Roles Sociales: Cuando el marco
aceptado, para toda la sociedad, es de conflicto
(sin alternativa real, a pesar del lenguaje empleado)
Simon and Garfunkel
The Boxer (1969)
Soy solo un niño pobre
Aunque rara vez se cuenta mi historia,
he desperdiciado mi resistencia
por un bolsillo lleno de murmullos.
Así son las promesas.
Todas las mentiras y las bromas.
Aún así, un hombre escucha lo que quiere escuchar
y hace caso omiso del resto.
Cuando dejé mi casa y mi familia
no era más que un niño
En compañía de extraños.
En la tranquilidad de la estación de tren.
Corriendo asustado.
Acostado bajo, buscando los barrios más pobres
donde la gente harapienta va
buscando los lugares que solo ellos conocerían
Mentir la mentira mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir
mentir mentir mentir mentir mentir mentir
mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir
mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir
Pidiendo sólo los salarios de obrero
que vienen en busca de un trabajo
pero me dan ninguna oferta.
Sólo un come-on de las prostitutas en la Séptima Avenida.
Declaro, hubo momentos en los que estaba tan solitario
tomé un poco de consuelo allí
La-la-la-la -la-la-la
Ahora los años pasan a mi lado,
se balancean uniformemente.
Y soy mayor de lo que fui
Y más joven de lo que seré;
eso no es inusual,
no, no es extraño
Después de cambios tras cambios,
somos más o menos iguales,
después de cambios somos
más o menos iguales.
Mentir la mentira mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir
mentir mentir mentir mentir mentir mentir
mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir
mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir
Mentir la mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir
mentir mentir mentir mentir mentir mentir
mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir
mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir
Luego estoy colocando mi ropa de invierno
deseando irme,
regresando a casa,
donde los inviernos de la ciudad de Nueva York no me estén sangrando,
llevándome
a ir a casa.
En el claro está un boxeador
y un luchador de su oficio.
Y lleva los recordatorios
de cada guante que lo tumbó
y lo cortó hasta que gritó,
en su ira y su vergüenza:
"Me voy, me voy".
Pero el luchador todavía permanece, todavía permanece.
Mentir la mentira mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir
mentir mentir mentir mentir mentir mentir
mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir
mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir
Mentir la mentira mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir
mentir mentir mentir mentir mentir mentir
mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir
mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir
Mentir la mentira mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir
mentir mentir mentir mentir mentir mentir
mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir
mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir mentir
Gracias, buenas noches
Gracias, gracias
Ese eco hippie, que pareciera superado y olvidado, salvo cuando la moda
recupera algunos de sus rasgos en el vestir, pero sin duda ahora choca con la
visión en España, donde parece que sí se tolera la experiencia personal e
individual pero se puede considerar “imposible” una escena de un grupo de
Hippies pacifistas en modos, maneras, formas y convicciones, incluso cuando son
multados, invitan a la benemérita a comer con ellos. La imagen que más se
extendería por aquí del movimiento Hippie fuera la que se divulgara desde las
películas de Paco Martínez Soria, donde creo recordar dedica dos a ese
ambiente: “Hay que educar a papá” y la otra “Abuelo made in Spain”. En una de
ellas el hijo se va con unos hippies que se aprovechan de él constantemente y
se exceden allá dónde van, usando términos como “burgués” para despreciar o
reprochar. Y en la otra película aparecen como nietos los componentes de los
Brincos – grupo musical popular- y el abuelo es arrastrado a los bares y
tugurios donde beben y se drogan los Hippies, incluso metiendo en un problema
al abuelo porque alguien le mete algo en el bolsillo cuando se ve a la policía
entrar en lo que parece un tugurio. Bien, nada, absolutamente nada, tiene que
ver eso con el mundo Hippie de Arcoiris, al menos de lo que ese grupo va
trascendiendo desde hace años y años; y de otros semejantes como Cristianía en
los Países Bajos. Así que es probable que a falta de una sencilla indagación
inicial – o incluso a pesar de ella; pues
bastara posiblemente con acercarse a los pueblos cercanos donde es muy probable
que compraran comida y otros enseres para poder estar asentados las cuatro
semanas que tenían previsto estar – para saber de qué tipo de grupo se
trataba, de qué naturaleza, y bajo cuales principios se orientaban, para prever
lo que realmente se iban a encontrar con mucha probabilidad; y aunque siempre
haya de disponer el ánimo para algún tipo de sorpresas, al menos saber cuál era
el tono general con el que iban a tratar. Aún así se concibe que los roles que
se asumen como miembros de las fuerzas de seguridad llevan, casi de manera
inevitable, a funcionar a base de modelos estereotipados de personas o
personajes, constituidos a rasgos generales, y casi siempre bajo un prisma de
“prejuicio” que permite así su clasificación y manera de disponerse a actuar
ante esa “definición” previa que han constituido para entablar “un tipo de
relación concreta” según sea el personaje concreto y las circunstancias. Suele
ser inevitable, e incluso el personal que se relaciona con personas propias del
mundo de la delincuencia también suelen establecer este tipo de clasificaciones
“sistemáticas” para aproximarse a los distintos “personajes tipo” desde donde
poder establecer un criterio para analizarles en maneras y formas de proceder.
Por ello, los personajes de esa comuna resultarían tan chocantes, pues nadie
que es multado invita al agente a comer si no es que pretendiera “algo más” o
fuera una especie de burla. Así que si uno de los presentes multados, sonríe al
agente y le invita a comer probablemente el agente piense o que está zumbado o
que se está riendo en su cara, y si persiste en esa sospecha pudiera incluso
acabar frente a un juez en alguna razón de falta de respeto a la autoridad. Es
decir, los parámetros que se establecen también son de un marco de conflicto,
con reglas de conflicto y estrategias de conflicto (entre cazador/presa) – y
para nada se concibe marco alternativo viable y razonable. Si te multan, la
consecuencia es estar cabreado, sí o sí, no hay alternativa en el marco de
relaciones de conflicto – por lo que un
juez o un fiscal difícilmente concibieran situación diferente a la de marco de
conflicto. Y si en vez de ser 140 personas solo fueran 1 ó 2 ó 3 las
posibilidades de salir detenido por falta de respeto a la autoridad son altas.
A parte de esa hipótesis cupiera pensar en que hubiera mayor trasfondo –
aunque no parece nada probable –
concibiendo que si la imagen hippie se construye aquí como el reflejo de esas
películas mencionadas y observado en EEUU el creciente aumento de consumo de
drogas, pudiera temerse que se extendiera llegando por aquí, ante el adverso
panorama que se le presenta a la juventud (y
los adultos recordamos los estragos que esas sustancias acabaran produciendo en
amigos, destruyendo sus vidas precipitadamente y lo duro que resultara a otros
conseguir salir de las adicciones) fuera una manera de marcar distancia con
ese ambiente hippie. Todo en medio de la campaña mediática donde los jóvenes
son el centro de la censura por ir de discotecas y fiestas, eso sí, con la
diferencia de que la excusa social para relacionarse es el botellón, no suelen
ir desnudos, ni se cogen de la mano haciendo una gran rueda para dar gracias al
universo por esta maravillosa vida, y sobre todo escuchan música de moda y de
abrazar no parece que abracen árboles sino como siempre se hiciera en nuestra
cultura, a veces farolas para llegar a casa, en el contexto de esta sociedad
que les dejamos en herencia… (en medio de
un gran cambio tecnológico, social y quién sabe si político a nivel internacional,
que no sabemos dónde nos deparará, y menos a ellos, que debieran haber heredado
una sociedad tan perfecta como la que les planteaba que ya era la nuestra, en
institutos y colegios – por cierto, hoy anuncia el suicidio de otra alumna,
como siempre el colegio no sabía nada, a pesar de años de queja, algún otro
padre sale a señalar que se mira para otro lado…la policía solo tiene la pista
de un wasap, sin nombre, diciendo: “muérete”).
Vemos pues que el rol social determina la adquisición de ciertos
“prejuicios”· destinados a “facilitar” y el trabajo, “reducir procedimientos” y
abreviar actuaciones, e incluso obviarlas, que debieran reunir requisitos
rigurosos que se suelen sustituir por relatos “estereotipados o tipo” en los
que aparecen los “elementos precisos y necesarios” para considerarlos ciertos y
rigurosos; en la siempre idea de “economizar” medios y recursos.
En la situación de crisis, donde la gente
busca residencias en las afueras de las ciudades o en pueblos donde el espacio
natural sea accesible e incluso parte de la propiedad, el grupo de Hippies “dan
un toque” alternativo y de distancia que parecía imposible de contemplar como
alternativa realista fuera de esa misma época en que nacieran (la impresión que da es que no estamos para
más debates “de fondo” que ahora vengan a poner en cuestión el modelo social y
que tal y como se presenta el futuro, gente que se pueda apuntar al carro de
una “exclusión” social fuera de los cauces reglamentarios y previstos; y menos
si para ello se organizan por su cuenta). Las imágenes de
ABC sobre la intervención de la Guardia Civil resultan algo tristes, lo
que en sí mismo parece actitud recurrente (y
tic inevitable).
Imaginar,
solo eso, es por imaginar, que la noticia llegara a una autoridad política
relevante - que se ve teniendo que
gestionar las medidas del Covid, presionado por unos y otros – y los
términos que se usen fueran similares a los empleados en la prensa: “Cientos de jóvenes, en el monte – pasando de
todo”. Las imágenes de la
intervención sobre el grupo (140 personas),
movilizan numerosos efectivos, al menos para dar imagen de “control”, y que
reciben a las fuerzas con muy inconvenientes e irresponsables “abrazos” en
pandemia. Sin duda, las imágenes son poco alentadoras, por lo que tienen de
desproporcionado despliegue, pero parece que “reclamadas” por parte de la
población (que precisa de esas mismas
imágenes para sentirse segura). Tal vez por ello, el Gobierno asegura que
“si se les ha de echar se les echará” – (y
da la sensación de que cruzan los dedos: todo puede ser aprovechado para seguir
erosionando en medio de un impulso donde se busca resolver problemas de mucho más
fondo). En circunstancias diferentes tal vez ello fuera visto de manera
bien distinta y sin esa desconfianza que busca, de partida, “etiquetarles”. Sin
duda, ver un grupo que sostiene convicciones naturalistas, y sobre todo
pacifistas, sin el acostumbrado y eficiente control del Estado, que se ha podido
ver sorprendido, en las particulares
circunstancias que vivimos; la noticia de que les han puesto unas setenta multas
, hará tornar sin duda la idea de control requerida.
Parece
subyacer un siempre temor a un posible “toque de clarín” que nos señale nuevamente
que la Democracia, por aquí, nunca podrá equiparse con otros estándares, y que
el régimen de la dictadura siempre tuviera algo de razón: Los españoles no
están, y nunca estarán, preparados para asumir una democracia a la europea; el
autoritarismo y el prejuicio subsisten, paradójicamente como garantía ante ese
vértigo del pasado; debemos considerar que los Derechos civiles y los valores
de nuestra Constitución deben ser siempre interpretados en razones de Estado (las razones de Estado suelen considerarse
también dentro del convencimiento de que el “marco de conflicto” y sus reglas,
son las que rigen en la sociedad – y los intereses que entorno a la sociedad se
crean y pugnan por imponerse - porque precisamente estas se muestran en
estrategias, a veces soterradas y otras evidentes, cuya lectura apenas está al
alcance de quienes están acostumbradas a lidiar y gestionar con ellas, casi de
manera cotidiana, a veces comúnmente desde el propio ejercicio de la política;
más concebida como entorno propio de conflicto que lo que a veces hubiera
demandado la sociedad en ponerse de acuerdo).
Las reglas y las razones de Estado pueden
ser interpretadas por personas que, una vez en el rol, se cuestionaran valores
esenciales que se creían propios de sí mismas, pero el “espacio de confort” del
propio rol señala otros parámetros que no siempre concibieran poner en práctica.
Parece que se confunde el rol desempeñado con la propia persona que lo ejerce,
y en ello acabaría por concebirse la posibilidad de que el rol termine por
responder a lo que la persona desea más que lo que la persona debe poner y
ponerse a sí misma al servicio de su rol; como si se confundiera persona y rol,
pudiéndose llegar a no distinguir el deseo de la persona del rol. De ahí
pudiera nacer una especie de “autoritarismo”, que parece basarse (el popular: “Ordeno y mando” de toda la
vida) en imponer voluntad propia, como solución más sencilla; más que de
observar atentamente lo que cada cuestión requiere – hecho que cuando se hace visible en Europa, nos condena y hace concebir
indemnizaciones a personajes que llaman la atención, al menos desde la versión
que el propio Estado nos diera de ellos.
Imágenes en directo o casi directo, no suelen ser interpretadas con
“imparcialidad” por los telespectadores cuando estos se hallan “en conmoción”
por el relato televisivo que las acompaña. Se evidenciaba en las redes, y luego
en tv, lo que parecía una “evidente ejecución extrajudicial” cuando llegara la
policía Armada y ordenaran a los ciudadanos que retenían a uno de los
terroristas separase de él, para a continuación dispararle a bocajarro alegando
que tenía un cinturón de explosivos (que
para esos mismos ciudadanos que le inmovilizaron, sin ser profesionales en
seguridad, no importara y pudieran atraparlo, evidenciando que si el terrorista
hubiera tenido explosivos reales los hubiera usado en ese momento para hacer el
mayor daño posible sobre la gente que se le acercara y luego inmovilizara. La
cuestión no queda ahí, el terrorista, según se decía, acababa de salir de la
cárcel, por lo cual parecía necesario saber qué habría pasado para determinarse
en esa acción y qué, o quienes, con él relacionados, para que así se expresara
a la salida; los videos de turistas que saltarían a las redes evidenciaban la
aparente acción como pre-concebida en la Policía Armada, que parecía llegar con
instrucciones o convicción precisa y concreta, dada la acción expeditiva que
realizaran con rapidez. El jefe de la oposición al gobierno, se vería en la
necesidad de declarar que la acción de las fuerzas de seguridad fuera correcta – una
declaración realzada ante lo que parecía una evidencia en imágenes en la que se
viera impelido a apoyar y respaldar, como “mensaje” mucho más aceptable para el
conjunto de la sociedad, que el de establecer un análisis de lo sucedido en
dicha intervención, que cuestionaría la acción del instrumento que se dan para
controlar un terrorismo que iba al alza contra ciudadanos al alzar). (Sin embargo, deja “puertas abiertas” a
repetir procedimientos similares, en circunstancias parecidas, aunque no sean
idénticas, en razón de “abreviar” procedimientos, poniendo a la propia sociedad,
y sus fuerzas de seguridad, rehenes en una actuación puntual, ante un personaje
terrorista que, a la postre, ya muerto y habiendo matado, nadie entendería tal
coste y desgaste en las instituciones para defender un valor y un derecho que
el muerto, a la postre, en opinión de muchos, ya no merecería ostentar. Y sin
embargo sabemos que el hecho de ostentar esos valores que consideramos
esenciales en toda persona hace, o haría posible, que en ningún caso se procediera
a actuar en razón de un prejuicio previo establecido; y ello, en sí mismo,
porta un valor superior cuando las acciones , de cualquier tipo, se realizan
mediante el criterio del prejuicio sobre cualquier otra persona, precipitando
situaciones que realmente no estén fundadas y causando daños que luego nadie, o
muy difícilmente, asume restaurar).
Informe Semanal, muy premiado internacionalmente en la transición y años
posteriores (por lo que es fácil concebir
que el trabajo que realizaran era realmente valiente), realizaría un
programa sobre el atraco
al Banco Central (ocurrido en 1981),
que emitiría a las 2:00h de la madrugada bastantes años después del
suceso. Una operación que se decía de
los servicios secretos, destinada a rescatar y destruir los documentos que
conformaran la trama civil del golpe de Estado del 81 – según el relato del jefe de la banda cuando saliera de la cárcel y
la prensa, TVE, fuera a buscar “atar cabos” que quedaron evidentemente sueltos
- en medio de un gobierno, entonces UCD, atrapado por el “relato” de la
tapadera y luego por el “alivio” del relato una vez controlada, inicialmente, y
detenidos los asaltantes: “Son ladrones de poca monta”; relato que creyeron sin
pestañear dado los sudores y miedos que produjera el primer relato: “Grupo de
Guardiaciviles que piden la libertad para Tejero”. Cuando el grupo de atracadores comprendieron que la tapadera,
por la cual se llevarían un botín de dinero saliendo por un túnel fuera
imposible - por engaño y existir roca
dura imposible de perforar, en unos planos que obtuvieran del Banco Central de
Barcelona (¿?¡¡!!) - negociaran para
rendirse y el jefe del operativo señalara que, “para facilitar la rendición”,
ordenara disparar y matar a uno de los atracadores situado en la terraza - también
motivara un artículo en este blog).
Cuando no se acepta alternativa al marco del conflicto y sus reglas (porque ese escenario siempre favorece al que está en mejor posición y con mejores instrumentos para imponer su voluntad y criterio, en razón de fuerza y no de honestos argumentos) apenas se pueden concebir que un hecho, o acción, que acaezca pueda estar fuera de ese marco concebido como “terreno de juego”, donde conseguir objetivos. Así pues, un suceso o un acto incluso un comentario, suele estar dentro de ese marco de terreno de juego definido por las reglas del conflicto. Cuando el hecho es relevante y transcendente se ha de entender que, estando en ese terreno de conflicto y considerado recurso legitimo usar de sus reglas, como parte de las relaciones sociales, nunca se da “puntada sin hilo” y siempre suelen ser beneficiados los partidarios del “palo y tentetieso” porque sencillamente ellos son los que imponen este espacio de juego a las reglas que imperan, porque son los más fuertes o están en posición de fuerza; crean el conflicto, controlan su desarrollo y prevén el final, que siempre suele ser el previsto, cerrando el caso y habiendo construido un relato que será aceptado sin duda, por la inmensa mayoría. Sin embargo, ocurre algún detalle, a veces inexplicable, que señala una disonancia en la “melodía o letra” del relato, que hará volver sobre los pasos, más bien tarde que temprano, y se buscará reconstruirlos hechos, ordenarlos secuencialmente, y hacer hablar a los testigos y protagonistas: Entonces surge el milagro: “quien quiere ver, ve” (porque siempre no hay más ciego quien no quiera ver, ni sordo que quien no quiera oír, ni mudo que quien no quiera hablar – sobre todo si es guiado su pensamiento y limitada “reflexión” por un prejuicio). Además concurre un factor humano en quienes así actúan “concibiendo tramas” y llevándolas hasta el fin, por lo común con éxito - que a pesar de que pueda “ser descubierto” en un entorno más amplio, se sabe siempre a “cubierto y a salvo” en razón de su rol de pertenecer a ese grupo del “palo y tente tieso” – pero acaban por tener la necesidad, y el deseo, que parece narcisista, de “mostrarse” y “exponerse” ante un periodista o un programa de investigación, porque aunque no explicite concretamente, que nunca lo hará, si dará las razones “técnicas/profesionales” por las que así actuara (razones propias del marco de conflicto y “coherentes”, hasta cierto punto, con el mismo marco de conflicto) y además aportará un “relato profesional” que muestra la “inmunidad y poder” hacia el futuro de ese grupo al que pertenece. Esta manera de proceder creo haberla constatado en dos ocasiones, de manera explícita, en altos profesionales especializados en conflictos, pero me he referido al que más llamara la atención por realizar la investigación un programa muy premiado en su tiempo de TVE.
Todos “sabemos” que nos hallamos en ese marco de conflicto – o lo vamos descubriendo poco a poco o de manera súbita, cuando una situación de conflicto “llama a nuestra puerta” y “nos pide posición” - y por ello, desde la propia experiencia – que casi es prácticamente imposible evitar, en algún momento de nuestra vida - aprendemos a gestionarlos, con mayor o menor fortuna, y sin duda buscamos posicionarnos en un lugar donde mejor estemos a resguardo o protegido de potenciales conflictos; y aún así “siempre se ha de pagar un precio por ello”, de alguna manera o forma, seamos o no conscientes de ello, y en un momento dado se muestra esa evidencia: de estar en un mundo y sociedad en la que las situaciones y relaciones se enmarcan en ese marco de conflicto - para la inmensa mayoría de seres humanos - si es que alguien realmente puede hallarse en posición diferente aunque ese fuera su deseo y hubiera personajes, de naturaleza religiosa o espiritual, que señalaran posibilidad de camino diferente (como ocurre en mensajes expresados en esa voluntad que proceden de Roma o durante un tiempo nos llegaran con intensidad desde el líder espiritual del Tibet, Dalai Lama).
Todos “sabemos” de ello, de ese escenario, menos unos cuantos que por
razones de siempre ser o haber sido “presas” no han tenido verdadera
oportunidad de concebir una salida a lo que parece una continua y potencial
situación de casi permanente conflicto y aprender a posicionarse a salvo de ese
marco de conflicto - y que por ello
suelen reclamar (solemos reclamar) otro marco bien diferente y alternativo,
siendo el más cercano referente, el que se derivaría de la aplicación de los
valores constitucionales y los derechos civiles para que así se proteja a las
personas ante los del “palo y tente tieso”.
Es decir, quienes no conciben (o
concebimos) como normalidad propia de personas que se dicen normales, el
uso permanente de ese marco de conflicto es porque, de manera permanentemente
se ha sufrido, sin hallar en ello motivo ni razones honestas que defiendan esa
acción (como ninguna persona concebiría
para sí misma un marco continuo de conflicto, a no ser que actúe en el papel de
“predador/a” y no de “`presa”); por ello, se acaban concibiendo la
imposición de un marco de conflicto con sus reglas, como expresión de una
sociedad que se guía y desarrolla, pese a las apariencias y “discursos o
relatos” formales, en comportamientos más puramente de condición animal que de
guiarse por sentido común (no les basta
con dar su opinión al respecto de cualquier cuestión o asunto, sino que van más
allá en lo que pudiéramos considerar, simple y llanamente, acciones que
pretenden sin duda hacer daño a otra persona, o personas, encontrando en ello
razones de Justicia Personal, desde donde buscan en el entorno social avalarse
para proseguir con su acción predador/a e incluso sumar potenciales predador/aes
a su causa – normalmente siempre sostenidas desde un prejuicio que sostienen
como cierto).
El contexto de admitir un marco irrenunciable de conflicto como el
propio de los seres humanos, no es una necesidad, a priori, pero así se concibe
desde los países que imponen su modelo de progreso (material/político y económico) sobre el resto de países, instalando
ese requisito en sus sociedades, con más fortaleza y determinación cuanto más
dependientes son, por sus circunstancias históricas o geopoliticas, de otros
países y menos capacidad tiene de pasar “desapercibidos” estableciendo un
progreso económico sin que ello a ningún otro país “moleste” (la paradoja es que una, de las pocas
alternativas que le quedan a los países para desarrollarse sin rivalizar
abiertamente con otros – porque siempre entendemos que los recursos y mercados
son finitos y siempre entraríamos en marco de conflicto con otros países – es
el de la especulación económica, que en abstracto a priori, es la más invisible
y la que más recursos da para la propia sociedad; y que muestra cómo obtener
recursos económicos sin nunca producir, materialmente, nada) o por el
contrario verse en la necesidad de liderar y tener cierto grado de capacidad
disuasoria que permita independencia tecnológica (vinculada con la creatividad y la tecnología), y así el desarrollo
industrial, y con ella el desarrollo económico y social. El objetivo siempre es encontrar el camino que
permita cierta independencia económica para establecer la oportunidad de
acercarnos al entorno de una democracia plena, como siempre se concibiera en
derechos y valores civiles, donde la corrupción no tuviera objeto ni necesidad
de existir, y por consiguiente el conflicto, y su marco de reglas, se
concebirían como obsoletos y en tránsito de plena disolución; escenarios
propios de un pasado “enfermo”, de violencia expresa o implícita (propiciada por narcisismos, sadismos, y
egoísmos tolerados en un marco de conflicto) ya serían inconcebibles en un
mundo nuevo. Pero un Estado/Nación, solo, por sí mismo, no puede aspirar a ello
existiendo naciones poderosas que imponen sus reglas de conflicto; por lo que
solo quedaba unirse a otras muchas más, para desde ahí tener oportunidad – mediante el reparto de ámbitos de la
economía – aspirar a la misma meta siempre soñada de abolir el marco del conflicto
y sus reglas que favorecen siempre a los más despiadados/poderosos, y aspirar a
una verdadera paz donde la justicia ya no castiga, sino enseña a todos, en
razón de valores que a todos nos dan derechos cotidianos y sensación de
verdadera libertad. Siendo tan incierto ese camino que se antoja como largo e
interminable, lleno de desencuentro entre las naciones/Estados, vemos que se
prolonga este marco del conflicto, una y otra vez (porque ya desde la primera guerra mundial se aseguraría que sería la última
por siempre jamás y sin embargo fuera preludio de iguales o mayores crueldades
concebidas por sociedades que se consideran avanzadas y referentes de la
cultura universal).
Así que nuevamente, los anglosajones, por medio de The Boxer, recuperan el mito (o mejor, impiden que se pierda de vista esa referencia vital), ese símbolo, eso que Campbell llamaría “mito” con el que las personas se identifican, incluso inconscientemente, al que podernos agarrarnos en nuestras vidas, una y otra vez, del luchador en solitario – como referente espiritual de nuestra condición humana – en una canción sobre un boxeador (no puede haber más explícita contradicción).
La canción The Boxer surgiría, inesperadamente - (una canción de evidente referencia a la violencia, cuando por aquí apenas sabíamos inglés en ese nivel (desde el cambio, a medio camino, de pasar del francés como idioma de la diplomacia – cuando en su momento se concibió que la acción diplomática entre las naciones sería el camino a solución a todo conflicto - al inglés, idioma de quienes dominaban el mundo de los negocios, los conflictos y la guerra pura y dura) - “señalando el camino de siempre”, que retorna al modelo de la experiencia vital como lucha expresa e individual, tan valorada en ese mundo anglosajón – incluso cuando se pierde, en lo que se concibe como siempre lucha, e incluso a veces batalla, en la vida – como diría Demis Roussus en una de sus letras que animaba a la esperanza y la fe en el contexto que nos han creado y que es muy difícil tomar distancia y alejarse aunque se desee: “cualquiera que sea tu meta final, de ti solamente depende ganar”… y añadía elogio para, cuando aun así, se es derrotado en se marco concebido como conflicto, del que nadie puede escapar aunque se quiera, si se ha convertido en objetivo de un predador/a o simplemente “no le dejan espacio o encontrar su espacio” y le muestran la sociedad la cara más predadora de sí misma: “Hay más valor en el perdedor”; ese convencimiento de Demis Roussus en esparcir esperanza le traería respuesta “demoledora” sobre su imagen, cuando se le acusara de “estar con niños” (pues quienes no desean esperanza en la sociedad, a aquellos que traen esperanza, o la pueden traer, no dudan a la hora de hacer daño, pues parece que hacer concebir la vida como un conflicto permanente e irresoluble resulta esencial para desanimar y derrotar moralmente a toda la sociedad, y así no oponga resistencia alguna a las voluntades superiores cuando estas se expresan). También Amaral, en una de sus canciones, hablaría en los mismos términos que todos deseamos para cada uno de nosotros y salir de ese entorno y marco de conflicto, donde “nadie deja hueco” pensando que si lo deja “algo acabará perdiendo”; Amaral decía: “Quiero encontrar mi sitio”. Así pues, el marco de conflicto, basado en nuestra condición más animal, también señala que el “sitio” –un lugar físico, pero más mental que otra cosa-, como espacio incluso vital, también es un bien que no hay porqué ceder si se halla uno en condición de predador/a; un predador/a solo “deja sitio” a los de su misma condición o familia. Probablemente la queja en esa canción señala las dificultades en encontrar un espacio propio donde poder desarrollarse como siempre se deseó, y que Amaral parece que afortunadamente consiguiera, como otros jóvenes, pero no todos lo consiguen:
El universo sobre mí
(Amaral)
Sólo queda una vela
Encendida en medio de la tarta
Y se quiere consumir
Ya se van los invitados
Tú y yo nos miramos
Sin saber bien qué decir
Nada que descubra lo que siento
Que este día fue perfecto
Y parezco tan felíz
Nada como que hace mucho tiempo
Que me cuesta sonreír
Quiero vivir
Quiero gritar
Quiero sentir
El universo sobre mí
Quiero correr en libertad
Quiero encontrar mi sitio
Una broma del destino
Una melodia acelerada
En una canción que nunca acaba
Ya he tenido suficiente
Necesito alguien que comprenda
Que estoy sola en medio de un montón de gente
¿Qué puedo hacer?
Quiero vivir
Quiero gritar
Quiero sentir
El universo sobre mí
Quiero correr en libertad
Quiero llorar de felicidad
Quiero vivir
Quiero sentir
El universo sobre mí
Como un náufrago en el mar
Quiero…
La canción, originalmente se titulaba ‘Solo queda una vela’; titulo realmente significativo, por lo que tiene de referencia a lo esencial de la vida: “la luz por la que queremos y pretendemos guiarnos”; luz, también referida en la Ilustración, como conocimiento espiritual para abrirnos (y abrirse caminos) y que cada cual, de algún manera, ha de encontrar según sus propias convicciones y valores; encontrar en un entorno social que, como se describe, está concebido en parámetros establecidos en torno a la idea de que solo el marco de conflicto es el marco que deben definir las relaciones sociales (e internacionales) en favor del más fuerte (en los siempre términos expresados por Nietzsche, de SuperHombre/SuperMujer, que para vencer “ha de olvidarse” de conceptos éticos y morales e ir a por su objetivo con determinación y sin piedad – el relato se escribe por sí mismo, desde el propio entorno social que respalda esa manera de enfocar la existencia en sociedad). El título sería cambiado por “El Universo Sobre Mí” titulo que también tiene “su aquél” porque puede reflejar la idea de un peso, en este caso etéreo y a la vez que todo lo contiene; como Universo lo contemplamos sobre nuestras cabezas como si flotara o gravitara sobre nosotros. Cosa distinta es cuando una persona se “encorva”, siendo joven, mientras anda, reflejando que “tiene el mundo a sus espaldas”, como un gran peso, cuando ve cómo es y se comporta el Ser Humano. Aún resulta más descriptivo el “estadio o etapa” (de las que ya se habló en el artículo anterior) que refleja Amaral y por el que todos pasamos de alguna manera, cuando titula el Álbum que contiene este tema como “Pájaros en la cabeza” y se convirtiera en el álbum más vendido en España en 2005, señalando inequívocamente que la juventud pasa y pasará por un estadio o etapa similar. Este tema en concreto no falta desde entonces (2005) en el 'setlist' de sus conciertos, que :"casi siempre tocamos por el ritmo que tiene, nos da bastante subidón de adrenalina".
Sin embargo, como siempre,
resulta interesante dónde pone la atención el mundo anglosajón (mundo que como siempre, como vencedores en
todo conflicto, poseen el derecho de establecer y narrar la Historia de
cualquier, sea definir a una persona, a un Estado, un conflicto… todo forma
parte de las prerrogativas del vencedor) para describir al grupo zaragozano
Amaral en la wikipedia en
inglés: Según Eva, son "un grupo libertario que no piensa en la música como
una conquista o una competencia ... Elegimos la música como una forma de romper
un estilo de vida que no nos gustaba y una sociedad que no nos gustaba
comprender." [7]
Realmente señala que para poder vivir al margen de las reglas sociales que no nos gustan en nuestra sociedad y que, incluso, como dice Amaral, no solo no les gustaba, sino que incluso decidieron que no dedicarían tiempo a comprender una sociedad que no les gusta: “romper un estilo de vida que no nos gustaba y una sociedad que no nos gustaba comprender” (vemos donde pone el acento para definir el grupo Amaral desde la visión del mundo anglosajón: Libertarios (anarquistas e inadaptados); parece claro que esta pareja se les escaparía de las manos al mundo de la Salud Mental que tanto le gusta vivir del “marco de los conflictos y sus consecuencias en las personas”, definidas permanentemente como inadaptadas, siendo ese marco también referente inmutable y de referencia a seguir en las directrices señaladas por los anglosajones).
El marco del conflicto se crea y asienta como paradigma por quien (o quienes) sabe (o saben) que en ese marco se ganará sí o sí, y que siempre es el escenario que beneficia, en última instancia, al más fuerte (concebida la fortaleza en los términos definidos por Nietzsche como SuperHombre/SuperMujer, cuyo fortaleza reside en no precisar ni ética ni moral ni por ello tener remordimientos cuando se actúa para imponer un deseo o voluntad) por lo que quien establece ese marco de conflicto, sobre quien sea, lo hace por en ese terreno ganará siempre porque lo domina y más aún si así lo ha concebido como parte inseparable de su vida profesional y de sus relaciones personales (otra cuestión es cómo se escenifique el conflicto, para establecer un juego de apariencias frente a la realidad; y que también resulta esencial como parte de una estrategia de acoso y derribo).
The Boxer es una canción que volvería a
impulsar la idea de resistir en este marco inmutable donde siempre gana el
mismo rasgo humano: El fuerte, sin más reglas que las suyas concebidas como
conflicto permanente que tanto le beneficia; y se lleva al plano más literal pelando
físicamente, y hacer de la vida una siempre lucha, incluso una profesión (en medio de los movimientos pacifistas y
antisegregacionista y la evidencia de
asesinatos de Estado en EEUU) el mito del individualismo en la figura del luchador
físico como símbolo, a la postre, de “digna derrota”, a la que todos
estuviéramos destinados de alguna manera:
(verso que no se incluyó en la letra definitiva
de The Boxer)
Ahora los
años pasan a mi lado,
están rockeando de manera uniforme.
Soy mayor de lo que fui
y más joven de lo que seré.
Eso no es inusual;
No, no es extraño:
después de cambios tras cambios,
somos más o menos iguales;
Después de los cambios somos más o menos lo
mismo.
Creo que suele ser común haber oído como, en ocasiones, alguien va y le dice a un progenitor/a o directamente a un joven: Lo que necesita (tu hijo/a) es hacer “artes marciales”. El solo hecho de que una sugerencia así, se traslade a un progenitor/a y este llegue a considerar ello viable posibilidad sugiere dos aspectos: que es correcto llamar al padre/madre progenitor/a y que ese mismo término define realmente la relación sostenida dentro de la propia familia (los hijos, por alguna razón que suele ser evidente, se han tenido que ir construyendo así mismos desde pequeños, sin más recursos que los que por él/ella mismo/a pueda concebir y evaluar cómo aceptable – y que les llega como sugerencia del entorno - apenas sin lazos sólidos que le sirvan de imagen de referencia aceptable o aceptada desde la confianza construida por el amor y la lealtad; y desde evidente soledad, que dese luego habla de desamparo emocional). Cuándo esa posibilidad de alternativa (artes marciales...) se observa, y podríamos concebir, ante lo que parece una dificultad, estamos orientando, tal vez no siempre adecuadamente, una vía, sin tal vez observar que otras cualidades porta esa persona para ofrecer alternativas que potencien otras cualidades presentes, que permitirían ir encaminando la salida, tal vez mucho mejor que la descarga de energía orientada hacia una expresión literal que comporta evidente violencia y que normalmente ha sido recurso muy usado para chicos realmente abandonados y sin verdadero soporte familiar. Deporte, el boxeo por ejemplo, donde aparece un factor que resulta a priori, cuando las personas han sido castigadas desde niño violentamente, inaceptable, pues se encauza esa violencia sufrida en un contexto para "devolverla" ante otra persona que también hubiera estado en mismas circunstancias de soledad y abandono, donde pretendidamente se pretendiera que "descargue" esa toxicidad acumulada en su ánimo dando golpes y, a la vez, recibiendo más golpes. Solución que parece imposible, y que solía dejar a las personas "sonadas" y que pasada la etapa de fama, si es que esta llegaba, volvían al entorno de la misma soledad o similar evocación de carencias que allí les llevara, a expresarse en manera violenta, bajo las circunstancias y los “consejos” de otros, por haber sido así su infancia.
Solo sería un deporte hasta que se concibiera, primero, como un ambiente propicio para apuestas y luego para negocio. Eso sí parece mucho más racional, pero solo en apariencia, que lo que por aquí aconteciera en la manera de resolver diferencias y que Goya explicitara en un cuadro que refleja tanta violencia en potencia, a punto de desencadenarse, pero de la que sabemos, por las condiciones en que se expresan en el cuadro de lo que parece un "duelo a muerte", donde ninguno de los contendientes y rivales podrá huir ni rehuir la lucha una vez iniciada (porque se hallan inmovilizados ambos hasta las rodillas; es decir, se han hecho unos agujeros donde ellos mismos, voluntariamente, se inmovilizan hasta las rodillas, uno frente a otro, a una distancia en que pueden agredirse con grandes navajas de la época y cuya lucha no cesará hasta que uno de los dos, sin duda, muera en ese trance). Así se han concebido los duelos por nuestras tierras hispanas, aunque los duelos a pistola o espada (que, también, se reglamentaran con reglas, parece que desde el mundo anglosajón) aparecieran como manera de resolver, también por medios violentos las diferencias entre caballeros considerándose ello muy civilizado y muy digno. La peli "Los duelistas" muestra como pueden nacer las rivalidades e incluso las "fijaciones" para buscarse excusas dónde justificar una persecución y acoso a una persona para tenerla en permanente situación de conflicto donde siempre jugarse la vida.
El boxeo ha cambiado, sin duda, y se ha
buscado racionalidad ante un deporte que naciera, al parecer (en el mundo anglosajón de las apuestas)
donde las diferencias se resolvían a golpes y puñetazos, y que para
hacerlo más racional pusieran reglas y límites, pero que en el fondo siempre
fuera lo mismo: Enfrentar a dos personas
“castigadas y desamparadas en la vida” para que canalicen esa desgracia a base
de golpearse entre ellos y hacer las delicias de los espectadores; traduciendo todo ese dolor y verdadera
desgracia en un gran negocio.
Es obvio que no es lo mismo un deporte
concebido como terapia de "último recurso", en un “cara o cruz”, en
el que se incluye perspectivas de obtener una “verdadera compensación por lo
vivido”: por medio de aprender unas técnicas y optar a posibilidad de dinero, fama, reconocimiento y desde luego
algo mucho más esencial: afecto y cariño, que suelen ser las carencias propias
de los niños/jóvenes que se tienen que construir por sí mismos. Un escenario que se presenta para encontrar
el propio equilibrio (y que apenas llega
a unos pocos, o una minoría, si llega, y
suele ser efímero y por lo general, rodeada esa persona de personajes
dispuestos a exprimir la “oportunidad de negocio” que les llega, a veces como
única oportunidad en la vida de tener entre las manos a una persona que les
puede hacer ricos, persona normalmente desamparada y desconfiada del entorno
social, por el trato y/o desprecio que recibiera del mismo); algunos, sin
llegar a mucha fama, incluso aceptando renunciar a ese camino de ir a por todo,
conseguirían no caer en ese “vértigo” (o
prever el coste de tal intento, y renunciar al mismo, posicionándose en lugar
más al resguardo, donde no convergen ni confluyan intereses concretos sobre una
persona que, por lo general, “no suele ver” lo que se le viene encima). No
llegar a una cumbre, donde por lo general nada tiene la justa medida y donde el
vértigo de la oportunidad que se escapa parece un horizonte permanente que
llama a la precipitación y la decisión
impulsiva (lo que suele pasar a quienes
les toca grandes sumas de dinero en la lotería (creo recordar que alrededor de
la mitad, los afortunados en premios de lotería suelen acabar en verdadera
ruina; aparecen “amigos” que siempre hicieran favores reclamando legítima
compensación; oportunidades de negocio “solo para inteligentes” que “nadie ve”;
convertirse en un “as de la bolsa”; comprarse coches o casas espectaculares sin
reparar en el coste de mantenimiento; adquirir un “tren de vida” insostenible…).
Como señalaba, no es lo mismo este aspecto de deporte como opción de último recurso (a cara o cruz) que su práctica en universidades anglosajonas (que parecen que fueran de las primeras o las que acabaran “marcando tendencia”), dónde jóvenes educados de familia bien, exploraban con deportes (mientras proseguían con sus estudios académicos) donde canalizar y expulsar de su organismo el estrés ocasionado por los estudios, o por las rivalidades con otros alumnos o simplemente ir descargando las tensiones acumuladas por las expectativas familiares puestas en ellos cuando reciben presión excesiva. Ahí, en esos entornos, el deporte se halla concebido como real estrategia personal o de grupo (más allá de liberar energías y también residuos tóxicos que todo estrés, si se prolonga, genera en todo organismo y que puede resultar dañino si no se elimina; porque el estrés busca prepararse y adaptarse a una estrategia para hacer frente a una amenaza potencial – por ejemplo temer suspender un examen – pero que como tal estrés llega de nuestra naturaleza biológica (de nuestra condición animal), donde en primer término se activaría un "programa" “automático” de alerta para la respuesta inmediata (que busca poner distancia física, que es el último recurso, cuando otros ya fallan o simplemente se verifica que la amenaza recibida pretende, sencilla y llanamente, conflicto - y como sabemos quién lo inicia, como en todo conflicto, considera, sí o sí, que” lo tiene ganado”, pues de otra manera no lo iniciaría - y si no queda alternativa, se encamina, todo ser vivo mamífero hacia la defensa o una estrategia de defensa).
Fuera el rol que fuere elegido,
por cada persona (o nos llegare impuesto
por las circunstancias) y ocupándose
la posición que fuere, a la postre, se pueden imaginar dos escenarios
contrapuestos que definen el resumen de la existencia y humana, tal y como la hemos
concebido hasta ahora en escenario de permanente conflicto, cuando se asume el
escenario de lucha, y por ello se concibe la lucha; uno que escuché sobre un
rey que al hallarse en situación ya de tránsito fallecimiento, el sacerdote le
pide que perdone a sus enemigos y este le contesta “No puedo perdonarlos, los
maté a todos”. Buscando en wikipedia quien fuera ese rey solo encontré la vinculación de la frase
con Narváez Y la otra
posición antagónica sería la de aquel trabajador que habiendo realizado y casi
concluido su actividad laboral y con ella prácticamente su vida (en una actitud consciente de ser clase
social con posibilidades muy limitadas), se preguntaba qué sentido tenía
haber trabajado desde la infancia, constituido familia e hijos a los que sacar
adelante, con conciencia de clase (en lo
que parece un ciclo de esfuerzo y penalidades sin fin, en el ya horizonte de
fin de ruta, donde le precedieron padres y abuelos). Entre ambas posiciones
existe un “territorio” donde caben muchas posiciones en la vida de cada persona
(tanto si se actúa en lucha desde un
puesto superior, como Narváez, hasta quien siguiendo todas las pautas señaladas
por la sociedad, y pelea como obrero o trabajador acaba, a la postre, sumiso a
un destino cíclico, y se pregunta a la postre “¿Todo esto para qué? ¿Y ahora
qué?” (que por cierto, pregunta que
también se refiere en la Biblia, cuando en los libros sabios – accesibles
al resto de la sociedad solo más recientemente, y por tanto lecturas destinadas
a élites durante mucho tiempo - quienes tuvieron poder terrenal casi absoluto,
como reyes, se hacen la misma pregunta cuando la vida ya les declina).
La posición intermedia es obvia, pasar desapercibido, si es posible (invisible), como “no amenaza” para nadie ni para poder alguno; y alojarse, para ello, en una tarea que así se considere. Es decir, el mito que nos llegara, al parecer desde oriente en un “no ver, no oír y no decir” de los tres monos sabios (y que tampoco es fórmula mágica, pues si un poderoso/a, en relación a una persona, fija la atención en esta, por mucho que no lo desee el conflicto se le vendrá encima sí o sí (como señalara Maquiavelo en el Príncipe y su gobierno, usando de estratagemas y ardides contra quien fuere que considerara o enemigo, u obstáculo o incómodo o incluso por capricho en demostración de fuerza ante otros que vieren y así intimidarlos).
De alguna modo al establecer el marco de conflicto como inmutable condición, hacemos referencia a nuestra condición más simple y animal, las de las reglas que se definen con refranes del tipo: “El pez grande se como al chico” y que pretende establecer una predisposición a actuar primariamente ante una “oportunidad” de prevalecer sobre otro; y que en último término se buscan sus raíces en nuestra biología animal, para desde ahí observar el mundo animal (el que se llama salvaje) para encontrar los vínculos comunes que nos siguen uniendo, como individuos y sociedad, con ese mismo mundo salvaje, cuyas reglas se rigen por la relación de conflicto que pudiéramos considerar más primaria (a la que durante este texto ya se ha hecho alguna somera alusión): La de “predador” y la de “presa” (al referirme al refrán: “El pez grande se como al chico”, obviamente se hace referencia a una imagen que no solo se vincula con el mundo animal, en esta faceta primaria de predador o presa, sino que ha venido siendo referente en la sociedad, en especial en las relaciones vinculadas con actividades económicas, o el comercio, o cuando una persona inicia una empresa o expone una idea para desarrollar en términos económicos y vemos como otros de condición más poderosa, desembarcan y se apropian de todo, y no hay manera de “meterles mano” o reconducirles, porque además son expertos en ello; son las reglas de la competición, tan propias del capitalismo, pero que se hallan también, en el ADN de nuestra condición más animal, la referida de predador y presa).
Todo mamífero desarrolla dentro de su
entorno inmediato una idea de defensa
(los animalitos salvajes “reconocen” cuando deben “poner distancia”
porque su entorno o manada o más cercano inicia ya esa estrategia, y da señales
de alerta y otros signos que impulsan el “reflejo de alejarse” en una
dirección, y ello es aprendido en los ya algo más que cachorro; si están en la
selva o en la sabana y sufren un ataque de leonas hambrientas, a poco que dude
a reconocer los primeros signos de peligro de su propia manada corre el riesgo
de aislarse; no seguir a la manada – para
“perderse” en ella - quedarse inmóvil y aislado es convertirse en fácil
objetivo para ser atacado y devorado; por lo que el aprendizaje por “imitación”
es rápido (o debe de serlo) y se va
“instalando” e incorporando como un “movimiento de respuesta refleja” y
“automática”).
Aunque sea conducta aparentemente
refleja, realmente se aprende “es aprendido” en los mamíferos (un cachorro de gacela, de chimpancé, de
orangután, o un pequeño bebé humano en
manos de un leopardo o de otros cachorros carnívoros y devoradores, en
determinadas circunstancias no temería nada del ser que le contempla. Dándose
la paradoja de que el potencial “predador/a”, si no observa ni miedo, ni temor,
ni movimientos reflejos de huida puede llegar a dudar de que sea, realmente ese
ser, un alimento “tipo” que forme parte de su dieta; al igual que se ha
podido observar semejante “comportamiento de duda” en cachorros de carnívoros
que todavía no han “aprendido” a cazar, y que las líderes de la manada,
o su propia madre, les acerca un cachorro de herbívoro (por ejemplo gacela)
para que “jugando” con ella, “se estimule el instinto de caza” para sobrevivir
y alimentarse conforme a su condición de carnívoros. Es decir, ser predador
no es tampoco una condición “innata” como así parece que concebimos por los
propios “mensajes” que acompañan los programas naturalistas que nos muestran el
mundo de la fauna y vida en las selvas o sabanas africanas).
Ser de condición de predador/a o presa también “ha de aprenderse de la conducta del entorno” inmediato, en donde
desde una “inteligencia” de “supervivencia” se estimula a los cachorros para
que “jueguen y aprendan” a reconocer un ser que ha de ser su comida, así como una gacela ha de “aprender” e
interiorizar en un “comportamiento reflejo e inmediato de ”que es vista como
”presa” y que uno de los “papeles esenciales” en su existencia es y será de la condición
de ser “presa”, como lo son otros animales, aunque sean diferentes en
aspecto o tamaño, y que usan la misma estrategia de agruparse en manadas para
sentirse más protegidos, y mezclados con otras manadas de distintas especies,
formando un “gran rebaño” que comparten un mismo territorio donde realizan sus
funciones vitales (comer, reproducirse,
traer crías a la existencia…) sabiéndose y teniendo presente siempre su
condición de presa, unos y otros, conjuntamente, aunque se sea de distinta
especie. Todos aprenden cuáles son las “señales de atención” por las cuales,
otros ya más veteranos y experimentados, trasladan señales de precaución y
alerta que movilizan la atención del resto para determinar un movimiento, que
en su conjunto, los pone fuera del alcance de los /las/predador/a/es, (cambio del olor en el ambiente, ruidos fuera
de lo cotidiano, movimientos “impropios” de la vegetación, o repentinos
movimientos de lo que puede ser un predador/a u otra circunstancia
indeterminada de….todos ellos forman parte de un conjunto de “elementos
ambientales” que determinan si hay un cambio y si ello lleva a prestar atención).
Con el tiempo, cada individuo en
condición de “presa” aprende a sentir o percibir la presencia cercana de predadores/as
por las reacciones de sus más cercanos o de la propia manada, o manadas
cercanas, incorporando así un conjunto de signo o expresiones que observan del
entorno y que interiorizan para determinar la reacción de defensa automatizada
(que acaba incorporándose como parte de
un instinto de supervivencia) y donde el objetivo siempre es situarse a la
distancia conveniente de un predator e incluso posicionarse en la parte de la
manada donde se sientan más protegidos.
La condición de ser predador/a o presa
también se aprende, como otras condiciones o predisposiciones propias de cada
ser (que no solo están en función de
tendencia predeterminada por su biología – por ejemplo en ser carnívoro
o herbívoro, y por ello tener que asumir un rol para vivir o sobrevivir desde
esa condición, al no tener, por lo general, alternativa; y eso incluye a
los seres humanos.
Es decir, el hecho de venir a la
existencia no implica saber, en sí mismo, qué condición determinante se ostenta
respecto de otros seres vivos (ni en qué
condición se nos conciben, si de predador/a/es o presas - que suele ser el primer “triaje” que se le presenta a un ser para
incorporar su “condición” o ser consciente de ella en tránsito a adulto); y
que señala de alguna manera que esa condición “no es elegida” ni determinada en
el momento de existir, sino sobrevenida y que en entornos del mundo animal “dejado a las reglas básicas de supervivencia” – que es lo que parece y pretende señalarnos los documentales sobre vida
animal en “plena libertad” – como si fueran las reglas más primarias en la
propia Naturaleza, cuando la vida en la Tierra define a los “Mamíferos” y su
adaptación, en múltiples maneras y formas (géneros
y especies).
Los programas sobre naturaleza del
mundo animal que se muestran, de manera divulgativa, “sin pretendida influencia
o interferencia del Ser Humano” y en la idea de ser descriptivos; influencia
del Ser Humano que en sí misma no es, ni nunca fue, ni resulta neutral, como ya
es muy evidente, pues podemos observar más recientemente en esos documentales,
que el “relato” de las imágenes que nos muestran sobre comportamiento de
algunos animales concretos, se busca, con especial interés, en la narración de
los comportamientos de manadas, o familias de animales o incluso el
comportamiento de individuos concretos, vincularlos con el comportamiento
humano e incluso con pensamientos y razonamientos propios de humanos (en la estrategia de incidir en las
similitudes al pertenecer a la misma “Clase de mamíferos” – por lo cual, el telespectador le resulta
sencillo establecer “vínculos emocionales” en razones de identidad en funciones
básicas biológicas (cachorros que
maman, vulnerabilidad extrema al nacer y en los primeros meses, identificación
con las carencias que pudiera expresar el narrador en el relato al espectador:
hambre, frío, aprendizaje “jugando”…) todas esas vinculaciones en razones
de semejanza biológica – precisamente
funciones básicas que resultan esenciales y comunes para sobrevivir - que difícilmente se pudieran establecer con
insectos, o árboles, o plantas, o bacterias, hongos, …. si previamente no los “humanizamos” dotándoles de rasgos físicos propios de
mamíferos y del habla en los mismos
términos de lenguaje y razonamiento) programas que se dirigen hacia una
sociedad que, por lo general, en su mayoría, es urbana, de cultura occidental,
sin verdadera referencia real (o
experiencia), en primera persona, de ese mundo que nos muestran los
documentales sobre animales “abandonado a sus reglas” en la prioridad de
sobrevivir en un entorno; en esencia, ambiente sujeto a cambios adversos que
pueden ser súbitos o inesperados condicionantes en el medio natural, que
determinan etapas de escasez y mortandad, (como
lo pueden ser una prolongada sequía fuera del ciclo habitual o un incendio de
gran dimensión derivado de una tormenta eléctrica y sin olvidar lo que se
evidencian como efectos mucho más determinantes y devastadores producidos por
la acción del Ser Humano).
Si bien es cierto que, a priori, podría
ser positivo promover en los niños/as o en los adultos acercamiento con el mundo y
la Naturaleza de los seres vivos que nos rodean, porque su papel es esencial en
el mantenimiento del equilibrio que hace posible mantener condiciones que hacen posible la vida en el planeta (y que incluyen, por ejemplo, la facultad de
la polinización de plantas para tener alimentos esenciales e incluso materias
primas derivadas del mundo vegetal; o bacterias u hongos que permiten la
fertilidad de las tierras agrarias de labor que nos suministran alimentos o que
son capaces de hacer subproductos como el pan, el queso, el yogurt, el vino, la
cerveza, la producción de alcoholes….e incluso el mantenimiento interno de
nuestra salud, pues en nuestro propio cuerpo existen microorganismos en un
constante equilibrio que regulan nuestro bienestar físico…) también es relevante comprender que desde la
perspectiva urbana – donde se toman por
ciertos o posibles los mensajes “humanizados” que nos llegan de los seres vivos
– en especial mamíferos - del mundo Natural en esos reportajes - pueden
hacer creer en los niños y establecer como realidad, que existe “cierta
literalidad” de la cualidad humana en el mundo animal que nos presentan los
documentales, pero que en realidad se rige por las mencionadas normas básicas
de la supervivencia en razón de las
relaciones que se establecen entre “predador/a/es/presas” y ello – ante las imágenes humanizadas de la
narración – puede llegar a ignorarse plenamente. Aún así, resulta cierto
que se han venido usando animales humanizados (en películas incluso de animación) con mucho gran éxito, para
trasladar el mundo de la relaciones familiares (en jerarquía) y los elementos que entran en juego en lucha por el
poder (mentiras, asesinatos, falsos
relatos, uso y administración del sentimiento de culpa sobre los más ingenuos –
que parecen evocar esas mismas situaciones señaladas como etapas marcadas por
un problema a resolver que lanzará a la siguiente etapa marcada por otro
problema y así sucesivamente como el señalado en el precedente artículo: Juventud
y de ahí a la idea de adulto: El tránsito que marca (a veces muy adversamente)
Las imágenes animadas en la película El Rey León pudieron expresar un profundo drama en un
entorno (por medio de canciones y sus
letras) donde se concibe la vida más allá de una visión meramente
materialista – como pretende el mundo
científico – que alcanzara gran éxito y que llega a nuestros días incluso
más de 25 años después de su estreno en forma de espectáculo en el cual, el
mensaje ante la dificultad, sigue vigente. El recurso de usar animales en vez
de seres humanos permite que el mensaje dramático llegue sin mostrarnos que
detrás yace la plena conducta humana, ocultada con rostros de leones,
cachorros, pájaros o jabalís… una situación que “salva” la sensibilidad, y hace
la película tolerada para todos – pese al
duro argumento – y cuyo recurso es muy bien desvelado en la película La vida de Pi donde un niño en un naufragio es capaz de
transformar lo que sucede en la barca –
con personas adultas incluida su madre – haciendo que cada persona se
transforme en animal diferente, protegiendo así su mente de la violencia que
los humanos adultos son capaces de ejercer sobre otros en razón de sobrevivir,
e incluso protegiéndose así del fallecimiento de la propia madre y, sobre todo,
creando un personaje ficticio, también animal (un tigre), que siendo personaje que con él rivaliza por la comida,
le permite impulsar una idea imaginaria para impulsar su supervivencia ante la
soledad y la adversidad, y conseguir que el tiempo que transcurre en el mar, a
la deriva, y que se concibiera como tiempo que reduce sus posibilidad de
sobrevivir, y por lo tanto en su contra, sin embargo, por medio de “la argucia
que crea su mente”, pueda transcurrir ese tiempo prolongado como posibilidad
real para salvarse, al atravesar prácticamente todo un océano y llegar a
costa.
La narración de lo que sucedería con
todo lujo de detalles ante un personaje positivo, dispuesto a narrar la
historia, y que como “creativo también” entiende las reglas conque la
creatividad puede jugar a nuestro favor para salvarnos de una situación
comprometida, no juzga a la persona (como
por el contrario si lo hacen los periodistas orientales que le piden al niño
que les narre cómo sobrevivió a una adversidad de tales dimensiones y el niño
narra lo que la “mente le hiciera concebir simbólicamente para sobrevivir” y
que esos periodistas declinan publicar pidiendo una narración al niño más común
y aceptable, y el niño así les complace) y al “no juzgarle” y pedirle
narración ese joven creativo, muchos años después, en el deseo de retomar e investigar
una noticia muchos años después (cuando
el personaje ya es mayor y casado, y con hijos) y le narra la versión que
narrara a los periodistas orientales, y el escritor (anglosajón) después de
escucharla le da su versión: Convirtió a cada humano que le acompañara en la
barca, después del naufragio del barco, en personajes representados por
distintos animales, incluso a su propia madre, y desde ahí pudo sobrevivir a
todo lo acontecido al quedarse solo. El protagonista del naufragio (Pi) le
reconoce al joven escritor la “versión” de esa transpolación de personajes (incluida la invención del tigre, como una
proyección inventada por el propio Pi para motivarse en sobrevivir, y lo
consiguiera) y Pi le pregunta al joven escritor ¿Qué versión le gusta más y
cual transcribirá en su novela? Aceptando, sin duda el joven escritor, que la
narración por medio de personajes animales sin duda es mucho más “rica” y
motivadora, que la real.
Los documentales nos siguen narrando el
ambiente del Mundo Natural “en las reglas primarias de subsistencia” desde la
visión anglosajona, prácticamente Darwinista (y sigue humanizando esas conductas de los animales, sabiendo que el mundo
anglosajón es el que lidera la economía/la política/y las visiones en la
gestión de la sociedad en occidente; una visión, “su visión del mundo natural”,
a pesar de que se sigue sosteniendo, de hecho y de facto, la prioridad de
persistir en la alteración profunda del medio en que se vive (en el que vivimos) en razones
aparentemente muy variadas – pero que en
esencia se refieren a la obtención de materias primas y urbanización o
civilización del mundo natural que nos rodea; con la pretendida finalidad
última de crear “entornos ambientales estables e incluso controlables, para la
propia Humanidad, “buscando con ello una
previsibilidad” que permita “prever el devenir” y el propio futuro y
evolución de los Seres Humanos y consiguientemente de la Humanidad ”.
La paradoja con que se encuentra el Ser
Humano en esa acción permanente en busca de crear sus propias condiciones de
seguridad (bajo las perspectivas y
directrices que se explicitaran en las revoluciones Industriales, cuya pautas y
objetivos en busca del progreso y el liderazgo mundial en la economía/política
sacrificando a una gran parte de la propia sociedad, de sus propios congéneres
en una carrera de desarrollo en la que los medios y tecnología empleados siguen
“demandando” exigencias no solo del entorno social sino también del entorno
Natural (entorno sin el cual no se
pudiera concebir la vida, porque no solo ha hecho posible ese entorno Natural
nuestra existencia, sino que somos parte él) apartándose de otros modelos
que pudieran ser más integrados en los entornos naturales pues parece que sigue
siendo prioritarias las ideas de rivalidad, de seguir constituyéndose la idea
de que los seres humanos – como los
animales en el medio salvaje – funcionan bajo las premisas del marco del
conflicto y sus reglas, cuando sabemos que la inmensa mayoría de la gente
(normal) básicamente desea vivir en paz. Así lo mostraba un pueblo pequeño, y
casi anónimo de pescadores, cerca de Almería, cuando narraba la relación entre
sus vecinos (basada en la solidaridad y
mutuo apoyo) que se viera alterado con un incidente muy grave que pusiera
el nombre de la población en los titulares de todo occidente.
Sin embargo, no se señala que la vida en
nuestro entorno natural también se manifiesta en manera mucho más pacífica, sin
luchas ni violencias, en un proceso continuo donde “no hay destrucción” ni
violencia rivalizante, en donde no “existe contaminación” sino equilibrio en
diversidad donde el ambiente del planeta es renovado por la propia vida (como así lo representa la estrategia de la
vida vegetal – y donde las sabia, como “combustible” portador de vida para las
plantas, tiene una composición muy similar a la de la sangre de los mamíferos –
es decir, la Naturaleza ha venido desarrollando formas de generar, acumular y
liberar energía para que funciones organismos muy complejos –como lo son
nuestros propios cuerpos y organismos – desarrollando (lo que llamaríamos una
tecnología) un sistema de “combustión” interna del cual nos hallamos (o nos
hallábamos) muy lejos de igualar en eficacia y rendimiento, y que esa
deficiencia en tecnología, o tal vez por la manera en la que hemos concebido el
desarrollo tecnológico desde la competición y rivalidad, nos lleva aun a
comportarnos de manera “primitiva” y “primaria” desde la idea del ineludible
marco del conflicto y sus reglas). Es decir, seguimos apoyándonos en la
idea de que los recursos del mundo son finitos – así como sus bienes materiales – y por ello nos disponemos a
competir y concebir la idea de conflicto por poseerlos frente a terceros, como
si en la vida en nuestro planeta no hubiera ejemplos visibles de gestión de la
existencia concebidos de otra manera bien diferente y no por ello menos
satisfactoria e incluso otorgando mayor bienestar social.
Optamos, directamente, por aceptar
soluciones que contemplan la existencia humana como un marco o escenario de
conflicto permanente (tal vez permanente
o dispuesto a expresarse en cualquier momento al considerar que siempre
existirá una rivalidad latente dispuesta a expresarse ante el primer rasgo
de debilidad del otro; rivalidad que no solo comporta el hecho de que se
considere la existencia como un ámbito de recursos materiales limitados - lo
que en sí mismo ya apela a la razón básica por la cual no solo personas
pelean "legítimamente" por esos bienes materiales (incluso
vemos que naciones y las personas que las dirigen, en base a ese mismo
razonamiento son capaces de concebir estrategias para conseguir esos fines
frente a otras naciones y para ello no dudan en poner en riesgo vidas). Es
desde cuando ello se percibe con nitidez, cuando nos empezamos a hacer
preguntas del tipo. ¿Pero en qué mundo y sociedad vivimos? Sin embargo, si eres
gacela o en posición de “presa” hay que buscar recursos para aprender a hacer
frente a esa condición, con la que los demás nos ven.
Desde que se recibe las primeras
llamadas de atención señalando peligro o peligros (que aun no comprende el niño)
o cuando “se pierde” del lado de los adultos que le deben cuidar, y no
ve cercanos a sus progenitor/a, el propio niño recibe la consciencia de que por
sí mismo no puede gestionar ni siquiera el trayecto de retorno a su propia casa
y plenamente consciente de que el hecho
de que sus progenitores o progenitor/a no esté presente, y realmente se halla
en situación de “desamparo”.
Reconocer qué papel tenemos en el entorno (si de predador/a o presa) es una tarea que parece inesperada, pues siempre hay en nuestro primeros entornos (guardería y primaria) quienes ya vienen “entrenados” para desarrollar un rol determinado (a veces preventivamente) de ser predadores/as y en ello ir poniendo observación en qué demoledor resulta su acción sobre su presas y que ellos mismos pudieran padecer de dejar de asumir ese rol (y seguimos observando que el mundo educativo, de alguna manera, acepta las reglas del conflicto (predador/presa) e incluso usa el mismo lenguaje, propio cuando se acepta el marco del conflicto para “etiquetar roles en clase” y se acaban absteniendo de ir más allá; porque resulta obvio que ese mismo marco de conflicto se observa cuando se mira hacia arriba en el propio Estado, e implícitamente se acepta la visión Darwinista de la selección “natural” y primaria que se observa en las reglas que rigen la vida salvaje en la sabanas africanas – porque por mucha literatura que exista al respecto de “canalizar” esas situaciones o moderarlas hasta el punto de reconvertirlas señalando a los predadores y poniendo en cuestión su papel; la realidad cotidiana señala que todo se puede venir abajo, y de hecho se viene, porque sencillamente la sociedad adulta contempla ese marco y escenario como propio recurso.
Hablamos que la vida está marcada por
etapas definidas por un "problema" para cada uno de nosotros - no tiene porqué ser el mismo problema en
cada persona, aunque el contexto de la edad así parezca señalarlo - y una
vez que se resuelve ese problema seguimos avanzando en otra etapa definida para
nosotros en otro problema a gestionar para transitar esa nueva etapa y así
sucesivamente. Las soluciones son variadas, se pueden optar por múltiples
perspectivas y enfoques, como si se tratara de un abanico de posibilidades, del
cual la persona contempla una o varias de ellas simultáneamente como posibles y
así va encontrado la "salida" (Éxit,
en inglés - Éxito) que es lo que define salir de una etapa - y ello es mucho más relevante que hablar de
riquezas o bienes materiales - ir saliendo y encontrar salidas es en sí
mismo un éxito que sin duda traerá otros que permitirán estabilidad material y
cierta prosperidad o seguridad para ir realizándonos como personas.
El conflicto es el argumento de fondo de la peli "prety woman" analizada en el artículo reciente: “Prety Woman, una historia de predeterminación, con dos finales en el guión” y donde el mundo psicoterapéutico se guía concibiendo la "mejor salida" al conflicto expresado por Gere (en su papel de rico, y "aspecto de listo incompetente", y problemas con su padre por abandono de su madre) y el psicoterapeuta considerará "curado", cuando destruyera la obra y pequeño imperio empresarial del padre, lo dividiera en cachitos y descubriera así poderse hacer rico usando el mismo sistema una vez y otra; hasta que le hacen reparar en la idea de que en vez de destruir, si se dedicara a construir se pudiera sentir más pleno y verdaderamente “superado” dicho conflicto (porque en realidad el conflicto en sí mismo es existencial; dar sentido sincero a nuestras propias vidas y no establecer como permanente un sistema basado en reacción continua, que no sabemos realmente a donde nos lleva, aunque por ello no deja de ser una valiosa experiencia también; pero que al término del camino deberíamos estar en condiciones de identificar las reacciones asumidas y sobre todo dar, o a cercarnos a dar, sentido a nuestras vidas vividas – mucho más allá de los roles sostenidos en sociedad y que también pueden ser fruto de reacciones - que nos dé contenido sincero y perspectiva de valor a lo vivido; y que por lo general pide de nosotros humildad y compasión por los demás, porque es bien difícil darle sentido global y total a una vida en la que si hemos asumido el marco de conflicto como escenario propio para sentirnos “seguros” en vivir la vida desde la perspectiva materialista que el mismo marco señala, sin duda se ha hecho daño por el camino y se ha sacrificado “inocentes” y buenas personas para procurarnos nuestro espacio de confort. Sin embargo, quienes conciben la vida como un conflicto permanente y sin recapitulación sincera, persisten hacia el final de su etapa en proseguir por la misma senda (sin duda siendo conscientes del daño que hacen incluso a los propios hijos/as) ya son conscientes plenamente de que cuando imponen su voluntad causan daño (y grave) y sin embargo persisten en el mismo marco de conflicto, considerando que el mundo aparente – constituido por materia, alguna de esas materias las consideramos bienes, y que es la materia y el concepto de recurso y bienes limitados por los que hay que luchar, la razón de constituirse la idea del marco del conflicto para que el más fuerte venza y mejor viva - pero, de alguna manera, son conscientes de que esas reglas que parecen imperar en el mundo de la materia que consideramos única y verdadera realidad palpable, desaparecerán; y siendo una de las tesis del marco del conflicto la de establecer acciones previsibles ante amenazas posibles, no resulta escenario más “amenazador” para un materialista “redomao” contemplar que su propia tesis, por la cual se ha guiado en sostener la idea del marco del conflicto, ese mismo marco le señala que debe prevenirse ante todo peligro – concibiendo siempre estrategia, que en personas conflictivas por naturaleza, usan de la conflictividad activa como herramienta no solo para salir vencedora en cualquier situación, calculando para establecer un conflicto concreto, o simplemente para marcar territorio – sino que el “yo”, como así señalan los materialistas al ”alma”, aunque realmente siempre haya sido esa persona atea “de facto” (porque para triunfar ha tenido que seguir la senda de “SuperMujer/SuperHombre” señalada por Nietzsche, renunciando a toda moral y ética en la consecución de sus objetivos) con independencia del relato que ella misma establezca: Uno para los cercanos que la conocen como persona realmente y no puede engañar del todo, y en los que se justifica su “gran venganza” - como el mismo Nietzsche concibiera para vengarse en la Humanidad por la pérdida de su padre – y otro relato “más formal” para el entorno social; pero ello no es suficiente para que el “YO”, en sí mismo “controlador” y que siempre pretende sobrevivir en toda situación, incluso más allá de la vida, concibe que las propias reglas lógicas usadas en el marco del conflicto le señalan que “no puede” “ni le basta” sostener que no hay más existencia que la material porque sencillamente existe una posibilidad de que ello no sea cierto; y si no es cierto, deberá explorar en qué condiciones y bajo qué parámetros se presentaría ese nuevo escenario que desechamos para vivir materialistamente y librarnos de cualquier “condicionante” moral o ético que pusiera limites en nuestra vida a la hora de conseguir nuestros objetivos o realizar nuestros deseos. Retornar a las referencias tenidas desde niños sobre un marco de condiciones cristianas para atravesar eso que se llama “Estado de transito” en el que hay que tener un soporte para alcanzar el otro lado, en forma de guía (para nuestra cultura San Miguel; para otras un Bodisativa) porque según las convicciones de Joung (discípulo de Freud y antagonista del mismo y que preguntado en la BBC si creía en D. y contestara que no creía sino que lo conocía, para pasmo de cualquiera, y que realmente concebía una inteligencia y orden superior; en contra posición abierta a Nietzsche, que tras la muerte de su padre, su única referencia feliz, se lanzara a destruir todo en lo que creyera porque todo le pareciera una falsedad y una gran mentira vivida por él en primera persona – y que es en Nietzsche donde se apoya la estrategia de vencedores – que a los Nazis les llevara y a toda Europa con ellos a semejantes escenas de barbarie, para aceptar la cultura del conflicto que nos impone el mundo anglosajón) sobre los mensajes simbólicos que portan todas las religiones y en las descripciones que realizara en aquellas otras, como egipcias y orientales que narran precisión inesperada ese tránsito, también reconocido en las cristianas, y en especial en el Bardo Thodol, todas las imágenes terroríficas que experimenta el fallecido son producto de lo por él vivido y visto en vida, que se presentan en forma de monstruos horribles, algunos representaciones de nuestros propios actos o crímenes realizados en vida. Y ello, para un YO (un alma) que sostuviera que nada existiera fuera de la materia, resulta imposible de abordar, porque los temores y el terror que viviera ese YO provendrían de que consideraría lo que produjera su mente como realidad imposible de evadir – no existe teoría del marco del conflicto, que ese Yo usara para enfrentar la vida material, que pudiera utilizar hábilmente, en ese otro escenario con su propia mente, pues nadie mejor que su propia mente conoce la profundidad de sus verdaderos pecados y voluntad de crímenes cometidos con éxito o no. La técnica de esa religión concebida como religión para ateos – por lo racional y descriptiva que es – a la que muchos occidentales se apuntan en la esperanza de encontrar una salida exitosa a una vida superficial (que nunca intentó profundizar en verdadera luz) y que se guiara como ganado por medio de prejuicios, como quien pide hacer un curso y obtener un título que le permita aprobar ese examen postrero, que parece una Revalida, COU, o prueba para entrar en la Universidad del Cielo. Y realmente así lo conciben e incluso algunos que podrán hacer “trampas” como en la vida real, intentando seducir o conmover a quien corregirá la prueba – sin caer en la cuenta que el examinador fue martirizado, torturado y horriblemente muerto por gentes que como ellas, ahora se presenta ante él, con pretendida cara de buenos y posiblemente diciendo con evidente cinismo: “Ese tema no sabía que entraba” (rodeado de mártires y honesto y justos, también así muertos y torturados, por gentes como ellas) el tribunal, sin duda, conciben que tendrá clemencia con ellos si son capaces de decirles qué estudiar, porque de memoria lo repetían donde sea que fuese necesario para sacar esa plaza al Cielo – o si no que le digan con “quien hay que hablar”. El camino correcto debiera ser otro bien diferente y ya aprendido desde niño, si en ello hubiera habido oportunidad ofrecida por progenitor/a y cierto ambiente procurando canalizar capacidades observadas, ofreciendo acceso abierto a explorar el mundo del conocimiento, y dando algo esencial que los materialistas (concebidos en el conflicto) apenas conocen y casi de ello se burlas: Amor y libertad, es decir autonomía con siempre apoyo (y eso tiene poco que ver como lo presentan y entiende muchos adultos; en cuanto a necesidad puramente fisiológica).
La “secuencia”, es decir, sucesión de
fases o etapas, señalada en la peli para le resolución de una "gran
diferencia" por medio del “marco del conflicto” (y no otro marco alternativo) muestra una estrategia en dos fases
claras y determinantes: 1ª Destruir, y luego 2ª Construir. Es decir, muestra un
modelo que primero habla de canalizar el dolor o ira acumulada en el conflicto
o carencia por medio de la expresión de la satisfacción de la “venganza” (que no se contempla, al menos por lo que
dice Gere del psicoterapeuta, desde mejor perspectiva y más idónea que culminar
dicha venganza; por lo que le exclama ante el relato de Gere de haber destruido
la empresa del padre, de haberse curado; pero no le habla el psicoterapeuta ni
de cómo se siente, ni de cómo enfocará la siguiente etapa de su vida sin ya ese
objetivo, que parece obsesivo, de acabar con esa figura y compensar así el
sufrimiento de abandono que él mismo viviera en compañía de su madre).
Parece que debiera ser pregunta esencial ¿Y ahora que satisficiste tu venganza,
qué? Propia de cualquier reflexión de quién pasara por similar experiencia de
considerar que la venganza es el objetivo esencial para restablecer un
“equilibrio interno” y superar un reto, un obstáculo, un problema, una
crisis…Ya se señala en la peli “El Golpe” ( Paul
Newman y Robert Redford ) que la
venganza no es suficiente; una vez realizada “a la perfección”
la venganza sobre un poderoso gánster, que por cuestión de imagen ante sus
iguales y rivales considera que hay que dar una lección que sea visible para
que no vuelvan a robar el dinero que él obtiene – y le da su poder - de una red de apuestas (en un entorno donde la corrupción parece haberse institucionalizado.
Señalando el ambiente social Norteamericano de 1936, en los efectos de la
crisis del 29) el personaje de Redford señala esa circunstancia: Ha estado bien (la venganza) pero (de alguna
manera) no es suficiente, aunque ayuda (consuela) – y sin embargo no se
señala algo que en común tienen la película de Prety Woman y El Golpe, y es que
en ese escenario de venganza, la zanahoria es el resultado económico de hacerse
rico u obtener una gran cantidad de dinero que salvará la propia situación
durante una larga temporada. Tiene también un componente muy anglosajón la
película de El Golpe, los de abajo pueden, a veces, tener éxito frente a los de
arriba; y que es argumento recurrente para dar esperanza a la sociedad Norteamericana
en los momentos de mayores penurias económicas o de evidente “corrupción y
manejos” de los poderosos cuando imponen sus intereses sobre los más débiles;
aunque para ese papel de justiciero viniera usándose, desde las tiras de comic
de la prensa americana, el nacimiento de héroes que luchan por la justicia
desde la soledad y el anonimato a causa de un efecto inesperado que les acaece
dotándoles de poderes suprahumanos (y que hacen referencia a la existencia de
una justicia, incluso sobrenatural, que existe en la propia sociedad, para que
esta sea más humana).
La segunda etapa es construir. En las dos películas señaladas se muestran ambas secuencias o fases. Gere se dedicará a fortalecer el conglomerado industrial para fabricar barcos y en la peli El Golpe, no siendo plena satisfacción la venganza, sin embargo “se reparte el botín” sustraído por medio de engaños al Ganster, con lo cuál “algo” puede construir ese dinero después de culminar la venganza.
En ese marco de pretendida competición y conflicto, organismo y todos ser vivo (e incluso instituciones como bancos, al ser dirigidas por seres humanos) se prepara – todo su sistema de funcionamiento, como hemos visto en las pruebas de estrés a los bancos - para una respuesta rápida y súbita ante el peligro y siendo la primera fase la inmovilidad para pasar desapercibido (o evaluar la situación), por lo que si no se produce o no es necesaria la “respuesta” - aunque aún así todos los “sistemas” se pongan a disposición de detectar cualquier circunstancia que haga aconsejable iniciar esa respuesta destinada o a alejarnos de la amenaza o a resistirla y superarla - el organismo precisa realizar ejercicios que eliminen esas hormonas y los subproductos de la misma que circulan por la sangre para que no acaben dañando órganos como riñones, hígado,...Vemos esa respuesta de "descarga" en el mundo animal de manera constante, en la programas de naturaleza, dónde una liebre, por ejemplo, o una gacela, cuando pasa el peligro se pone a dar saltos y hace movimientos aparentemente impulsivos, pero destinados a movilizar los subproductos generados por el estrés para poderlos eliminar por orina o heces. Podemos concebir que prepararse para una amenaza potencial requiere de entrenamiento y sobre todo de estrategias efectivas, primero para intentar “poner distancia” o “situarnos siempre a distancia” que nos permita estar a salvo y la segunda recursos para superarla. Es un aprendizaje que, por lo que nos dicen las películas de guerra o conflictos de guerra o personas que deben hacer frente a esas situaciones, el entrenamiento es esencial, y en ello el repetir procedimiento que formen parte de la conducta de respuesta y que vemos, no sé con la literalidad que se nos muestra en el cine, el uso y manejo constante de manuales para que no se nos pase ningún elemento esencial para dar una respuesta óptima. Lo que habla en sí mismo de “control” y “autocontrol” para afrontar con las mejores garantías una situación de esa naturaleza cuando se hace de manera organizada y en equipo (que por lo general es la mejor manera de afrontar una situación de estrés y no por el contrario abandonar a la persona e incluso seguir trasladándole “mensajes” de advertencia, amenaza y consecuente peligro, de manera incesante).
El término concreto de “poner distancia”
(incluso “tomar aire o un respiro”) y
no otro, tiene razón de ser de fondo (de
peso), cuando consideramos que el escenario “lógico” (el que mejor define siempre, en cualquier circunstancia) en las
relaciones sociales es el del marco de las reglas de conflicto (para algunos el único marco que realmente
definen las relaciones humanas) es la de distanciarse, alejarse de quienes
buscan el conflicto o si se está en una situación o desempeñando tareas que
bordean cuestiones próximas al conflcito. Así que todo personaje, que usa o use
el término “huye” respecto de otra persona (en
su lenguaje espontáneo) incluso el término “rehuir” (como también hemos observado decir en ocasiones concretas respecto de
una persona) lo hace, quien así usa el término, en base a concebir las
relaciones humanas, en concreto la que se señalara particularmente al respecto
de una persona concreta y referida o implícita, en base a esa convicción de que
las relaciones humanas se basan en el “marco y las reglas del conflicto” y en
ello se explicita en el uso de dicho verbo, y no otro, porque en ese caso
concreto, quien lo usa se concibe o concibe que, su posición beligerante le da
y otorga el triunfo seguro (sí o sí), porque de otra manera, o concibiéndose el
terreno “más inseguro” - y mucho menos si
considerara el “terreno aliado o de aliados” - no establecería ese verbo en
absoluto; y si observara que alguien que no tuviera motivos para alejarse de la
relación personal hasta entonces mantenida y “concebida desde la normalidad” en
vez de hablar de “me huye” o “rehúye” tal persona, por el contrario le
preocuparía dicha conducta de “alejamiento” y sin duda, y probablemente de
haber tenido relación de amistad, o de cooperación profesional, buscaría saber
si algo, de él/ella, le hubiera molestado o hubiera mal entendido para
prestamente resolverlo o solucionarlo. Cuando en un ámbito profesional – al completo – dentro de su vocabulario
“profesional” cabe el concepto “huída” o “rehuye” y es preciso de usarlo para
definir una situación profesional, obviamente estamos hablando de un entorno
profesional donde se concibe el marco y las reglas de la relación desde la
visión unívoca y esencial definida en el marco de las reglas “de conflicto”; es
decir, no hay alternativa que se pueda contemplar que mejor defina
profesionalmente una situación concreta y definida en esos términos: Huir. El
ejemplo de profesión milenaria donde se ha venido empleando ese término para
definir una situación relevante con precisión es el mundo militar, que en
principio se concibieran sus Ministerios en las Naciones/Estado como Ministerio
de la Guerra (término que no puede ser
más expresivo en términos de expresar la disposición hacia el conflicto, con
todas las técnicas asociadas al mismo, desde las puramente estratégicas para
desarrollar un conflicto abierto sobre el terreno o escenario de guerra; hasta
las actuaciones previas y soterradas, ocultas a la visión “general” de la
opinión pública, y destinadas a hacer legítima la guerra y la agresión–
absolutamente todas las hemos visto
emplear por distintos Estados para conseguir sus objetivos respecto de
terceros: Asesinatos, conspiraciones, bulos, ataques de falsa bandera,
teatralización y narración de un relato victimita, sobornos, compras de
voluntades, amenazas, chantajes, espionaje, robos, falsificaciones....) y
que con el tiempo, esos mismos ámbitos profesionales han cambiado de nombre el
de Ministerios de Defensa, (asociados a
los Ministerios de asuntos Exteriores, que es quien dirige la diplomacia y
quien es, al menos hasta no hace mucho tiempo, quienes sostenían la red de
información sobre otros países) ya
más concebidos no hacia una acción activa de agresión sino, aun dentro del
mismo escenario de concebir las relaciones dentro de un “marco de conflicto”,
regido por las reglas de conflicto y consiguientemente previsible y graduable,
ir señalando las vulnerabilidades propias y las de los “otros” para concebir
una estrategia de defensa eficaz basada especialmente en la disuasión (y la unión de aliados en intereses comunes).
Dar un golpe a un hermano/a, y
considerar ello producto de una distancia que se concibiera posible mantener
desde los 12 años, para iniciarse en el mundo de la pubertad con otros chicos
del barrio de entre 14 ó 15 años, no parece estrategia adecuada, ni que se deba
fomentar en una ciudad (tal vez si en un
pueblo donde todos se conocen), más si con ello se rompe vínculos con
hermanos de los que apenas se llevan 15 meses y que en esperando un poco más
bien pudieran haber concebido, juntos, afrontar esa etapa de pubertad (diera la impresión que se experimentara con
el mayor para aprender hacia los siguientes hermanos por medio de los errores
observados). Hecho conocido por el padre, acaecido hace años y del que el
hijo/a lamentara por ver la reacción de sorpresa inexplicable de su hermano/a
al recibir esa reacción nunca esperada. Situación similar que el mismo hijo/a
viviera, cuando su padre llegara a casa y lo viera, con unos 15 meses, enfrente
de un enchufe eléctrico (aun habiendo
puesto protección a todos los enchufes) se viera, inexplicablemente fuera
de su hueco y el niño acercarse a tocarlo, el padre lo viera nada más entrar en
la casa procedente del trabajo, y se acercara y le diera una palmadita en la
mano con el gesto fruncido, y el/la pequeño/a concibiera ello como imposible en
su padre (así se puede imaginar situación
similar con su hermano/a con él/ella); con el tiempo reparó el padre que la
madre le dejara una biblia al hijo/a y un boli para que la rayara (era un regalo que le hiciera el padre a la
madre en razón de que esta hubiera estudiado filosofía y letras, pero la madre
así mostraría que en nada apreciaba tal libro). Concibió el padre que fuera
provocación de la madre hacia el padre usando al hijo (por ello concebiría, con el tiempo, que la escena ante el enchufe el
niño tal vez no fuera tan accidental como pareciera presentarse; y que siempre
la madre buscara que el padre realmente enfadado pegara al hijo y rompieran así
una unión y vínculos que ya tenían establecidos). El insulto que expresa
hacia su madre (cerda) lo desconocía el
padre; es muy reciente, pero llama la atención que fuera “devolución” ante una
intervención de la madre para romper un vínculo que pretendiera establecer el
hijo/a con el psicoterapeuta y se presentara la madre para llamarle para
calificar al hijo de “cerdo” ante la sorpresa de este (creo si no me equivoco, por haber restos de una polución o una
masturbación). La respuesta fue, sin duda, en la misma dirección que la
recibida por su madre. Conocido ello y
en sentimiento de culpa, la pregunta que siempre quedará en el aire será
¿Porqué?
Cuando el marco de conflicto y
sus reglas, gira, de manera determinante, en función de interpretarse en favor
de una parte, en este caso en razón de género para compensar la fuerza física
del varón – como consecuencia de una
relación de desigualdad histórica que ha de compensarse y reequilibrare y para
proteger a las mujeres de la violencia machista y de otro tipo de agresiones -
podemos menospreciar la magnitud que supone dejar a interpretación “de parte”
todo un “sistema y marco de conflicto”, con todos los recursos que existen a su
disposición – y que vemos cómo son usados
internacionalmente, entre naciones/estados, porque el marco y los recursos siempre
son el mismo y los mismos. Decimos que el marco de conflicto lo establece
quien considera que en ese marco tiene las de ganar. Por consiguiente impone
ese marco, con cualquier estrategia, del cual difícilmente el objetivo (presa)
podrá escapar. Porque quien establece ese escenario actúa, desde la visión de “caza”
“de presa” sobre alguien que se ve accesible de “cazar” de ser de
condición de “presa”. Y ello es independiente
del género o de la vinculación familiar; forman parte de un rol aprendido o que se está aprendiendo, como
quien juega con una presa. La capacidad de ser “predador/a” y ver a otros como “presa”
no se puede vincular con una cuestión ni de género de rol familiar; es una
cuestión que tiene que ver con la posición jerárquica, de poder social o real,
y que determina el rol de ”predador/a” cuando se halla en esa posición jerárquica
de poder (si esa posición jerárquica de
poder la otorgamos en la interpretación de un conflicto siempre a la misma
parte en razón de género – porque el conflicto se ha venido a constituir en ese
ámbito, podemos concebir que quien sea de condición predadora buscará ese ámbito
para constituir conflictos donde siempre triunfar) Y más triunfará sobre
quien no sabe ni concibe el porqué fuera concebido como “presa” y nunca recibiera
ni apoyo ni sostén real ni efectivo, ni recursos morales, para salir de ese escenario
tan adverso.
De alguna manera se concibe que
el marco del conflicto es impuesto como una estructura ordenada, donde se
pueden observar todas las estrategias a las que se pueden acceder o están
disponibles, de manera formal, visible u opacas para iniciar un conflicto; por lo
que las mismas (al menos a nivel
internacional) solo están disponibles plenamente para aquellas Naciones /Estado
que son capaces de dominar y controlar todos los ámbitos para iniciar,
reconducir, o girar un conflicto hacia sus propios intereses; incluso hacerse
pasar por víctimas sin realmente serlo. Hablamos de una herramienta concebida
para “la guerra”, instrumento propio de hombres, concebido y desarrollado por
hombres para la guerra. Cabe así la más que posibilidad que el ceder un instrumento
como este en razones de género – como quien
busca cambiar la polaridad y piensa que así se terminarían con los conflictos –
se encuentre con una realidad menos esperada, haber accedido y usado un
instrumento concebido para la guerra para acceder al poder, y pretendidamente establecer
un orden de paz. En sí mismo es una contradicción evidente; si accedes al poder
con instrumentos concebidos para el conflicto y la guerra solo se podrá
mantener en el poder por el mismo medio (por
lo que nunca se podría dar el paso a un nuevo orden de paz con ese instrumento
de por medio). Además sabemos que la paz internacional es condicionada por
quienes lideran el mundo internacional de las Naciones Estado y que son quienes
deciden cuando establecer un ámbito o escenario de conflicto que siempre
acabará afectándonos de una manera u
otra. Es decir, llegar al poder
de un Estado o una sociedad por medios de métodos de conflicto nada hace
cambiar; porque las reglas de juego permanecen. Solo es posible concebir un
verdadero espacio para la paz, sin condiciones de amenaza constante – que es lo que hacen los vencedores que
lideran el mundo internacional - sería
posible si el marco de relaciones fuera de paz, funcionara en la propia
sociedad y desde ahí ascendiera y mostrara su eficacia en el entorno
internacional. Y ello no es una cuestión de género, como señala la
disponibilidad de mujeres a usar el marco de conflicto en su propio beneficio,
lo que en sí son reglas de guerra y no de paz.
Estaríamos en camino de
contradicción profunda; y cabría preguntarse, nuevamente: ¿Por qué?
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