Miguel Ángel Ibáñez Gómez - maiges_ps@hotmail.com

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miércoles, 21 de marzo de 2012

La realidad.



“Las soluciones se encuentran en el espacio inmaterial”, me dice el pensamiento cuando voy camino al almuerzo.

La realidad parece encontrarse por todas partes, pero no es así; lo que vemos son las manifestaciones de la realidad y esta es intangible a los sentidos (vista, oído, olfato, gusto y tacto). La verdadera realidad se encuentra en un espacio inmaterial pero que se puede "sentir" con algo de práctica (quién no ha sentido, y siente, la “sintonía” con una persona; la previsibilidad de su conducta hacia nosotros, y el cuidado que ponemos para que no se rompa esa magia nacida del encuentro con una persona en el mundo “inmaterial”: el mundo de los sentimientos y emociones). Así que los cinco sentidos físicos pueden interpretarse como los cinco sentidos del “otro lado” de lo tangible: “Vista”, “oído”, “olfato” ,“gusto” y “tacto”.  Incluso el orden para enumerarlos determina un “aparente” camino a recorrer más allá de las fronteras de lo material (pero aceptado, plenamente, en la sensibilidad humana que no se ancla en los sentidos). Y la diferencia en el uso de unos u otros es realmente “sustancial”. Es tanto como la diferencia entre lo aparente y lo real (donde lo real para todos es lo aparente para mí: subjetivo, e incluso irrisorio).

A pesar del reconocimiento de esta singularidad, no siempre la seguimos y tenemos que recurrir a las “normas del buen gusto”, que aparecen como rígidas estructuras de respeto. Sin embargo, mejor es descubrirlas por uno mismo y adaptarlas a la capacidad de cada una de las personas a las que va dirigida nuestra atención. Cuando eso se produce, y se pone cuidado en ello, empezamos a hablar (no sólo de respeto) si no casi de cuidados dirigidos hacia un ser, que como nosotros, es sensible y por lo cual deseamos su bien de la misma manera que deseamos el bien para nosotros.

“La vida es una herida absurda” y todos han pasado por esa experiencia; pero nadie habla de una herida física: “me corté con la hoja de un libro”, me clavé un clavo en el pié”… la herida de la que se habla es la “desintonía” con el entorno o con una persona. Y ello, a pesar de ser algo intangible, puede llegar a ser mortal. Y viceversa, la sintonía con una persona (más si se ama) potencia las capacidades de las personas (capacidades que estaban en el mundo inmaterial) y potencia la relación con el entorno y la propia salud.

Para nada es difícil imaginar que los cuidados de una madre hacia su recién nacido son la base de su salud (y esos cuidados nacen en el mundo inmaterial y se expresan en el material) y la retirada de esos cuidados pone en entre dicho la viabilidad del nuevo ser. Al igual ocurre cuando nos asalta la enfermedad (debe de haber primero una predisposición hacia la misma en el plano de lo intangible para adquirirla), los cuidados que requeriríamos para nosotros son el camino de la sanación o de la “buena muerte”. Y todo ello se puede resumir en la palabra Amor (como el amor de la lumbre, el amor del fuego, el amor de la casa, el amor del padre, el amor de la madre, el amor del hermano, el amor del niño hacia su mascota, … el amor = el “calor”; también este concepto tiene dos vertientes, una física que nos parece la real y la otra inmaterial, pero cuyos efectos son muy determinantes y decisivos.

Así pues la soluciones a los problemas están en el mundo inmaterial (a todos los problemas). Pensemos en la crisis actual. Qué pasaría si sustituyéramos las deudas contraídas, por nuestros malos gestores y reclamadas por el exterior, por acciones solidarias y coordinadas y desinteresadas (de contraprestar lo que tenemos – habilidades – a los que no las tienen); solo durante un tiempo, como se hacía en el pasado en las pequeñas poblaciones. Tal vez fuéramos algo más pobres (económicamente hablando) pero ¡qué lección para los materialistas banqueros y especuladores!, y apostadores de las desgracias. O simplemente reclamásemos la misma responsabilidad (ética y moral) que sirve de argumento para penalizarnos a aquellos mismos que los usan contra nosotros. Por ejemplo: España debe tantos mil millones que financia con deuda pública y vamos a aquellos que la compran y les decimos “les vamos a pagar con “amor” (servicios desinteresados) y nos contestan. “No si yo ya tengo choferes, coches, criadas, amantes, familia, propiedades… yo no necesito su “amor”; y les respondemos: “Entonces ¿para qué Uds. nos hacen más grandes las deudas?” y contestan como en el “Padrino”: “No es nada personal, es cuestión de números” (recuerden que los números tienen que ver con contar, con contar unidades) “¿Qué sería de nuestro sistema si cediéramos en ello?” (recuerden que el axioma de los números naturales da lugar a un “sistema”). Y proseguimos preguntando  “¿Pero ese dinero que Uds. nos reclaman no esta respaldado por moneda alguna?” (haciéndole ver que en realidad la deuda ha crecido en las computadoras de los bancos y entidades financieras… como números sin respaldo de bienes ni monedas). Y nos contestan: “Son las reglas del mercado”. Y contestamos: ¿Nos están Uds hablando de la Bolsa, en la que una misma entidad pierde o gana valor en función del estado de humor de unas cuantas personas o de las apuestas que estas realizan?. Y en ese momento nos dan la espalda.

Y análogamente nos encontramos en que una cuestión inmaterial (como lo son el concepto de los números) da lugar a pobreza, miseria, paro, conflictos y guerras.

La solución está, como me dice el pensamiento, en el espacio inmaterial.


Unidad.




La idea de unidad se nos acerca en forma de número que representa un objeto físico (una manzana, una pera) y que luego se enlaza con otra idea de riqueza (una peseta, un dólar); con el fin de generar la idea de posesión y carencia de objetos físicos o su equivalente en moneda. Así nos llega la concepción de las matemáticas (y evidentemente es una concepción utilitaria muy práctica y necesaria – para el mantenimiento de núcleos urbanos -, y que se viene utilizando desde hace milenios con el fin de determinar si existirá carencia o no, de alimentos para una población dada; y determinando si es preciso o no acudir a la guerra).

Pero alguien se ha preguntado (a parte de lo útil que nos es el concepto) de si existe en realidad la unidad como la entiende nuestra psiquis.  La Unidad (desde el punto de vista psíquico) tiende a remitirnos a una uniformidad en homogeneidad y totalidad. Pero en la práctica es difícil definir unidad, aunque sea muy sencillo aplicar el concepto matemático del mismo.

Por ejemplo; imaginemos que contamos con los dedos… un dedo, dos dedos, tres dedos… Dentro del concepto matemático se asume que cada dedo tiene la misma propiedad que el contiguo y su propia naturaleza (pero no es cierto). Un dedo es mayor que otro, dispuesto de una manera diferente y con funciones no idénticas como para poder establecer el hecho de representar una unidad. Sin embargo sí representa, en nuestra mente, ese concepto de unidad aprendido (pero está vinculado con el mundo de lo imaginario más que el mundo real). Si tiene alguna duda intente encontrar la unidad en la naturaleza (unidad que represente una uniformidad tal que se pueda tomar como referencia estándar para comparar). Obviamente, en la naturaleza los seres vivos son diferentes y en el entorno mineral también. No parece tarea fácil encontrar la Unidad en el entorno natural sin tener que aceptar la diversidad. Otro ejemplo: pedimos cinco lápices… y nos dan cinco lápices, unos más largos que otros, con minas de diferentes colores y unos más usados que otros. Matemáticamente tenemos cinco lápices, pero si al compañero que ha hecho el mismo requerimiento le dan cinco lápices nuevos, de igual longitud podemos concluir que no han recibido los dos lo mismo. Si un tercero realiza la misma solicitud y le dan tres lápices y se queja (y toman dos de ellos y los dividen y les sacan punta) ya tiene cinco lápices (aunque matemáticamente tengan los tres cinco lápices: no “tienen” cinco lápices).

Si vinculamos la unidad con la masa también podríamos llegar a semejantes diferencias (cinco kilos de patatas no son lo mismo en un puesto del mercado que en otro - si tiene dudas recuerde cuando su madre, o su esposa, le mandaba a comprar patatas ).

Si buscamos la unidad en el tiempo, lo primero que tenemos que tener en cuenta es que el día, como tal concepto perfecto, no existe (puesto que el día no tiene 24 horas, ni siquiera es una sucesión de día y noche en todo el planeta y depende de la revolución de la Tierra que no siempre ha sido constante) Y en definitiva, es una referencia al Sol (si este desapareciera desaparecería el día y ¿desaparecería el tiempo?) El año tampoco es una unidad de tiempo fiable (y menos si buscamos en sus orígenes). Ni siquiera por sus manifestaciones físicas sobre el territorio: pues no son uniformes sobre toda la Tierra.

Volvamos al aspecto físico de la Unidad. Busquemos una unidad en la uniformidad. Un dedo no es uniforme (tiene uña y piel y no hay dedos iguales). Si lo reducimos a los átomos, éstos tampoco son iguales. Si lo reducimos al núcleo del átomo, éste tampoco es uniforme. Al final que podríamos hallar… energía: onda, corpúsculo.
Planteémoslo desde el punto de vista de la calidad. Nos ofrecen cinco automóviles con idénticas características fabricados en cinco distintas fabricas del mundo. Las prestaciones son las mismas, pero si incluimos la manera de producirlos (si se han compensado los impactos en el medio ambiente derivados de su fabricación, la diferencia de los sueldos de los trabajadores, las distintas prestaciones sociales de las empresas a los trabajadores, el marco político en donde se han fabricado – si es una democracia o no -, la calidad de esa democracia, la participación y capacidad de promoción de los trabajadores ….) concluimos que esos cinco objetos tampoco son iguales, aunque lo sean sus prestaciones (y cuando se opta por uno se premia una manera de producir).

Las unidades métricas nacieron de la necesidad de comparar la cantidad de una sustancia u objetos repartidas proporcionalmente entre un grupo de personas. Es decir; para el comerciante era necesario dar  la misma cantidad de género (y medía en pies, pasos, codos…) para el agricultor la medida era la cantidad de tierra que podía arar con una mula, para el gobernante comprobar que la capacidad de los silos (de grano) permitiría alimentar a su pueblo hasta la siguiente cosecha. Así que se contempla el género medido como sustancia homogénea (aunque no lo sea).

Para definir la unidad tenemos que recurrir a un axioma o postulados de Peano:

    El 1 es un número natural.1 está en N, el conjunto de los números naturales.

   (Desarrollo del sistema):
   Todo número natural n tiene un sucesor n* (este axioma es usado para definir posteriormente la suma).
    El 1 no es el sucesor de ningún número natural.
    Si hay dos números naturales n y m con el mismo sucesor, entonces n y m son el mismo número natural.
    Si el 1 pertenece a un conjunto K de n. naturales, y dado un elemento cualquiera k, el sucesor k* también pertenece al conjunto K, entonces todos los números naturales pertenecen a ese conjunto K. Este último axioma es el principio de inducción matemática.

Pero la definición de número natural es cualquiera de los números que se usan para contar los elementos de un conjunto. Y ya hemos dicho que la uniformidad no existe en la naturaleza, tal cual la percibimos (pues la forma que adoptan los elementos naturales de la misma están sujetas, al menos, a la acción física). Así que los axiomas de los que partimos (axioma = La palabra axioma proviene del sustantivo griego αξιωμα, que significa «lo que parece justo» o que se le considera evidente, sin necesidad de demostración) no son tan sólidos como quieren que aceptemos; pero son muy útiles, no tanto por su acierto en la definición si no por haber sido consensuados por la comunidad científica y aprendidos universalmente por el género humano para relacionarse entre sí. (En ese sentido estamos más cerca de la idea de que “la observación que se realiza a partir de una hipótesis cualquiera – por muy alejada que esté de la realidad – es una aproximación a la realidad que se busca y la sucesión de hipótesis nos acaban por presentar la realidad” – aunque una vez alcanzada esa realidad nos parezcan disparatadas las hipótesis realizadas para alcanzarla).

La unidad matemática (axioma), en sí, parece un concepto psíquico, tangible, que permite crear una estructura física (sistema) (a partir de, postulados, hipótesis) sobre la cual edificar o proyectar las necesidades o anhelos de la psiquis y sus soluciones.

viernes, 16 de marzo de 2012

Testamento


TESTAMENTO


El Orgullo

No debiera recordar tu nombre;
y tal vez no lo recuerde nunca
¿por qué a los momentos agradables
y sencillos
no les pongo nombre?
¿Y por qué les pongo cara?

*****

Los Nombres

El nombre lo pone el corazón:
(Los nombres contienen
los momentos vividos,
en forma de secreto.)
 
 *****

Mujer

Tu cara es la máscara
de tu alma
y tu boca
la inteligencia que la oculta;
tus ojos
el cielo que me la muestra,
tus oídos
sus puertas.

******


La Victoria

Quisiera haber entrado por tus ojos
quisiera tus oídos sordos
y que sólo me sintieras con el Alma.

*****


El Olvido

si te vuelvo a ver,
no veré la misma cara
y no encontraré tu nombre,
por eso escribo este poema,
para recordar tu cara
y poder olvidarla.

*****

El reproche

Me quitasteis la Rosa y el Laurel
pero no me pudisteis quitar
el “corazón” con el que todo lo he vivido
Y eso…
… eso es mi “orgullo”.
(si yo hubiera escrito el final de Cyrano)


A mi padre y a mi madre
 Donde estéis


A mis “hijos”
Suerte

A mi ex
¡Vale ya maña!

A mi amigo
También siempre un abrazo

A mis amigas
Os deseo el Amor que anheláis

A mi(s) Amor(es)
(que no lo saben que lo son)
Ternura
Y Felicidad

A Nati
Siempre en mi memoria

Al GaraGe
¡Valor!

A Luis Javier
Te echo de menos


A mis pecados
Yo también pude
hacer daño
sin querer


Respecto del dinero
Sólo se pueden heredar deudas


(Pilar, rica… ya ves lo que pasa cuando pides un título)



La Gran liada


Esta era una jovencísima mujer, que un día, yendo a buscar agua con sus primas a una de las fuentes de la ciudad vieron al joven hijo del viejo Rey. El Príncipe se bajó de su elegante caballo y les pidió que le ofrecieran agua. Las muchachas deslumbradas por el Príncipe se apresuraron a darle agua, pero éste la aceptó de una en particular. Al marcharse el Príncipe, las primas de la más joven de las muchachas le dijeron:

- Has visto! Ha preferido tu agua a la nuestra! Y la casi niña se fue soñando a su casa.

Al poco tiempo se repitió la escena y la niña corrió a ofrecerle su agua al Príncipe y este reparó en su belleza y la invitó a su palacio para un encuentro secreto. Sus primas se alegraron y la ataviaron, en secreto, con los mejores vestidos de sus casas y los mejores perfumes que pudieron conseguir.

Las citas se repetían hasta que unas semanas más tarde la niña le dijo a sus primas que estaba embarazada. Las niñas se alegraron y empezaron a soñar que entrarían en la corte y en vestidos de ricas telas y qué se yo.

Pero al enterarse el Príncipe del estado de la niña este dejó de ofrecerle visitas. Y un gran temor empezó a rodear los pensamientos de sus primas. El viejo rey estaba muy contrariado por el suceso (ya que perjudicaba los planes que tenía para su hijo) y decidió buscar a la muchacha embarazada. La familia de esta acabó por enterarse de lo sucedido y rápidamente buscó a un tío de la niña para que se hiciera cargo de la situación.

Salieron rápidamente de la ciudad y del país y en el camino hacia una ciudad pequeña dio a luz un precioso bebé (para entonces el viejo rey había muerto y el príncipe había llegado a rey y casado con una princesa).

Pero la Historia no acaba allí.

Para ese viaje, el tío de la niña había vendido las pocas pertenencias que tenía. Él era un hombre austero que vivía de un humilde oficio, con una vida honrada y de servicio prudente hacia los demás. Por ello le había elegido la familia de la niña para esa empresa. Por el camino nadie le dio cobijo en hacienda alguna. Al verlos, la niña embarazada y él un hombre viejo, se decían, “Pecado habita en esta unión” “Obvio que huyan y anden errando por el mundo”. Así que nadie les ofrecía, ni aceptaban, el poco dinero que tenían a cambio de un alojamiento y comida. Así que al viejo hombre (dicen las malas lenguas) casi le entró la tentación de robar comida si no fuera que por su ingenio pudo, al fin, obtenerla a cambio de dinero. Fueron durmiendo en cualquier lugar que encontraban en el camino y consiguió un burro para evitar que la niña fuera a malograr la criatura que tenía en su vientre.

Así andaba el tío de la niña: injuriado y vejado por donde pasaban. Él que había llevado una vida honrada tenía que soportar tantas injurias. Optó por rehuir las poblaciones del camino y clamó al Cielo: “¿Porqué me mandáis tal castigo?” “No conozco varona, he sido honesto, he socorrido – prudentemente – al perseguido y al desprotegido. He ayudado a mi familia y me veo en semejante calamidad” “Por favor – clamó – al menos darme una satisfacción y consuelo dentro de tanta infamia”.

El Cielo escuchó su clamor, más él no tuvo la paz en ese momento.

Llegó el día del parto de la niña. Y buscó su tío una cueva donde refugiarse; pues ni aún en ese trance hubo nadie que se apiadara de ellos. Nació un precioso bebé y coincidió que uno de los pastores, que usaban la cueva de vez en cuando, acertara a pasar por ahí. Al ver la escena se asombró y fue al pueblo cercano, donde vivía, y contó el suceso. El hombre sabio (y bueno – porque no se puede ser sabio y malo) se interesó por el suceso. Era un hombre estudioso de los fenómenos de la naturaleza y del cielo, y había observado un hecho singular, días atrás, en el firmamento, que le dio por pensar que algo especial podría suceder o estaba sucediendo en algún lugar. Fue a la cueva y vio la pequeña familia y comprendió su tragedia apenas sin mediar palabras. Así que le dijo a uno de sus acompañantes que fuera al pueblo y les dijera a los vecinos que un niño bendecido por el Cielo había nacido muy cerca y precisaba de comida y vestidos. Rápidamente se llegaron con comida y ropas y se corrió la voz por el lugar hasta llegar a oídos del Gobernador.

Éste quiso ver al niño, pero el tío de la niña enterado de la intención de visita, conociendo cómo se las gastaban los poderosos, decidió marcharse del lugar. El Gobernador, al no hallarlos, acrecentó el mito del niño y dio parte al Rey que, pensando que el porvenir de su hijo estaba en peligro, mandó llamar a su presencia, bajo engaños de dones y riquezas, a todos los niños nacidos por esas fechas. Así fue que todas las madres quisieron esas riquezas para sus hijos y modificaron las fechas de sus nacimientos para presentarse delante del Rey; éste separó los niños de sus madres, a las que dijo que vivirían en su palacio, y una vez se fueron los mandó matar a todos. El hecho acabó por trascender y el Tío de la niña se fue aún más lejos de aquellos parajes; aumentando, notablemente, su pesar.

Se estableció en las afueras de una ciudad y trabajó en su oficio (y otras faenas que no vienen al caso).

Viendo crecer al niño fue magnánimo con él, y el niño (sueño de su madre) creció en sabiduría. Y pronto comprendió que el señor que lo amparaba a él y a su madre no era su padre y su imaginación voló en historias, hasta que comprendió gran parte de la tragedia familiar. Entonces pensó que no hay más padre común que el Padre Divino; y en esas creció su Fe y pregonó Amor y el Amor hizo milagros y los poderosos se volvieron a fijar en Él (temiendo por sus haciendas, riquezas y negocios) y esta vez no lo dejaron escapar con vida (al menos a los ojos de los mortales).


Credo

Creo Señor firmemente,
Que de Tu pródiga mente,
Todo este mundo nació,
Que de tu mano de artista,
De pintor primitivista
La belleza floreció,
Las estrellas y la luna
Las casitas y las lagunas,
Los barquitos navegando
Sobre el río, rumbo al mar,
Los inmensos cafetales
Los blancos algodonales
Y los bosques mutilados
Por el hacha criminal.
Los inmensos cafetales
Los blancos algodonales
Y los bosques mutilados
Por el hacha criminal.

Creo en Vos, arquitecto, ingeniero
Artesano, carpintero, albañil y armador,
Creo en Vos, constructor del pensamiento,
De la música y el viento, de la paz y del amor.

Yo creo en Vos Cristo Obrero,
Luz de luz y verdadero unigénito de Dios,
Que para salvar al mundo,
En el vientre humilde y puro, de María se encarnó
Creo que fuiste golpeado, con escarnio torturado,
En la cruz martirizado, siendo Pilatos Pretor,
El romano imperialista, puñetero y desalmado,
Que lavándose las manos, quiso borrar el error
El romano imperialista, puñetero y desalmado,
Que lavándose las manos, quiso borrar el error

Creo en Vos, arquitecto, ingeniero
Artesano, carpintero, albañil y armador,
Creo en Vos, constructor del pensamiento,
De la música y el viento, de la paz y del amor.

Creo en Vos compañero,
Cristo humano, Cristo Obrero, de la muerte vencedor,
Con el sacrificio inmenso, engendraste el hombre nuevo,
Para la liberación,
Vos estás resucitando, en cada brazo que se alza,
Para defender al pueblo del domino explotador,
Por que estás vivo en el rancho, en la fábrica en la escuela
Creo en tu lucha sin tregua, creo en tu resurrección
Por que estás vivo en el rancho, en la fábrica en la escuela
Creo en tu lucha sin tregua, creo en tu resurrección

Creo en Vos, arquitecto, ingeniero
Artesano, carpintero, albañil y armador,
Creo en Vos, constructor del pensamiento,
De la música y el viento, de la paz y del amor.

Creo en Vos, arquitecto, ingeniero
Artesano, carpintero, albañil y armador,
Creo en Vos, constructor del pensamiento,
De la música y el viento, de la paz y del amor.

Creo en Vos, constructor del pensamiento,
De la música y el viento, de la paz y del amor.



Elsa Baeza - Credo

 




jueves, 15 de marzo de 2012

La opinión pública.


Era un burro, un abuelo y su nieto. Salieron de su pueblo para visitar a un pariente que se encontraba cuatro pueblos más allá. Así que el abuelo subió al nieto al burro y poniéndose delante del mismo fue tirando del animal hasta llegar al pueblo siguiente. Al pasar por la plaza de ese pueblo, alguno de sus habitantes comenzaron a exclamar:

- Mira ese molzabete ¡Qué poca vergüenza tiene! ¡Dejar que un hombre mayor vaya a pié y él, como un zángano, sentado sobre el burro!

Al oírlo el abuelo, a la salida del pueblo, bajó al niño del burro y se subió él. Y así anduvieron hasta llegar al siguiente pueblo. Al pasar por la plaza, algunos lugareños comenzaron a decir:

- ¡Mira qué poca vergüenza tiene ese hombre! El niño andando y él con esa pachorra!!!, ahí lo tiene, sentado en el burro.

Así que al salir del pueblo el hombre tomó al niño y se subieron ambos en el burro. Y al llegar al siguiente pueblo y pasar por la plaza, los lugareños que por ahí estaban comenzaron a decir:

- ¡Pobre animalico! ¡Soportando el peso de esos dos gandules!

Así que al salir del pueblo los dos se bajaron del burro e hicieron el camino hasta el pueblo de destino a pié. Al llegar al nuevo pueblo, los lugareños que estaban en la plaza dijeron:

-¡Mira que son tontos! ¡Con semejante animal se vienen andando! ¡Lo que hay que ver!

(En recuerdo de mi abuela paterna: Isabel)

Tal vez…
partieron alegres
pensando en un bello camino
que dejara buenos recuerdos
en la memoria de aquél niño.

Tal vez…,
simplemente,
fue un viaje repentino
y con la pobreza a cuestas
fueron a cumplir un destino.

Tal vez …
quedó huérfano
y con los hermanos repartidos
tomó a uno de ellos
e inició el camino.

Tal vez…
fueran abuelo y nieto
o tío y sobrino,

Tal vez…
vecino y promesa ante ser moribundo

Tal vez…
sólo fuera
un cambio en el destino.
Tal vez…
Tal vez…

Tal vez…
opina la gente
sólo, sólo
por parecer más listos;
o por mostrar más sentido común
o mayor capacidad de “descirnio”
o más apego a lo digno…

Y tal vez… orillados por el destino,
les crean,
aumentando la pena,..

y les tuercen pequeña alegría
para satisfacer
(seguro),
alguna  mala conciencia.

Tal vez siembran
cizaña,
y tal vez esta nazca,
pues son proclives los corazones
(aunque la vista les lleve la contraria)
a ver irrazonable en otros corazones,
lo razonable en el propio.









¡Cuidado! ¡Que viene la Primavera!


Y no es porque sea que la tenemos ya encima; apenas estamos saboreando un anticipo (además anuncian que volverá el frío).

Es como entrar en la cocina cuando María (o Manolo) están preparando una estupenda comida de fiesta. Abrimos la puerta y vemos los ricos entremeses (todos cuidadosamente preparados), sobre los fogones se está terminando de hacer un caldito de verduras y carne (que servirán con yema de huevo y jerez), del horno sale el aroma de carne asada con patatas (rociado de vino y “yerbajos” del monte)… y de repente nos echan a empujones para que no estropeemos la sorpresa.

Pues así parece que viene esta Primavera. Nos deja entrever y luego se va.

Las chicas (y son chicas todas las que tienen su segmento de seguidores), empiezan a quitarse las capas de cebolla con las que se ocultaban este invierno; y no es que te vayas fijando, pero vas por la calle y te dices:

- ¡Qué día tan majo hace! ¡Qué solete! ¡Si hasta parece que da calor!.

Y al día siguiente igual. Y cada día te va subiendo el ánimo. Y empiezas a sentir que algo en el interior tiende a “despertarse” irremediablemente. ¡Qué me está pasando! Te dices.  Hasta que reparas que las chicas vuelven a tener “figura” por la calle. Sube la falda, enseñan los brazos, se entre ven los pechos… y sonríen. Y te dices:

- ¡Claro, lo de todos los años!

Y sabes que no te puedes refugiar y que vas a tener que soportar la invasión de la exuberancia femenina que tanto altera a los de tu género.

¡Y no es porque hagan algo especial!, simplemente están ahí y ¡Cómo están!

- ¡Vale! Esto es sencillo de controlar. Yo a lo mío.

Y empiezas a darte cuenta que andas tatareando… y te fijas bien… ¡has deformado el contenido de una canción de Karamba!:

“Que bonita está
que rica está
como te quiero,
vamos a vivir la vida
sin ti me muero”

Y cuando te sorprendes que no sólo la estás tatareando si no que a la vez estás mirando el talle de una estupenda mujer que te viene de frente y que, además, hiciste lo mismo dos minutos antes con otra que también se te cruzó, empiezas a comprender que no vas a escapar tan fácilmente de esta Primavera.

Distraes el pensamiento y empiezas a pensar en la crisis económica (Rajoy - Rubalcaba) y, de repente, te das cuenta que estás tatareando otra vez el estribillo maldito:

“Que bonita está
que rica está
como te quiero,
vamos a vivir la vida
sin ti me muero”

Y que se te ha colado entre los pensamientos de la Gran Crisis, una cara y una figura familiar que se ha estado insinuando durante el invierno. Y que lo que tatareas, en realidad, se lo estás dedicando a ella:

“Que bonita estás
que rica estás
te comería
vamos a vivir la vida
sin ti me muero”

¡Joer! ¡Qué mas da que no rime! Y te das cuenta que la imaginación está fuera de control y que estás evaluando qué escenarios serían idóneos para un “ataque” sin escapatoria…

Y acabas por reconocer lo evidente:

- ¡Ostras! ¡Si después viene el verano!…¡Estás atrapado y nada te podrá salvar!.

Tu cerebro (al margen de ti) está planificando la subsistencia de la especie. Y te trae recuerdos de la chica y te dices:

- ¡Vale! Intentaré pasar el “trago” con ella.

Y cuando ya estás decidido recuerdas que no atendiste sus insinuaciones y cuando estuvisteis solos en el ascensor no aprovechaste la ocasión. … seguramente la chica habrá cambiado de objetivo. Seguro. Y te viene, de nuevo, el estribillo; pero esta vez el original:


“Que bonito estoy
que rico estoy
como me quiero,
nunca me olvidaré
sin mi me muero”

Y cuando comprendes que no tienes solución ves pasar otra estupenda mujer y tu cerebro empieza a funcionar automáticamente…

“Que bonita estás
que rica estás…

Y comprendes que aquí, en España, la crisis (en esta Primavera y en este Verano) pasará a segundo plano si las mujeres se lo proponen.

¡Qué suerte tienes Rajoy!


miércoles, 14 de marzo de 2012

Al final por “huevos”.


    Mientras el plan español para asumir el déficit exigido en 2013 por Europa se traducía en un sacrificio expresado por una línea recta (ver gráfico de Expansión del día de hoy), los prepotentes alemanes han impuesto su criterio (a pesar de las declaraciones del Presidente francés pidiendo una oportunidad para España).

    Vaya compañero de viaje y líder europeo que tenemos en Alemania.

    La salida era fácil: lanzar un mensaje al exterior de que si el Gobierno español no cumple su propia previsión habrá sanciones, y avalar (en off) el criterio del esfuerzo sostenido propuesto por España, en estos dos años, para alcanzar el objetivo. Pues no. Duras y bien duras nos las prometen y comprometen.

El Test de "Rochard"

El cuadro era una representación de la Sagrada Familia. En el se veía a una jovencísima Virgen María con su hijo en un primer plano lleno de luz; entre las sombras, en segundo plano, estaba San José, con un gesto inequívocamente apesadumbrado mirando la escena principal.

Cuando caí en el mensaje recibido me llevé a un compañero recién separado a hacerle ver el cuadro. Le tuve que hacer reparar en el gesto del viejo San José y fue entonces cuando exclamó:
-  ¡Joder! ¿Pero eso es la visión del pintor? – intentando justificar y enmendar la “revelación” del mensaje visual. A lo que le espeté:
 - Pero quien autorizó su exposición fue un hombre consagrado y sus superiores; ¡Varios Papas han pasado por aquí!.

Terminamos por ir dando una vuelta por el templo y nos fuimos cada uno a nuestra casa.

Otro día me llevé a una amiga a mostrarle el mismo cuadro y le pedí que observara a San José. Al verlo quedó perpleja.

Me quedé atónito ante la contundencia de su afirmación y no hice comentario alguno. Así que llevé a una nueva mujer (con distintos valores personales que la anterior) y me contestó primero:
- Es un sinvergüenza ¡Un hombre tan mayor con una niña tan joven!.
Le hice que reparara el gesto contrariado de san José y se quedó algo contrariada. Nos fuimos cada uno a nuestra casa.

Un nuevo día me llevé a otra amiga (muy exigente con las relaciones de lealtad) y al ver la imagen del cuadro y reparar en el gesto de San José me dijo:
- Siento un cierto alivio.

Mi segunda amiga me pidió volver a ver el cuadro y me pidió que le diera una explicación. Entonces le lancé la siguiente hipótesis:

¿Crees que hace dos mil años alguna familia aceptaría de una hija un embarazo divino? – Evidentemente no, me contestó. Pues entonces qué es lo que ves en San José. - ¡Un papelón! – contestó.

El cuadro, evidentemente puede proyectar la propia visión de la mujer (y del hombre).

Las historias sagradas de todas las religiones son la representación arquetípica de las relaciones sociales humanas acordes con la estructura social implantada en esa sociedad.

Viendo a Cristo un niño ve un señor incomprensiblemente martirizado por ser bueno; pero los adultos tienden a ver al hermano, al padre, al abuelo, al hijo… o así mismo.





martes, 13 de marzo de 2012

Un día en las Fiestas de la Ciudad

Era un local con una disposición algo irregular. Cuando lo alquiló decidió desprenderse del sótano y cederlo a unos conocidos que también lo dedicaron a la actividad de pub. De aquello siempre se arrepintió: - A la gente les gusta los agujeros -, se decía una y otra vez, con resignación cuando veía lleno ese local y el suyo no. Y en cierta manera tenía razón. Por aquella época los jóvenes treintañeros  precisaban, los fines de semana, sentirse apretujados, aprisionados, empujados, zarandeados,… y verse reducido su espacio vital. Ya se hacían respetar suficiente en el trabajo. Venían a divertirse y pensaban que le habían cogido el truco a la vida.

El local estaba agradablemente decorado, aunque la música no terminaba de acompañar al ambiente que se imponía en la zona hacia las dos de la mañana. Era más que nada un empecinamiento del dueño: - Yo elijo mis clientes con la música que a mí me gusta – repetía ante las protestas de los presentes de más confianza. Ese era el motivo por el que los clientes que querían marcha se trasladaran a otros locales cuando entraba la madrugada y que el bar se quedara con parejas, algunos amigos conocidos y con gente que huía de lo que la mayoría buscaba. Sin embargo el dueño insistía y persistía en su idea, para lo cual se decidió por contratar camareras agresivas y atractivas. ¡Oh, sorpresa!  ¡funcionaba!. ¡Claro, no iba a funcionar! Con las camareras llegaban un numeroso grupo de amigos y un séquito de admiradores dispuestos a beberse la barra mientras esperaban que diera la hora de cierre y poder obtener una cita con la diosa del mostrador. Y tal vez, acabar con ella en una cama, o en el servicio de algún bar después de susurrarle algo al oído que la excitara irremediablemente. Pero todo tiene su tiempo. Los métodos agresivos acaban captándose y perdiendo eficacia. Además las camareras iban echándose novio y retirándose de ese mercado laboral.
Las hubo de todo tipo: inteligentes, intuitivas, listas, supervivientes, y también procedentes de la familia. Esas, hay que reconocerlo, no tuvieron mucho éxito. Una segunda etapa apareció con la contratación de un camarero provocador y desenfadado que animó a la clientela. Cambió la música y el local volvió a abarrotarse. Pero aquello fue un espejismo ocasional. El camarero estaba disponible a temporadas cortas puesto que no era su profesión.

El dueño se planteó otra genialidad: quitar las mesas y poner una mesa de billar. Aquella decisión sorprendió a propios y extraños. La idea sólo funcionaba para los amigos o cuando algún grupo de jóvenes hembras decidían pasar la noche jugando al billar. Entonces, poco a poco, el bar se iba llenando de admiradores de este juego que retaban a las muchachas con el fin de entablar conversación. Se sentían tan observadas que se dirigían miradas y sonrisas cómplices, como comentándose lo afortunado o inoportuno de ciertas observaciones. Aquello les motivaba de tal manera que buscaban las posturas más provocativas en cada golpeo de bola y haciendo brotar nuevos comentarios. Se sentían divinas. En aquellos días todos reconocieron lo afortunado que estuvo con su idea.

Hubo dos inglesas que causaron furor durante varios meses. Nadie en el pub se podía sustraer a su presencia. Las féminas las despellejaban y los hombres no les quitaban ojo de encima. Hasta hubo quien fue tres fines de semana con la misma camisa, porque una de ellas le dijo: - Esta camisa me encanta, estás muy guapo – poniendo cara de mimosa, y luego reconoció que nunca tuvo camisa más horrorosa – aún la conserva como prueba de su propia estupidez -, por lo que se ha de deducir que el gusto inglés es pésimo y que las tías estaban buenísimas y que todos hicieron, un poco, el gilipoyas,

Con frecuencia, en los lavabos, había marcas de pies en la pared. Huellas del fragor de los impulsos sexuales y del calentamiento súbito de ciertas parejas improvisadas, que recuperan la temperatura dejándose llevar por la pasión. Aquellas huellas despertaban simpatía en la señora de la limpieza, pero no en el dueño.

Le preguntaron si tendría libre unos días en las fiestas de la ciudad. Habían pensado que podría desempeñar el papel de “segurata” del pub. Todos los años, para las fiestas tenían problemas con el personal. Algunos estaban demasiado borrachos y terminaban causando peleas. Otros entraban en el local con consumiciones de otros establecimientos. Definitivamente, una persona en la puerta ponía el orden que permitía minimizar el riesgo de conflictos dentro del local.
- Sí, estoy libre – dijo pensando que aquello le resultaría divertido - ¿qué día empiezo?.
- El día 10 a las 22 horas, ¿Vale?
- De acuerdo

Ese trabajo de segurata se desarrollaba por la noche, entre las diez y las siete de la mañana. Su otra afición no se vería afectada. Pensaba que esas fiestas serían entretenidas.

El primer día en su ocasional ocupación fue el viernes. El equipo estaba formado por tres camareros, dos camareras y  él, el segurata. Todos eran personas de confianza del dueño. Guardaron las sillas y  las mesas en un cuarto contiguo. Colocaron los barriles de cerveza en batería, dentro de la barra pero sin molestar el paso de los camareros. Guardaron la vajilla de cristal y sacaron vasos de plástico. Las cintas de música estaban ya preparadas. Los éxitos de ese año, y temas pegadizos de moda,  permitirían  llenar el local con rapidez. Otra cinta estaba grabada con temas de hacía diez años. Su función era desalojar el local cuando los camareros notaran un descenso significativo en la consumición. A veces la gente se apalancaba y era necesario renovar la clientela.
Eran las once de la noche cuando subieron el volumen de la música y abrieron las puertas al público que comenzó a entrar poco a poco.
- Lo más difícil es llenar el garito – decía el dueño – a la gente no le gustan los locales vacíos en fiestas – prosiguió – luego basta con regular el tráfico.

A las doce estaba el local lleno.
- Siete cervezas – decía un cliente en nombre del grupo de chicos y chicas que llevaban pañuelos de fiesta en el cuello. 
- Cuatro cubatas de Caty Sark – dijeron desde otro grupo que se apoyaba en la pared.

Apenas se podía transitar por el local. Pero había que recoger los vasos de plástico que se amontonaban sobre las repisas que había atornilladas en la pared.

Una de las camareras, al mirar hacia la puerta instintivamente mientras ponía unos daikiris vio como uno de los clientes retiraba la mano, rápidamente. ¡Había intentado coger una botella de ginebra del estante de las bebidas!. Sin perder la calma se acercó hacia él y le hizo un gesto seductor invitándole a poner el oído y le dijo:
- ¿No serás tan cutre de intentar llevarte una botella? – Era una mujer muy atractiva. Llevaba tres años de camarera en distintos pub  y estaba curtida en el oficio.

Cogido infraganti, apenas pudo esbozar un “¡no, que va!” poco creíble y se retiró con sus amigos para no sentirse más humillado.

Desde la puerta el segurata controlaba que nadie entrara con consumiciones o tan bebido que no fuera consciente de sus actos.
- No puedes entrar con bebidas – decía constantemente. La gente quería ver nuevos ambientes y deambulaba por la abarrotada calle con sus vasos de plástico intentando entrar en un nuevo garito.

- No puede pasar – le dijo a un grupo de jóvenes mientras señalaba a uno de ellos que era transportado en volandas.
- ¿Porqué no podemos pasar? – se le enfrentó uno de ellos
-  Porque este tío no está en condiciones de beber – les dijo – cuando se despeje volvéis ¿vale?.

En ese momento vio a dos compañeras de baile que le saludaban alegremente mientras se le acercaban. Estuvieron hablando durante una hora y se marcharon. No sabía muy bien porqué habían estado con él mientras trabajaba. A las mujeres les encantaba ese tipo de oficios, pensó para justificarlas, mientras recordaba cómo dos pilotos de F-18 habían levantado a las inglesas que jugaban al billar delante de media docena de pretendientes – él incluido - digan lo que digan, cierto tipo de riesgo les cautiva, tal vez la asocien con la autoridad, sobre todo cuando son jóvenes.

Nada más irse sus amigas llegó su pareja de baile:
- ¿Hola, segurata? – le dijo con un tono entre burlón y de admiración.
- Hola, ¿qué haces por aquí? – quedaba claro que había dejado a sus amigos para hacerle una visita.
- He venido a verte – ella quería estar un rato con él y pasaron cerca de dos horas hablando hasta que su idilio, entre vigilancia y miradas cómplices, fue interrumpido en un momento inesperado. Dos de los camareros saltaron la barra casi a la vez. Un hombre borracho y con un palo de madera se les había colado. Las miraditas seductoras de su amiga le habían distraído. Se había iniciado una pelea y debían pararla inmediatamente. Lo más efectivo era empujar a los que se habían enzarzado hasta la puerta y así lo hicieron. Una vez fuera prosiguieron la pelea mientras el dueño llamaba a la policía.
- ¡Toma que se te ha olvidado la tranca! – le dijo uno de los camareros entono burlón mientras le arrojaba la estaca de madera.

Eran  las siete de la mañana cuando se decidió cerrar. El dueño hacía la caja, mientras los demás recogían el suelo del bar. Hacia las ocho bajaron la persiana, mientras clareaba el día.   
- ¿Un chocolate con churros? – sugirió uno de los camareros al resto de compañeros. Aquella proposición era casi irresistible. Después de una noche de trabajo el chocolate entraba como una papilla a un bebé. Era el mejor preámbulo antes de dormir.

La primera noche de fiestas había acabado.


El Sueño de una siesta de verano.

A las cinco y media del sábado sonó el teléfono - Zummmmb.
- Sí, ¿Quién es?
- Sonetos del Amor Oscuro – contestó una voz femenina que le dejó estupefacto.
- ¿Cómo? ¿Quién? – volvió a preguntar dando por hecho que no había entendido lo que le decían- Zummmmb.
- Sonetos del Amor Oscuro – volvió a repetir ella y añadió – De Amancio Prada.
- ¿Amancio Prada? ¿Quién eres? – volvió a preguntar intrigado y confundido.
- Soy yo – le dijo- Zummmmb.
- ¡Ah! ¡Eres tú! – la reconoció – ¿qué tiene que ver Amancio Prada? – le preguntó desconcertado.- ¡Ah!  - exclamó mientras recordaba que en la parte posterior de su coche tenía un LP de Amancio Prada, del que nunca supo como llegó hasta ahí.  Evidentemente ella lo había visto a través de la ventanilla. ¿Has pasado por mi casa? – le preguntó creyendo deducir.
- Sí y no estabas- Zummmmb.
- Si que estaba, bueno – rectificó – salí un momento a comprar tabaco – y reparó en su ausencia. - ¿Qué haces? – le preguntó por si quería intentar de nuevo la cita.
- Estoy en casa, no tengo nada que hacer – le respondió ella esperando que él le propusiera un encuentro.
- ¿Te apetece un paseo por el campo? – le propuso, pensando que podían dar una vuelta por los alrededores de la ciudad- Zummmmb.
- Sí.- le contestó ella.
- Paso a buscarte  y te llamo en veinte minutos.
Zummmmb, Zummmmb, Zummmmb
- ¿Cómo puede sonar el teléfono si estoy hablando por él? – se preguntó contrariado.
Zummmmb, Zummmmb, Zummmmb. Su mano, aun dormido, iba buscando el botón correcto del despertador. Si se equivocaba una música suave le acunaría para seguir durmiendo en vez de reproducir el zumbido diez minutos más tarde. Realmente el diseñador de aquél aparato se había lucido al poner los dos botones juntos.

Abrió los ojos y reparó en que era de día. Estaba desubicado en el tiempo. En realidad eran las cinco y media de la tarde del sábado.

Se levantó confundido. Un regusto emocional le rondaba el corazón. Intentó deducir por qué y recordó la multitud de sueños que había tenido en algo más de una hora. Le habían dejado en un estado indefinible pero agradable, tanto que le hubiera gustado haberlo vivido.

Fue a la ducha mientras seguía recordando pasajes del sueño:
- ¿Tango? ¿De donde habré sacado yo la idea de soñar con Tango?

No le disgustaba bailar, aunque siempre se sintió como un pato. Pero aquello del soñar con Tango le parecía absurdo y decidió olvidar los sueños. Había quedado a las siete menos cuarto con su amiga y en un momento se vistió y salió a la calle.

Él esperaba en el portal. Siempre lo había hecho así. Siempre eludió subir a buscar a sus acompañantes femeninas a sus pisos. Por algún motivo en el que nunca se paró a pensar, siempre prefirió esperar en el portal. Ahora sin embargo pensaba en ello.

Ella siempre es puntual. - Se decía mientras miraba el reloj. Y pensaba si la reconocería cuando la viera. Reconocer en el sentido afectivo de la palabra. Si persistiría esa cierta química. Él no sabía provocar esas situaciones de complicidad que permiten recuperar con rapidez el recuerdo de los vínculos que nos unen tras una separación, aunque esta fuera  veraniega. No había llamado al timbre, sabía que bajaría y no quería hacer que se apresurara. Su pensamiento vagaba mientras esperaba. Ella era una mujer austera y poco dada a demostraciones afectivas. Un poco raro para una Tauro, se decía. Aunque pensaba que tal vez ella se protegía así de sus propios sentimientos. Sin embargo también se entendía con el carácter castellano, poco proclive a las demostraciones de afecto.

Se abrió la puerta del portal y ella apareció.
 -¡Hola! ¿Qué tal? – le dijo a ella mientras pensaba que estaba espléndida. Y prosiguió -¡Te ha sentado bien el verano! – y se fijaba en que el rostro de ella estaba relajado, sonriente y sin muestra de preocupación alguna.
– ¡Muy bien! ¡Y tú también!- contestó ella, a la vez que le echaba un vistazo rápido y constataba que también a él le habían sentado bien las vacaciones.
- ¡Un café!.
- ¡Sí, claro! ¿Te apetece que paseemos hasta una terraza?
-¡Bien!

Hacía algo de fresco aunque aún quedaban tres semanas de verano y ella se había puesto un chal.

Se fueron por la orilla del río mientras hablaban de las cosas que habían pasado en esas semanas. Ella cambió el curso de la conversación de repente y le dijo:
- ¿Nos apuntamos a bailes de salón?
- ¡Bien! Y ¿Qué te apetecería bailar?
- No sé, Tango tal vez.



Se quedó mudo, solo pudo farfullar un sí.