Miguel Ángel Ibáñez Gómez - maiges_ps@hotmail.com

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martes, 9 de julio de 2013

Femen



        Me indigné y decidí que las prestaciones que me daba Facebook no compensaban su decisión de acusar a Femen de pornográficas y cerrar su ventana en la herramienta internacional; empresa cuyos beneficios alcanzan los 3700 millones de dólares, con unos 1000 millones de usuarios y que  parecen ser unos niños mimados incapaces de valorar el esfuerzo y riesgo que están tomado este grupo de activistas contra la corrupción moral que significa aceptar que la mujer árabe no es un ser humano con derechos.

              Espero que algún día, cuando los usuarios occidentales vuelvan a recuperar el sentido de  la dignidad, pidan a Facebook cuentas de estas sobre estas decisiones y ojalá abandonen masivamente esta herramienta de comunicación y reconozcan que existen valores que son esenciales defender; por encima de la utilidad o fascinación de ciertas tecnologías.

martes, 8 de mayo de 2012

Qué es la vida (II)



              No todo el mundo tiene una infancia feliz. El paso del tiempo muestra que la infelicidad en los niños es tan abundante, o más, que la felicidad; y que el equilibrio familiar que permitiría un desarrollo creativo, y la necesaria dosis de coherente disciplina, no es fácil de encontrar (creo que incluso en la actualidad, a pesar de creernos una sociedad suficientemente informada).

             Si de niño me incliné hacia la religión (pues entonces se rezaba en colegios públicos y privados), aquello terminó radicalmente cuando, antes de ir a misa y comulgar, una conjura familiar (así lo creo) nos dio de desayunar previamente (cuando las normas de la Iglesia prohibían ingerir alimentos desde la cena del día anterior (a penas pueden razonar los adultos con niños de ocho años, cuando no se cree en las cosas que se les obliga a hacer por conveniencia o imposición social y se da un golpe de timón para cambiar el rumbo; en aquella época todo se hacía por cojones). Y al no pertenecer a una familia acomodada y liberal (donde se tolera la opinión ajena como formula para el crecimiento personal) ni los centros educativos eran tolerantes (pues no había dinero familiar para ello), ni las familias aceptaban opinión distinta a la que emanaba de la autoridad natural (como he dicho a imagen y semejanza del propio régimen – aunque se fuera de signo político distinto prevalecía la línea: Estado, Provincia, Municipio y Familia). Así que mis preguntas en clase de religión ( a los cinco años y previas a la primera comunión) eran del tipo: ¿Y aunque los niños fueran muy buenos, muy buenos, tampoco van al Cielo si no eran bautizados? Resultaban todo un incordio que era resueltos enérgica y categóricamente. Y al estar, en mi casa, la religión prohibida, a temprana edad empecé a navegar con cuestiones difícilmente resolubles (y mis enfermedades infantiles me llevaron, reiteradamente, al borde del colapso (y a correr a la clínica con taxi y pañuelo en la ventana).

           Aprendí a ser Ateo no por convicción, si no por circunstancias del entorno. Y al primer gran revés manifestado (y entre viendo como eran los personajes femeninos que se me acercaban) me incliné, nuevamente hacia mi recorrido original: la religión; pero ahora por mi cuenta y a mi manera. Todas las seguridades observadas en la adolescencia quedaron atrás (pues eran fruto de mi visión intuitiva que ahora precisaba de certezas) y me sumergí (como buen rata-luna) en las cavernas y oscuridades de la naturaleza humana. Y la vida no opuso resistencia alguna a aquella introspección de mi espíritu. Y mi camino, en solitario, prosiguió al estilo de D. Quijote (y siempre hubo algún Sancho que, de alguna manera y con diferentes caras, aprovechara de mis pensamientos y conclusiones en beneficio propio). No sólo me sentía un espectador ajeno al mundo que me rodeaba, sino incluso llegué a pensar que verdaderamente este mundo nada tenía que ver conmigo y busqué tanto en la Biblia como en escritos orientales un hilo con el cual identificarme – mientras otros buscaban en los libros, o entre los amigos, las certezas de su intuición y cómo manejarse en la vida – y en cierta manera apareció: la diversidad existe, no hay un solo camino, y esta diversidad parece formar una unidad.

             Y si al principio vi como probable la existencia de un más allá, luego acepté su no existencia y luego, me hice una pregunta…¿Y si hay algo detrás de la muerte? Y me incliné a investigar y después de acumular certezas (y de un montón de años) mi pregunta es ¿Y si no hay nada más? Y me conforta, pues parece que he cerrado el circulo y he formulado mi propia teoría sobre la vida (y que justifican y acomodan las respuestas a la primera pregunta):
                 Nuestro cerebro es un compendio del desarrollo de todos los seres que nos precedieron y en cada una de sus células e interconexiones, habita el recuerdo – la intuición – de las experiencias ancestrales que nos permiten entender el comportamiento animal y de nuestros prehistóricos y contemporáneos. Y a la vez existe un  lugar (un “logos” cerebral) donde podemos acudir a explorar conocimientos y experiencias del pasado humano y animal con la misma intensidad y fortaleza de comprensión intuitiva como fueron concebidos y experimentados. El único obstáculo son nuestros “prejuicios culturales” vigentes emanados de una visión utilitaria y sesgada (propios de la necesidad de sobrevivir y encontrar respuestas rápidas). Y el camino hacia ese “logos” existe para cada todo ser ( y sólo la ignorancia o envidia buscan obstaculizar un camino que no saben recorrer y que les parece un don ajeno inmerecido). Desde ese punto de vista, la existencia de D. , no tiene transcendencia alguna (carece de importancia) puesto que la inteligencia existe en el propio Universo, ya sea derivada de Él o de la propia naturaleza del Universo.

          Una afirmación de mi juventud (16 años) desde esta perspectiva me parece inteligente. “Cada uno se condena según lo que cree”. Así que la existencia de espíritus, si los hay, son consecuencia de ellos mismos, Y la disolución, en el momento de la muerte, en el Universo puede devenir si se cree firmemente; así como la metempsicosis me parece una inclinación natural del espíritu (consciente de haber actuado por interés contra la ética y la moral) que busca repetir la experiencia para mejorar, en vez de aceptar que la liberación que se puede experimentar en la vida es un atributo de la propia vida y por la tanto tiende a buscar el renacimiento.

(Vaya rollazo).
Soñar lo imposible soñar.
Vencer al invicto rival.
Sufrir el dolor insufrible,
morir por un noble ideal.
Saber enmendar el error.
Amar con pureza y bondad.
Querer, en un sueño imposible.
Con fe una estrella alcanzar.
Ese es mi afán,
Y lo he de lograr,
no importa el esfuerzo.
No importa el lugar.
Saldré a combatir y mi lema será,
defender la virtud aunque deba
el infierno pisar.
Porque sé que si logro ser fiel,
a tan noble ideal,
dormirá mi alma en paz al llegar
el instante final.
Luchar, por un mundo mejor.
Perseguir, lo mejor que hay en ti.
Llegar, donde nadie ha llegado,
y soñar, lo imposible soñar.







viernes, 16 de marzo de 2012

La Gran liada


Esta era una jovencísima mujer, que un día, yendo a buscar agua con sus primas a una de las fuentes de la ciudad vieron al joven hijo del viejo Rey. El Príncipe se bajó de su elegante caballo y les pidió que le ofrecieran agua. Las muchachas deslumbradas por el Príncipe se apresuraron a darle agua, pero éste la aceptó de una en particular. Al marcharse el Príncipe, las primas de la más joven de las muchachas le dijeron:

- Has visto! Ha preferido tu agua a la nuestra! Y la casi niña se fue soñando a su casa.

Al poco tiempo se repitió la escena y la niña corrió a ofrecerle su agua al Príncipe y este reparó en su belleza y la invitó a su palacio para un encuentro secreto. Sus primas se alegraron y la ataviaron, en secreto, con los mejores vestidos de sus casas y los mejores perfumes que pudieron conseguir.

Las citas se repetían hasta que unas semanas más tarde la niña le dijo a sus primas que estaba embarazada. Las niñas se alegraron y empezaron a soñar que entrarían en la corte y en vestidos de ricas telas y qué se yo.

Pero al enterarse el Príncipe del estado de la niña este dejó de ofrecerle visitas. Y un gran temor empezó a rodear los pensamientos de sus primas. El viejo rey estaba muy contrariado por el suceso (ya que perjudicaba los planes que tenía para su hijo) y decidió buscar a la muchacha embarazada. La familia de esta acabó por enterarse de lo sucedido y rápidamente buscó a un tío de la niña para que se hiciera cargo de la situación.

Salieron rápidamente de la ciudad y del país y en el camino hacia una ciudad pequeña dio a luz un precioso bebé (para entonces el viejo rey había muerto y el príncipe había llegado a rey y casado con una princesa).

Pero la Historia no acaba allí.

Para ese viaje, el tío de la niña había vendido las pocas pertenencias que tenía. Él era un hombre austero que vivía de un humilde oficio, con una vida honrada y de servicio prudente hacia los demás. Por ello le había elegido la familia de la niña para esa empresa. Por el camino nadie le dio cobijo en hacienda alguna. Al verlos, la niña embarazada y él un hombre viejo, se decían, “Pecado habita en esta unión” “Obvio que huyan y anden errando por el mundo”. Así que nadie les ofrecía, ni aceptaban, el poco dinero que tenían a cambio de un alojamiento y comida. Así que al viejo hombre (dicen las malas lenguas) casi le entró la tentación de robar comida si no fuera que por su ingenio pudo, al fin, obtenerla a cambio de dinero. Fueron durmiendo en cualquier lugar que encontraban en el camino y consiguió un burro para evitar que la niña fuera a malograr la criatura que tenía en su vientre.

Así andaba el tío de la niña: injuriado y vejado por donde pasaban. Él que había llevado una vida honrada tenía que soportar tantas injurias. Optó por rehuir las poblaciones del camino y clamó al Cielo: “¿Porqué me mandáis tal castigo?” “No conozco varona, he sido honesto, he socorrido – prudentemente – al perseguido y al desprotegido. He ayudado a mi familia y me veo en semejante calamidad” “Por favor – clamó – al menos darme una satisfacción y consuelo dentro de tanta infamia”.

El Cielo escuchó su clamor, más él no tuvo la paz en ese momento.

Llegó el día del parto de la niña. Y buscó su tío una cueva donde refugiarse; pues ni aún en ese trance hubo nadie que se apiadara de ellos. Nació un precioso bebé y coincidió que uno de los pastores, que usaban la cueva de vez en cuando, acertara a pasar por ahí. Al ver la escena se asombró y fue al pueblo cercano, donde vivía, y contó el suceso. El hombre sabio (y bueno – porque no se puede ser sabio y malo) se interesó por el suceso. Era un hombre estudioso de los fenómenos de la naturaleza y del cielo, y había observado un hecho singular, días atrás, en el firmamento, que le dio por pensar que algo especial podría suceder o estaba sucediendo en algún lugar. Fue a la cueva y vio la pequeña familia y comprendió su tragedia apenas sin mediar palabras. Así que le dijo a uno de sus acompañantes que fuera al pueblo y les dijera a los vecinos que un niño bendecido por el Cielo había nacido muy cerca y precisaba de comida y vestidos. Rápidamente se llegaron con comida y ropas y se corrió la voz por el lugar hasta llegar a oídos del Gobernador.

Éste quiso ver al niño, pero el tío de la niña enterado de la intención de visita, conociendo cómo se las gastaban los poderosos, decidió marcharse del lugar. El Gobernador, al no hallarlos, acrecentó el mito del niño y dio parte al Rey que, pensando que el porvenir de su hijo estaba en peligro, mandó llamar a su presencia, bajo engaños de dones y riquezas, a todos los niños nacidos por esas fechas. Así fue que todas las madres quisieron esas riquezas para sus hijos y modificaron las fechas de sus nacimientos para presentarse delante del Rey; éste separó los niños de sus madres, a las que dijo que vivirían en su palacio, y una vez se fueron los mandó matar a todos. El hecho acabó por trascender y el Tío de la niña se fue aún más lejos de aquellos parajes; aumentando, notablemente, su pesar.

Se estableció en las afueras de una ciudad y trabajó en su oficio (y otras faenas que no vienen al caso).

Viendo crecer al niño fue magnánimo con él, y el niño (sueño de su madre) creció en sabiduría. Y pronto comprendió que el señor que lo amparaba a él y a su madre no era su padre y su imaginación voló en historias, hasta que comprendió gran parte de la tragedia familiar. Entonces pensó que no hay más padre común que el Padre Divino; y en esas creció su Fe y pregonó Amor y el Amor hizo milagros y los poderosos se volvieron a fijar en Él (temiendo por sus haciendas, riquezas y negocios) y esta vez no lo dejaron escapar con vida (al menos a los ojos de los mortales).


Credo

Creo Señor firmemente,
Que de Tu pródiga mente,
Todo este mundo nació,
Que de tu mano de artista,
De pintor primitivista
La belleza floreció,
Las estrellas y la luna
Las casitas y las lagunas,
Los barquitos navegando
Sobre el río, rumbo al mar,
Los inmensos cafetales
Los blancos algodonales
Y los bosques mutilados
Por el hacha criminal.
Los inmensos cafetales
Los blancos algodonales
Y los bosques mutilados
Por el hacha criminal.

Creo en Vos, arquitecto, ingeniero
Artesano, carpintero, albañil y armador,
Creo en Vos, constructor del pensamiento,
De la música y el viento, de la paz y del amor.

Yo creo en Vos Cristo Obrero,
Luz de luz y verdadero unigénito de Dios,
Que para salvar al mundo,
En el vientre humilde y puro, de María se encarnó
Creo que fuiste golpeado, con escarnio torturado,
En la cruz martirizado, siendo Pilatos Pretor,
El romano imperialista, puñetero y desalmado,
Que lavándose las manos, quiso borrar el error
El romano imperialista, puñetero y desalmado,
Que lavándose las manos, quiso borrar el error

Creo en Vos, arquitecto, ingeniero
Artesano, carpintero, albañil y armador,
Creo en Vos, constructor del pensamiento,
De la música y el viento, de la paz y del amor.

Creo en Vos compañero,
Cristo humano, Cristo Obrero, de la muerte vencedor,
Con el sacrificio inmenso, engendraste el hombre nuevo,
Para la liberación,
Vos estás resucitando, en cada brazo que se alza,
Para defender al pueblo del domino explotador,
Por que estás vivo en el rancho, en la fábrica en la escuela
Creo en tu lucha sin tregua, creo en tu resurrección
Por que estás vivo en el rancho, en la fábrica en la escuela
Creo en tu lucha sin tregua, creo en tu resurrección

Creo en Vos, arquitecto, ingeniero
Artesano, carpintero, albañil y armador,
Creo en Vos, constructor del pensamiento,
De la música y el viento, de la paz y del amor.

Creo en Vos, arquitecto, ingeniero
Artesano, carpintero, albañil y armador,
Creo en Vos, constructor del pensamiento,
De la música y el viento, de la paz y del amor.

Creo en Vos, constructor del pensamiento,
De la música y el viento, de la paz y del amor.



Elsa Baeza - Credo

 




jueves, 15 de marzo de 2012

¡Cuidado! ¡Que viene la Primavera!


Y no es porque sea que la tenemos ya encima; apenas estamos saboreando un anticipo (además anuncian que volverá el frío).

Es como entrar en la cocina cuando María (o Manolo) están preparando una estupenda comida de fiesta. Abrimos la puerta y vemos los ricos entremeses (todos cuidadosamente preparados), sobre los fogones se está terminando de hacer un caldito de verduras y carne (que servirán con yema de huevo y jerez), del horno sale el aroma de carne asada con patatas (rociado de vino y “yerbajos” del monte)… y de repente nos echan a empujones para que no estropeemos la sorpresa.

Pues así parece que viene esta Primavera. Nos deja entrever y luego se va.

Las chicas (y son chicas todas las que tienen su segmento de seguidores), empiezan a quitarse las capas de cebolla con las que se ocultaban este invierno; y no es que te vayas fijando, pero vas por la calle y te dices:

- ¡Qué día tan majo hace! ¡Qué solete! ¡Si hasta parece que da calor!.

Y al día siguiente igual. Y cada día te va subiendo el ánimo. Y empiezas a sentir que algo en el interior tiende a “despertarse” irremediablemente. ¡Qué me está pasando! Te dices.  Hasta que reparas que las chicas vuelven a tener “figura” por la calle. Sube la falda, enseñan los brazos, se entre ven los pechos… y sonríen. Y te dices:

- ¡Claro, lo de todos los años!

Y sabes que no te puedes refugiar y que vas a tener que soportar la invasión de la exuberancia femenina que tanto altera a los de tu género.

¡Y no es porque hagan algo especial!, simplemente están ahí y ¡Cómo están!

- ¡Vale! Esto es sencillo de controlar. Yo a lo mío.

Y empiezas a darte cuenta que andas tatareando… y te fijas bien… ¡has deformado el contenido de una canción de Karamba!:

“Que bonita está
que rica está
como te quiero,
vamos a vivir la vida
sin ti me muero”

Y cuando te sorprendes que no sólo la estás tatareando si no que a la vez estás mirando el talle de una estupenda mujer que te viene de frente y que, además, hiciste lo mismo dos minutos antes con otra que también se te cruzó, empiezas a comprender que no vas a escapar tan fácilmente de esta Primavera.

Distraes el pensamiento y empiezas a pensar en la crisis económica (Rajoy - Rubalcaba) y, de repente, te das cuenta que estás tatareando otra vez el estribillo maldito:

“Que bonita está
que rica está
como te quiero,
vamos a vivir la vida
sin ti me muero”

Y que se te ha colado entre los pensamientos de la Gran Crisis, una cara y una figura familiar que se ha estado insinuando durante el invierno. Y que lo que tatareas, en realidad, se lo estás dedicando a ella:

“Que bonita estás
que rica estás
te comería
vamos a vivir la vida
sin ti me muero”

¡Joer! ¡Qué mas da que no rime! Y te das cuenta que la imaginación está fuera de control y que estás evaluando qué escenarios serían idóneos para un “ataque” sin escapatoria…

Y acabas por reconocer lo evidente:

- ¡Ostras! ¡Si después viene el verano!…¡Estás atrapado y nada te podrá salvar!.

Tu cerebro (al margen de ti) está planificando la subsistencia de la especie. Y te trae recuerdos de la chica y te dices:

- ¡Vale! Intentaré pasar el “trago” con ella.

Y cuando ya estás decidido recuerdas que no atendiste sus insinuaciones y cuando estuvisteis solos en el ascensor no aprovechaste la ocasión. … seguramente la chica habrá cambiado de objetivo. Seguro. Y te viene, de nuevo, el estribillo; pero esta vez el original:


“Que bonito estoy
que rico estoy
como me quiero,
nunca me olvidaré
sin mi me muero”

Y cuando comprendes que no tienes solución ves pasar otra estupenda mujer y tu cerebro empieza a funcionar automáticamente…

“Que bonita estás
que rica estás…

Y comprendes que aquí, en España, la crisis (en esta Primavera y en este Verano) pasará a segundo plano si las mujeres se lo proponen.

¡Qué suerte tienes Rajoy!


miércoles, 14 de marzo de 2012

El Test de "Rochard"

El cuadro era una representación de la Sagrada Familia. En el se veía a una jovencísima Virgen María con su hijo en un primer plano lleno de luz; entre las sombras, en segundo plano, estaba San José, con un gesto inequívocamente apesadumbrado mirando la escena principal.

Cuando caí en el mensaje recibido me llevé a un compañero recién separado a hacerle ver el cuadro. Le tuve que hacer reparar en el gesto del viejo San José y fue entonces cuando exclamó:
-  ¡Joder! ¿Pero eso es la visión del pintor? – intentando justificar y enmendar la “revelación” del mensaje visual. A lo que le espeté:
 - Pero quien autorizó su exposición fue un hombre consagrado y sus superiores; ¡Varios Papas han pasado por aquí!.

Terminamos por ir dando una vuelta por el templo y nos fuimos cada uno a nuestra casa.

Otro día me llevé a una amiga a mostrarle el mismo cuadro y le pedí que observara a San José. Al verlo quedó perpleja.

Me quedé atónito ante la contundencia de su afirmación y no hice comentario alguno. Así que llevé a una nueva mujer (con distintos valores personales que la anterior) y me contestó primero:
- Es un sinvergüenza ¡Un hombre tan mayor con una niña tan joven!.
Le hice que reparara el gesto contrariado de san José y se quedó algo contrariada. Nos fuimos cada uno a nuestra casa.

Un nuevo día me llevé a otra amiga (muy exigente con las relaciones de lealtad) y al ver la imagen del cuadro y reparar en el gesto de San José me dijo:
- Siento un cierto alivio.

Mi segunda amiga me pidió volver a ver el cuadro y me pidió que le diera una explicación. Entonces le lancé la siguiente hipótesis:

¿Crees que hace dos mil años alguna familia aceptaría de una hija un embarazo divino? – Evidentemente no, me contestó. Pues entonces qué es lo que ves en San José. - ¡Un papelón! – contestó.

El cuadro, evidentemente puede proyectar la propia visión de la mujer (y del hombre).

Las historias sagradas de todas las religiones son la representación arquetípica de las relaciones sociales humanas acordes con la estructura social implantada en esa sociedad.

Viendo a Cristo un niño ve un señor incomprensiblemente martirizado por ser bueno; pero los adultos tienden a ver al hermano, al padre, al abuelo, al hijo… o así mismo.





martes, 13 de marzo de 2012

Un día en las Fiestas de la Ciudad

Era un local con una disposición algo irregular. Cuando lo alquiló decidió desprenderse del sótano y cederlo a unos conocidos que también lo dedicaron a la actividad de pub. De aquello siempre se arrepintió: - A la gente les gusta los agujeros -, se decía una y otra vez, con resignación cuando veía lleno ese local y el suyo no. Y en cierta manera tenía razón. Por aquella época los jóvenes treintañeros  precisaban, los fines de semana, sentirse apretujados, aprisionados, empujados, zarandeados,… y verse reducido su espacio vital. Ya se hacían respetar suficiente en el trabajo. Venían a divertirse y pensaban que le habían cogido el truco a la vida.

El local estaba agradablemente decorado, aunque la música no terminaba de acompañar al ambiente que se imponía en la zona hacia las dos de la mañana. Era más que nada un empecinamiento del dueño: - Yo elijo mis clientes con la música que a mí me gusta – repetía ante las protestas de los presentes de más confianza. Ese era el motivo por el que los clientes que querían marcha se trasladaran a otros locales cuando entraba la madrugada y que el bar se quedara con parejas, algunos amigos conocidos y con gente que huía de lo que la mayoría buscaba. Sin embargo el dueño insistía y persistía en su idea, para lo cual se decidió por contratar camareras agresivas y atractivas. ¡Oh, sorpresa!  ¡funcionaba!. ¡Claro, no iba a funcionar! Con las camareras llegaban un numeroso grupo de amigos y un séquito de admiradores dispuestos a beberse la barra mientras esperaban que diera la hora de cierre y poder obtener una cita con la diosa del mostrador. Y tal vez, acabar con ella en una cama, o en el servicio de algún bar después de susurrarle algo al oído que la excitara irremediablemente. Pero todo tiene su tiempo. Los métodos agresivos acaban captándose y perdiendo eficacia. Además las camareras iban echándose novio y retirándose de ese mercado laboral.
Las hubo de todo tipo: inteligentes, intuitivas, listas, supervivientes, y también procedentes de la familia. Esas, hay que reconocerlo, no tuvieron mucho éxito. Una segunda etapa apareció con la contratación de un camarero provocador y desenfadado que animó a la clientela. Cambió la música y el local volvió a abarrotarse. Pero aquello fue un espejismo ocasional. El camarero estaba disponible a temporadas cortas puesto que no era su profesión.

El dueño se planteó otra genialidad: quitar las mesas y poner una mesa de billar. Aquella decisión sorprendió a propios y extraños. La idea sólo funcionaba para los amigos o cuando algún grupo de jóvenes hembras decidían pasar la noche jugando al billar. Entonces, poco a poco, el bar se iba llenando de admiradores de este juego que retaban a las muchachas con el fin de entablar conversación. Se sentían tan observadas que se dirigían miradas y sonrisas cómplices, como comentándose lo afortunado o inoportuno de ciertas observaciones. Aquello les motivaba de tal manera que buscaban las posturas más provocativas en cada golpeo de bola y haciendo brotar nuevos comentarios. Se sentían divinas. En aquellos días todos reconocieron lo afortunado que estuvo con su idea.

Hubo dos inglesas que causaron furor durante varios meses. Nadie en el pub se podía sustraer a su presencia. Las féminas las despellejaban y los hombres no les quitaban ojo de encima. Hasta hubo quien fue tres fines de semana con la misma camisa, porque una de ellas le dijo: - Esta camisa me encanta, estás muy guapo – poniendo cara de mimosa, y luego reconoció que nunca tuvo camisa más horrorosa – aún la conserva como prueba de su propia estupidez -, por lo que se ha de deducir que el gusto inglés es pésimo y que las tías estaban buenísimas y que todos hicieron, un poco, el gilipoyas,

Con frecuencia, en los lavabos, había marcas de pies en la pared. Huellas del fragor de los impulsos sexuales y del calentamiento súbito de ciertas parejas improvisadas, que recuperan la temperatura dejándose llevar por la pasión. Aquellas huellas despertaban simpatía en la señora de la limpieza, pero no en el dueño.

Le preguntaron si tendría libre unos días en las fiestas de la ciudad. Habían pensado que podría desempeñar el papel de “segurata” del pub. Todos los años, para las fiestas tenían problemas con el personal. Algunos estaban demasiado borrachos y terminaban causando peleas. Otros entraban en el local con consumiciones de otros establecimientos. Definitivamente, una persona en la puerta ponía el orden que permitía minimizar el riesgo de conflictos dentro del local.
- Sí, estoy libre – dijo pensando que aquello le resultaría divertido - ¿qué día empiezo?.
- El día 10 a las 22 horas, ¿Vale?
- De acuerdo

Ese trabajo de segurata se desarrollaba por la noche, entre las diez y las siete de la mañana. Su otra afición no se vería afectada. Pensaba que esas fiestas serían entretenidas.

El primer día en su ocasional ocupación fue el viernes. El equipo estaba formado por tres camareros, dos camareras y  él, el segurata. Todos eran personas de confianza del dueño. Guardaron las sillas y  las mesas en un cuarto contiguo. Colocaron los barriles de cerveza en batería, dentro de la barra pero sin molestar el paso de los camareros. Guardaron la vajilla de cristal y sacaron vasos de plástico. Las cintas de música estaban ya preparadas. Los éxitos de ese año, y temas pegadizos de moda,  permitirían  llenar el local con rapidez. Otra cinta estaba grabada con temas de hacía diez años. Su función era desalojar el local cuando los camareros notaran un descenso significativo en la consumición. A veces la gente se apalancaba y era necesario renovar la clientela.
Eran las once de la noche cuando subieron el volumen de la música y abrieron las puertas al público que comenzó a entrar poco a poco.
- Lo más difícil es llenar el garito – decía el dueño – a la gente no le gustan los locales vacíos en fiestas – prosiguió – luego basta con regular el tráfico.

A las doce estaba el local lleno.
- Siete cervezas – decía un cliente en nombre del grupo de chicos y chicas que llevaban pañuelos de fiesta en el cuello. 
- Cuatro cubatas de Caty Sark – dijeron desde otro grupo que se apoyaba en la pared.

Apenas se podía transitar por el local. Pero había que recoger los vasos de plástico que se amontonaban sobre las repisas que había atornilladas en la pared.

Una de las camareras, al mirar hacia la puerta instintivamente mientras ponía unos daikiris vio como uno de los clientes retiraba la mano, rápidamente. ¡Había intentado coger una botella de ginebra del estante de las bebidas!. Sin perder la calma se acercó hacia él y le hizo un gesto seductor invitándole a poner el oído y le dijo:
- ¿No serás tan cutre de intentar llevarte una botella? – Era una mujer muy atractiva. Llevaba tres años de camarera en distintos pub  y estaba curtida en el oficio.

Cogido infraganti, apenas pudo esbozar un “¡no, que va!” poco creíble y se retiró con sus amigos para no sentirse más humillado.

Desde la puerta el segurata controlaba que nadie entrara con consumiciones o tan bebido que no fuera consciente de sus actos.
- No puedes entrar con bebidas – decía constantemente. La gente quería ver nuevos ambientes y deambulaba por la abarrotada calle con sus vasos de plástico intentando entrar en un nuevo garito.

- No puede pasar – le dijo a un grupo de jóvenes mientras señalaba a uno de ellos que era transportado en volandas.
- ¿Porqué no podemos pasar? – se le enfrentó uno de ellos
-  Porque este tío no está en condiciones de beber – les dijo – cuando se despeje volvéis ¿vale?.

En ese momento vio a dos compañeras de baile que le saludaban alegremente mientras se le acercaban. Estuvieron hablando durante una hora y se marcharon. No sabía muy bien porqué habían estado con él mientras trabajaba. A las mujeres les encantaba ese tipo de oficios, pensó para justificarlas, mientras recordaba cómo dos pilotos de F-18 habían levantado a las inglesas que jugaban al billar delante de media docena de pretendientes – él incluido - digan lo que digan, cierto tipo de riesgo les cautiva, tal vez la asocien con la autoridad, sobre todo cuando son jóvenes.

Nada más irse sus amigas llegó su pareja de baile:
- ¿Hola, segurata? – le dijo con un tono entre burlón y de admiración.
- Hola, ¿qué haces por aquí? – quedaba claro que había dejado a sus amigos para hacerle una visita.
- He venido a verte – ella quería estar un rato con él y pasaron cerca de dos horas hablando hasta que su idilio, entre vigilancia y miradas cómplices, fue interrumpido en un momento inesperado. Dos de los camareros saltaron la barra casi a la vez. Un hombre borracho y con un palo de madera se les había colado. Las miraditas seductoras de su amiga le habían distraído. Se había iniciado una pelea y debían pararla inmediatamente. Lo más efectivo era empujar a los que se habían enzarzado hasta la puerta y así lo hicieron. Una vez fuera prosiguieron la pelea mientras el dueño llamaba a la policía.
- ¡Toma que se te ha olvidado la tranca! – le dijo uno de los camareros entono burlón mientras le arrojaba la estaca de madera.

Eran  las siete de la mañana cuando se decidió cerrar. El dueño hacía la caja, mientras los demás recogían el suelo del bar. Hacia las ocho bajaron la persiana, mientras clareaba el día.   
- ¿Un chocolate con churros? – sugirió uno de los camareros al resto de compañeros. Aquella proposición era casi irresistible. Después de una noche de trabajo el chocolate entraba como una papilla a un bebé. Era el mejor preámbulo antes de dormir.

La primera noche de fiestas había acabado.