Miguel Ángel Ibáñez Gómez - maiges_ps@hotmail.com

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jueves, 15 de octubre de 2015

El Doce de Octubre

        
La crisis ha hecho posible que los ciudadanos, organizados en colectivos que alcanzan las responsabilidades de gobiernos, revisen todo aquello que habían aceptado como parte de una sociedad que prometía que siguiendo ciertas reglas (esfuerzo, sacrificio en los estudios y actitud positiva) se alcanzaría una posición de independencia personal que permitiría acceder a una vida propia, plena, segura y positivamente previsible. Y ahora todo se revisa no siempre con fortuna, en un intento de encontrar los errores de una sociedad que ha hecho posible esta crisis de valores  pidiendo, implícitamente, respuestas.
No hay que olvidar que todo esto se ha generado desde la libertad del pensamiento cuya misión es hacer posible una visión crítica de la sociedad que la movilice, como motor de cambio. Pero tampoco hay que olvidar que todo cambio debe comportar cierta reconciliación con las generaciones que nos preceden (es decir, otorgarles cierta presunción de veracidad y honestidad en todo lo que realizaron) para que el cambio suponga un verdadero paso hacia adelante.
Parece recurrente, en este proceso de asimilación de la crisis, marcar claras diferencias con la generación del 78, y sin embargo si esas diferencias se construyen desde la crítica indignada estamos entrando en el terreno de la ruptura y toda ruptura  precisa de un proceso de reconstrucción que nos traería nuevas contradicciones que volveremos a sufrir como sociedad. Por ello es preciso que la crítica pase de indignada a racional para que nos permita una continuidad social que permita el cambio de perspectiva sin necesidad de destruir todo lo que de bueno hemos construido en estos últimos cuarenta años.
Todo no está mal. Ya lo advertía Ortega y Gaset en “La rebelión de las masas”. Intentar cuestionar todo para establecer diferencias insalvables es propio de niños mimados y por lo tanto irresponsables. Ello no aporta soluciones, sólo diferencias que terminarían por llevarnos a posiciones irreconciliables y a una nueva transición pero esta vez  llena de Robespieres.
Es probable que el descubrimiento de América llevara a ese continente nuevas enfermedades propias de Europa (y no sólo de carácter sanitario sino también la ambición propia de las sociedades que compiten). Pero ignorar que América no era un paraíso antes de la llegada de los europeos es vivir en la inopia. Ya los Incas se daban de manporrazos con aquellos que no se les sometía. Y recordar las abominables ceremonias sangrientas que celebraban con los cuerpos de sus semejantes no parece una actividad que dejara indiferentes a las sensibilidades esgrimidas por los actuales antitaurinos.
Pretender que los hombres malos sólo lo son los europeos o exclusivamente los españoles por descubrir América y proceder, por ello, a transmitir su cultura, es creer fabulas infantiles.
El ser humano es lo que es. Y lo es por su condición biológicamente animal en un entorno de recursos limitados. Y no por ello es más abominación que las salvajes leyes que rigen las selvas o las estepas africanas donde los carnívoros se alimentan de todo lo que cae entre sus garras (desde "bebes" gacelas, hasta "madres" de chimpancés e incluso se devoran o matan a los de sus mismas especies) o donde los herbívoros son capaces de combatir hasta la muerte por un harén de hembras.  Y en esta afirmación apelo a las certezas que observamos en la existencia de sentimientos comunes entre animales y humanos; sentimientos que bien conocen las personas que tienen a su cargo animales domésticos que tuvieron como antecesores seres salvajes - igualmente que nosotros los humanos. Podríamos afirmar, por ello, que sólo en entornos seguros los seres vivos semejantes a nosotros son capaces de olvidar los fuertes impulsos de su condición biológica.
Podemos decir con rigor que el género humano ha sometido a esclavitud a los negros africanos, pero también en ello seríamos parciales, la esclavitud se ha dado en todas formas y sociedades.La escenas televisivas nos muestran la fácil capacidad que la humanidad  tiene en olvidar que la racionalidad de su inteligencia le permite resolver situaciones complejas sin violencia y alejarse de la sumisión a sus instintos más primarios. E incluso la esclavitud llega a nuestros días en la trata de blancas o de niños para satisfacer impulsos biológicos sacrificando vidas humanas o incluso el sacrificio de personas vivas y sanas para tráfico de órganos de pudientes de todas las razas y condición, siempre que tengan el dinero suficiente para pagar estos "servicios". 
Y qué decir de las guerras que somos capaces de organizar en las que todas las razas y poblaciones humanas han participado; y algunas lo han hecho en el último momento para granjearse parte de los beneficios que los vencedores iban a repartirse.
A todos nos dan ganas de refugiarnos clamando por un lugar seguro ante un mundo tan adverso. Pero acabamos por "ver" (que no es otra cosa que aceptar que las leyes de la vida con sus contradicciones - y estas no sólo son las que se formulan en entornos presididos por la racionalidad, sino también aceptamos que hay cierta irracionalidad en esta forma de vida que tenemos en donde los sentimientos más sinceros que dan sentido a la vida conviven con los más absurdos impulsos o con la enfermedad y la muerte) y aunque busquemos seguridad todos sabemos que debemos sobrevivir en un mundo cuyas reglas pueden que no nos gusten y tal vez algunas las podamos cambiar precisamente al agruparnos en sociedades que nos hacen fuertes - y en ello debemos reconocer el mérito que como humanos hemos adquirido al dotarnos de sociedades seguras que nos permiten la ensoñación de mundos mejores y sociedades perfectas - , pero la mayoría de ellas, de esas leyes biológicas, y de las pulsaciones del ánimo más salvaje debemos aceptarlas como posibles porque algún día nos pueden alcanzar aunque vivamos en sociedades organizadas y altamente seguras.
Por mucho que se critique el Doce de Octubre desde las nuevas esferas generacionales o desde Catalunya, el mundo de las sociedades humanas seguirá careciendo de la racionalidad plena en la que todos estemos conformes. Es condición humana.








miércoles, 14 de octubre de 2015

Catalunya y el Estado


La inmensa mayoría de las personas que conformamos un Estado podemos considerarnos "gente común" en el sentido de que al afrontar situaciones adversas deseamos que las circunstancias que aparecen como complejas e insalvables en un primer momento tiendan a ceder en favor de soluciones consensuadas o pactadas que hagan posibles soluciones razonables que permitan conservar la idea que tenemos de "buena fe" que suponemos a todas las personas que componen la sociedad y que ejercen su actividad en ámbitos de responsabilidad. Por ello creamos Instituciones que hacen posible un estado de bienestar general para todos los ciudadanos. Instituciones que han sido posibles gracias al trabajo de generaciones pasadas que han observado la necesidad de las mismas y en las que participan personas cuya vocación es preservar la sociedad de los problemas más adversos haciéndolos visibles y trabajando para su solución. Estas instituciones se encuentran en todas las sociedades occidentales y su papel es fundamental para preservar la convivencia. Son agrupaciones de personas cuya misión es un trabajo especializado en algún aspecto de la sociedad y por ello son los que proponen acciones y soluciones para evitar que los problemas y circunstancias adversas, que son inherentes a cualquier sociedad, puedan acabar por hacerse  de difícil solución y pongan en peligro la convivencia de toda la sociedad.
Las Instituciones trabajan en aspectos sociales: la pobreza, la infancia, la mujer, la violencia, el derecho, el trabajo, el consumo, la economía, la Administración.... en general todos los aspectos y rasgos que influyen en nuestras sociedades.
Las Instituciones nacen para la prevención y resolución de los conflictos sociales, pero no hay que olvidar que sus nacimientos se basan en la buena fe para la resolución de los conflictos. Y la buena fe es la que hace posible la solución. Cuando falla la buena fe entramos de pleno en el terreno del conflicto y entran en funcionamiento otros mecanismos sociales de canalización de los problemas a los que no son ajenos el ejercicio de la violencia legítima.
Es un objetivo de la sociedad la resolución pacífica de todos los problemas que se nos presentan, pero ello, aún siendo así, no excluye en modo alguno el ejercicio coercitivo legítimo. Si una de las partes no atiende a las soluciones propuestas y no aporta ninguna nueva que permita mantener la estabilidad empezamos a dejar espacio a los argumentos de fuerza. Y la fuerza, aunque sea expresión de la derrota de los medios pacíficos de resolución de problemas, no por ello deja de ser legítima si con ello se evitan problemas mucho más graves y profundos. De ahí que antes del ejercicio de la fuerza se tienda a mostrar a aquellos que conscientemente desean romper las reglas sociales la gravedad que se generará de persistir en esa actitud.
Esta es una postura no sólo propia de un Estado legítimo sino de cualquier persona común que ejerce responsabilidades sobre terceros; por ello no es una actitud ajena al comportamiento social, aunque la reserva legítima de la violencia sólo pueda expresarse desde la esfera del Estado.
Tal vez pueda extrañar esta legitimación de la violencia respecto de persistir la actitud del Gobierno catalán, pero a esta legitimación no es ajeno el propio Gobierno de la Generalitat pues él mismo, como Estado que es dentro de la expresión de un Estado que le da esa legitimidad, es consciente de que la acción de Gobierno implica, en situaciones extremas, el uso del ejercicio de la violencia legítima; y no es ajeno a este concepto la propia Generalitat porque ella misma la ha venido ejerciendo cuando los mecanismos de resolución pacífica de conflictos ha fracasado, e incluso hemos podido visualizar excesos en el ejercicio de la misma que han acabado por entrar en la esfera del reproche social e incluso han sido motivo de la acción judicial de las propias instituciones catalanas que están encargadas de su corrección.
De la misma manera que una persona común es capaz de prever que, de realizar ciertas actividades prohibidas por la sociedad en la que vive, puede acabar sufriendo en sí misma la acción de los instrumentos correctivos que están legitimados para el uso de la violencia; análogamente sabe la Generalitat de Catalunya que de persistir en violentar las normas que hacen posible su legitimidad se acabarán por encontrar con la acción coercitiva del Estado que en su día le legitimó como representante del Estado. Y aunque ello lo intente ocultar a su propia población no por ello deja de ser una certeza.
Si como "personas comunes" pensamos que el Estado al que pertenecemos ignora esta circunstancias aquí expuestas (u otras mucho más complejas) y que problemas tan graves como el catalán los va a afrontar de manera improvisada o sobrevenida nos deberíamos considerar verdaderamente ingenuos.  Nuestro Estado tiene a su disposición Instituciones y herramientas formadas por personas que desean tanto como nosotros la resolución pacífica de cualquier conflicto, pero por ello mismo y por su profesionalidad no ignoran que sobrepasados ciertos límites empieza a no haber retorno a soluciones consensuadas y ha de imponerse el criterio del interés general. Y cuando hablamos de imponer hablamos de formas de coacción que puede llegar a ser extrema.
No existe una legitimidad catalana fuera de la legitimidad que le ha dado su razón de ser; al menos en nuestro ordenamiento jurídico, que por otra parte es el mayoritario en los Estados que nos circundan y que comparten con nosotros el devenir histórico occidental.

  

miércoles, 7 de octubre de 2015

(Defender la integridad del Estado de Derecho español (y V)


(Defender la integridad del Estado de Derecho español)

Probablemente los contactos informales y formales entre Gobierno y oposición, respecto a Catalunya ya se han dado y las posiciones han quedado fijadas, y cada parte mantiene vías de contacto directo para evaluar el desarrollo del problema. Posiblemente el itinerario de acontecimientos derivados de la secesión catalana, aquí someramente reseñados, estén  desarrollados o intuidos con muchas más variables y con consecuencias anejas no mencionadas, pero el objetivo de esta reflexión no es ser exhaustivo en ése terreno.
Por una cuestión, que ha podido resultar didáctica, o posiblemente ante el malestar que genera la certeza de aceptar la casi inevitabilidad de que se produzca una intervención militar en Catalunya, mi posición explicativa respecto del análisis del Presidente Rajoy acabó tomando una posición partidaria en la esperanza de que la clara visión que va definiendo el Presidente Rajoy del problema catalán, acabe por impulsarme a ver mejores soluciones que aún no se perciben con nitidez. La dificultad en percibir esa nitidez se encuentra en el rumbo tomado por el Presidente Mas que a todas luces parece de no retorno. Si algún valor puede obtenerse de la visión del Presidente del Estado es el de representar con claridad el sentimiento de unidad territorial y la de los límites que no se deben sobrepasar dentro de la lealtad al Estado de Derecho que es origen del bienestar y seguridad que disfrutamos todos los españoles.
A mi modo de ver, el propio concepto que adquiere el Presidente Rajoy tal vez le invalide para realizar con franqueza esas gestiones encaminadas a una declaración de alto nivel de la UE en el sentido de desautorizar el deseo de Catalunya o de cualquier otra región europea de acceder a la condición de Estado sin observar la Constitución que regula la vida Administrativa del Estado afectado y que se expresa en la soberanía nacional. Esa declaración debiera contener al menos el compromiso de afrontar el estatus de las regiones europeas en el marco de la configuración y diseño del Estado Europeo; Estado Europeo que es un objetivo irrenunciable pero cuya definición y concreción están por definir esencialmente por la complejidad de la actual situación político-económica que atraviesa Europa en estos momentos y que están poniendo a prueba los valores esenciales sobre los cuales se asienta y que definen el origen de la propia UE así como determinan el rumbo que con el que ha de emerger el futuro Estado Unido Europeo.
Si con esa declaración de desautorización bastara para que Catalunya renuncie al impulso secesionista se podría gestionar para Catalunya la sede del proyecto Estatal Europeo que sería el encargado de definir el o los modelos viables de Estado para Europa y las fases de desarrollo en razón al marco político más adecuado para ello. En caso contrario, en el caso de que rechazara dicho papel y persistiera en el deseo independentista pese a la desautorización del órgano europeo competente cabría plantearse la intervención de la autonomía catalana y en caso de extrema ilegalidad preverse del mismo órgano europeo la autorización excepcional de intervención de las FFAA europeas para normalizar la situación en Catalunya.


En las próximas elecciones generales de diciembre es probable que gane el Partido Popular en número de votos pero sin llegar a la mayoría absoluta (si lo hace con mayoría absoluta mi convencimiento es el de que tarde o temprano la suspensión de la autonomía catalana será un hecho que habrá que canalizar con la intervención de las FFAA, que es precisamente el escenario previsto por Mas). El plan del presidente Rajoy para Catalunya no pasa por el aval de la UE, obviamente. De no haber existido vinculación afectiva con el Franquismo en estos últimos lustros por parte del PP, y que se ha venido expresando en la resistencia a la normalización de una historia democrática que inhabilitara la figura de Franco y sus consecuencias, en estos momentos nos encontraríamos con una derecha española profundamente democrática. Con ello no quiero decir que no lo sea, pero de alguna manera ha de reconocerse que los absurdos obstáculos impuestos a la ley de memoria histórica reflejan un gesto que ahora se revela en contra de nuestros intereses de Estado frente a la opinión pública europea y ello sí nos importa a todos. No a una parte de los españoles, sino a todos. Por ello, porque la derecha española no ha encontrado el espacio político que le permitiera abjurar del legado de Franco nos encontramos en esta situación que requiere hacer equilibrios políticos para no salir penalizados ni divididos de esta delicada y grave situación que la historia nos vuelve a presentar.

Creo que la suma de PSOE, PODEMOS y CIUDADANOS, o en alguna de sus variantes, será capaz de generar un Gobierno estable que afronte esta delicada situación después de las elecciones generales de diciembre. Ese Gobierno en el que esperemos que Pedro Sánchez esté al frente, deberá afrontar la gestión del problema catalán con los recursos que el Estado le ofrece incluida la posibilidad aquí expresada del amparo institucional de la UE - siempre que previamente haya conseguido un acuerdo y compromiso preliminar en la dirección deseada.

Cualquier error de cálculo del nuevo Presidente español respecto a Catalunya que lleve a la no consecución de una resolución pacífica del problema o que aboque a la intervención militar requerirá de su dimisión, pues el objetivo esencial en las nuevas elecciones de diciembre (se explicite o no) será la recuperación pacífica de Catalunya al proyecto común español y europeo. 

(¿Tiene Europa criterio sobre los nacionalismos?) (IV)

(¿Tiene Europa criterio sobre los nacionalismos?)

Dado el triste papel que como Estado español nos toca nuevamente ejercer en el concierto internacional y sabiendo de antemano que cualquiera que sea nuestra posición política ante el conflicto catalán y sus consecuencias seremos inmisericordemente criticados, sólo cabe pedir el respaldo internacional Europeo para mantener nuestra integridad territorial bajo el mandato de interés general Europeo. Y aunque parezca un contrasentido o un contra derecho, no bastan las declaraciones de escenario realizadas por los Presidentes europeos sino un verdadero baño - como se dice: mojarse plenamente en la cuestión nacionalista española y europea. Es decir: Coger el toro por los cuernos y obligar a todos nuestros aliados a posicionarse libremente en la cuestión catalana y sus consecuencias colaterales en aquellos foros donde las decisiones adquieren relevancia jurídico-ejecutiva.
Y allí, en esos foros, veremos a las naciones y a las ideologías y contra-ideologías manifestarse abiertamente sobre un asunto que, aunque afecte a la esfera de la cuestión interna española, por otro lado, sabemos que todos están dispuestos a opinar sobre la misma a toro pasado. Veamos cuáles son nuestros verdaderos aliados, quienes son los que realmente defienden la integridad de los Estados y veamos qué jurisprudencia generarían sobre nuestro país y sobre sus propios independentismos. ¿Estarían dispuestos a mojarse?
Las cuestiones de Independentismo asimiladas a las de libertad pueden considerarse sujetas a percepción subjetiva, difícilmente podremos alegar que el Estado de Autonomías ha dado a España un autogobierno territorial profundo e inconcebible en la historia del país; pues análogamente a la singularidad con que se percibe la intensidad del dolor, también es singular la percepción de la alienación de derechos históricos, como lo es la percepción de la falta de derechos  por el simple hecho de no ser un Estado independiente; aunque posteriormente en la práctica diaria estos derechos históricos o libertades individuales sólo tengan un eco ilusorio sobre inconsciente colectivo.
La Idea de Estado que más se puede aproximar a la realidad actual es aquella que contempla al Estado como la suma de las conciencias de sus ciudadanos y por ello el Estado es previsible en cuanto que las decisiones que toma - aquellos que tienen la responsabilidad de tomarlas - tienden a ser similares a las que tomaría cualquier ciudadano bajo las mismas circunstancias; y ello lo es así esencialmente porque nos encontramos en un Estado basado en el Derecho, marcado fuertemente en sus aspectos Sociales y Democrático. En el que existe libertad de información y esta circula entre los ciudadanos permitiendo que cada uno de ellos saque sus propias conclusiones sobre el entorno social, económico y político. Y consecuentemente tiene la facultad de ejercer el voto y elegir a sus gobernantes - incluidos ellos mismos si lo desean.
Esta definición de Estado es la que realmente diferencia a unos Estados de otros y tiene que ver con su continuo devenir histórico. Por ello la opinión sobre la resolución de un problema en España no es la misma en Francia o Alemania, por la sencilla razón de que cada Estado ha seguido un criterio histórico en la resolución de sus problemas que tiende a determinar el sentido de las soluciones futuras que va a tomar y que es consecuente con el carácter de sus ciudadanos. Por lo que, análogamente, un problema de independentismo en España probablemente no será valorado de la misma manera en Francia, ni prevenido ni resuelto de la misma manera. En consecuencia la manera en cómo los franceses puedan ver el independentismo catalán o vasco no tiene que ser consecuencia de cómo presienten los problemas independentistas en sus propios territorios, sino que estarán matizados por prejuicios históricos; y así análogamente el resto de naciones europeas. Ello señala que la UE, en cuanto a camino hacia los EEUUEE, está aún considerablemente lejos de constituirse como Estado, en el sentido de suma del pensamiento de sus ciudadanos, básicamente porque no ha tomado nunca decisiones de carácter de Estado. Por lo que ponernos en sus manos para la resolución de un problema interno no sólo es arriesgado, sino habrá quien incluso lo considere temerario. Además el propio Parlamento Europeo, representación de la pluralidad europea, está compuesto por personas o grupos que nunca han sabido lo que es una responsabilidad de Estado en su propio país y difícilmente van a adquirir esa responsabilidad para evaluar la envergadura de esa circunstancia en país ajeno. Así que de existir un foro adecuado sería aquel que contiene a los Jefes de Estado o a los Ministros de Asuntos exteriores de los países adheridos a la UE. Una resolución de mayoría absoluta sería suficiente para garantizar la integridad del Estado español desde la propia UE.
Esta afirmación y actuación actualizada de Estado poco tiene que ver con la incidencia que en el pasado se realizaba sobre su predominante carácter coercitivo, pues si bien el mismo sigue existiendo, éste carácter tiende a ser moderado por la opinión pública y en consecuencia la posible arbitrariedad que el ejercicio de ésa facultad pudiera darse tiende a ser desvelada y perseguida por la Ley. 

Por ello surge la necesidad, ante la más que probable necesidad de ejercer violencia legítima para mantener la integridad territorial de un Estado europeo, anticipar la situación a la opinión pública europea para procurar su madurez si ello es posible. Y hacerlo con humildad ante un foro que va a explicitar la visión real que tienen de un país como España; que en un esfuerzo democrático y creyendo en los valores que dice sostener la comunidad social de la UE se pone, libremente a su disposición esperando que los Estados allí reunidos se posiciones con coherencia ante el problema español. ¿Serán capaces? ¿O sólo verán oportunidades en debilidades ajenas?

(Construcción de un escenario conflictivo (III) (Nacionalismo como sinónimo de Libertad )


(Construcción de un escenario conflictivo (III)
(Nacionalismo como sinónimo de Libertad )

Veamos las consecuencias que podría traer el independentismo catalán a España y a Europa, para desde ahí analizar la bondad o maldad del proyecto secesionista catalán.
Si Catalunya se separara de España, a continuación esa misma condición sería reclamada por Euskadi. Al generarse una ruptura de un Estado de la Unión Europea tendríamos como primera consecuencia a observar el posicionamiento que ambos nuevos Estados observarían en el concierto internacional. Probablemente Catalunya sería pro-continental y pro-alemán, pero Euskadi sería pro-británica, esencialmente por afinidad con los Británicos. Británicos que han inspirado la bandera vasca y han apoyado la imagen de héroes de los terroristas vascos ante los ciudadanos de Reino Unido en los medios de comunicación. La posición Británica en Europa adquiriría mayor relevancia al fomentarse en el País Vasco los principios anglosajones. En Euskadi se volvería a plantear la legitimidad de la violencia para liberar al Nafarroa del yugo españolista, por lo que cedida la independencia en dos territorios, la conquista de la independencia de Navarra traería como consecuencia un enfrentamiento civil dentro del territorio Navarro entre pro-vascos y pro-independentistas o pro-españoles (hay que pensar que concedida la independencia a Catalunya, los valores nacionalistas alcanzarían cotas ahora insospechadas en el resto de territorios, ya que el criterio observado para catalanes, una vez vista la inoperancia del Estado español en el concierto internacional, sería reclamada por cada autonomía aunque tal vez con ciertas peculiaridades). No cabría pensar en esas circunstancias que los británicos renunciasen a aumentar su área de influencia en el continente fomentando territorios que serían solidarios con sus visión diplomática, por lo que cabría pensar un apoyo implícito por parte de los británicos a la anexión de Navarra al País Vasco para formar la gran Euskadi - el paso consiguiente no sería otro que el de respaldar al nuevo Gran Gobierno Vasco en sus reclamaciones territoriales sobre suelo francés, por lo que aumentaría la tensión independentista en Francia, algo que aprovecharía la Catalunya independiente para recordarles a los catalanes franceses que existe una nación madre cuya capitalidad es Barcelona. Aún así, demostrada la legitimidad catalana en Europa, este nuevo Estado se dispondría a crecer - como ya lo ha anticipado - solicitando a la comunidad Balear y Valenciana su proclamación de independencia y posterior adhesión voluntaria al nuevo Estado catalán, cuyo previsible rechazo traería como consecuencia el aumento de una beligerancia interna en los territorios baleares valencianos y de la franja aragonesa, intentando que éstos últimos proclamen su independencia para luego incorporarse al Estado catalán (eso sí, todos esos procesos ya no requerirían de más trámite legal que la mera declaración unilateral).  Aun considerando que Francia consiguiese mantener su integridad territorial las perspectivas generadas en España por los independentismos alentarían otros independentismo europeos ahora latentes que basarían sus fundamentos de derecho legítimos en cualquiera de los esgrimidos por los nacionalismos españoles - básicamente porque se convertiría en una cuestión de moda.
¿Cabe pensar que esto sería del agrado de Francia, Bruselas, Italia? Obviamente no. La tentación de que el proceso independentista en España fracasara violentamente podría llegar a ser un punto en común dentro y fuera de nuestras fronteras.
¿Merece la pena (y la sangre) fomentar los nacionalismos ajenos a fin de debilitar naciones o fortalecer posiciones políticas propias, aun sabiendo que quienes las fomentan recibirán parte alícuota del castigo infringido, en el exterior, en el propio suelo patrio?

Toda la secuencia de hechos que se generan son probables no en razones de premeditación organizada y previstas, porque de ser así ello requeriría un acto de voluntad previa que probablemente ahora no existe (salvo en el caso catalán que ya lo ha dejado entre ver) sino que se basa en cuestiones de oportunidad. Las cuestiones de oportunidad son aquellas que se presentan sobrevenidas. Una cuestión de oportunidad es una cuestión de clarividencia: se ve con tal claridad la debilidad del semejante o adversario, que emerge, casi involuntariamente, la necesidad de aprovechar la ocasión y no dejarla pasar de largo (por ello más que ver maldad en los Británicos, veo cuestiones de rivalidad y oportunidad; algo así como cuestiones de negocios; y lo mismo podría acontecer a las naciones europeas afectadas por nacionalismos - su posición ante el conflicto español pudiera acabar por no ser consecuente con sus propios problemas nacionalistas por pura estrategia política. Así están las cosas).
Estamos hablando de la nueva potenciación de los nacionalismos: Nacionalismo catalán, vasco, británico,..... Obviamente España no es en sí una potencia mundial decisiva en el orden internacional - tal vez nuestro objetivo futuro tenga que ser mucho más humilde que el que nuestros gobernantes se empeñan en proclamar - pero al pertenecer a la UE nuestros problemas sí afectan más determinantemente que en el pasado, pues ya no somos esa dictadura franquista que a todos les gustaba golpear como causante de todos los males que afectaban a España, que por otro lado era la vergüenza de Europa hasta el punto de considerarse África. Los etarras ya no son héroes, y si alguna vez lo fueron perdieron sus carácter cuando empezaron a derramar sangre en honor a una idea de patria que a estas alturas debería de ser caduca, pero que el antagonismo catalán pretende resucitar y, no le quepa a nadie la menor duda, el derramamiento de sangre si ha sido evaluado, por el simple hecho de plantearse una desobediencia que ellos mismos han llegado a evaluar como golpe de Estado - eso parece aunque no lo expliquen explícitamente a su propio país , pues siempre es mejor aparecer como víctimas más que como verdugos - y en ello ponen todo su esfuerzo.

(Hablar de Libertad (II)

(Hablar  de Libertad (II)

Intentar construir un Estado nuevo dentro de un Estado avanzado requiere algo más que la idea de una cultura y costumbres comunes - pues la cultura y costumbres tiende a ser cada día más común y, paradójicamente, cuanto más queremos singularizar esa cultura o esas costumbres más difícil se hace conseguir encontrar una frontera realmente singular que habilite las condiciones necesarias para definirse como Nación y aspirar a ser Estado, pues nunca serán de igual costumbres los que viven en los valles de las montañas que los que viven a la orilla de los mares o en el interior de una llanura - requiere algo más que la idea de una lengua común y diferente - pues para que una lengua sea común en un territorio se hace preciso uniformarla y en esos procesos se van perdiendo pequeñas identidades culturales en aras de facilitar la comunicación. Para construir un Estado independiente se requiere alegar grave injusticia o perjuicio ocasionado de manera constante y sostenida en el tiempo que perjudica el desarrollo de la región y de sus gentes, y de su identidad cultural hasta el punto de avocar a sus gentes a clamar por la independencia.
El sentido del término Independencia está vinculado con el de libertad de decisión y autonomía. Sin embargo vemos que alcanzada ésta libertad autonómica se reclama para el término de libertad el sentido de liberación e Independencia; como si esos términos existieran en valores absolutos, como si existieran naciones en la Tierra que pudieran proclamar que son Libres e Independientes por sí mismas ignorando que vivimos en una comunidad de naciones que libradas de las ataduras de los compromisos libremente adquiridos para hacer posible la convivencia entre ellas, se jerarquizarían nuevamente en razón de su fuerza coercitiva y no en razón de la convivencia. Todo lo que se está construyendo en Europa se hace, de alguna manera, bajo el principio de Rouseau por el cual se sacrifican los derechos a la libertades individuales por un objetivo común mayor que a todos nos beneficia. Y ello es válido tanto para individuos como para Estados.  La Unión Europea trae como consecuencia el asentamiento de valores sociales e individuales que son protegidos por la comunidad de naciones. Por ese motivo las cesiones de soberanía que realizan los Estados lo hacen en razón de objetivos que uniforman normas, permeabilizan fronteras, comparten recursos destinados a seguridad y defensa que permiten aumentar los destinados a generar derechos y bienestar a los ciudadanos. Todo el proyecto europeo tiene como destino la generación de los EEUUEE, y el camino es complejo y difícil, y lleno de trabas e intereses de naciones poderosas de nuestro entorno, y de visiones singulares dentro de la propia UE que hacen más arduo y complejo el trayecto, pero que de ser superadas alcanzaremos una estabilidad como unión sin parangón en la historia de la humanidad. Y en todo ese camino están comprometidas las naciones europeas. Sin embargo, la actual crisis económica ha representado un duro golpe al proyecto europeo. Si bien en la prosperidad todas las naciones muestran sus mejores semblantes, análogamente en la adversidad las naciones tienden a retraerse y olvidan la trágica historia europea que nos llevó al convencimiento de la colaboración entre los pueblos de Europa para construir una Unión Económica que evitara los antagonismos que nos llevaron a 31 años de guerras cruentas y otros casi cuarenta de guerra fría. La crisis económica intenta despertar y resucitar las ideas más retrógradas que acompañan a los seres humanos: xenofobia, discriminación racial, nacionalismo, identidades antagónicas... y en ello no se libra ninguna nación. Es la apelación al miedo la que hace posible la resucitación de conceptos nacionalistas y por lo tanto retrógrados; como si en Europa se hubiera olvidado los millones de muertos y las atrocidades vividas en nombre de esos principios que se sostuvieron como valores que fomentaron el antagonismo entre naciones y fomentaron el odio y la barbarie en suelo europeo. De ahí que se observe con coherencia la idea de expulsar a Hungría de la UE, y consecuentemente a todo país que con su actitud promueva el antagonismo entre naciones o etnias. Ellos han olvidado la historia reciente que hace posible la construcción de la UE.
Dicho esto merece el esfuerzo hablar de los Nacionalismos españoles. Por ello defiendo la idea de que España no es una Nación (en tanto que comporte idea de raza o cultura propia o singular, vanguardia de algo, sino un Estado conformado por la suma del pensamiento de sus ciudadanos, que lo hace previsible de acuerdo con el carácter español y que se diversifica Administrativamente - en cuanto a Estado -  en organización territorial autonómica y municipal para mejor adaptarse a la idiosincrasia de las sociedades que lo conforman - como análogamente lo hará la futura Unión de Estados Europeos, en cuyo camino nos encontramos) ni una Nación de Naciones, sino un Estado dentro de Europa y que aspira a formar parte de la Unión de Estados Europeos en un futuro más o menos próximo. Y por ello, en alguna medida, aspira a disolverse como Estado dentro de otro Estado superior conformado por el pensamiento de los ciudadanos europeos que definirán al Estado español dentro de una Constitución Europea.

Desde esta percepción futura a la que estamos abocados pese a todas las dificultades que nos encontremos, el sentido de libertad liberadora se encuentra más que en la identidad singular antagónica, en la identidad singular complementaria o integradora del proyecto común europeo (lo que me hace singular en mi entorno es precisamente lo que me vincula al entorno). Por lo tanto, alegar incompatibilidad con el Estado al que se pertenece requiere de una situación de grave arbitrariedad que no existe ahora (aunque algunos la pudieran desear), ni en formas ni en maneras, que justifique la cimentación de un edificio independiente. Y por otro lado, crear condiciones antagónicas que sugieran la incompatibilidad con un Estado de Derecho sabiendo que el camino final será de cierta disolución del Estado en otro Estado (EEUUEE) de mayor esfera, aprovechando una crisis coyuntural se antoja como argumento no sólo insolidario sino oportunista.

(El marco del problema (I))


Idiota es una palabra derivada del griego ἰδιώτης, idiōtēs, de ἴδιος, idios (privado, uno mismo). Empezó usándose para un ciudadano privado y egoísta que no se ocupaba de los asuntos públicos. En latín, la palabra idiota (una persona normal y corriente) precedió al término del latín tardío que significa «persona sin educación» o «ignorante». Su significado y la forma moderna data de alrededor del año 1300, del francés antiguo idiote (sin educación o persona ignorante). En 1487 la palabra idiotez pudo haber sido el modelo de analogía de las palabras «profeta» y de «la profecía».

(El marco del problema (I))

Si buscamos las diferencias existentes entre País, Región o Comarca en la esperanza de poder encontrar definiciones nítidas que permitieran delimitar con claridad unos conceptos de otros, podremos encontrar que las diferencias buscadas apenas existen o incluso que cada concepto ha ido evolucionando con el paso del tiempo. País e incluso Región o Comarca bien pudieran haber sido sinónimos entre sí dependiendo de la perspectiva cultural de quienes definían esos territorios.  País, Región o Comarca parecen términos vinculados a sociedades que tienen en común una cultura o un idioma vinculado a un territorio continuo aunque sus límites no pudieran siempre definirse con nitidez por la sencilla razón de que las culturas contiguas tienden a compartir o intercambiar costumbres y mezclar el lenguaje, debido, esencialmente al trato humano que es condición inherente a la actividad del comercio que de manera espontánea tiende a aparecer entre las poblaciones.  Si en algún momento esos conceptos de sociedades o territorios empezaron a tener relevancia lo fue, probablemente, ante los ojos de sociedades más organizadas u estructuradas con sistemas Administrativos muy complejos como lo pudieron ser los romanos, aunque éstos siempre tuvieron, probablemente, consciencia de que lo que expandían en su entorno era el modelo romano de su propia Ciudad-Estado. Modelo que se extendía por vastos territorios donde la estructura Administrativa era más simple o débil o sencillamente no existía. Así pues, de alguna manera, el concepto de País, Región o Comarca es una definición que emana desde una visión aparentemente  superior y que define conceptos vinculados a una cultura y a unas costumbres que se han estabilizado sobre un territorio, tal vez de manera espontánea,  en el que sus habitantes son reconocidos por esos rasgos por las culturas que los circundan. Y en ése reconocimiento existe el aprecio de una "singularidad" que porta esa sociedad y que le permite una estabilidad social y económica que define su propia identidad. Así pues, difícilmente puede entenderse que dentro de esa uniformidad social y económica existan diferencias tan esenciales que puedan promover la escisión interna de no mediar intereses políticos (de utilitariedad) que puedan generar un aparente mejor bienestar de una parte del país sobre la otra. La definición de País, Región o Comarca se vincula con la idea de estabilidad; estabilidad propia de compartir costumbres y cultura común.
Pero dependiendo de cómo definamos costumbres y cultura podemos limitarnos a una familia o clan o abarcar la práctica totalidad de la Humanidad - como ocurre hoy en día. Si costumbre es ir a trabajar todos los días (o aspirar a ello), tener una educación reglada, unos medios de comunicación, unos gobiernos de municipios, pagar unos impuestos, y tener un sistema de representación democrática, una cobertura sanitaria, un sistema jurídico y un sistema de seguridad, acceso a bienes de consumo....  estamos hablando de la cultura occidental y esta se extiende desde Europa hasta América y llega a Asia. Es lo que llamamos en el pasado - y parece que hemos olvidado - Aldea Global.

Aldea de pueblo, aldea porque la mayoría de los seres humanos aspiran a tener los mismos bienes y el mismo confort, y están sometidos a las mismas ventajas de su progreso económico y social, y las mismas adversidades que emanan de su tecnología y complejidad política. Todos estamos bajo las mismas reglas económicas y bajo las mismas amenazas de inestabilidad. Lo que hace un Estado vecino no nos es indiferente, como tampoco lo es la actitud política que tome una superpotencia. El mundo se nos ha hecho pequeño en todos los sentidos y nuestras decisiones políticas y económicas no resultan indiferentes a nuestros vecinos ni a la comunidad occidental a la que pertenecemos. Todos compartimos las consecuencias de la actividad económica y la de los valores sociales imperantes.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

¿Necesitamos que Rajoy tenga apoyos? o mejor consensos?


Aclaración previa: No soy persona que tenga una interpretación lineal de los conservadores, ni propios ni ajenos,  esencialmente porque he conocido excepcionales personalidades que reconociendo su visión conservadora de la sociedad como mejor forma de organización del Estado, en ello no perdían un ápice de su fuerte carácter social y humano, muy alejado de visiones sectarias o narcisistas que tanto desalientan a la gente con sentido común. Análoga disposición tiene mi ánimo en respecto de las personas, siendo todas singulares y, por ello, mereciendo el trato singular que reconocen las virtudes de cada cual y observan sus carencias no como defectos si no como oportunidades que se pueden concretar en el futuro para el bien de todos.
En todo lugar habitan personas con ideales, y no por ello se despegan del sentido común, y que no tienen más limitaciones que las que imponen los intereses utilitarios que a todo grupo que se sabe poder o alternativa de poder importa y por ello limita sueños políticos no por imposibles, si no tal vez por generar un vértigo que se antoja inasumible por unas circunstancias que se observan como insalvables. Ello lleva a proceder desde la seguridad que nos da lo conocido; aquello que nos asegura un resultado previsible en sus objetivos finales, y los daños colaterales los terminamos por asumir como inevitable precio. (y, sin embargo, siempre cabe preguntarse si aún existían opciones diferentes a las previstas).
El Presidente del Gobierno parece no precisar del apoyo del resto del espectro político para afrontar uno de los mayores retos con los que se enfrenta la Democracia española. Lamentablemente ello lleva a pensar que más que en una solución profunda del problema nacionalista en España, Rajoy se lanza - y en ello parece dar muestras - a buscar una rentabilidad política de la cuestión nacionalista más que a su canalización o resolución. Su primer paso, a unas pocas semanas de lo anticipado por el President Mas, no señala otra fórmula que ahondar en el antagonismo polarizante con la esperanza de obligar a elegir entre blanco o negro en las próximas elecciones generales y con ello intentar conseguir una mayoría absoluta de la cual hoy está lejos. Lo aparentemente grave de la cuestión es que - en medio del peligro que supone cerrar en falso este proceso independentista - se ponen en juego todos los miedos atávicos de los hispanos para buscar, además, un éxito electoral. Y lo triste es que algún ex-presidente de la izquierda se sume a este juego desde una posición confortable y segura (en medio de una grave crisis económica y política), aunque algunos creamos que por ello mismo carece de la autoridad requerida, precisa y decisiva en estos momentos en los que las declaraciones, desde la fortaleza moral (y ética) de una vida de entrega plena a la sociedad, son tan vinculantes para la sociedad.
Sócrates criticaba con agudeza - o así nos lo hizo creer Platón - la estructuración del poder en torno a las razones del más fuerte, des-argumentando que esas razones fueran las mejor fundadas. Hoy sabemos que es precisamente la suma de razones las que mejor encuentran soluciones a los problemas de las sociedades. Lo que de ello se aleja - por muy legítimo que técnicamente sea -, se separa de la concepción democrática que ahora concebimos como más positiva, y tiende a ceder las razones del más fuerte para dejarse influir por las razones de la razón - que albergan en todos, incluso en los no tan fuertes y, a veces, en los débiles o en los que se consideran ignorantes.
Resolver el problema de los nacionalismos requiere de realizar, al menos, una reflexión de las maneras que emplean otros países para ir resolviéndolos cuando emergen. Pero sobre todo es preciso diferenciar entre las soluciones de aquellos cuya tradición democrática es más veterana que la nuestra, y sobre todo atender a la actual situación política que nos rodea y la visión histórica que muestra nuestra forma de solucionar los problemas que nos aparecen en España.
Si el enfoque hispano se apoya en cuestiones testosterónicas (y en ello no se excluye al President Mas, sino todo lo contrario) nos encontramos con el hilo histórico que puede reforzar esa hipótesis y que dio lugar a la invasión árabe de Europa (enfrentamiento interno que no se supo resolver). Si entendemos que la guerra civil última también se fundamentó en incapacidad en resolver positivamente nuestros problemas podríamos entender que España es incapaz de resolver sus propios asuntos sin hacer concursar a potencias extranjeras en sus asuntos internos, por lo que la visión que de nosotros pueden tener en el exterior no es precisamente el de una democracia avanzada, por lo que se pueda concluir que no estamos al nivel de las grandes Naciones occidentales (como es nuestro objetivo).
Hagamos una sencilla reflexión: ¿Alguien hubiera pensado posible que en Gran Bretaña, a tenor del problema escocés, algunos de los generales del Estado Mayor hubiera podido atreverse a realizar declaraciones en la prensa británica al respecto? O tal vez sería concebible ello mismo en Alemania o Bélgica?. Por muchos respaldos que Rajoy pida a británicos y alemanes difícilmente sus declaraciones vayan más allá de un compromiso de "escenario" que tarde o temprano se cobrarán, de un país que no sabe, aún, resolver sus cuestiones esenciales sin pedir ayuda al exterior. Si lo dudan intenten el ejercicio inverso: Alemania y Gran Bretaña piden apoyo a Rajoy para mantener su integridad territorial por una amenaza política cuya resolución se encuentra en la esfera política (¿lo conciben?).
Parece que el problema español es de "inercia" de carácter; carácter que olvida que si faltan argumentos políticos ello tal vez se deba a la falta de profunda reflexión y coherencia en asuntos de capital importancia. Asuntos que la mera lectura jurídica de las normas no son solución por sí mismos (tal vez por la cuestión de coherencias) y que precisan por ello de un consenso que lleve a dar con la solución que permita resolver nuestros problemas sin recurrir a deber favores a gobiernos extranjeros que pueden acabar por sentirse incómodos ante este tipo de demandas de una nación que se considera a sí misma  grande y soberana (véase el vídeo de las declaraciones del Primer Ministro Británico y el gesto que realiza, previo a las palmaditas en las espalda que recibe del  Presidente español - y sabemos que los anglosajones gustan de realizar gestos explícitos hacia sus conciudadanos).
La actual situación política en España permite afrontar y resolver problemas que se encuentran en nuestros "genes" desde hace cientos de años. Problemas que, si sabemos resolver, sí nos remiten al estatus de gran nación, y no porque nadie del exterior lo diga, sino porque sentiremos habernos despojado de lastres milenarios, algo que sí han conseguido naciones que nos rodean - pero parece que nosotros aún no.
La solución última no debería pasar por un mandato al ejercito de la naturaleza del 34; ello no sólo no nos pone en la línea correcta sino precisamente en la contraria: aquella que nos hace capaces de repetir nuestra historia menos idónea.
La situación actual demuestra que no hemos sabido resolver nuestro sentimiento común. Y en ello tiene mucho que ver las heridas y cicatrices que se generan cuando una herramienta destinada a defender nuestra libertad es empleada para cercenarla. La transición del 78 se asentó en la convicción de que el pasado era superado para generar la fe que daría lugar a un verdadero espacio de tolerancia y convivencia. La cicatriz se muestra cada vez que un general olvida que, como instrumento legítimo del uso de la violencia, debe de abstenerse de todo tipo de declaración pública - pues en ello deja de ser herramienta del pueblo de España y de su soberanía, para pasar a erigirse a sí mismo y mostrarse ante la sociedad como criterio alternativo al que legítimamente emana de la sociedad a través de las urnas.
Una situación similar la protagonizó el general "Swarford" en la 1ª guerra del Golfo cuando en los medios de comunicación, dentro del parte diario de guerra, mostraba libre el camino a Bagdad y su expresión corpórea animaba al objetivo militar sin reflexionar sobre las graves consecuencias que ello derivaría (y que los analistas políticos evaluaron durante tres días y que llevaba a la confrontación nuclear con la URSS, como advertía Gorbachov en un documento televisivo vetado durante esos tres días de reflexión, por la censura de guerra occidental) (no somos tan libres como creemos).
Con esto no quiero decir que el President Mas no merezca un verdadero reproche por parte de toda España (incluida Catalunya) y que sea avocado a finiquitar su actividad política; Pero ello hay que ganarlo en los templos de la razón que es el verdadero lugar donde se ganan las batallas (y esperemos que no sea necesario, luego, escenificarlas). Y si bien la aparente corrupción que afecta a Convergencia es una potente razón que hace pensar sobre si un posible cambio centralidad en Catalunya será realmente un paso hacia el bienestar o un simple ascenso de sus dirigentes a mayores cotas de poder (sobre todo económico)  del que no han terminado de alejarse de viejos métodos mercantiles que ofenden  a su propia sociedad y al resto del país.
El President Mas, después de sus declaraciones soberanistas realizó en escenas de tv, un apoyo expreso a los Mossos de Esquadra en una escenificación que parecía sugerir que les atribuía el soporte de la defensa "legítima" del proyecto de emancipación. Ello, de ser correcta la interpretación, es deplorable en sí mismo, porque apela el President Catalán no al sacrifico personal de sí mismo con su proyecto sino que vincula el destino de civiles sobre el cual sustentar una historia, hasta ahora etérea, que puede acabar materializándose de la manera más triste y absurda, y sobre la cual apoyar un soberanismo futuro. Así mismo también se han hecho referencia amenazantes que aseguran que la guerra civil pasada tuvo su base en el independentismo catalán - declaraciones atribuidas a Mas. De ser todo ello cierto nos encontramos en un antagonismo polarizante entre dos Presidentes que no parecen dejar espacio y posibilidad de estrategia diferente que la del enfrentamiento. ¿Hubiera estado acertado el Primer Ministro Británico con una estrategia similar para Escocia?
Además el marco de "peligro" parece que será usado también electoralmente por Rajoy. Volvemos a olvidarnos que un consenso a fondo sobre este asunto tal vez hubiera sido ventajoso, pero parece que nunca lo sabremos porque, simplemente, no está en la agenda del Presidente Rajoy.... La consiguiente cuestión será Euskadi (¿?)
Si nos falta una visión estabilizadora que abarque todo el país nada servirá de nada, estaremos avocados a repetir cíclicamente nuestra historia. La única propuesta que va en esa dirección (la tercera vía) no merece el análisis del Presidente del Estado ni de sus asesores (¿?).
Si todo es así, las acciones del Presidente Rajoy, además de no solucionar el problema lo diferirá hacia el futuro inmediato.
La única posibilidad de solución del problema nacionalista pasa por un acuerdo con el PSOE y los Nacionalismos democráticos, sobre el marco de la estructura administrativa del Estado y la evidente inviabilidad que supone la independencia de cualquier autonomía para alcanzar el estatus de estado independiente. Es inviable concebir que los recursos generados entre todos, y que determinan nuestro nivel de vida y seguridad,  estén sujetos a interpretación selectiva de las normas a fin de construir una historia paralela que desemboque en un antagonismo con quienes han suministrado recursos naturales, humanos y materiales; e incluso ha sacrificado oportunidades propias por favorecer una estabilidad política o económica más favorable para el conjunto del país y que ha podido acabar favoreciendo a unas regiones determinadas que, ahora puedan acabar por manifestarse insolidarias, e incluso más allá: antagónicas.
Alegar que el problema viene del carácter español y la solución es separarse de él no sería más que el aplazamiento temporal del verdadero problema a enfrentar: La naturaleza utilitaria del ser humano que ejerce la acción política (y política acabamos haciendo todos, de alguna manera, en nuestras vidas). Por lo que tarde o temprano nos tendríamos que remitir al mismo problema en el territorio que alegó esta razón para separarse. El señalamiento de la corrupción de CDC no es más que una llamada de atención en ése sentido y que avoca a una reflexión, no sólo por Catalunya sino por todo el país y en todo el mundo occidental.
Si en vez de huir de los problemas (como hacen los soberanistas catalanes) reflexionemos con fortaleza y valor sobre ellos: y en ése sentido cabe pensar en las raíces de nuestros temores nacionales que este problema soberanista evoca; sobre todo después de que se afirmase de que la verdadera causa del enfrentamiento civil fuera Catalunya. El President Mas pretende, de ser ello cierto, estimular aquellas emociones más vertiginosas y añejas de las historia de España para generar una re-gresión en la sociedad con la cual autoafirmarse y justificarse interna e internacionalmente: España, incapaz de recorrer un verdadero camino de futuro democrático, recurre a la violencia para resolver sus problemas identitarios... otra vez.
Se dice que las personas, como las Naciones, ante las mismas  dificultades tienden a responder de la misma manera y, por lo tanto son previsibles. Eso mismo parece pasarle a Rajoy, que parece haber entrado al trapo del "matador" Mas, y empieza a ser previsible y coherente con formulas que reflejan más miedo que valor para enfrentar un futuro diferente.
Rajoy, como responsable del PP debe de re-conocer la vinculación afectiva que aún queda en su partido con el Dictador Franco. Mantener ése vínculo con el pasado es justificar una vía de solución violenta y autoritaria para los problemas de España, y con ello, habilitarla cuando sea necesario. Por ello el deber del PP - como lo es el de los partidos conservadores europeos respecto del nazismos que Franco apoyó e imitó - es alejarse y sumergirse plenamente en el debate con la oposición para pactar un itinerario de salida a este problema y, a la vez, darle un portazo a cualquier resurrección de métodos y vías de solución que estén vinculadas afectivamente con un pasado que debe de ser deplorado. Pues en caso contrario habrá gente del PP que sólo le guste la democracia en la medida en que ésta le habilita para expresarse en modos y maneras pasadas.
La verdadera solución pasa por ir hacia adelante y, si es posible (lo sea o no parece necesario), de la mano con la oposición.

Rajoy sí necesita ayuda para resolver este problema. Esperemos que se dé cuenta a tiempo. Porque, de otra forma, Mas puede acabar ganando la batalla de la opinión pública europea.

martes, 25 de agosto de 2015

"Un tuto revolutión" (3) - para dejar el verano y comenzar el nuevo ciclo económico-político.

Rajoy, ¿Un problema de España o un mal sueño de verano?

El Presidente español afronta una etapa llena de complejos problemas, desde económicos, pasando por políticos y hasta de identidad del propio Estado español. Es difícil de creer que siga pretendiendo pasar a la historia de España bajo la idea de que se encontró un montón de retos que afrontó con mejor o peor suerte - eso se verá próximamente - y que, sin embargo, nunca tuvo responsabilidad en la aparición de ninguno de ellos, siendo su papel esencial gestionar todo un frente de problemas heredados y ajenos a su persona y a su personalidad - incluyendo en ellos la "evidente" corrupción de financiación que afecta a su partido desde su fundación.
Los próximos meses, y en especial este fin de año 2015, merecen un análisis de fondo de la personalidad de Mariano Rajoy, ya que sus decisiones pasadas, presentes y las previsiones realizadas no van a poder aplazarse más tiempo, tendiendo a concretarse en hechos con sus consiguientes consecuencias para nuestro Estado. El próximo año 2016 portará en sí la ventura o desventura de las decisiones que el Gobierno tiene previstas aplicar en los inevitables escenarios que hacen contener la respiración a aquellos ciudadanos que, a pesar de la normalidad de los telediarios, conciben una muy compleja situación política de la que sólo conocemos el vértigo que nos genera cuando en la intimidad pensamos en ella.
La pregunta esencial es: ¿Tenemos el mejor Presidente posible para afrontar este reto?
Ello es lo que pretende visualizar este artículo a fin de rastrear las mejores posibilidades que permitan a nuestro Estado salir de los múltiples laberintos planteados.
Lo primero que hay de destacar del Presidente Rajoy es su literalidad a la hora de afrontar los problemas políticos. Esa literalidad comienza a percibirse en la manera en cómo escucha a sus interlocutores políticos en situaciones complejas y difíciles, como la que aconteció en su entrevista con el President de la Generalitat Artur Mas, quien le dijo que nada haría fuera de la Ley y Rajoy lo entendió desde su literalidad en el contexto del palacio de la Moncloa. Aparentemente un error de bulto que ha dado como consecuencia, puntos al proyecto soberanista al transmitir una idea de mayor inteligencia en Mas que en Rajoy. Y probablemente se sintiera Rajoy "engañado" por Mas días después de esa entrevista al constatar que la legalidad a la que se refería  Mas no era otra que la catalana. Pero Mas no engañó a Rajoy, este se engañó así mismo y en ello mostró una vulnerabilidad en el más alto cargo del Gobierno español de la cual debemos saber si la tiene superada.
No se puede concebir la euforia independentista catalana sin que esta tenga, al menos, un soporte en el exterior de España que la aliente, o de la que espere en un momento oportuno un respaldo que permita generar un hito en la historia de Catalunya que le sirva de referencia legal permanente sobre el cual cimentar su legitimidad soberana permanentemente. Por ello cabe preguntarse ¿Quién podría estar interesado en crear problemas de esta magnitud a España?
Aunque partiéramos de la idea de que las naciones europeas colaboran activamente entre sí para construir nuestra Unión Europea y proyectarla hacia el futuro, es preciso no olvidar que las tensiones derivadas de las diferentes visiones políticas y económicas subsisten. Y ello lo hacen desde las posturas diferentes de UK y Alemania desde hace un tiempo, y ahora desde  el debate generado a causa de la propia crisis económica que estamos gestionando bajo las directrices alemanas. Pero también existen , anejas a ellas, las cuestiones territoriales que nos persiguen desde el comienzo de la historia en Europa.
Hace bien poco, el Reino Unido tenía que afrontar un referéndum secesionista en Escocia, algo que se vivía con gran preocupación, pues Gran Bretaña derivaría en una gran tensión política si el triunfo secesionista se concretaba en el referéndum, quebrantando el frente unido que UK presenta a la Europa continental.
Al Ministro Margallo no se le ocurrió otra cosa que alentar esa secesión habilitando teóricamente la incorporación de Escocia al Euro, sabiendo la dimensión que alcanzaría su  declaración, no sólo en Europa si no en la propia Inglaterra. Pero el Ministro español decidió, suponemos que con la autorización de Rajoy, apedrear a Inglaterra probablemente como revancha ante los eternos problemas planteados por Gibraltar. Y tal vez fue más allá. Porque no hay que olvidar que nuestro centro-derecha político tiende a potenciar el nacionalismo español recreándose en la gloriosa historia española a la que Gran Bretaña puso punto y final, aunque la puntilla definitiva la diera los EEUU - ambas naciones consideradas así mismas como primas hermanas, gracias a la habilidad que tuvieron en reconciliarse después de la guerra de la independencia Estadounidense.
El tono técnico de las declaraciones de Margallo pretendía señalar las diferencias entre el Reino Unido y el Estado Autonómico o federal, como si la literalidad de esas cuestiones le permitieran habilitar esas declaraciones, de gran calado, sobre una cuestión de política interior de un pueblo soberano como el de la Gran Bretaña. Es decir, Margallo escenificó públicamente en los medios de comunicación de toda Europa, toda una injerencia en los asuntos internos de otras naciones en cuestiones que a España ni le van ni le vienen. Esa literalidad de Margallo, que es el punto esencial que tiene  en común con el Presidente Rajoy, tal vez sea la esgrimida por el Presidente de la Generalidad Mas, frente al Gobierno de España, en caso de  superar cada una de las fases y etapas con las que se pretende alumbrar un "soberanísmo legítimo" desde un ámbito legal internacional que no lo contempla, pero que tampoco lo contradice expresamente, existiendo, de alguna manera, un limbo legal que los independentistas pretenden estructurar. De ahí las declaraciones de Mas a Rajoy en su visita, y la torpeza de éste último en su análisis del proceso soberanista. El proceso comenzado por Mas busca el referente y el respaldo fuera de nuestras fronteras, obviamente. ¿Pero ante quién?
El actual embajador londinense en España - si no ha sido cesado - está casado con una catalana soberanista. Cualquiera que tenga nociones sobre política exterior y embajadas sabrá que desde los años de la guerra fría, los embajadores son la máxima expresión de los servicios secretos en el país al que son destinados. Las declaraciones que realizó sobre los típicos y tópicos de España - toros, playas, paella, siesta, economía... - no es otra cosa que el "tranquilizador" discurso dirigido, por medio de la propia prensa española, a un Rajoy acostumbrado a literalidades que resultan mucho más confortables y "seguras" que las complejidades reales del mundo en que vivimos. Rajoy sigue persuadido del poco interés que despierta en Europa continental azuzar separatismos locales; precisamente por el estado latente de infinidad de regiones que esperan la oportunidad de reclamar una soberanía para sí si prospera la experiencia catalana o es abortada "ilegítimamente". Por lo que cabría considerar que ello representa no una fortaleza de la Europa continental, si no una debilidad y sensibilidad que es mejor, no sólo no alentar, si no tampoco herir. Todo ello lo ignoraba nuestro Ministro Gargallo cuando esgrimió literalidades jurídico-técnicas sobre un asunto ajeno que ahora se nos presenta como propio y bajo nuestra responsabilidad internacional de resolverlo adecuadamente sin generar problemas a terceros - como lo sería la propia UE.
Pero demos un paso más y entremos en el Ministerio de Defensa. A cuenta de los problemas planteados sobre la integridad del territorio español se generaron incertidumbres que debían de ser acotadas y limitadas rápidamente. Las declaraciones en la cúspide del Estado Mayor fueron contemporizadas por el Ministro de Defensa. Cabe preguntarse si apeló a la  misma literalidad conque Rajoy escuchó a Mas. Y en esas literalidades se les pasara por alto el "contexto" profesional desde donde eran realizadas, incurriendo en el mismo error cometido con Mas o por el contrario sintonizaron plenamente con los argumentos esgrimidos en base a esa literalidad tan compartida por Rajoy y sus Ministros.
A estas alturas del proceso aún desconocemos si el único plan B de Rajoy respecto a Catalunya es ponerse en manos del Estado Mayor, dentro de la literalidad de la Ley y como única amortiguación aparece las ingentes cantidades de dinero transferidas a la Generalitat catalana; Generalitat que ya no gobierna ni gestiona los problemas catalanes, pues no lo precisa para salir reelegida.
Habría que recordarle al señor Montoro la energía que puso para contener el gasto de las autonomías con el fin de llegar a los ratios señalados desde Europa, cuando no se privó de llegar, nuevamente, a la literalidad de la Ley señalando la suspensión de las autonomías que no se ajustaran a los recortes; mientras ahora, en periodo electoral, y vistos los "burdos" trucos contables esgrimidos por las propias autonomías del PP para llegar o aproximarse a los ratios (dejando de pagar facturas) nada tiene que decir el bravo Ministro de Hacienda sobre el desaguisado presente y pasado, y cuya rigidez, extrema en formas, otorgó razones al independentismo catalán.
En ese contexto en el que no parece haber plan B para Catalunya, el PSC prefiere pasar a la historia de este triste episodio compartiendo el más que probable adverso de los escenarios previstos, a los que las literalidades del Gobierno del PP les abocan, antes que librarse y aparecer como "centralistas", pues ello les llevaría a su desaparición como grupo político.
Y ahora cabe preguntarse si estas mismas consecuencias se hubieran dado con un gobierno del PSOE, acostumbrado a leer entre líneas los discursos de sus interlocutores, y a pre-verlos para acudir a las entrevistas con los deberes hechos y siempre en estado de alerta para no dejarse engañar.
Por todo lo explicado sobre literalidades, se entiende que el Ministro del Interior hablara de buena fe recibiendo a Rato para un tema privado que pudo resolver por teléfono o por intermediación de terceros. En este caso también se ciñó tanto él como Rajoy a la literalidad de la ley en vez de al sentido común y al espíritu de la misma; pues esto último es, precisamente,  lo que a todos nos hace iguales y es lo que hace posible la resolución de problemas complejos. Y no las literalidades interpretadas rígidamente por todo un Gobierno que sigue argumentando que la responsabilidad  de los problemas la generaron otros.

Nota para un argumento cinematográfico:
En uno cabe preguntarse por la misión de los servicios secretos de los distintos países que conforman la UE si se expiaran entre sí, y si ello tiene sentido hay en día o cabría unificar todo el sistema de inteligencia europeo - aunque los británicos decidieran quedarse al margen, como probablemente plantearían.
Hipótesis:¿Hubiera bastado con denunciar al embajador enviado por Londres con compañera independentista para que hubiera sido reemplazado?
¿La escenificación del embajador londinense fue un desafío a España o simplemente la respuesta que revelaba maniobras de los servicios secretos españoles en Escocia?

El simple hecho de que esto fuera posible bastaría para pedir el cese de todo el Gobierno del PP. Entre tanto cabe pensar si no sólo Rajoy, si no el Gobierno del PP, es el más idóneo para hacer frente a los presentes retos o es la inteligencia del PSOE la verdadera solución a los graves problemas que se nos plantearan en la próxima legislatura. 

lunes, 24 de agosto de 2015

"Un tuto revolutión" (2) - para dejar el verano y comenzar el nuevo ciclo económico-político.


La Unión Europea o el continuo problema (y oportunidad) de EEUU.

A estas alturas del siglo parece claro que los EEUU considera un permanente problema a Europa y, por consiguiente, una fuente de posibilidades que parecen moverse entre la estrecha alianza militar y las divergencias políticas que existen entre dos sociedades tan diferentes; diferencias que los propios EEUU alimenta produciendo películas que difieren sutilmente - y a veces no tan sutilmente - dependiendo de si su destino es Europa o su mercado interior. Lo que le permite mantener una distancia que a la vez le genera un margen de maniobra frente a su propia sociedad, y que a la vez oculta a la población europea el nivel correcto de puritanismo (y otros ismos) que siguen sosteniéndose en una de las sociedades más avanzadas de la Tierra - si no es que sea la más avanzada de todas - y que por ello, por esos ismos, no puede ser pleno referente social de Europa, aunque sí lo sea en otros muchos aspectos.
La inclinación natural de Europa siempre fue su unión política y económica. Y esa inclinación iniciada por los romanos, se ha ido viniendo abajo siempre que se empleó la fuerza. Ni la revolución francesa con Napoleón,  ni el modelo nazi - por Alemania, consiguieron ese objetivo político económico al que parece avocado nuestro continente. Las últimas grandes guerras europeas - entre los años 14 y 45 - sumergieron al mundo y a sus habitantes en un gran sufrimiento hasta entonces nunca conocido en magnitud, violencia, refinamiento en el asesinato en masa, experimentación con seres humanos, prostituciones forzadas, genocidio sistemático, aplauso a la exhibición de prepotencia y desprecio por la vida y por el ser humano - fuera este mujer, anciano o anciana, niño o niña, joven o adulto. Se sacrificaron decenas de millones de personas en los campos de batalla y en las ciudades con el único objetivo de dominar al adversario e imponer una voluntad humana sobre el resto de seres humanos.
Treinta y un años llenos de violencia que trajeron, al final de los mismos, la esperanza de un socialismo, o una social democracia, que mostrara que la convivencia era posible con un mejor reparto de los bienes por medio del acceso al trabajo. O tal vez los años de prosperidad europea traídos por la socialdemocracia solo fueran, también, un espejismo tolerado ante el gigante comunista - que había hecho posible la derrota de los nazis y que replegado sobre sí mismo hacía creer que en su territorio existía una sociedad ideal, protegida por un muro con alambrada para que nadie huyera de ese paraíso.
El primer intento de generar una sociedad socialista, o socialdemócrata organizada fue enterrado en los frentes de batalla de la primera gran guerra, donde la gente común - después de la "ilusión" de los honores, glorias y sed de aventuras - descubrió que el adversario era él mismo, era su mismo "hermano", era su mismo "padre", era su mismo "profesor de geometría" ... eran todos ellos mismos al otro lado de la alambrada disparándose entre si y matándose para que sus gobiernos consolidaran sus ambiciones el territorio africano o definieran su supremacía. Como consecuencia colateral de esa abominación nació la URRS - tal vez lo que menos importe fue la manera y el modo - nacimiento que también fue celebrado con una imponente guerra civil que ninguno de los países beligerantes de la concluida primera gran guerra se quisieron perder: todos contra los rojos, que acabaron por resistir convirtiéndose en un referente mundial de Estado proletario al que todo trabajador europeo mal asalariado - desde los 9 hasta los 70 años - aspiraba conseguir para su país.
El segundo gran intento de generar una sociedad socialista o socialdemócrata,  fue enterrada en Europa con la segunda gran guerra, después de alimentar formulas totalitarias que se veían como alternativas al comunismo y que llevaron a Europa a la segunda gran tragedia mundial. Y sin embargo de ella nació - en el ámbito del libre mercado, que nunca hay que olvidar - la OTAN y la CEE como modelo económico, político y social que superaba los nacionalismos rivales para generar una colaboración económico política en el marco de una alianza militar que garantizaba el libre mercado, y por consiguiente, la propiedad privada en el escenario europeo.
Ahora, el desarrollo consecuente de ese tratado militar - NATO - con la prolongación de la CEE y su transformación en UE, cuyo objetivo es el Estado de Bienestar en todo su territorio, se ve amenazado, tal vez, por su ya mencionada inclinación histórica que le aboca a estrechar relaciones con una Rusia ya no comunista pero que a los EEUU no le termina de agradar - al menos a los halcones republicanos - y se han procurado obtener  (por medio de la oportuna y previsible crisis económica - con los trastornos que está ocasionando a las naciones europeas - y poniendo a prueba  los valores identitarios de la UE) una pica en Ucrania desde donde azuzar a rusos y europeos para conseguir frenar esa tendencia natural de Europa a estar unida toda ella.
Es de recordar el papel determinante que España tuvo en la primera gran guerra y el floreciente comercio que le permitió su neutralidad guerra suministrando, entre otros bienes, motores Hispano-Suizapara la aviación aliada (hecho del que luego nos pasaron factura nuestros propios aliados) . Algo de lo que se preocuparon evitar en la segunda gran guerra al anticiparla en el propio suelo español - aunque entonces no hubiera en España peligro alguno de gobierno comunista, detalle que poco importaba a la luz de los acontecimientos que se avecinaban en Europa, y que requería una España neutral y bien controlada (algo de lo que se aseguraron los ingleses al apoyar al futuro dictador hispano). Y que en estos momentos de crisis europea el problema ukraniano está siendo sujetado por la inteligencia política alemana, para evitar su desbordamiento - algo que molesta en mucho a los mencionados halcones republicanos que no se han sustraído de acusar a Merkel de tirana por no permitir la nueva gran guerra mundial que reclamaba el gobierno ucraniano para su causa desde el año pasado, sin ir más lejos.
El escenario parece obvio: Las fuerzas fácticas norteamericanas (de aparente raíz económica) reclaman una reorientación de la política de Europa respecto de Rusia, para señalar claramente que el único camino político-económico que debe seguir Europa es el de la prolongación de la estrategia norteamericana en el mundo. Algo en lo que podemos estar de acuerdo. Pero tal vez no estemos de acuerdo en el reiterado recurso a la fuerza al que tan propicio es el republicanismo Norteamericano para resolver conflictos - probablemente porque siempre que genera un conflicto a Europa o participa de él como salvador, sale mucho más reforzado como potencia  económica. Y ese parece ser el verdadero sentido e interés de extremar su acción política en militar - ya sea en Europa como en Japón en el pasado, a quien también declaró una guerra comercial olvidándose de los principios del libre comercio que son pieza fundamental de la seguridad que otorga la NATO. Y con esto no digo que el modelo norteamericano para Europa no sea el acertado, sino que  siempre hay quien quiere ir más allá aprovechando las circunstancias; y esos suelen ser siempre los halcones de derechas de EEUU. De ahí que quepa reseñar la importancia que los resultados de las próximas elecciones presidenciales de USA tienen para la resolución pacífica de los conflictos internacionales, entre los cuales se encuentra ahora el ucraniano.

El papel de España en esta situación que se avecina - de no mediar extrema inteligencia propia y del resto de los gobiernos europeos - es, de seguir esos hipotéticos deseos de los halcones republicanos (que parecen rescatar de sus archivos el Manual por fases, aprendido de los últimos conflictos europeos), de generar un problema de tal envergadura que quedemos "out", y por lo tanto neutrales, en medio del conflicto a resolver. Algo que parece confirmarse si observamos la cantidad de frentes que se le avecinan a España para este final de año (gestionar Podemos, gestionar Catalunya, gestionar Euskadi... salir de la crisis...), y todo ello, casi todo ello,  en manos  de Mariano Rajoy - esto merece un tercer artículo.