Los hechos, los datos, aun siendo efectivos, no son la realidad, no tienen ellos por sí realidad y como no la tienen, mal pueden entregarla a nuestra mente. Para descubrir la realidad es preciso que retiremos por un momento los hechos de nuestro entorno y nos quedemos a solas con nuestra mente... No debería ser necesario hacer constar esto: todo el que se ocupa de labores científicas debería de saberlo. Ortega y Gasset (1932)
Miguel Ángel Ibáñez Gómez - maiges_ps@hotmail.com
- Cateyes: ¿Lo Aparente y Lo Real?
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sábado, 2 de julio de 2016
Escudo de Armas
Nota: Gracias a José Luis y a su padre, que hoy en su centro de formación de artesanía me han mostrado la página web que me ha permitido reconocer mis escudos familiares.
sábado, 25 de junio de 2016
miércoles, 22 de junio de 2016
El Tango, algo más que un baile
Danzar es una
actividad que acompaña al ser humano desde el comienzo de los tiempos. Es una expresión
que forma parte del reino animal. Baste recordar la multitud de danzas
nupciales que hemos observado en especies cuando estas buscan al apareamiento
en las épocas de celo. O la danza que realizan las abejas para comunicarse la
localización de zonas para alimentarse. Pero el hombre, el ser humano, ha ido
más allá de los ritos de cortejo y en sus danzas. Ya desde la prehistoria muestra su vinculación con el mundo espiritual, como ocurre en momentos de caza para sustentarse,
o cómo la danza se convierte en un medio de “preparación” de la comunidad para
ir a la batalla – en éste sentido es buen ejemplo el recordar las danzas de los indios americanos, que
antes de la llegada del hombre blanco se encontraban en la Era de Piedra.
El Ser Humano danza
alrededor de una hoguera – que representa
el sol – girando en torno a ella, como si de los planetas se tratara. Incluso
algunas danzas europeas regionales tienen formas similares en las que las parejas
giran en torno a un centro imaginario - a veces el inconsciente es mucho más
explícito que cualquier argumento hablado.
El tango es una
danza singular que adopta, por igual, formas de individualismo y creatividad
como pareja de baile, donde la libertad de los bailarines – mostrada a través de múltiples figuras,
algunas de ellas de apariencia imposible - alcanza cotas insospechadas de complejidad, y llega hasta formas de baile en sociedad donde la línea de danza, entorno a un centro
imaginario, nos evoca el movimiento de los astros celestes y, por tanto, del Universo.
Ambas maneras de concebir el tango son complementarias y muestran, con
claridad, los roles sociales de las personas que practican esta danza. Así pues, hay dos maneras de practicar y entender el tango:
La primera el milonguerismo
– ir a bailar a una milonga como baile social – tiende a representar las
relaciones sociales de la propia sociedad. La mujer tiende a facilitar los
movimientos del hombre evitando ser un obstáculo o un inconveniente, y le
complace adornando cada iniciativa que el hombre toma. Es como una pareja que
se muestra en sociedad como pareja perfecta y compenetrada.
La segunda,
el tanguerismo que tiende a la individualidad de cada uno de los componentes de la
pareja. Donde tanto la mujer como el hombre sostienen un rol propio y no
complementario, al menos no como se muestra en el milonguerismo, e incluso, en
cierta manera, son antagónicos. Aquí el hombre propone un movimiento – y a diferencia de en el milonguerismo –
la mujer no le sigue complacida, sino que, aceptando por lo general la
propuesta, va generando situaciones complejas – figuras incómodas para el hombre - en donde el hombre debe de estar
a la altura de las proposiciones de la mujer. Incluso la mujer llega a tomar la
iniciativa proponiendo figuras que ponen en peligro el equilibrio del hombre – sobre todo si este no está acostumbrado a
que le contesten. Estamos en el terreno de los tangueros. Tangueros que
representan la dureza de la vida tal cual es.
En ambas ramas del tango, de cintura para
abajo, la pareja, con sus piernas, establece un diálogo más o menos complejo o complementario con
alternativas en las iniciativas tanto de la mujer como del hombre. Y de cintura
para arriba se muestra la tanguidad – una
especie de armonía que ignora, por lo general, lo que sucede de cintura para
abajo.
La mujer busca
un Hombre de Verdad. Si se tropieza con un Gil lo arruinará, si puede, para
mantener a su propia familia o simplemente por capricho – y en esa actitud todo vale.
Si encuentra un
hombre de Verdad caerá, al final, rendida a sus pies. Esta aparente sumisión se
mostrará en la figura final con la que termina el número de tango.
Por eso el
tango, es algo más que una danza.
domingo, 19 de junio de 2016
¿Quién era el Guapo de los Tangos?
La figura del Guapo ha quedado impresa en la Historia del
Tango. El Guapo – denominación que aún se
usa en Latinoamérica para designar a una persona que se pone chula – era quien
defendía el honor del barrio y quien peleaba, arriesgando su vida por sus
vecinos.
Tal vez hubiera muchos tipos de Guapos, pero este prototipo
que les presento era singular. No amaba a ninguna mujer, y por ello no temía
morir en una pelea, pues en todo lo demás era valiente. A la única mujer que amó fue a su madre, pues careciendo de
padre conocido fue la única figura que le dio afecto y cariño; y sin embargo,
esa mujer tuvo que hacer de todo para sacar a sus hijos adelante.
Sin embargo, un día se enamoró de una mujer muy similar a su
madre. Aquello fue demoledor para él. Se dio cuenta de ello en medio de una
pelea. Le apareció un temor desconocido que antes nunca existió, ni había
sentido. Se sobrepuso y acabó con su rival. Pero meditando se dio cuenta de que
se había enamorado y ello le hacía débil. No tenía miedo a morir, si no que en
medio de una pelea le asaltaba la idea asociada con un sentimiento de temor, temor de no volver a verla otra vez.
Todos se burlaron de él, incluso su amada.
sábado, 18 de junio de 2016
Bicicletear por Zaragoza
He recuperado mi bici. La compré hace 23 años, cuando me separé. Ya tenía una de carreras, que era el anhelo de mi vida infantil y que adquirí a los 19 años. Por entonces circular por Zaragoza era todo un riesgo de grandes proporciones; la mayoría de los vehículos, y sobre todo los profesionales, te venían a considerar como interfiriente y perturbador elemento de la tranquilidad (¿) de las vías de circulación.
Ahora, con más de 50 años recupero la magia de la bici. Magia que observaba de niño cuando por la noche venían a apagar las luces de mi barrio - calle Miguel Servet - un hombre con una gran pértiga que, farola a farola, las iba apagando de una en una.
En tiempos, buscando alguna noticia pasada en el Heraldo de Aragón, pude comprobar que, a principios del siglo pasado, los accidentes de bicis eran numerosos ante la proliferación de los vehículos autopropulsados. Y comentando esta circunstancia, me dijeron algunos del Matadero Municipal, que la Policía de aquella época multaba a los trabajadores, en las madrugradas cuando iban sin luces en las bicis a trabajar. Ha pasado mucho tiempo de aquello y ahora parece claro que precisamos una ciudad mucho más humana y cercana al ritmo, no de una máquina veloz, sino, del ser humano.
Ha pasado tanto tiempo que todo el conocimiento sobre circulación, ante la providencial advertencia de un Policía Municipal, la he de actualizar; y en ello me he puesto viendo que existe una especie de Reglamento y Plan Director en el que han participado multitud de personas.
Aún así, y antes de leerlo con detalle - pues como no puede ser de otra manera los textos normativos son muy técnicos y por ello difíciles - me viene a la memoria el reciente comentario de un compañero que me aseguraba que en la Plaza del Pilar se puede ir en bici; he mirado el texto y en principio no hay nada que lo avale. Por ello, "a priori", echo en falta un texto sencillo y fácilmente entendible sobre cómo usar la bici en Zaragoza.
Ya os comentaré.
jueves, 16 de junio de 2016
Maravillas de la Humanidad
Éste
título abre la puerta a un libro que empecé a escribir hace unos años y que
quedó en la página cuarenta, aproximadamente. Es un viaje por los misterios de
la Humanidad, misterios tan extraordinarios que difícilmente se pueden creer
para la gente común, pues hoy estamos tan acostumbrados a que las maravillas
vengan de la técnica que nos olvidamos que no hay nada más sorprendente y
magnífico que el Ser Humano. Como anticipo a esa obra que algún día concluiré
les muestro la temática de uno de sus capítulos.
Era
una tribu del norte del centro norte de Europa, allá por Dinamarca, sur de
Suecia y parte de Alemania, que por circunstancias decidió que el número de
personas que la componía era excesiva para el territorio que dominaban.
Territorio duro y frío, pero al que se habían acostumbrado y del que todo lo
conocían… sus animales, sus plantas, su clima…. Para ellos todo era previsible,
por ello, el pequeño grupo que debía de partir de su hogar estaba realmente
triste. Perderían a sus parientes y amigos – aunque en realidad su tribu era
como si todos fueran hermanos. Así que, el día anterior a la partida, decidieron
darse regalos y recuerdos unos a otros. El grupo estaba formado por una pareja
(hoy diríamos matrimonio) de mayores, bastante mayores para el camino que
deberían recorrer. Y unas siete hembras y otros tantos machos; además de cuatro
o cinco niños. Había un líder; un varón de unos 35 a 40 años. Fuerte, duro,
moreno, de ojos claros, que sabía que el viaje no sólo sería peligroso, sino
también cabía la posibilidad de que todos acabaran por perecer en tierras
extrañas, donde ni el clima, ni los animales, ni las plantas tenían porqué se
similares a las que habían conocido. Tendrían que aprender a reconocer los
alimentos nuevos y las plantas nuevas, y en ello también podría haber riesgos.
Salieron
antes que el Sol. Y se despidieron de los que con ellos se levantaron, que fue
prácticamente toda la tribu. Tenían la misión de, si encontraban un adecuado
territorio, volver alguno de ellos para guiar al resto del grupo que quisiera
partir hacia nuevas tierras. Ya había se habían dado en el pasado unas
circunstancias parecidas, pero del grupo que les precedió no volvió miembro alguno para dar
razón de ellos ni de las circunstancias de su aventura.
Se
encaminaron al sur, siguiendo el curso de un gran río. Curso que abandonarían
para desviarse al ocaso, con la intención de llegar al fin de la tierra. Ellos
sabían que el mar rodeaba toda tierra, y buscaban encontrar los límites del
mundo en que vivían.
Al poco
tiempo de salir, cuando apenas llevaban nueve o diez jornadas de viaje, se les
cruzó, en una vaguada, un enorme oso pardo; un viejo y gigantesco oso les
cortaba el paso en un lugar de difícil escapatoria. El animal les había seguido
durante varias horas buscando un lugar para la emboscada, y la encontró. No
tenían escapatoria, tenían que hacer frente al gran oso. Así que el líder aprovechó
la ocasión y encomendó la tarea de matarlo a uno de los jóvenes, casi
adolescente aún, muchacho del grupo. Tenía que probar su valor.
El valor era una de las virtudes
fundamentales para poder ser amparado por la tribu. Si un miembro no mostraba
valor no se podía confiar en él. No se podía confiar ni para ir a cazar en
grupo – porque podía flaquear y poner en riesgo a al resto – ni serviría para
defender la tribu de los adversarios – hecho que no ocurría con frecuencia,
pero en ocasiones había que demostrar al adversario que se estaba en
disposición de morir antes de ceder un palmo del territorio que era el soporte
de la alimentación de toda la tribu. La alimentación, el vestido y la
seguridad.
El muchacho tomó una lanza y se
encaminó hacia el enorme animal. Se fue acercando poco a poco. Su padre, temió
por él y se interpuso en el camino. Y al muchacho le entró un miedo que antes
no tenía. El Gran oso, se enfureció más; pues no había urdido esa estrategia
para matar a ningún humano, sino para morir dignamente. Llevaba semanas muy
enfermo y los dolores apenas le permitían cazar o comer. Por eso había
acorralado a ese clan, solo para morir dignamente y aquello le enfureció de tal manera que fue a arremeter contra el
resto del grupo y contra los más vulnerables. Tuvo el líder que salir al paso y
cortarle el camino. El animal se volvió a poner sobre las dos patas traseras y
su presencia era capaz de intimidar a cualquier ser viviente. Pero al líder nada
le intimidaba. El Animal abrió los brazos mientras se acercaba a ese hombre
dispuesto a morir o matar. Y el líder le dio una muerte rápida. Él sabía,
anticipadamente, los motivos de tan noble animal.
Lo descuartizaron después de
quitarle la piel que sería curtida durante en las próximas semanas por las
mujeres. Y disecaron todos los trozos de carne que no podían comer en pocos
días. Unos días más tarde el líder llamó al padre y al hijo y los expulsó del
clan. No podía confiar en ellos. La manera de amar el padre al hijo ponían en
riesgo la misión. Así que se marcharon al día siguiente. Sin embargo, al pasar
las semanas se reencontraron y el líder le hizo una nueva prueba al muchacho
que superó con gran satisfacción para todos.
miércoles, 27 de abril de 2016
Franco se merece esas medallas?
27 de abril de 2016
El artículo de
El País refleja la petición de retirada de las condecoraciones que Franco recibió
de Francia a través de la Legión de Honor, antes de la llegada de la República
a España en 1931. Oponen un deseo de revisión de la historia pasada en atención
a todos los hechos posteriores que acaecieron no sólo en nuestro país sino
también en la lucha y resistencia de Francia contra el fascismo alemán y el
meritorio papel que en ella y en la liberación de París tuvieron los exiliados
y republicanos españoles que han venido siendo homenajeados y reconocidos como
héroes recordando un momento de la Historia europea donde el lugar más seguro para
la población civil era reconocer las virtudes de los superhombres que
sometieron a toda Europa, proclamando la decadencia de las democracias y
exhibiendo al hombre alemán, y a la raza que representaba, como modelo a
seguir.
Los alemanes de
entonces, apoyándose en una visión adversa de la sociedad humana – y recordando
a su pueblo que con ellos el mundo había sido extremadamente injusto y
vengativo – se apoyó en los nuevos filósofos para tomar “la parte por el todo”
y convertir la lucha espiritual de un hombre ante la adversidad, en la lucha de
todo un pueblo contra el mundo, causando excesos aberrantes a la población
civil europea. La idea alemana de la gran raza, de los hombres perfectos en
cuerpo y alma, sedujo en todos los países de democráticos. Cabría preguntarse
si además de financiación económica recibida de las grandes democracias para
frenar el comunismo el nazismo recibiera, además, aportaciones y ensayos
filosóficos y políticos que le dieran la suficiente solidez como
para erigirse en modelo político a imitar. Sin embargo, todo señala que el
apoyo que recibió el nazismo solo tenía una finalidad: detener y acabar, si era
posible, con el avance del comunismo en Europa, que se representaba por un
pueblo carente de instrucción, conocimiento y sensibilidad artística, y carente
de todo glamour. El nazismo representaba todo lo contrario al comunismo y por
ello tenía el apoyo de las élites dominantes de los países más desarrollados
del mundo. El nazismo aparecía como el renovador de la moral y de la fortaleza
humana que surgía, como ave Fénix, de la gran humillación de la 1ª Gran Guerra.
En ese proyecto
de frenar al comunismo – que nació en Rusia con el apoyo de los servicios
secretos alemanes a Lenin y que amenazaba con la expropiación de los medios de
producción, y consiguientemente con la propiedad privada y el capitalismo –
España jugaría un papel tristemente importante. El control del Mediterráneo no
podía caer en manos comunistas o de gobiernos comunistas y el objetivo
internacional era mantener neutral a España.
Formalmente
Rusia había acabado por ser reconocida internacionalmente bajo el nombre de
URRS, después de que todas las potencias participantes en la 1ª Gran Guerra –
vencedores y vencidos – se unieran todos contra Rusia en un intento de restablecer
el orden normal de las naciones – era costumbre apoyarse contra cualquier tipo
de revolución, como lo fue en el pasado “los cien mil hijos de San Luis” en
España, o la Alianza contra el Napoleón nacido de una Revolución burguesa. Por ello
no podían volver a declararle la guerra a esa nación careciendo del pretexto
pertinente, por lo cual se usó de los nazis para controlar el progreso
comunista en Europa.
La recién nacida
República española lo hacía bajo la idea popular de que todos los males que
aquejaban a la sociedad civil serían erradicados al día siguiente, 15 de abril
de 1931. Sin embargo la ingenuidad que propició ese entusiasmo y fe popular en
el nuevo régimen ignoraba que su nacimiento tenía origen en el deseo de ocultar
la gran corrupción económica y moral que las guerras africanistas habían asentado
en el propio ejército y que en ése afán de evitar el conocimiento de los
detalles de la misma por el Parlamento y la opinión pública, el monarca Alfonso
XIII consintió la Dicta-blanda del General Miguel Primo de Rivera, y que a la
postre sería causa de la pérdida de prestigio de la Corona cuya debilidad fue
aprovechada electoralmente y que, probablemente, fue presentada como símbolo de
todos los males de la Nación española.
Es probable que
el “juego” de insinceridades interesadas por todas las partes fuera la que
pusiera las bases de una pugna política basada más en las demostraciones de
fuerza que de razones, por lo que el nacimiento de la República, a pesar de
traer un aire de modernidad, renovación y confianza en la cultura como
instrumento de liberación de las personas, pudo estar asentada en sus inicios
en cimientos poco sólidos que los acontecimientos internacionales iban a poner
a prueba duramente.
Todos los
procesos encaminados por los distintos Gobiernos Republicanos – tanto de
derechas como de izquierdas – que buscaron la modernización del país, desde las
mejoras en las condiciones laborales, los derechos de la mujer, la separación
entre Iglesia y Estado, el divorcio, las uniones civiles, la reforma agraria, el
impulso a la educación e Instrucción Pública… etc, acabaron siendo
interpretados – todos ellos – como actos revolucionarios de manera definitiva cuando en 1936 ganan las
elecciones el Frente Popular y la habilidad de aquellos que conocían los
temores que despertaba el comunismo en occidente – y han sabido leer el impacto
positivo que los fascismos alemanes e italianos han ocasionado como fórmula “conciliadora”
entre los anhelos de la sociedad civil de acceder al bienestar y un Estado
fuerte, estable y monolítico que respeta la aristocracia, las tradiciones y la
religión – intrigan buscando un respaldo internacional para derribar, no ya al
Gobierno republicano, sino al propio Régimen.
Los planes
internacionales ya contemplaban que habrían de combatir contra el nazismo que –
aunque freno del avance comunista –
vuelve a asentar sus raíces en un nacionalismo excluyente, expansionista y extremadamente
autoritario y violento – hecho que mejor
sirve a sus fines y que es causa del apoyo económico de esas élites europeas –
pero a quien habrá que poner coto (algo parecido a lo que pudo ocurrir con
Sadan Husein por poner un ejemplo reciente).
Por ello España
no puede tener un sistema democrático que no asegure, de manera indudable, que
estará en la posición correcta cuando se produzca la confrontación en Europa. Y
si en la 1ª Gran Guerra la neutralidad de España le permitió una época
floreciente en su economía, en esta ocasión el signo político de neutralidad es
dudoso y a ello contribuye la conspiración en el exterior pretendiendo asegurar
que la República Española tiene graves derivas revolucionarias que podrían
acabar en un formato bolchevique.
Franco es
apoyado por los gobiernos democráticos, pero la naturaleza del apoyo no puede
ser públicamente explícita, por lo que se bloquea el envío de armamento al
Gobierno de la República argumentando un deseo de no fomentar el conflicto, con
lo cual le queda como única financiación a la URRS lo que refuerza la hipótesis
revolucionaria que pesa sobre la República y permite su más perfecto
aislamiento de la opinión pública europea.
Por ello puede deducirse que las principales democracias europeas esperaran,
en realidad, un Golpe de Estado rápido y
eficaz que no prosperó y que nos llevó a tres años de guerra civil polarizada –
al menos así pretendidamente – entre fascismo y revolución comunista, por lo
que todos los esfuerzos realizados por el Gobierno legítimo español,
encaminados a mostrar a la opinión pública internacional que era un gobierno
democrático y plural fueron ignorados por el propio miedo de las sociedades
civiles europeas a ver en sus propios países un escenario similar al español. Este
temor civil facilitó las políticas europeas de pacificación con el régimen
nazi. Políticas que se mostraron ineficaces y que aumentaron la percepción de
una gran guerra inevitable y similar a la 1ª Gran Guerra en todo el continente.
A pesar que en España la izquierda radical
viera en la inminencia de la guerra europea el escenario idóneo para desengañar
a la opinión pública europea de la manipulación de sus propios gobiernos sobre
lo que ocurría en España y la legitimidad Republicana, otra parte más esencial
de la República venía a señalar todo lo contrario. Es posible que el análisis
que puso fin a la guerra civil entregando Madrid a Franco señalara que el
estallido de la Guerra en Europa sólo beneficiaría en España a las posiciones
más radicales, fomentando aún más la confrontación entre fascistas y
comunistas. Es posible que el estallido de la Guerra Europea hiciera perder
toda legitimidad democrática en el futuro, fuera cual fuera el signo de su
resolución, pues lo que a esas alturas de la confrontación podía quedar claro es
que el inicio de la Guerra europea podría terminar con toda probabilidad, con
la pluralidad política que aún se esforzaba en mantener en su seno el Gobierno
republicano. Y tal vez, otro hecho se pudiera evitar: Depender, lo que de
España quedaba o quedara, de potencias extranjeras.
Decir que el
comunismo en España era una opción mínima en la II República parece, a estas
alturas irrelevante. Pero merece la pena señalar que el comunismo era ajeno,
en mi parecer, al carácter español y que para fomentarse tanto en España como
en Grecia o Francia fue preciso que apareciera el antagonismo del fascismo, que
le dio razón de ser internacionalmente (pero sólo después de la invasión de Polonia)
al igual que el apoyo que le brindó la Iglesia Católica, del que se hizo
antagonista como mejor fórmula para prosperar.
Franco no acabó
con el comunismo en España – acabó con la
democracia. Con el comunismo que medró en los frentes de batalla de la
Guerra Civil – y que alimentó Franco,
antes, durante y después de la Guerra Civil con su sola presencia o memoria
– acabó la propia República Española como último acto ante el avance de una
opción política que pretendía ganar e los frentes de guerra y con el apoyo de
la URRS, lo que nunca tuvo a su alcance en elección democrática alguna.
Sólo el
irracional egoísmo con que Europa protege su no siempre honrosa historia hace
posible que aún hoy en día no sea reconocido – aunque fuere a título simbólico – la heroicidad con que afrontó la
República y el pueblo español un alzamiento militar que en ese momento convenía,
por diferentes motivos, a las democracias de Europa. Y no sólo es así, parece,
sino que el legado que nos dejaron los europeos fue no sólo el de un dictador –
al que luego, pretendiendo castigarlo, a
todos nos castigaran – sino también una historia reciente en la que no se
termina de aceptar la plenitud de los derechos civiles de las personas, pues
aún se sostienen deudas con los antepasados. Deudas que nacen de una
intolerancia de la que aún quedan residuos en el carácter español. Residuos que
vienen de una guerra injusta, de un triunfador injusto y de un interés injusto
de nuestros vecinos que nos trajo sufrimiento y violencia a varias
generaciones.
Tal vez por
ello, por todo ello a Franco los franceses no lo retiren las distinciones
pasadas apelando a un reglamento que precisa la necesidad de oír las razones en
defensa del mérito otorgado que ahora le pretenden quitar sus adversarios;
defensa que debiera realizar el propio Franco (es posible que los franceses distingan y respeten el hecho de que uno
de sus premiados lo fuera legítimamente por virtudes personales que en su
momento ostentaran aunque después las olvidaran – a no ser que Franco nunca se
saliera del guion marcado por Europa). De saber este extremo, tal vez el
gobierno galo hubiera debido recordar dichos méritos ante la ONU antes de
prestarse a defender en ese organismo la “cuarentena” que llevó a muchos años
de hambre a nuestro país – hambre que no pasan los dictadores ni su entorno que
sostiene el régimen – y del que nos rescataran, a pesar de Europa, los
Norteamericanos. Tal vez con ese acorralamiento político pretendieron los
europeos que los civiles nos volviéramos a levantar contra el dictador… (¡¡¡¡¡)
Tomen note de la esquizofrenia gala cuando de España se trata. La conveniencia
del momento político siempre pesa más que el sentido común.
Nota: El Rey reivindica a los republicanos.
Felipe VI evoca a los exiliados españoles en su recorrido por la geografía del destierro:
Nota: El Rey reivindica a los republicanos.
Felipe VI evoca a los exiliados españoles en su recorrido por la geografía del destierro:
http://politica.elpais.com/politica/2016/03/20/actualidad/1458489525_206678.html
Los celos del Maestro.
26 abril de
2016
Siempre vimos,
en todo tiempo y lugar, desde que los discursos de los maestros pretenden enseñar
a los discípulos y alumnos, lo molesto que les resulta que un alumno - sin ser revoltoso, ni perturbar el orden de
la clase – mantenga la mirada perdida en el vacío, ensimismado. No porque esté
haciendo cosa diferente que le distraiga, sino simplemente porque en un momento
dado del discurso del Maestro se siente evocado a la contemplación del “infinito”.
Absorto y
distraído. Embaucado en un lugar intemporal, el alumno percibe la Eternidad. Insípida,
inodora, incolora, indefinible… el alumno, literalmente ha salido de sí mismo y
es “espejo” de lo transcendental e inmutable. Experimenta la nada y la no-nada.
Es incluso la inmortalidad.
Y el Profesor,
molesto porque el alumno no le presta atención le suele hacer regresar
súbitamente de ese estado donde “no es”. Y no le pregunta qué sintió, qué
entendió, qué percibió. Ni tampoco le da una explicación por la que entienda el
propio alumno qué ha sucedido. Normalmente le culpabiliza o reprocha su falta
de atención ignorando el “viaje” realizado por el discípulo.
Análogamente a
la descripción que Schopenhauer hace del “abandono de la individualidad” al
observar la belleza (una rosa, por ejemplo) el alumno, “distraído”, estaba
contemplando esa Eternidad y, por ello, formaba parte de ella. Mientras, el
Maestro, atrapado en su interés por enseñar se considera despreciado en “su
sabiduría” basada en la “ciencia”, la “opinión” y la “vida cotidiana” (que son
las cadenas que atan al Maestro a la Caverna de Platón según la define
Schopenhauer) y recrimina al alumno ignorando que éste le estaba mostrando, con
su rostro, “La Eternidad”.
sábado, 23 de enero de 2016
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