado de la avenida, cuando su hija se separaba de su primer marido y vio a este joven, con otros, cómo iban cargando los muebles de la hija en una furgoneta de Foskitos, producto de la división de bienes del matrimonio de su hija ,que se rompía, y que acabarían en un trastero). El mensaje había llegado al Páter Familia, y eran lo único que querían, el resto ya era trabajo de persuasión posterior que dio su fruto con una boda a los 70 años de aquella pareja (él madrileño y ella catalana, ambos niños de la guerra).
Más allá de las manipulaciones de la “nena”(que así le llamaban en casa) no estoy seguro de que el abuelo aprobara plenamente los métodos de educación de la madre con los hijos, no tengo duda, creo que ninguna, que el abuelo nunca aceptaría como razonable y como buen fin lo que se vive en estos días en San Mateo y las razones que se dan para ello, sobre todo porque él ya sabía lo que era vivir alejado de una familia, y metido en una Institución, desde niño, por no haber sido querido por nadie de su familia.





domingo, 3 de mayo de 2020

Hoy se suma una persona más a vivir en el Saso, San Mateo


El novio, sobre las 13h de ayer, sábado 2 de mayo, se marchó a su casa en Zaragoza, donde comparte piso con un compañero del que dice la madre al hijo que el compañero de su novio le denunció (o viceversa, porque a pregunta aclaratoria del hijo la madre se evade). Dejó ropas y cosas en la casa de San Mateo porque dijo que hoy sí se quedaría adormir y que él, el hijo se tendría que ir a dormir al sofá. (La casa que allí construyó el padre sólo tiene 25metros cuadrados y estaba destinada a casa para las visitas, pues estaba planeada y diseñada una casa más grande que se adosaría al garaje construido sobre un aljibe de 75 mil litros de agua de capacidad; así pues el espacio es muy reducido aunque la disposición de terreno sea de 5000 metros alrededor). El padre, cuando fue expulsado de la casa de la madre, ya habían construido esos tres elementos, la piscina, la pista de balonmano y la estructura  que une el desnivel de las dos piezas de terrenos que compró y unió, con unas escaleras, así como el vallado completo de la misma – todo ello se ven el video que realiza el hijo cuando después de unas semanas ya se empieza encontrar a gusto en aquél lugar (los costes de urbanización, aceras y farolas, vinieron después a cargo de la madre, porque el padre le vendió su parte y cedió el uso que le hubo otorgado el juez en su día de separación).
El hecho de que le digan al hijo que se vaya a dormir al sofá, ha planteado algunas cuestiones al propio hijo, pero en esencia pregunta al padre si debe defender su derecho a usar la cama grande por el simple hecho de que él no se saltar ninguna, norma ni ley y ellos, ambos dos, madre y novio, sí. La respuesta del padre – teniendo en la mente que la interpretación que hacen tanto la madre y el novio del derecho, de las leyes vigentes que rigen el confinamiento que vivimos en la actualidad, serán argumentadas en una clave jurídica que la madre tiene bien clara, pero que sólo trasluce a su entorno de confianza que es quien avalará su conducta social una vez finalizada esta nueva etapa de conflictos agudos con el hijo. Y es de suponer que el novio ha venido acudiendo a ese espacio violando las normas y ley de confinamiento en base a un “amparo” y cobertura legal que le proporciona la madre, pero cuyos términos concretos y exactos no conocemos por ahora, aunque los podemos imaginar en relación al hijo y sus circunstancias particulares; aunque el entorno social de la madre seguro que ha recibido los argumentos adecuados que servirán también de soporte legal ante cualquier situación posterior que tuvieran que acreditar, si lo fueran por los tribunales. Argumento, basado en un sentido común con que ella expresa, a su entorno social, los motivos urgentes o ineludibles que le llevaron a violar el confinamiento y a cambiar de domicilio, tanto ella como ahora su novio. Parece obvio que tales transgresiones difícilmente se puedan llevar a cabo sin el soporte legal que indique a la madre bajo qué criterios y limites ha de contemplar a la hora de expresar esos razonamientos de sentido común que le llevan a tales violaciones legales y cómo debe circunscribirse a ellos.
Así que el padre le señala al hijo la conveniencia de adoptar un perfil bajo, lo más bajo posible como señalan las técnicas para evitar conflictos, cuanto más bajo mejor. Realmente él teme que la madre lleve al novio para generar un conflicto, (parece que le avalan la idea los amigos del entorno en las redes sociales).
Desde ese deseo de mayor intimidad que expresan la madre y el novio señalándole al hijo que hoy dormirá en el sofá, y que sería muy entendible en situaciones y condiciones de normalidad, pero que en estos días, por las circunstancias que la sociedad viene padeciendo a causa de la pandemia, muchas parejas informales y personas solas, e incluso titulares de familias monoparentales, aceptan la continencia como parte de esas mismas condiciones que a todos nos vienen impuestas. Ellos han conseguido ir argumentando a su entorno social el devenir de esta situación de encuentro y lo que parece ya el inicio de una convivencia expresa y que parece que será duradera, pues al hijo, la madre le señala que  su novio debe de ser su nueva referencia de adulto, porque precisa un líder y un guía (y el hijo dice ya estar harto de que le impongan modelos que fracasan a los ojos de la madre desde niño y que en cuanto pueda se va lo más lejos posible de esta España que no entiende para nada, ni en nada le resulta coherente, para ir con un amigo a Bélgica a iniciar otra vida, si le  dejan de una vez).
Este nuevo escenario que le plantean al muchacho, la madre y el novio de desear intimidad, choca al menos con el criterio de sensibilidad que la madre argumentaba como prioritario para tratar a su hijo (sobre todo ante la evidencia de audios y videos), y sobre todo llama la atención que ese discurso de doble moral, pueda seguir sosteniéndose ante el hecho de que la evidencia en el mal trato que recibía y recibe el muchacho, desde niño, resulte ya difícil de rebatir. Sin embargo la tesis esgrimida por la madre en su rol, declarada y desarrollada en la conversación telefónica con el padre, le otorga cierta inmunidad real, si no termina por excederse y desbordarse sobre le hijo, como viene siendo su costumbre, pero ahora mostrada más evidente.
La foto que incluyo en este artículo muestra que podrían dormir los tres, en último extremo, en dicha habitación, al existir una cama grande y una litera de dos camas, pero la pareja descarta esa posibilidad de comodidad para todos e imponen su criterio de precisar su intimidad (las rigurosas condiciones de la  pandemia parece que se les hubiera hecho larga e insoportables desde un principio y la excusa del hijo les hubiera ido viniendo bien a los intereses particulares de la madre respecto de lo que considera apropiado sobre el hijo y ahora la madre ha conseguido sumar a ese criterio la presencia del novio – a pesar de que parece que ambos hubieran sido sancionados por saltarse estos hechos a petición de vecinos y compañero de piso en cada caso).
La impresión de amenazas, coacciones, intimidaciones e impactos emocionales sostenidos en el tiempo, ahora tienen una pequeña pausa que parece de recapitulación, pero los objetivos en la madre son siempre el mismo, desestabilizar al muchacho y hacerlo cada día más cercano al objetivo final. En eso nadie le hará cambiar de opinión porque sencillamente, para sí misma, ella tiene siempre la razón y consiguientemente  la lleva a su término.
Les incluyo no solo la foto del único dormitorio de la casa sino también el video que el hijo hizo cuando ya estaba bien y a gusto en San Mateo, antes de que llegara esa invasión “protectora” que desembarcó para bien del propio hijo hace ya unas semanas.

Video: Sólo estaba mejor: https://www.youtube.com/watch?v=h2m6nCkgQlc

Pique en estos enlaces para tener información al respecto

https://www.youtube.com/watch?v=Df8qAxgTeuQ&t=414s



sábado, 2 de mayo de 2020

Carta de despedida



Los medios de comunicación nos han acostumbrado a que contemplemos la violencia como un fenómeno que está alejado de nosotros, por lo general y desde los recuerdos de niños, hablarnos de Biafra del hambre que pasaban nos hacía entender a todos que pasar hambre era de las cosas más tristes que le podían pasar a las personas, y si las imágenes eran de niños aún más triste era la visión de la soledad en el sufrimiento de algo tan esencial como la necesidad de comer para tener un mínimo bienestar, porque no comer o comer mal era demás fuente de otros problemas propios de la desnutrición que acaban por manifestarse en enfermedades, padecimientos y muerte. Así lo entendíamos con sólo ver las imágenes de tv; no precisábamos ser especialistas médicos ni grandes expertos para que la visión del hambre nos trasladara emociones de tristeza, solidaridad y empatía por ese sufrimiento que representaban las imágenes de niños llorando o desnutridos, rodeados de moscas y con una desnudez que hablaba a las claras de desamparo, desprotección y vulnerabilidad.
En aquellos años sesenta, donde la prosperidad de las familias se concebía como un itinerario posible para todos, familias salidas de las penurias propias que les dejó ser hijos de quienes vivieron guerras en nuestro propio territorio, aquellas imágenes de tv de la penuria en otras latitudes del mundo, nos recordaba a todos que la solidaridad era la mejor manera de mostrar y reconocer que nadie está libre de una situación de penuria (penuria significa pena) porque sabe que ya la pudo vivir o ver en sus familias en el pasado y porque ninguna situación económica presente o futura nos garantizará que la penuria no esté esperándonos, sorpresivamente, a la vuelta de la esquina y nos acabe por alcanzar de manea imprevista cuando menos lo esperemos. De ahí nace el sentido de la solidaridad, de reconocer ese lugar común que representa para todos la pena de vivir en un mundo que no es perfecto; y aunque estemos en situación económica más o menos desahogada, aunque hayamos conseguido cierta estabilidad material (aunque no sea mucha) que nos permita disfrutar de algunos de los bienes y oportunidades que nos rodean en nuestra sociedad, siempre puede existir o un punto de retorno a esas penalidades o cierto temor a ese retorno cuando recordamos la condición humana y como esta se muestra en las imágenes de tv. Por eso el hecho de que nos impresionen esas penalidades, de alguna manera, representan la humildad que en nosotros queda; porque esa humildad es la que nos invita a la solidaridad (palabra, hoy en día, sustituida por otra más técnica y que conocemos como empatía).
Así que cuando se emite el video y los audios de ayer, se busca que las personas se miren hacia adentro y piensen en la penalidad como hecho objetivo y singular que a todos nos ha llegado, o hemos vivido, o nos puede llegar en algún momento a nuestras vidas. La penalidad es el hecho común a la humanidad. Y la respuesta que tenemos hacia ella es también la respuesta que damos a la vida después de haber conocido la penalidad en nosotros mismos. Hay personas que ante la penalidad ajena responden con dureza, o indiferencia, o minimizándola, o relativizándola, o justificándola. Ellos también han vivido penalidades y las han superado. Y posiblemente piensen que sus penalidades fueran mucho mayores que las de otros o las de cualquiera que se manifiesten en los medios de comunicación, en las redes o en la tv. Y tal vez se digan así mismos: Cada cual tiene su destino y tiene que sacarse las castañas del fuego, a mí nadie me las sacó, me he hecho a mí mismo y por eso soy como soy y he encontrado mi espacio de confort (con la manera de pensar que hoy es mi guía y con la cual me he salvado y me salvo de cualquier situación); la dureza es en realidad el signo de esta vida; y soy capaz de mostrarme frío y distante para que las penalidades de otros no me alcancen y me perturben en ánimo (recordándome las mías propias); mis penalidades me las he gestionado yo y sólo en momentos íntimos sé que puedo expresarlas porque esos momentos  me permiten mostrarme con cierta vulnerabilidad que hace atractiva mi persona a alguien. Pero el resto del tiempo soy el que soy, y así ven los cercanos a mí, que mi capa de dureza es en realidad la coraza que he construido (incluso contra mi voluntad) para sobrevivir en este mundo común mente ingrato para todos y que por lo tanto, mi coraza, cuanto más dura y es pesa sea más muestra a los míos que soy sensible y vulnerable, mucho más que quienes nos rodean y que por eso me protejo con mi coraza (coraza, palabra que significa proteger al corazón).
El video que circuló ayer, más allá de los audios (que son la parte más llamativa del mismo), muestra una imagen que tal vez por lo llamativo de esos audios haya pasado desapercibida; comienzan con la imagen de nuestro planeta, desde el espacio, a cierta altura, Y luego muestran a un joven chateando con su padre a escondidas de la madre. Lleva los cascos puestos para que nos e oiga la voz del padre, y ambos se ven mediante la video llamada. La madre, junto a esa misma cama duerme vigilante. Por eso la conversación entre el padre y el hijo es semi muda, solo puede hablar el padre, el hijo solo puedo llorar y escribir. Y es una imagen real y de nuestros días y en un mundo real y de nuestro entorno inmediato. Y se transmite al mundo casi a tiempo real.
Si el audio es llamativo, no lo es porque la señora madre grite violentamente al hijo, o grite histéricamente socorro policía reiteradamente, o se invente la posibilidad de una agresión inmediata por parte del hijo; no, ni siquiera porque cuando llama al mecánico de san mateo para arreglar el corta césped, y la madre guie la conversación sobre qué residencias son mejores para enfermos mentales (si públicas o privadas) e invite/obligue al hijo a participar de esa conversación muy propia para arreglar un corta césped. Ni siquiera que al acabar la conversación le diga a su hijo que ya visitarán residencias de esas para que las vea. Tal vez ello les haya pasado desapercibido en el audio ante los gritos inicales de la madre y el reproche del hijo con el que comienza el audio en el que le recuerda que su madre le dijo: No me tiene miedo porque no me conoces.
El objetivo del video, conocer la doblez de un discurso publico y privado; porque para simplemente hacerse unas fotos con su hijo le agrede le insulta y le chantajea, como se puede oír claramente. Porque se supone que no es una persona inculta, presume abiertamente y con posterioridad ante una llamada telefónica de sus múltiples conocimientos en todo tipo de facetas, incluidas las psicológicas, determinando que el hijo es muy sensible; consecuentemente deberíamos concluir, que las técnicas de gritos, insultos y violencia emocional al hijo son producto y consecuencia de que aplica esos conocimientos al problema que tiene delante, pero lo que parece más obvio es que ella misma, esa persona los ha creado y crea constantemente el problema sobre su propio hijo. Y lo ha hecho hasta ahora y durante decenios, con un discurso a los médicos como el mismo que muestra al padre. En la intimidad ocurre lo contrario de lo que dice. De esa manera aísla cada día más al hijo y lo hace más dependiente de ella, en contra del discurso público que sostiene en sus entornos sociales y con los médicos. Hace creer que el hijo es dependiente por la dureza exterior del mundo que le rodea, pero oculta a esos mismos médicos que es ella quien proporciona y suministra esa dureza que le intimida, paraliza y cuando quiere escapar le persigue.
Así que desde estas líneas hago público, ante la inminencia de la amenaza de la madre que el próximo lunes lo expulsará de San Mateo para crearle un grave problema con la autoridad que poder explotar en beneficio del plan maternal de meterlo en una residencia para siempre, que, hijo mío, haz y escribe ahora una carta, como puedas y como te salga; una carta que es conveniente que leas en voz alta a tu madre; que la grabes, como tuviste que empezar a grabar para superar el miedo que su sola presencia te produce. Háblale porque serán una de las pocas palabras que se oirán de ti ante ella; léesela con serenidad porque será un gran testimonio.
Te quiero y ahí estoy. Como dijo tu madre, si hace falta, detrás de ti voy yo e iré yo.
Les pido que vuelvan a ver el video, https://www.youtube.com/watch?v=Df8qAxgTeuQ&t=414s  pero ahora sin audio y díganme o piensen en qué ven. 
Debido a las dificultades en difundir el vídeo públicamente se ofrece la posibilidad de ofrecer las imágenes en privado mediante el enlace siguiente.

https://www.youtube.com/watch?v=Df8qAxgTeuQ&t=414s

viernes, 1 de mayo de 2020

invisible sufrimiento extremo (de un muchacho)

Este vídeo puede herir su sensibilidad:  ver La tragedia de al lado.  
https://www.youtube.com/watch?v=Df8qAxgTeuQ&t=414s


Ante la amenaza que el muchacho recibió ayer por parte de su madre, de ser expulsado del Saso – San Mateo de Gállego, Zaragoza – inminentemente, y en fecha ya por ella señalada para el próximo lunes 4 de mayo del mes en curso, con la finalidad de crearle un verdadero conflicto que pudiera avalar y argumentar ante las autoridades, en medio de este confinamiento forzado por Ley, y previendo, consecuentemente, generarle conflicto grave en cualquiera de las opciones que se le ofrecieran al muchacho (ir a recogerle en vehículo, mandar un taxi a recogerle e incluso si él mismo intentara tomar el autobús de línea) para volverse con su padre. En tal situación ya extremada, y con la única finalidad de defender la integridad moral y física de su hijo, el padre ha confeccionado esta noche el siguiente video, conformado con documentos sonoros y videográficos , tanto de la madre y del hijo, acaecidos recientemente en ese mismo domicilio donde ahora están conviviendo la señora madre y el hijo en la urbanización el Saso – San Mateo de Gállego- Zaragoza.
Obligándole la situación al padre, por fuerza mayor, y en estos momentos único medio a su alcance, hace público y difunde dicho documento por todas las redes sociales a su alcance con la única finalidad de intentar obstaculizar, en alguna medida, la feroz y despiadada actividad de la madre contra su hijo.
Siendo el padre consciente de las adversidades que por ello pudieran derivarse para él mismo.  

jueves, 30 de abril de 2020

La pareja "psicópata" fumigará con productos tóxicos en San Mateo de Gállego

Prosigue la tortura psicológica de la señora madre hacia su hijo. La consecución de acciones moralmente violentas contra el muchacho no cesa un solo día pese a ser conscientes, esta señora maltratadora y sus amigas,  de que en las redes sociales algunas de sus agresiones son narradas por el padre, con la finalidad de que se muestre, explícitamente, el comportamiento que esta señora ha ido teniendo con este muchacho en particular durante muchos años; pero ahora alcanzando el clímax propio de mentes perturbadas.
 Muchos años en los que actos similares a los descritos se han sucedido sobre el joven de manera opaca, siempre justificada y argumentada por la señora madre como desvaríos de su propio hijo. Ella, esta señora madre, ante la lucidez que estos días mostraba el muchacho fijándose en la frialdad con que la señora madre ejecuta una tras otras cada una de estas agresiones, le respondió con una vaguedad inquietante lanzada al aire en la soledad de esa casa, señalando que funcionan como una secta de esas como las que Iker Jiménez denunciaba en Cuarto Milenio. De esta manera se incremente día a día la morbosa atmósfera que la madre instauró con su desembarco en su propiedad hace algo más de un par de semanas (so pretexto de cuidar al muchacho), hoy va alcanzar otras nuevas cuotas de enfermiza morbosidad.
 Recordarán los lectores,  cuando esta señora madre apareció la primera vez en San Mateo y el muchacho le pidió que pusiera los productos químicos que había traído en el garaje y la madre contestara con esa “normailidad”  tan propiamente suya al grito de “Socorro Policía” “Socorro Policía” "no toques mis cosas"; tal vez escrito sobre estas líneas algún lector no crea el relato y sería preciso añadir un audio para los incrédulos de esa escena concreta; sobre todo para que los lectores pudieran visualizar con claridad la naturaleza del carácter con la que la señora madre se muestra ante el hijo, puesto que no es fácilmente creíble concebir ese comportamiento de la señora madre por cualquier lector.
No parece un comportamiento sano y tal vez por ellos hiciera falta un documento expreso, claro y meridiano que no permita concebir dudas al respecto de la tortura por la que el muchacho está pasando en estos días. Y es consciente el padre, que el hecho de denunciarlo en las redes sociales apenas produce el suficiente eco como para que los instrumentos del Estado, que tan rápida y ágilmente funcionan en otras situaciones de maltrato psicológico evidente, en esta, sin embargo, queden al margen o incluso no se hayan percibido de la misma.
El sistema jurídico español ante estos casos no está bien preparado, porque sólo es preventivo o protector cuando la situación de maltrato de esta naturaleza se expresa con mujeres pero no con varones. De ahí que la señora Gloria Labarta esté tan cómoda ante esta situación que su amiga la señora madre ejerce sobre su hijo. Gloria es de esas señoras que traslada los asuntos, una vez encauzados, a personas como Pablo Muñoz, ese abogado metido en política, de aspecto de listo incompetente (como se diría en prety woman) que lleva cualquier caso que le acerque de ese entorno al que pertenece la madre (al que esta misma madre le da semejanza de secta de Cuarto Milenio).
Al intentar desvelar la situación que padece el muchacho y buscar todos los medios para prevenirla, recordé a un letrado de mi juventud, Antonio Puertas, y le consulté su opinión. Él, además de ejercer la abogacía, pertenece un órgano de asesoramiento en temas psiquiátricos; cuando le presenté el asunto lo tuvo claro desde un primer momento: hasta que no suceda algo realmente grave no se puede intervenir. Así que se ha de entender que Gloria Labarta, letrada con experiencia y en la recta final ya de su carrera, estas cosas las sabe y las ha observado en multitud de ocasiones; pero dudo que Pablo Muñoz, se entere, realmente de qué tipo de casos le pasan en este ambiente sectario, que es como la madre se lo expresa a su propio hijo cuando éste, en momentos de meridiana claridad ante lo que está viviendo y padeciendo por parte de la madre, le pregunta. Y la madre complacida de estar avalada en todos sus actos jurídicamente por su amiga Gloria le hace ver que ella, ellos, son como una secta de Cuarto Milenio.
Hoy el padre publica este artículo porque lo que ya se va pareciendo a una pareja “psicópata” (como en la familia Adams) han decido fumigar el terreno de San Mateo, y el muchacho, nuevamente, se ve venir un día incómodo y con cierto peligro para la salud. (un accidente con productos tóxicos? …. desde luego si no tienen experiencia y conocimientos, no solo es probable sino posible) Desconozco si el novio tiene conocimientos ni cartnet para manipular estos tipos de productos (pero a la vista está que la pareja no está, ni parece estará, por respetar normas y leyes, a la vista de cómo se van saltando las normas y leyes vigentes durante esta pandemia, mientras las sanciones sean puramente Administrativas); ahí detrás, entre bambalinas se hallará, si es precisa, la mano mágica de Gloria Labarta y Pablo Muñoz, para resolver todo en los tribunales si es preciso.  Por lo que la madre dice al hijo sobre lo que sucederá en el día de hoy, un amigo de este novio le ha facilitado un paquete de tóxicos para fumigar y hoy el novio se traslada nuevamente de Zaragoza a San Mateo para llevar a cabo la tarea. Veremos cómo se desarrolla el día. Ni Hitchcock lo concibiera de mejor manera para uno de sus guiones.
  El abogado del padre está porque se denuncie ya (¡¡Eso es un cachondeo!! le dice al padre), pero el padre cree sintonizar con la pscoterapéuta del muchacho, con que se está ahora en posición para que él, el muchacho, use las herramientas que se le están dando para enfrentar la extrema situación morbosa que ha vivido durante muchos, muchos años en solitario, aislado y sin apoyo alguno.
Los lectores pueden leer, ahora, todo este proceso. 
(en el fondo de este asunto se halla, evidentemente, la naturaleza del carácter español cuando se muestra extremo, y con el que muchas personas creen que gestionan legítimamente sus asuntos, incluido los de sus hijos; y cómo consiguen colaboración exterior para llevar la situación a sus últimas consecuencias si es preciso). 





miércoles, 29 de abril de 2020

En 25 años, asegura la señora que nunca llamó al padre.



En una señora que tiene familia numerosa produce, en primer momento, una extrañeza que invita a esperar una explicación de la misma a continuación. En una conversación de calle, ligera, de esas de “hola me he encontrado contigo y pasaba por aquí”, soltar como si nada, y casi de corrido, a la primera de cambio una aseveración de ese calibre invita, al que la oye, al menos a preguntarse el porqué de la misma; y si no lo hace en ese mismo momento lo hará, sin duda, en la próxima ocasión que se produzca otra encuentro aparentemente casual. Así funcionan algunas relaciones de calle para algunas personas; la vida para ellas es una permanente estrategia de comunicación e imagen. Así, que si la pregunta no saltó de la boca del interlocutora o interlocutora en el mismo momento del primer encuentro, saltará al siguiente; sobre todo si la señora va acompañada de sus vástagos; y la respuesta que ella pudría dar, delante de sus propios hijos generaría, sin duda, una gran solidaridad para con la madre que así se muestra, viendo a los peques con ella, y dando lugar a un verdadero reproche hacia el padre, aunque no lo conozcan, o aún conociéndole y nunca haber sospechado del mismo tal actitud: ¿Que no se preocupa para nada de los niños? ¿Que no los ve? ¿Que no pasa el dinero necesario ni se preocupa de los gastos? Y la respuesta a continuación de la señora madre sería algo así como “no quiero decir nada, pero es que ese señor no está bien”. Genial respuesta que deja con otra interrogante para otra ocasión; interrogante que aunque no se satisfaga podría correr de boca en boca, en cualquier situación social casual o festiva, que todo el que hubiera oído sobre la solitaria situación de la madre con hijos, quería, desde luego, saber qué pasa con ese seños tan ingrato, insensible e irresponsable…. Pero todos a la vez entenderían el motivo que ya diera la señora madre en la primera ocasión en que, casualmente y como quien no quiere la cosa, respondía: “Es que no está bien”. Claro!!!  Así se entiende, ¡¡con niños tan hermosos!! Solo cabe esa explicación. ¡!Qué mujer tan valerosa y abnegada!!
Es de suponer que así sería la escena que permitiría que todo el que conociera a la madre fijara en su mente una fotografía clara y nítida del pérfido y malvado padre, aquejado de un tal “es que no está bien” que ahora, tras las razones de la madre, salta a la vista con otra pregunta: ¿Y cómo no le pides que pague los gastos de los niños? Y ella respondería como resignada: Para qué? Qué se le va a hacer!!! Ya tiene bastante desgracia!!!!   Y la gente pensaría, ¡¡¡¡demonios!!!! Si es una Santa y mártir!!!   A partir de ahí la señora madre estaría exculpada de cualquier situación poco aceptable en la que pudiera observársele y reprochársele a cualquiera otra persona (incluido si pegara salvajemente a los hijos???)   Sí, cuesta un poco entenderlo, pero sí, al final del todo exculpada. La vinculación entre madres e hijos es tan potente que difícilmente se puede considerar poner en cuestión; así que lo primero que viniera a la mete de quien observara a esa señora madre sería: Es una Santa y una Mártir.
,¿Creen que es posible que una madre con familia numerosa no llame al padre de sus hijos en ninguna situación? Pues sí, es posible; esa actitud la comprendí hace unos años, cuando una vecina mía, ya mayor y con hijos ya crecidos y luchando por la vida, como todos, señalaba que se separó, al final de múltiples sufrimientos matrimoniales con maltrato físico incluido, por consejo, casi mandato, de sus propios hijos. Y que en el deseo de perder de vista al padre de sus hijos prefirió salir perdiendo en todo, si con ello conseguía librarse de él.
Así que el argumento de fondo que exhibía esa señora madre estaba en la calle y era el pan nuestro de cada día en aquellos matrimonios que se unieron en las décadas del posfranquismo, cuando ser hombre equivalía a tener derecho a todo, por encima de todo e incluso a quitarle la vida legítimamente al cónyuge en determinadas situaciones gravosas para el honor del varón. Así que la señora madre, trabajando en el entorno de muchachos problemáticos de familias desestructuradas del barrio, solo tenía que adaptar lo suficiente su “discurso” público para que las “apariencias sociales” trabajaran a su favor (el resto lo harían los prejuicios constituidos por decenios de años de machismo). Sólo había que tener valor y determinación para llevar aquello hasta sus últimas consecuencias. Y en estas nos vemos ahora, cuando observamos el castigo moral extremo que sufre uno de los hijos, por el mero hecho de ser testigo de lo que fue en realidad y no de lo imaginado por un entorno social, (demasiado ocupado en sus problemas cotidianos como para pensar un poquito en si la historia casa de verdad o no casa de verdad); además siendo la señora funcionaria de tan determinante labor social, no cabía duda que la propia experiencia en sus carnes recibida por ese hombre que ya se empezaba a antojar despreciable, le haría mucho más sensible a una problemática familiar que hacía posible naufragar vidas de personas y familias enteras en su barrio. Y ella estaba allí, con los servicios sociales, mano a mano, cada día trabajando por amortiguar aquellas situaciones emanadas de la pobreza con falta de recursos, falta de formación y hombres egoístas incapaces de asumir sus responsabilidades ante sus actos y sus hijos, y que determinaban un muy mal ejemplo de figura paterna para los propios hijos, determinando así su lamentable destino vital lleno de detenciones, malos actos y rebeldías que llegaban al ámbito de la policía y de la fiscalía de menores; en un esfuerzo descomunal de coordinación para enmendar esas vidas y esas situaciones familiares con tan adverso pronostico. Toda una vida ejemplar, la de esta señora madre, ante los ojos de cualquier vecino del barrio.
 Pero viene a resultar que el padre que “parecía muerto” “y enterrado” a los ojos de la sociedad que circunda, viene a aparecer e intentar poner los puntos sobre las íes cuando ve lo que ocurre con uno de sus vástagos y se pone manos a la obra para evitar lo que ya parece una evidencia y consecuencia de una estrategia de imagen social llevada por la señora madre hasta sus últimas consecuencias: ¿Se quiere llevar al hijo por delante porque le afea el relato construido durante décadas? ¡¡¡Algo habrá que hacer!!! Aunque todo esté en contra, incluso la posiblemente propia fama del padre, convenientemente motivo de justificación de los actos de la señora madre. Y es cuando se propone el hombre seguir dando su propia versión, la que siempre dio y nadie parecía hacerle caso (ahora resultaba obvio y entendible). Pero el hombre insiste y tira de memoria, documentos y sobre todo del ánimo que le impulsa a defender a una buena persona, inteligente, que la madre no duda en sacrificar ante la vista y pasividad de una sociedad que estaba convencida de la legitimidad en las razones de madre y hermanos; aunque no se acabara de entender muy bien o algunas cosas no terminaran de casar del todo. Pero la vida es así, no siempre se entiende todo y hay que aceptarlo. Así es posible que un pretendido “crimen” se concrete a la vista de todos sobre un muchacho inocente, y la mayoría diga. Se veía venir, claro, por culpa del padre, pobre muchacho.
Así que el padre, ante afirmación tan categórica sale a la palestra a desmentir semejante “bola” de “patio de colegio” que la señora madre pudo construir, pues así el resto de hijos asegura, construyendo sobre el padre (y probablemente ahora sobre el hijo así maltratado) para salir indemne de sus propias negligencias. Y el padre se dispone a señalar algunas cuantas sólo a modo de ejemplo, pues ya se sabe que con esta señora madre si lo que se dice no se respalda, tiene una amiga Gloria Labarta dispuesta a poner las cosas en su sitio en los tribunales, para que el “aire”, mejor y más conveniente, les venga siempre a favor.  Incluso en este momento en que la señora madre y su novio se saltan cuarentenas casi a diario, parecer ser, pero el testigo está en poder de ambos y aislado. Y eso es lo que le lleva al padre a porfiar en la defensa de su integridad física y moral, y por ello salta a las redes sociales en defensa de una criatura, y persona ajena a estas especulaciones interesadas sobre su propia persona juvenil, que va siendo consciente poco a poco que su deseo de comprender preguntando puede llevarle a un encierro permanente y de por vida, a la vista de todos (que quedan de  brazos cruzados, preguntándose si las amenazas que se ciernen sobre el chico son galgos o podencos); y que ahora, el muchcacho,  se halla en manos de personajes poco a nada piadosos, al contrario de lo que habían hecho creer hasta el momento en su entorno social; personajes que sacrifican a cualquiera en aras de sus fines concretos y que produce a cualquiera que se haya apercibido de esta situación, penosa en el muchacho, prevenirse lo mejor posible y no salir a escena, para no convertirse en una “pieza más”, en un objetivo, en “una presa a batir” por personas expertas en “imagen y persuasión social” sobre cualquier persona que esté a su alcance y que se les cruce en el camino de sus intereses y objetivos.
No es cierto que el padre no se interesara por sus hijos, sin embargo, si lo es, que la madre, desde el primer momento de la separación obstaculizara cualquier posibilidad  de que el padre participara activamente en las experiencias vitales de los hijos. El primer y determinante gesto lo tuvo cuando se presentó el padre en el por entonces APA del Colegio Cesáreo Alierta (colegio bien distante del domicilio familiar real de la familia, pero que gracias  a sapiencias e intereses, pudo colocar cambiando de empadronamiento a los hijos; la letrada del padre consideró aquello era una situación que le beneficiaba al propio padre, pues las consecuencias de la separación podrían ser más gravosas económicamente para el padre - que tendría que rehacer su vida - que para la madre, pues esta podría optar por un colegio privado haciendo más penosa le resurrección del marido). La madre, que bien se preocupó de que uno de los hijos, en una vista quincenal, le dijera al padre que habría reunión de la APA al comenzar el curso, una vez acabada la reunión, la señora madre  expresara a la dirección o jefatura de estudios que no quería volver a ver al padre en esas reuniones escolares. Por entonces el derecho a asistir al APA solo asistía al progenitor que tuviera la guardia y custodia de los hijos y su criterio prevalecía en cualquier situación y circunstancia. El permiso para que el padre asistiera a las reuniones del APA dependía, exclusivamente, de la madre; y ésta tenía meridianamente claro que el padre no pasaría de cualquier línea que significara influir o modificar cualquier aspecto del plan de educación que tenía concebido para los hijos (incluidos los castigos físicos extremos, que aunque prohibidos, prevalecían como recurso educativo eficaz para ella).
Las llamadas por parte del padre existieron para recordar los horarios de entrega de los hijos quincenalmente en las visitas de fin de semana. Y también se recuerda cómo le hacía esperar en el coche al padre, cada mañana de sábado, una o dos horas, so pretexto de que los niños estaban desayunando y preparándose para salir. Los ritmos de la señora madre siempre fueron los mismos, todos tienen que adaptarse a ellos (lleva años obligando al hijo que vive con ella a comer a las cinco de la tarde, porque es la hora que a ella le apetece comer, trastocando los horarios de sueño y actividad del joven, al que no le dejaba acercarse a la cocina, so pena de griterío escandaloso); así que sus ritmos, si los imponía a sus hijos cómo no los iba a imponer  más un padre expulsado de la casa. Ver a los niños, para el padre, era una alegría que hacía sobrellevable esas continuas demostraciones de territorialidad de la señora madre; incluso ya no reparaba el padre, en la indumentaria que hacía llevar a los hijos la madre, y de la que la familia del padre se quejaba (siempre los mismos chándales viejos y desgastados comprados en el rastro y usados hasta la extenuación). Hasta el punto de que una tía, cansada de verlos en las frecuentes visitas que hacía el padre, para que los niños no perdieran el contacto con el resto de la familia, se hartó tanto de verlos así que decidió por su cuenta comprarles pantalones, camisas y jerséis a todos ellos, para que al menos  el padre les cambiara de ropa cuando se los entregara la madre. Así iban los hijos a todas partes a diario, con esa vestimenta, cómoda sí, pero perpetua en forma, colores monótonos, siempre parecían ir con la misma ropa; salvo evento familiar destacable y bien extraordinario, que en su familia, pequeña y reducida no cabía darse (bodas, comuniones). Y aún así, un día, al ir a visitar el padre a los hijos al colegio Cesareo Alierta, entre semana, mientras jugaban en el patio, uno de los hijos se cayó y se rasgó el desgastado chándal; se le conmovió el corazón y el ánimo, al ver como el niño lloraba de angustia al ver el pequeño roto, en la rodilla de esa ya desgastada prenda, previendo que su madre le pegaría. En principio pensó que sería una regañina lo que le dijera al pequeño (pues nunca, hasta entonces, en la mente del padre se concibiera que la señora madre pudiera llegar en modo alguno a ese extremo), pero la angustia que mostraba el niño le llenó de preocupación los días siguientes, y al fin de semana que le tocaron niños les preguntó abiertamente. La respuesta que les dio le llevó a coger inmediatamente el teléfono y llamar a la madre para advertirle que eso no lo podría hacer más y que él, estaba dispuesto a llevarle a los tribunales. La señora madre tuvo el mismo tono con el padre que siempre, ni afirmó ni desmintió, y le mantuvo a distancia con el siempre argumento de que no se preocupaba ni sabía nada de ellos.
Después de comentar la situación dada en los hijos, el padre, a su jefa de Servicio de su trabajo (Doctora en Derecho) y  luego, esperando a la cita con su psicoterapeuta, comentárselo a él también, ambos llegaban a la misma conclusión “no sería para tanto”, ninguno de los dos había visto el rostro de angustia del pequeño que yo vi en el patio del recreo, ni cómo tenían de asumido que “la mama nos pega mucho” como única respuesta a la pregunta del padre, mientras seguían viendo en la tv una de las cintas de video infantil que les solía poner cuando recién llegaban a casa del padre.  Así que unas semanas más tarde, después de solicitar las notas de los niños en el colegio y que le hicieran esperan dos horas y media en el hall de entrada hasta que el director le dijo que Sí, que como padre tenía derecho a saber de las notas de los hijos, dándole en ese momento las notas que hasta el momento habían sacado y el padre le pidió que se las mandara regularmente a casa, comprobado que no eran tan buenas como él suponía que debieran de ser. Con ellas en la mano, redactó una denuncia en el juzgado, y esperó la intervención de los equipos especializados en maltrato, que nunca llegaron, ni se supo de ellos, el juez había archivado la causa; y cuando esa situación la presentó a la abogada que le había tramitado la separación matrimonial, le dijo: Tú lo que tienes que hacer es trabajar mucho, mucho para tus hijos (no entendí aquella sugerencia en aquél momento, pues como funcionario mi salario era el que era, sin que cupiera prever milagros en su cuantía). Hoy compruebo que la madre del muchacho intenta hacerle ver que su destino va a ser trabajar como un negro, como su padre, y así lo expresa él, como quien le pone un futuro bien negro a la alternativa de ingreso perpetuo que se lleva entre manos; y la madre le pone como referencia al padre, porque según ella así le ocurre al padre. Y éste padre se lo desmiente al hijo así atemorizado, porque es evidente. El padre siempre busca como disfrutar o ser creativo en cualquier trabajo que realiza como funcionario. Pero ahora que recuerda los acontecimientos lejanos, a causa de defender al hijo nuevamente, le viene a la memoria que su propia abogada, entonces Azucena Lusilla, le planteó similar alternativa. Es curiosa la simetría en los planteamientos de ambas mujeres y es de preguntarse hasta dónde llegará, o cuán extendida esté similar opinión en la sociedad, cuando se pretende denunciar una violencia ejercida por una señora madre en cualquier tiempo pasado o lugar presente, como es el caso de ahora.
Y efectivamente, la madre una vez que supo que el padre hubo puesto denuncia, como le advirtiera a ella por teléfono previamente el día que constató aquella veracidad en las respuestas de sus hijos y sus efectos en las notas; pero esta denuncia entró en hibernación, la señora madre decidió no entregar más los hijos al padre; aunque estos, en las llamadas para ir a buscarlos, ellos cogieran el teléfono directamente y dijeran que sí al padre, ella, la señora tomaba el auricular para decirle al padre: Los niños no quieren estar contigo.
Muchos años más tarde, relatando estos recuerdos a un letrado, a causa de la cuestión que ahora le afecta a uno de los hijos ya mayor, este le reprochó no haber puesto la denuncia con un abogado (probablemente cierta la razón que expresaba, pero la letrada ya sabía de esa denuncia; y creo que los juzgados de la ciudad también, pues el juez se negó a recibir al padre cuando fue a preguntar por el estado de la misma y dada la insistencia del padre, ya en forma de desafío evidente, tuvieron un intercambio de reproches que acabó con una amenaza del juez en meter al padre en la cárcel y le consta, de alguna manera, que estuvo a punto de hacerlo, al mandar a un letrado (el padre se trataba en el trabajo con letrados que cuya actividad se hallaba en los tribuales) a, probablemente, evaluar el estado del padre y decidir si actuaba o no contra su persona); la visita con la letrada fue inmediatamente posterior; probablemente por ello su respuesta primera fuera: “Estamos todos bien remojados” y la segunda ya referida: “Tiene Vd que trabajar mucho por sus hijos”. Ahora piensa el padre que tal vez sí trabajó mucho por sus hijos, aunque no en el sentido que lo dijera aquella letrada, pero desde luego en la Administración tanto municipal como en la DGA saben a ciencia cierta que es bien cierto, pues entre sus proyectos hay uno estrella, si esta pandemia no lo trunca, saben quien lo ideó, redactó y divulgó hace ya 20 años, mientras los políticos de entonces pensaban sólo en campos de golf, mega construcciones, y super-centros de logística. Aquél trabajo hablaba ya entonces de sostenibilidad, calidad en los sistemas de producción, garantía de bienestar laboral y etiquetado sobre el producto, garantizando que se respetaban estándares respecto al medioambiente, transparencia económica de la empresa y calidad de vida en las condiciones laborales de los empleados y trabajadores. Precisamente todo lo que necesitaríamos ahora para salir de la crisis con productos que portan valores que ahora todos necesitamos, para no repetir los mismo errores del pasado.  
Cuando al padre le constaron que realmente a los hijos sí les habían maltratado como él creyó en su momento, pero nadie le creyó a él, empezó a entender que él no estaba loco, como habían pretendido, pero desde luego algún o varios si los están, permitiendo estas situaciones.
A parte de las llamadas que la señora madre le hizo al trabajo mientras estaban aún formando única familia, el padre no se hace eco en contenido ni formas, porque no es el caso, pero de las que sí se percatara el ambiente laboral en su momento.
Difícilmente el padre hubiera podido enterarse - ya separados ambos, y la señora madre haber bloqueado las visitas de los hijos al padre - de que a uno de los hijos le hubieran de realizar una operación cuyo resultado pudiera desvelar una situación bien grave, para el aún niño, por clara dejadez de la madre en los cuidados básicos señalados para este niño en concreto, desde su nacimiento. Así se deducía de las palabras que el doctor - cirujano pediátrico - le dedicaba a la señora madre con la puerta entreabierta de la habitación del niño, ya estando éste preparado para entrar en el quirófano de la clínica Montpelier, situada en vía Hispanidad.  A causa de este incidente sanitario que se resolviera positivamente, pero del cual, ella, se marchó en cuanto el doctor le habló de lo que parecía su responsabilidad, dejando al padre e hijo solos en la habitación, mientras el padre acompañaba al hijos hasta el momento de entrar al quirófano y éste, el hijo, le suplicaba que le acompañara, sin permitirlo los celadores (algo que hoy en día parece algo diferente en algunas ocasiones). A la salida del niño del quirófano solo estaba el padre en la habitación, posteriormente la madre llegó para reprocharle que la culpa de todo era del padre y de su familia (es decir de sus genes), para acto seguido llamar a la familia materna y decirle que fueran a ver al chico. Incluso llamó a su novio del momento; y donde viéndose des-hubicado el padre, así se lo hicieron sentir esa familia, se despidió de su hijo y se marchó. Años más tarde pensó el padre que le hubieron llamado para parar el golpe ante una posible adversidad y - como la madre anticipaba en la conversación previa - para hacerle responsable del percance médico del muchacho. Debiera saber el doctor pediatra Alejandro Acero, del Gabinete Médico Hernán Cortés, cuáles eras las circunstancias previas que hicieron posible esta intervención médica, pues previamente el padre le hubo solicitado informes de todos sus hijos y según ese médico todo estuviera correcto y el problema observado al nacer el hijo, no parece reflejado en esos informes; aunque ya resuelto afortunadamente, ni siquiera había alguna referencia al respecto en sus informes; pero el cirujano de la Clínica Montpelier parecía tenerlo bien claro. (la madre siempre gozó de esa autonomía y libertad que otorga tener un seguro privado – ella y sus hijos en aquél momento -, al garantizarle privacidad real y efectiva en cualquier padecimiento que pudieran haber tenido ella o sus hijos, sin que su historial médico se incluya en sistemas de redes sanitarias compartidas; lo que en sí mismo representa un alto grado de intimidad y auto gestión de su propia salud y la de sus hijos, pero también una gran responsabilidad, que era lo que parecía reclamarle el cirujano, pues parece que la señora madre no daba explicaciones de actos como este a nadie).
Afirma el padre, que las llamadas de la señora madre se producían, aunque no fueran frecuentes; y no siendo frecuentes siempre eran por alguna contrariedad severa que hacer recaer al padre, desde retrasos de pagos en material, libros o tratamientos que la madre le pedía se gestionara por el ayto y luego encorría al padre hasta acusarle de haberse quedado el dinero, sin reparar que los retrasos en esos pagos alcanzaban a veces los tres meses; hasta en otras ocasiones en que pedía aumentar unilateralmente la pensión de alimentos del padre por haber más gastos pero sin concretarlos, ni presentar facturas al respecto que pudieran determinar una cuantía concreta. La respuesta al ser preguntada concretamente siempre era  la misma: Sacar a los niños adelante cuesta mucho dinero. Pero luego con los años el padre se entera que cuando iban de viaje, al menos en esa ocasión, la señora madre, esperando un enlace de transporte en Madrid con otro destino más lejano, no tuvo reparo alguno en hacer pernoctar a sus hijos en un portal, cerca de una boca de Metro, haciéndoles ejercer turnos de vigilancia a sus hijos para vigilar las maletas, hasta que se hiciera de día (con niños de 15 y 16 años; incluso pudiera ser que la señora madre se sintiera orgullosa de ello; al haberse ahorrado el coste de un hostal, a pesar de que nunca tuviera carencia de efectivo, pues para la señora madre resulta ello un prioridad esencial; disponer siempre efectivo que garantice holgadamente su presente y futuro).   Así pues sí hubo llamadas telefónicas de la señora madre al padre, aunque de éste padre transmitiera una idea de inútil o innecesario; llamadas que no solo las recibiera de la señora madre sino que él también las realizara para saber de sus hijos, hasta que concibiera todo ello inútil y estéril ante persona, como la señora madre, dispuesta a ser un muro infranqueable que aprovecha la ocasión de cualquier motivo que fuere la llamada del padre, para ningunearle, orillarle, humillarle y despreciarle,  eso sí, con un tono displicente y a la vez paternal y abstractamente considerada, consecuente y paternalista, como quien sabe dominar plenamente una situación, controlando la conversación y llevándola siempre al mismo terreno y en las mismas manearas descritas hace un momento. Parecía bastarle apelar al discurso que había construido para dar razón y sentido vital a su propia vida.
Ahora que la señora madre se muestra rebelde, como ella misma dice de sí misma, saltándose la cuarentena y haciéndola saltar su propio novio, recrimina al hijo por hablar con su padre, le dice al hijo que el padre es el maltratador y que se busque el padre gente de su edad para entretenerse que va a ponerle una denuncia. Con lo relatado hasta ahora pueden hacerse idea de cómo ha estado entendiendo la vida suya y la de sus hijos esta señora madre.